Aborto: La esclavitud de nuestra generación

Por Lindy Davidson.*

En nuestra era ilustrada nos cuesta trabajo imaginar la estrechez de mente de quienes pensaban que la esclavitud era algo honesto, bueno, o defendible.  Nos sorprende que algunos seres humanos hubiesen sido despreciados solamente por su raza.

Me alegro de vivir en un país y en una época en las que estos atroces crímenes contra la humanidad ya no se practican, y en las que nuestra pasada asociación con ellos se admite con vergüenza.  Ahora vemos cuán superficiales, egoístas, y arrogantes son los argumentos que se usaron para defender la esclavitud:

  • “Los negros no son del todo humanos.”
  • “Los negros no pueden pensar de la misma manera o al mismo nivel que el hombre blanco.”
  • “Yo compré legalmente estos esclavos, por lo tanto, son de mi propiedad y tengo derecho a hacer con ellos lo que yo quiera.”
  • “Dejar libres a mis esclavos perjudicaría mi estilo y nivel de vida.”

La mayoría de estos argumentos son falsos, y todos son egoístas.  Hoy nos parece inconcebible que alguien hubiese podido hacer afirmaciones de ese tipo.  No obstante, muchos pasan por alto el hecho de que esa retórica es muy similar a la retórica que muchos están usando en nuestros días al debatir sobre uno de los temas más controvertidos: El aborto.

¿Has oído estos argumentos?

  • “El feto no es una persona.”
  • “El feto no puede pensar ni funcionar como yo funciono.”
  • “El feto está dentro de mí, por lo tanto es parte de mi cuerpo, y tengo derecho a hacer con él lo que yo quiera.”
  • “Permitir que este feto viva alteraría por completo mis planes y estilo de vida, y no podría seguir viviendo de la misma manera.”

¿Son estas razones válidas para defender el aborto?  Solamente si fueran válidas para permitir que un ser humano esclavice otro.

Irónicamente, muchos apelan a la libertad en este debate.  Cambiamos la retórica de la esclavitud por la retórica de la libertad.  ¿Dónde está la mentira?  Está en la idea de la libertad.  ¿Crees que realmente el aborto libera a la mujer?  ¿Crees que realmente un embarazo esclaviza a una mujer?  Éstas son preguntas que pocos se hacen en este debate.  Preguntemos a las mujeres que han tenido estas experiencias, ¿Tú, que tuviste un aborto, eres libre?  ¿Te liberó ese aborto?  ¿No fue eso lo que te ofrecieron?  ¿Te mintieron?  ¿Y tú, que decidiste seguir con tu embarazo y tener ese bebe, estás encadenada?  ¿Eres una esclava sin esperanza de una vida libre?  ¿O encuentras gozo en ese al que llamas hijo o hija?  Es tiempo de que hagamos estas preguntas, y entonces sacaremos las mentiras a  la luz.

El aborto es el gran crimen de nuestro tiempo.  El aborto no es la liberación de las mujeres, es la esclavización de una sociedad a una manera de pensar superficial, egoísta y arrogante.  ¿Cómo le hicimos para engañarnos una vez más?

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* La Dra. Lindy Davidson, nació y vive en Estados Unidos de América en donde el aborto fue legalizado en 1971.  Es una madre de familia cristiana que vive en Lakeland, Florida, con su esposo Adam y sus tres hijos.  Tiene una Maestría en Divinidades (2001) por el Reformed Theological Seminary (Orlando, Florida), y un doctorado en comunicación por la University of South Florida.  Esta pieza fue escrita en el verano de 2001, después de haber visitado una plantación en Pennsylvania en donde se habían usado esclavos, y de escuchar el relato del guía con los argumentos que se usaban para justificar la esclavitud.  Meses después de haber escrito esta pieza, en 2002, su primer embarazo resultó ser de alto riesgo, y casi terminó debido a un defecto congénito del bebé.  Aunque muchos médicos les sugirieron repetidamente a Lindy y a su esposo Adam que abortaran a su bebé, Adam y Lindy insistieron siempre en continuar el embarazo, lo cual requirió de cuidados médicos especiales y de mucho sacrificio de parte de ambos.  Su bebé, Will, nació prematuramente, nueve semanas antes de término, y requirió de muchos tratamientos médicos.  No obstante, es un hijo muy feliz y muy amado.  “No puedo imaginar mi vida sin Will,” dice Lindy.  “Su vida me ha enseñado más acerca del amor, el gozo, y del plan y la provisión de Cristo, que lo que toda mi educación teológica antes de eso.”

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Traducción (2008): Dámaris Medina, revisada por Alejandro Moreno Morrison.