La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)

Por Bruce K. Waltke, (ThD, PhD).

Fragmento tomado de An Old Testament Theology. An Exegetical, Canonical, Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 549-552.

La visión de Daniel de las setenta semanas en Daniel 9:20-27 es de particular interés para nuestra materia [el papel de la tierra prometida (Tierra) en la historia de la redención].  Jeremías (Jer. 25:11-12; 29:10) había profetizado que el exilio de Israel en Babilonia duraría setenta años (i.e., 7 [el símbolo numérico de la perfección divina] x 10 [el símbolo numérico de lo completo]).  Los números bíblicos son a menudo usados de manera indefinida—como números redondos—o retóricamente, para énfasis o en un sentido hiperbólico.[[1]]  El siete juega un papel excepcionalmente importante en el antiguo Cercano Oriente.  Era sagrado para los egipcios, asirios, persas, y el pueblo védico en India.  En la Biblia el número siete está conectado con cada aspecto de la vida religiosa.  En relación con el tiempo, el siete representa un periodo apropiado (o sagrado) (Gen. 1:3-2:3; 8:12; 50:10; Ex. 7:25; Lev. 8:33, Jos. 6).  De manera más general indica un número completo o un número redondo de tamaño moderado (Est. 1:10; 2:9; Job. 1:2; Sal. 12:6; Pro. 26:16, 25; Isa. 4:1; 11:15; Miq. 5:4).

Como los sumerios, los autores bíblicos a menudo añaden siete a un número grande para indicar una cifra muy grande (cf. 7 x 7 y 7 x 62 en Daniel 9:25).  Setenta (el producto de dos números sagrados, 7 x 10) es usado como un número redondo, con matices simbólicos o sagrados.  Los múltiplos de siete conllevan el mismo carácter con énfasis añadido (Lev. 12:5, Num. 29:13; 1 Re. 8:65).  El siete y sus múltiplos deben ser tomados como lo que son: símbolos, no números literales.[[2]]  Más específicamente, de una inscripción en Esarhaddon, resulta que setenta años era una sentencia ordinaria por rebelión contra un dios,[3] permitiendo un tiempo de penitencia, diseñado para aplacar la ira divina.[4]  Pero para cuando se dio la visión de Daniel—66 años habían pasado desde el año 605 aC—Israel no se había arrepentido todavía de los pecados que los habían llevado al exilio: “pero no obedecimos a su voz” (Dan. 9:13-14).  Sólo un remanente de Israel regresa; la mayoría prefieren la seguridad y tranquilidad fuera de la Tierra al riesgo de vivir en la tierra restringida.  Jehová se queja de los exiliados “traidores:” “He aquí te he purificado, pero no como plata; te he escogido en horno de aflicción” (Isa. 48:10).  En lugar del oro o plata pura que su fuego purificador debería de haber producido, Jehová tiene una escoria (vv. 8-10).  Como se notó arriba, Malaquías (ca. 430 aC) ve hacia el futuro en espera de que Jehová venga a purificar el pueblo que todavía es impuro.

En la visión de Daniel el ángel Gabriel le hace entender que debido a la rebelión continua de Israel sus setenta años de exilio ahora serán multiplicados por siete (i.e. 490 años) para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos (Dan. 9:24).  El número perfecto es escogido de acuerdo con la maldición pactual según la cual el pecado continuado traería una sucesiva multiplicación por siete del castigo (Lev. 26:18, 21, 24, 28).  En Daniel el juicio multiplicado por siete es aplicado a los setenta años de exilio.[5]  En otras palabras, el múltiplo 7 x 70 representa una completa y plena era de juicio,[6] lo que significa que el fin vendrá en el perfecto cumplimiento del tiempo (cf. Gal 4:4).

Aunque los cálculos de Daniel no pueden ser tomados como precisos, el patrón básico de sus cálculos es claro.  Los “setenta sietes” están divididos en tres periodos definidos a grandes rasgos: siete, sesenta y dos, y uno.  El término a quo [desde donde inicia] de estos “setenta sietes” es el decreto de Ciro para reconstruir Jerusalén y su templo probablemente se refiere a los “tiempos angustiosos” de la fundación de la segunda nación-estado judío, durante la cual Jerusalén con su altar, templo, y murallas son reconstruidas [Dan. 9:25].  La predicción de que “después de los sesenta y dos ‘sietes’ el Ungido [i.e., Jesucristo] será cortado y no tendrá nada”[[7]] (Dan. 9:26) encuentra su cumplimiento consumado en el rechazo y crucifixión de Jesucristo por su propia nación.  La última semana es caracterizada por la guerra.  “El príncipe que ha de venir” y destruir Jerusalén es probablemente genérica con referencia tanto al rey sirio “Antioco IV Epífanes (175-146 BC), y al general romano Tito (ver Cap. 28).

“A la mitad del ‘siete’” en Daniel 9:27, explica Carl H. Cornill, significa el tiempo después de tres y medio años y que tiene su origen en los tres y medio años de la persecución de Antioco.[8]  En los años 169 a 168 aC el rey sirio saquea el templo y aplaca una rebelión judía, aboliendo el estado de Jerusalén basado en el templo, estableciendo una polis pagana en el Akra, y poniendo al templo el nombre “Zeus Olímpico.”  La “abominación de desolación” es algo que el rey sirio construye en el altar del santuario de Jerusalén en 167 (ver 1 Mac. 1:54; 2 Mac. 6:2).

Además, la abominación de desolación es identificada por Jesús con la profanación del templo a cargo del general Romano Tito, quien destruye el templo en el año 70 dC (Mat. 24:15; Mar. 13:14).  En otras palabras, Israel continúa desobedeciendo a pesar del azote de los 7 x 70 años.  No se arrepienten hasta que Jerusalén es completamente destruido en el año 70 dC, como lo profetizó Jesús, y el reino les es quitado y dado a otro rebaño, la iglesia compuesta de judíos y gentiles sin distinción.

Jesús revela los “misterios” (i.e., verdades mantenidas escondidas de los profetas del Antiguo Testamento) acerca del reino de Dios en parábolas (Mat. 13:1-52; ver p. 442).[[9]]  Estas verdades escondidas, como la parábola de la cizaña, llevan consigo la implicación de que habrá un periodo alargado de tiempo entre su primera y segunda venidas (Mat 13).  Inaugura el reino mesiánico de justicia en su primera venida, lo continúa ahora, y lo consumará en su segunda venida.  La amplia aceptación del evangelio de Jesucristo en la historia de la iglesia es un evento asombroso.  Como se ve en el siguiente capítulo, después de la destrucción de Jerusalén y su templo, estas instituciones son espiritualizadas, trascendentalizadas, y escatologizadas en el reino traído por medio de Cristo.

[[1] La Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica, en su artículo XIII, dice: “Negamos también que la inerrancia sea negada por tales fenómenos bíblicos como… el uso de hipérboles y números redondos…” (Nota del traductor).]

[[2] Sin perjuicio de lo dicho por el autor, es de considerarse la propuesta presentada por el físico teórico evangélico David H. Lurie.  En su artículo “A New Interpretation of Daniel’s ‘Sevens’ and the Chronology of the Seventy “Sevens” (en Journal of the Evangelical Theological Society 33/3 (Sept. 1990), pp. 303-309), Lurie desarrolla una propuesta a partir del significado de la palabra hebrea traducida comúnmente como “semanas,” que podría traducirse mejor como septetos o septenos (la palabra hebrea es masculina, lo que la distingue de la palabra “semana” que en hebreo también es femenina).  El erudito reformado en Antiguo Testamento E. J. Young, en su libro The Prophecy of Daniel (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), explica que la palabra traducida como “semanas” es un participio masculino que denota algo computado por siete o dividido entre siete (p. 195).  A partir de este significado de la palabra, Lurie propone que, los “sietes” o septenas pueden ser cualquier múltiplo de siete.  Lurie aplica esta propuesta interpretando el primer conjunto de siete septenos de Daniel 9:25 como compuestas de 14 años en lugar de siete años (es decir 7 x 14).  Conforme a esta propuesta, los cálculos entre la promulgación del edicto de Ciro en 538 aC, y el nacimiento del Señor, su crucifixión, y la destrucción de Jerusalén resultan asombrosamente precisos conforme a Daniel 9 (ver Lurie, op. cit., pp. 308-309).  (Nota del traductor).]

[3] Ver Thomas E. McComiskey,  “The Seventy ‘Weeks’ of Daniel against the Background of Ancient Near Eastern Literature,” en Westminster Theological Journal 47 (1985), pp. 35-40.

[4] E. Kipinski, “Recherches sur le livre de Zacharie,” en Vetus Testamentum 20 (1970), p. 40.

[5] Kaus Koch, “Die mysteriösen Zahlen der judäischen König und die apokalyptischen Jahwochen, en Vetus Testamentum 28 (1978), pp. 443-51; John J. Collins, Daniel with an Introduction to Apocalyptic Literature, Forms of Old Testament Literature 20 (Grand Rapids: Eerdmans, 1984), pp. 91-92.

[6] Similarmente, el sacerdote piadoso que escribieron el Libro de los Jubileos (ca. 160-110 aC) divide la historia de la salvación en “semanas” (i.e., periodos de siete años) y Jubileos (i.e., periodos de 7 x 7 años).  Divide el periodo desde la creación hasta Moisés en 7 “semanas” [de años] x 7 jubileos para un total de 49 Jubileos.  Después de eso, “y los jubileos pasarán, hasta que Israel sea limpiado de toda culpa de fornicación, e inmundicia, y contaminación, y pecado… y ya no habrá más un Satanás o ningún maligno, y la tierra será limpia desde ese tiempo y por siempre” (50:5).

[[7] Ésta es la traducción del autor, misma que en español es casi igual a la de la Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (nblh).  (Nota del traductor).]

[8] Carl H. Cornill, Die siebzig Jahrwochen Daniels (Köinigsberg: Hartung, 1889).

[[9] Nota del traductor: Ver La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4).

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Ver también: Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14);Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en Pentecostés;La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

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