Sermón: Los jóvenes cristianos y el “liderazgo.” Algunas lecciones del libro de Proverbios (audio).

Por Alejandro Moreno Morrison.

Sermón predicado en la Iglesia “Dios es amor” (Iglesia Nacional Presbiteriana de México) Ciudad Satélite, Estado de México, el domingo 15 de mayo de 2017.

Enlace al archivo de audio: Sermón Prov. 22 jóvenes y liderazgo (AMM, Dios es Amor, Satélite, mayo 22, 2017).

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Ver también: Sermón expositivo del Salmo 67 (audio); Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio); Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio); Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios); Citas (románticas) con no cristianosLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma; Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12); Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de varias denominaciones incluyendo la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

 

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Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)

Por J. I. Packer

Tomado de A Quest for Godliness. The Puritan Vision of the Christian Life (Wheaton: Crossway, 1991), pp. 35-36 (Cap. III, apartado 1, primera parte).

Comienzo ofreciendo definiciones, primero del puritanismo y luego del avivamiento,* como fundamento para lo que tengo que decir.

Puritanismo lo defino como el movimiento en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII que buscó una reforma y renovación de la Iglesia Anglicana más allá de lo que el arreglo isabelino permitió.[**]  ‘Puritano’ era por sí solo un término impreciso de abuso despreciativo que entre 1564 y 1642 (estas fechas exactas son dadas por Thomas Fuller y Richard Baxter[1]) se aplicaba a al menos cinco grupos de personas que se traslapaban entre sí—primero, al clero que tenía escrúpulos sobre algunas de las ceremonias y fraseos del Libro de oraciones; segundo, a los proponentes del sistema presbiteriano de reforma proyectado por Thomas Cartwright y la Amonestación al parlamento de 1572; tercero, al clero y laicado, no necesariamente no-conformista,[***] que practicaban una piedad calvinista seria; cuarto, a los “calvinistas rígidos”[2] que aplaudieron al Sínodo de Dort, y que eran llamados puritanos doctrinales por otros anglicanos que no lo hicieron; quinto, a miembros del parlamento, jueces de paz, y otros miembros de la alta burguesía que mostraban respeto público por las cosas de Dios, las leyes de Inglaterra y los derechos de los súbditos.[3]  El Prof. y la Sra. George han argumentado que la palabra ‘puritano’ ‘es la “x” de una ecuación cultural y social: no tiene significado más allá del que le es dado por el manipulador particular de un álgebra de abuso’.[4]  De hecho, no obstante, había una realidad específica, aunque compleja y multifacética, a la que todos estos usos del ‘odioso nombre’ realmente correspondían.  Este era un movimiento dirigido por ministros de la iglesia que por más de un siglo fue aglutinado, y recibió un sentido de identidad demasiado profundo como para ser destruido por diferencias de juicio en cuestiones de forma de gobierno eclesiástico y política, mediante tres cosas.  La primera era un conjunto de convicciones compartidas, bíblicas y calvinistas en carácter, acerca de la fe y práctica cristianas, por un lado, y por el otro acerca de la vida congregacional y el oficio pastoral.  La segunda era un sentido compartido de haber sido llamados a trabajar para la gloria de Dios en la Iglesia de Inglaterra mediante la eliminación de los elementos papistas del culto, de la prelatura de su gobierno, y de la irreligiosidad pagana de su membrecía, realizando así en ella el patrón neo-testamentario de una verdadera y auténtica vida de iglesia.[5]  La tercera era una literatura compartida, catéquica, evangelística y devocional, con un estilo homilético y un énfasis experiencial que eran del todo peculiar de ellos.  De los aproximadamente cien autores que la escribieron, William Perkins, que murió en 1602, fue el más formativo y Richard Baxter, cuya carrera como escritor devocional comenzó con su libro El reposo eterno de los santos en 1650, fue el más distinguido.  Tal era el puritanismo que hemos de discutir.

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* Nota editorial: En esta publicación sólo se transcribe la definición del puritanismo.

** Nota del traductor: La referencia es al estado de cosas que se fijó con la ascensión de la reina Isabel I de Inglaterra al trono.  Después de que su hermano menor, Eduardo VI, comenzó a reformar la Iglesia de Inglaterra (ver Presbiterianismo en la primera reforma en Inglaterra), la cual el rey Enrique VIII separó de Roma pero dejó intacta en cuanto a su doctrina y práctica, la hermana mayor de Isabel, María Tudor (“la sangrienta”) revirtió dicha reforma, volvió a la doctrina y práctica medievales, y estuvo a punto de devolver la Iglesia de Inglaterra al papa.  A su muerte, asciende la reina Isabel I, con quien surge propiamente el anglicanismo.  Isabel adoptó una postura “intermedia” que, si bien aceptó una porción significativa de doctrina protestante (en sentido amplio, incluyendo al arminianismo), conservó muchos elementos “papistas” o romanistas, sobre todo en la práctica, además de que promovía un cristianismo meramente nominal y estéril.    Como es de imaginarse, los reformadores calvinistas (como género, dentro del cual había varias especies) veían a la Iglesia Anglicana como una iglesia que aún no era propiamente reformada y que debía reformarse.  No obstante, como era una iglesia de estado, la búsqueda de la reforma tenía también implicaciones políticas

[1] Ver las citas en Basil Hall, ‘Puritanism: the Problem of Definition,’ Studies in Church History II, ed E. J. Cuming (Nelson: London 1965), pp 288ss.

*** Nota del traductor: Las categorías de “conformista” y “no-conformista” se refieren a la posición adoptada con respecto a la ley de uniformidad de culto que hacía obligatoria (de manera inflexible) la doctrina y práctica anglicanas.  Quienes se había conformado a dicha norma, fueron llamados “conformistas.”  Había no obstante, quienes se habían conformado externamente, en aras de la paz y unidad de la Iglesia visible, pero que seguían buscando una reforma de la Iglesia Anglicana desde su interior.  Los “no-conformistas” eran quienes no se habían conformado a la norma.  Los primeros peregrinos ingleses en establecerse, a principios del S. XVII, en el norte de América (lo que llegó a llamarse Nueva Inglaterra) eran puritanos no-conformistas (congregacionalistas) que perdieron la esperanza de reformar la Iglesia Anglicana y por lo tanto se separaron de ella por completo, viéndose obligados a dejar Inglaterra.

[2] La descripción de los puritanos como ‘calvinistas rígidos’ apareció impresa primero en M Antonius de Dominis, The Cause of his Return, out of England (Roma, 1623), p. 31.  La ecuación es ya hecha, no obstante, en un documento privado redactado por John Overall, Profesor Regio de Divinidades en Cambridge, entre 1610 y 1619, en el que Overall contrasta las principales creencias de ‘los remonstrantes o arminianos, y los contra-remonstrantes o puritanos’; ver H. C. Porter, Reformation and Reaction in Tudor Cambridge, 1958), p. 410.  William Perkins, el teólogo puritano dominante durante las últimas dos décadas del reinado de Isabel, y a quien casi todos si no todos le pegaban la etiqueta de ‘puritano’ por otras causas durante ese periodo, mantuvo de hecho lo que De Dominis llamaría un calvinismo rígido: ver Porter, op cit, Cap. XII.

[3] Ver C. Hill, Society and Puritanism in Pre-Revolutionary England (Mercury Books: London, 1966), pp. 20-28, especialmente el extracto de Lucy Hutchinson’s Memoirs of the Life of Colonel Hutchinson en la p. 27.

[4] C. H. And K. George, The Protestant Mind of the English Reformation 1570-1640 (Princeton University Press: Princeton, 1961), p. 6; cf pp. 379-410.

[5] Cf., el comentario en G. F. Nuttal, Visible Saints: The Congregational Way, 1640-1660 (Basil Blackwell: Oxford, 1957), p. 3, sobre los primeros congregacionalistas: ‘Subyacente a la preocupación aparentemente desproporcionada con las formas de gobierno estaba, no obstante, un deseo apasionado por recuperar la vida interior del cristianismo del Nuevo Testamento, lo cual, parecía razonable creer, se vestiría y se expresaría en formas tales como aquellas en las que había aparecido por vez primera.’  B. R. White mostró convincentemente en The English Separatist Tradition (Oxford University Press: Oxford, 1971) que el Separatismo en Inglaterra creció del almacen de ideas puritano sobre el patrón nuevo-testamentario de la vida congregacional, y no le debía nada decisivo a la reforma anabautista; por lo tanto justificaba otra afirmación del Dr. Nuttal en The Holy Spirit in Puritan Faith and Experience (Basil Blackwell: Oxford, 1946), p. 9: ‘dar su último paso de separatismo dejó intacta la mayor parte de esas ideas e ideales que todavía, hasta ahora, tienen en común con los puritanos más conservadores de donde vinieron.  En este sentido más amplio el puritanismo debe considerarse que incluye al separatismo’—aunque los separatistas no eran llamados puritanos en ese tiempo.

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Ver también: ¿Cómo eran los puritanos originales?Las esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)La fe de los estatistasOrígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la visión puritana del día domingoBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la BibliaPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Calvino sobre la ley natural y contra el teonomismoCalvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialLa doctrina de luz de la naturaleza en el libro “La ley divina para el gobierno eclesiástico”Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Samuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónPretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaEl 2º mandamiento prohibe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos y de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoBrevísima nota biográfica de Zacarías Ursino, coautor del Catecismo de HeidelbergSermón temático: Soli Deo gloria (audio)La ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel RutherfordLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa Cena del SeñorOración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox).

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Traducción y notas: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Dr. James I. Packer, de origen inglés y nacionalidad canadiense, es un teólogo y ministro anglicano (del ala evangélica y reformada de la Iglesia Anglicana).  Fue educado en la Universidad de Oxford (B.A., M.A., y D.Phil.), y dio clases en varias instituciones cristianas de educación superior en Inglaterra.  Desde 1979 ha sido profesor de teología sistemática y teología histórica en Regent College, University of British Columbia.  Es autor de numerosos libros cristianos.

La doctrina de la luz de la naturaleza en el libro “La ley divina para el gobierno eclesiástico”

Por varios teólogos de la Asamblea de Westminster.

Introducción, selección y traducción por Alejandro Moreno Morrison.
Introducción

El libro Ius divinum regiminis ecclesiastici  (La ley divina para el gobierno de la Iglesia) fue escrito ca. 1646 por “varios ministros de Cristo en la ciudad de Londres,” que conformaban la mayoría presbiteriana en la Asamblea de Westminster.  Su propósito es demostrar que la forma presbiteriana de gobierno de la Iglesia es el único régimen de origen y designio divino.  Fue escrito en el contexto de una polémica cordial pero franca contra el congregacionalismo, el episcopalianismo  y el erastianismo de algunos miembros de la Asamblea de Westminster.  El capítulo 3 (pp. 10-12) versa sobre las maneras en que algo puede decirse que es por ley o institución (ius) divinas, y enlista cinco maneras en orden ascendente de importancia.  La primera es “la luz de la naturaleza.”  La Asamblea de Westminster (no sólo la mayoría presbiteriana sino todos sus miembros) sostenía que también en la “ley natural,” la “ley escrita en los corazones” (Rom. 2:14-15), el Señor ha revelado a la humanidad en general algo de Su ley y sabiduría eternas para el orden y gobierno de los estados y de la Iglesia.

En los fragmentos que siguen he traducido consistentemente la palabra latina ius como ley para evitar la confusión a la que en la era moderna se presta la palabra “derecho,” que puede interpretarse en el sentido de algo a lo que alguien es acreedor.  En la obra citada la palabra ius es usada en el sentido de sistema normativo vinculativo (obligatorio).

Los siguientes fragmentos están tomados de dicho Capítulo 3 del libro referido.

La doctrina de la luz de la naturaleza en IUS DIVINUM (carátula)

De la naturaleza de una LEY DIVINA en particular.  En cuántas manera algo puede ser por LEY DIVINA.  Y primero, de una LEY DIVINA por la luz de la naturaleza.

Una cosa puede decirse que es por ley divina, o… por institución divina, en diversas maneras: 1. Por la verdadera luz de la naturaleza

I. Por la luz de la naturaleza.  Aquello que es evidente mediante, y consonante con la verdadera luz de la naturaleza, o la razón natural, ha de ser considerado como ley divina en asuntos de religión.  Por lo tanto, dos cosas deben discernirse de la Escritura.  1. Lo que significa la verdadera luz de la naturaleza.  2. Cómo puede probarse que las cosas que en religión son evidentes mediante, o consonantes con esta verdadera luz de la naturaleza son por ley divina.

1. …  La luz de la naturaleza puede ser considerada de dos maneras.  1. Como estaba en el hombre antes de la caída…  2. Como es ahora tras la caída.  La luz de la naturaleza e imagen de Dios no están totalmente abolidas y arrasadas por la caída; quedan aún algunos restos y fragmentos de ellas, algunos destellos, auroras, y principios comunes de luz, tocantes a la piedad hacia Dios, a la equidad al hombre, y a la sobriedad hacia uno mismo, etc., como es evidente comparando estos pasajes, Salmo 19; Hechos 14:17, y 17:27-28; Romanos 1:18-21, y 2:12, 14-15; 2 Corintios 5:1) es claro: 1. Que el libro de las creaturas puede (sin las Escrituras, o la revelación divina) hacer conocer al hombre mucho de Dios, su deidad invisible y atributos… tanto como para dejarlos sin excusa…  2. Que queda tanta luz en las mentes aun de los paganos, como para hacerlos capaces de instrucción mediante la creatura en las cosas invisibles de Dios; sí, y que realmente en alguna medida conocieron a Dios, y porque no anduvieron conforme a este conocimiento fueron castigados (Rom. 1:18-21, 24-32).  3. Que la obra de la ley (aunque no el correcto fundamento, la manera, y el fin de esa obra, que es la bendición del nuevo pacto (Jer. 31:33; Heb. 8:10) fue escrita en alguna medida en sus corazones.  En parte porque hacían por naturaleza sin la ley las cosas contenidas en la ley, siendo así una ley para sí mismos (Rom. 2:14-15); en parte, porque por naturaleza resistieron algunos de esos pecados que fueron prohibidos en la ley, y fueron practicados por algunos que tenían la ley (2 Cor. 5:1); y en parte, porque conforme al bien y mal que hicieron, sus conciencias los acusaron o excusaron, Romanos 2:15.  Ahora bien, la conciencia no acusa o excusa sino conforme a una regla, principio, o ley de Dios (que está por encima de la conciencia), o al menos que se suponga que es así.  Y no tenían ley sino los caracteres imperfectos de la misma en sus corazones, que no fueron del todo borradas por la caída.  Ahora bien, en la medida en que esta luz de la naturaleza después de la caída es un verdadero remanente de la luz de la naturaleza antes de la caída, lo que sea conforme con esta luz puede ser contado como de derecho divino en asuntos de religión…

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…  Dios mismo es la Fuente y Autor de la verdadera luz de la naturaleza; por lo que algunos no inapropiadamente la llaman la divina luz de la naturaleza, no sólo porque tiene a Dios por su objeto, sino también porque Dios es su principio; ahora bien, lo que es conforme a la manifestación de Dios necesariamente tiene que ser por ley divina.

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Textos en formato PowerPoint: IUS DIVINUM. Luz de la naturaleza.

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Ver también: Anthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15); Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden social; Calvino sobre la ley natural y contra el teonomismo; La ley de la naturaleza en la tradición agustiniano-reformada (album de imagenes jpg)Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Los puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

Sermón expositivo de Hechos 2:1-4: El derramamiento del Espíritu Santo (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Domingo 27 de abril de 2014.

Enlace al archivo de audio: Sermón Hechos 2:1-4 (AMM, Abr. 27, 2014)

Lecturas del culto:

  • Antiguo Testamento:Deuteronomio 32:1-14
  • Evangelio: Juan 14:15-26
  • Nuevo Testamento: Hechos 2:1-4

Texto en la portada del orden de culto: El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés).

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Ver también: Arrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésExaltación y entronización del Señor JesucristoEl ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanEl evangelio y las misionesEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Presbiterianismo en la primera reforma en Inglaterra

Por Alejandro Moreno Morrison.

Dedicado a la memoria del ‘Rey Niño’ Eduardo VI de Inglaterra, joven reformador cristiano y “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.”

door_french_protestant_church_londonDeambulando aleatoriamente por el centro de Londres una tarde de julio de 2001, me topé por casualidad con el edificio donde se congrega la Iglesia Protestante Francesa en Londres (Eglise Protestante Français de Londres).  Me emocioné muchísimo por el providencial hallazgo de esta histórica iglesia, que es un vestigio del reinado y ministerio del ‘Rey Niño’ Eduardo VI de Inglaterra y también un importante antecedente nuestro como presbiterianos.

Eduardo nació del rey Enrique VIII de Inglaterra y su reina consorte Jane Seymour el 28 de octubre de 1537 (17 meses después de que el pueblo de Ginebra confirmara el Edicto de Reforma).  Por recomendación del obispo Hugh Latimer a Enrique VIII, el príncipe Eduardo fue criado en la fe protestante.  Como resultado de lo anterior el hugonote[1] Jean Bellemain fue nombrado tutor de francés del príncipe.  Bellemain ejercería gran influencia nutriendo la fe Reformada (“calvinista”) de este futuro rey de Inglaterra.[2]

A la muerte de su padre, el 28 de enero de 1547, Eduardo ascendió al trono de Inglaterra con el nombre Eduardo VI cuando contaba con nueve años de edad.  Desde el principio de su reinado, Eduardo VI buscó la reforma oficial de la Iglesia en Inglaterra pues, aunque Enrique VIII la había separado de la autoridad papal, la había dejado intacta en cuanto a doctrina y práctica.  La reforma oficial de la Iglesia de Inglaterra durante el reinado de Eduardo VI fue encabezada primero por Thomas Cranmer, Arzobispo de Canterbury, y el tío del rey, Edward Seymour, Duque de Somerset y Lord Protector, contando con el apoyo y cooperación de otros oficiales del gobierno, aristócratas, y clérigos (como Hugh Latimer y Nicholas Ridley), todos ellos de persuasión evangélica.  Pronto también el rey Eduardo VI se involucraría directa y celosamente en hacer progresar la fe y la práctica Reformadas en su reino, y en reformar a la Iglesia inglesa.

En el ámbito internacional la Inglaterra de Eduardo VI se convirtió en un refugio para protestantes perseguidos de toda Europa, aun por encima de Ginebra.  Más aún, el gobierno de Eduardo VI fue intencional en atraer a protestantes extranjeros, incluyendo eruditos y ministros prominentes que ayudaran al avance de la Reforma en Inglaterra.  Fueron Cranmer y Eduardo VI quienes intercedieron ante el gobierno de Francia para liberar al reformador escocés Juan Knox de las galeras francesas.  Cranmer ofreció un obispado a Knox a fin de que éste tuviera influencia oficial dentro de la Iglesia inglesa y así pudiera ayudar a Cranmer en la reforma de la iglesia.  No obstante, Knox rechazó el ofrecimiento pues era un presbiteriano convencido que se oponía a la forma episcopal de gobierno.  Eventualmente, en 1551, Knox fue nombrado capellán real y pronto se convirtió en uno de los predicadores favoritos del joven rey Eduardo VI.

Entre otros protestantes extranjeros prominentes invitados a Inglaterra estaban el teólogo italiano Pietro Martire Vermigli, quien fue invitado a ser Profesor Regio de Divinidades en la Universidad de Oxford; el teólogo alemán Martín Bucero, quien fue invitado a ser Profesor Regio de Divinidades en la Universidad de Cambridge; y el teólogo, reformador, y estadista polaco Juan A Lasco (Jan Laski), quien fue invitado a ser superintendente  de las iglesias para los extranjeros residentes en Londres.  Lasco ya había probado su idoneidad para este encargo pues, por invitación de la Condesa Ana de Frisia Oriental (Alemania), entre 1542 y 1543 había reorganizado la vida religiosa de la ciudad-estado de Emden convirtiéndola en una verdadera “Ginebra del norte.”[3]

En 1550, mediante una carta patente, el rey Eduardo VI otorgó a las iglesias protestantes de los extranjeros protección y libertad respecto del estado y de la Iglesia de Inglaterra.  Ésta era “una excepción a las leyes de 1549 y 1552, que decretaban la uniformidad religiosa del reino,”[4]  y el primer caso de una iglesia Reformada libre.  En una carta dirigida al rey Eduardo VI, Juan Calvino escribió: “…todas las personas de mente recta alaban a Dios, y se sienten grandemente agradecidos contigo, por haberte placido con gracia otorgar iglesias a tus súbditos que hablan las lenguas francesa y alemana, en lo que respecta al uso de los sacramentos y la disciplina espiritual.  Espero que la licencia que te ha placido darles tenga su efecto.”[5]

El efecto al que se refería Calvino tenía que ver con una de las razones por las que los reformadores ingleses habían establecido la referida Iglesia de los Extranjeros, a decir, que sirviera como modelo para la reforma de la Iglesia inglesa. Lasco escribió “Pensamos, de hecho, que las iglesias inglesas, animadas por este ejemplo, estarían unánimes, a lo largo del reino a volver a la forma apostólica de adoración en toda su pureza.”[6]  Respecto de dicha Iglesia de los Extranjeros, el historiador Diarmaid MacCulloch de la Universidad de Oxford comenta: “No hay duda de la importancia de estas congregaciones plenamente reformadas en medio de una Iglesia nacional que era semi-reformada; eran una señalización hacia una versión del futuro.  Su avivada vida devocional e intelectual pronto atraerían amplio interés en Londres…”[7]

Al mismo tiempo, John Hooper (uno de los precursores del puritanismo) había emprendido una cruzada contra algunas de las prácticas no bíblicas de la Iglesia inglesa (las vestimentas sacerdotales y los rituales sinsentido) contando con el apoyo de Lasco, quien había podido quitarlos “de un solo golpe en práctica y disciplina de la Iglesia de los Extranjeros, sobre la cual Lasco presidía con toda la… decisión que caracterizaba la versión de Juan Calvino de la forma de gobierno presbiteriana en Ginebra.”[8]  MacCulloch concluye que, “Entre Hooper y Lasco habían ofrecido una visión para el futuro de la Iglesia inglesa: purgada de toda corrupción del pasado y moviéndose a la par de las iglesias cívicas más plenamente reformadas en Suiza.” [9]

Uno de los distintivos de la Iglesia de los Extranjeros era su forma de gobierno que no era episcopal sino presbiteriana.  Se eligieron cuatro ministros y luego cuatro ancianos, “conforme a la ordenanza apostólica, para ayudar a los ministros, no de hecho en el ministerio de la Palabra, sino en la conservación de la doctrina y la moral de la iglesia.  Después de éstos fueron elegidos cuatro diáconos.”[10]  Pastores y diáconos recibieron por igual la imposición de manos, lo que significó en un avance de los laicos.[11]  “El primer lunes de cada mes se instalaba el coetus, en el que los oficiales de las tres congregaciones se reunían.  Esta institución, que puede ser comparada con un presbiterio moderno, continuó en operación hasta finales del S. XIX.”[12]

En teoría todos los ancianos tenían la misma responsabilidad y compartían la misma ordenación.  Esto marca un énfasis importante y característico de Lasco, quien en este punto se acerca a la doctrina del ministerio esencial de todos los cristianos.  En la práctica aquéllos que son apartados como ministros de la Palabra administraban los sacramentos y eran asistidos por otros ancianos.  Por otro lado los ancianos laicos llevaban la responsabilidad especial de mantener la disciplina…  los deberes asignados a los ministros de la Palabra y de la “espada” (ancianos) diferían más bien en énfasis que en carácter.

El experto en hugonotes Bernard Cottret hace notar que esta forma de gobierno esclesiástico (plenamente presbiteriana) estaba “muy adelantada a su tiempo y contradecía los puntos de vista de la Iglesia de Inglaterra.”[13]  MacCulloch pone a la par el libro de Lasco Forma ac ratio tota ecclesiastici ministerio (su exposición y defensa de la doctrina y práctica de la Iglesia de los Extranjeros) con la Institución de Calvino y afirma que “proveyó un texto clave para el futuro del cristianismo Reformado a lo largo de Europa.”[14]

En cuanto a su entendimiento de la continuidad histórica de la única santa iglesia católica y apostólica, Lasco explícitamente afirmaba que la verdadera fuente de sus ideas era “la iglesia pura de los apóstoles, la era dorada de la Iglesia primitiva.”[15]  Los reformadores no se veían a sí mismos como transformadores de la Iglesia, sino como aquellos que estaban regresando a la Iglesia a su forma y orden originales.  No eran innovadores; las “supersticiones papistas” eran las que eran innovaciones. [16]  Por lo tanto, Lasco afirmaba, “Que esta iglesia reformada no tiene la intención de ser una nueva iglesia, separada de otras iglesias, sino más bien, una, católica, apostólica…  Las iglesias falsas… tales como las de los turcos [musulmanes], la del papado, y los anabautistas, y los davidistas, no son parte de esta verdadera Iglesia.”[17]

Lamentablemente, la inesperada y prematura muerte del rey Eduardo VI, el 6 de julio de 1553, a la edad de 15 años, y la consiguiente ascensión al trono inglés de su hermana mayor, María Tudor (“la sangrienta”), pusieron fin abruptamente a la primera Reforma en Inglaterra.  María, catolicorromana, persiguió brutalmente a los protestantes, muchos de los cuales emigraron para encontrar refugio en Europa continental.

Lasco fue eventualmente llamado a volver a Polonia como secretario del rey Segismundo II, posición desde la cual lideró la reforma calvinista en Polonia.  Knox (que desde su llegada a Londres había estado muy cerca de Lasco y de la Iglesia de los Extranjeros) se refugió en Ginebra, donde conoció personalmente a Calvino y pastoreó la congregación de habla inglesa.  De Ginebra Knox se mudó a Frankfurt y en 1559 llegó de vuelta a Escocia, trayendo consigo el presbiterianismo que había aprendido de Lasco y la Iglesia de los Extranjeros, y de Calvino y la Iglesia de Ginebra.  Al año siguiente, en 1560, el parlamento escocés adoptó la reforma presbiteriana como resultado del ministerio de Knox.

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[1] Los hugonotes eran los protestantes reformados (“calvinistas”) franceses.

[2] Bernard Cottret, The Huguenots in England (Cambridge: Cambridge University Press, 1991), p. 28.

[3] Frederick S. Carney, “Translator’s Introduction. The New Interest in the Political Theory of Althusius,” en Johannes Althusius, Politica. An Abridged Translations of Politics Methodically Set Forth and Illustrated with Sacred and Profane Examples (Indianapolis: Liberty Fund, 1995); p. xi.  Disponible en: http://oll.libertyfund.org/titles/althusius-politica.

[4] Cottret, op. cit., p. 35.

[5] The Parker Society, eds., “John Calvin to King Edward VI,” en Original Letters Relative to the English Reformation (Cambridge: The University Press, 1847), pp. 710 (carta CCCXXXVI).

[6] Cottret, op. cit., p. 38.  Citando a Schickler, Les Eglises du Refuge en Angleterre, pp. 31-32.

[7] Diarmaid MacCulloch, Thomas Cranmer (New Haven: Yale University Press), 1993; p. 478.

[8] Ibid.

[9] Ibid., p. 483.

[10] Frederick A. Norwood, ‘The Strangers’ “Model Churches” in Sixteenth-Century England,’ en Franklin H. Little, Reformation Studies: Essays in Honor of Roland H. Bainton (Richmond: John Knox Press, 1962), p. 189.

[11] Ver Cottret, op. cit., p. 40.

[12] Norwood, op. cit., pp. 189-190.

[13] Schickler, Les Eglises du Refuge en Angleterre, I p. 41.  Citado en Cottret, op. cit., p. 40.

[14] MacCulloch, op. cit., pp. 480-481.

[15] Norwood, op. cit., p. 189.

[16] Ver Cottret, op. cit., p. 159.

[17] Norwood, op. cit., p. 188.

Nota editorial: La versión original (en inglés) de este artículo fue publicada en The Progress of St. Paul’s, la revista mensual de St. Paul’s Church (PCA), Orlando, en septiembre de 2001.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaJuan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsLas esposas de Juan KnoxSobre la visión puritana del día domingoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)¿Cómo eran los puritanos originales?La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la BibliaEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de Westminster.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Nulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia

Por Alejandro Moreno Morrison.

Prácticamente todos los protestantes y evangélicos están de acuerdo en que una de las razones por las que no tenemos ni aceptamos el oficio de “papa”es porque dicho oficio no está prescrito en la Biblia y por lo tanto es nulo.  Alguien puede ostentar el título de “papa” pero ni eso, ni ninguna ordenación, unción, o elección, lo hacen “papa” de la Iglesia de Cristo.

El principio que subyace a esta posición es que ninguna iglesia o congregación, corte eclesiástica, u oficial eclesiástico puede inventar un oficio de la Iglesia de la cual Cristo solo es cabeza y rey.  Solamente el Señor Jesucristo puede crear los oficios de Su Iglesia y dichos oficios han sido expresamente revelados en las Escrituras inspiradas e inerrantes del Nuevo Testamento.  Los oficios eclesiáticos se rigen por el principio regulativo o regulador (debemos hacer lo que está expresamente autorizado en la Biblia sin quitar ni añadir nada), no por el principio normativo (lo que no está prohibido está permitido).

Lo mismo sucede con el oficio de “cardenal;” no lo tenemos ni aceptamos porque dicho oficio no está prescrito en la Biblia, y nadie que no sea el rey y cabeza de la Iglesia puede crear un oficio en la Iglesia de Cristo.  Los oficios que no tienen sustento explícito en la Biblia son nulos, no existen.  Quienes ostentan los títulos eclesiásticos de esos oficios espurios no son realmente oficiales de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Muchos protestantes (la excepción son algunos anglicanos y algunos luteranos) y todos los evangélicos están de acuerdo en que, aunque en el Antiguo Testamento el Señor instituyó sacerdotes, dicho oficio ya no existe en el Nuevo Testamento, y por lo tanto es nulo.  No reconocemos dicho oficio, por más que esté contemplado en las constituciones o libros de orden eclesiástico de las iglesias romana, anglicana y luterana, y por más que haya una ceremonia de “ordenación.”

Prácticamente todos los protestantes y muchos evangélicos (quizá la mayoría) están de acuerdo en que, aunque el oficio de apóstol está prescrito en el Nuevo Testamento, dicho oficio está restringido a aquellas personas que estuvieron con el Señor Jesús a lo largo de su ministerio, lo vieron resucitado y que Él mismo designó como Sus apóstoles.  Consiguientemente no reconocemos como verdaderos apóstoles a quienes hoy en día se ostentan como tales, puesto que dicho oficio ya no está vigente.  El que a alguien le confieran el título de apóstol no lo hace apóstol, aunque sea “ordenado” como tal.

Lo mismo sucede con los oficios de “pastora,” “anciana gobernante” (o “de iglesia”), y “diaconisa.”  Tales oficios no existen en la Palabra de Dios.  El Señor Jesucristo no instituyó dichos oficios.  Por lo tanto, no importa lo que diga una corte eclesiástica, una congregación, un libro de gobierno eclesiástico, una constitución eclesiástica, la supuesta “ordenación” de alguien a un oficio que no está explícitamente ordenado en la Biblia es nula.  En la Iglesia del Señor Jesucristo no hay pastoras, ni ancianas, ni diaconisas, de la misma manera en que no hay ni papas, ni cardenales, ni profetas, ni apóstoles.  Por supuesto que alguien puede ostentar indebidamente el título, y una iglesia puede hacer una ceremonia de “ordenación” a dicho oficio espurio, pero nada de eso tiene validez alguna en la Iglesia del Señor.

Consiguientemente, los miembros de la Iglesia no sólo no están obligados a reconocer dichos títulos sino que, en fidelidad al Señor y a Su Palabra, tienen el deber de oponerse a quienes ostenten títulos espurios de oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia, y de oponerse a la práctica de ordenar personas a oficios no prescritos por el Señor.

Hay quienes dicen que es posible mantener una posición fiel a la Escritura simplemente no participando en la ceremonia de supuesta ordenación de una mujer a un oficio eclesiástico aunque en la práctica lo acepten, lo reconozcan, y no se opongan a dicha práctica.  Eso es un engaño y una necedad.  Si el oficio no existe, entonces la ordenación es nula.  Y si va en contra de la Palabra de Dios, el creyente fiel debe oponerse a los oficios y oficiales espurios.  No hay posición neutral o intermedia.

Una denominación reformada estadounidense trata de esquivar el problema diciendo que para ellos el oficio de diácono/diaconisa no es un oficio de gobierno.  Pero, como ya se dijo, los oficios eclesiásticos no se rigen por el principio normativo (lo que no está prohibido está permitido) sino por el principio regulativo (sólo lo que está expresamente ordenado está permitido).  De manera que la razón por la que la ordenación de mujeres a un oficio eclesiástico es nula no es solamente por la prohibición bíblica para que las mujeres ejerzan dominio (gobierno) en la Iglesia (1ª Timoteo 2:12), sino porque el Señor no prescribió en Su Palabra oficios eclesiásticos femeninos.

Aunado a lo anterior, es importante resaltar que el oficio de diácono, si bien es cierto no es mayormente un oficio de disciplina (como el de anciano gobernante), no deja de tener aspectos de dominio o gobierno.  Tomar decisiones sobre los ministerios de misericordia y el uso y administración de los recursos materiales de la Iglesia entraña facultades de dominio y gobierno.  El oficio de diácono no tiene funciones de disciplina pero sí tiene algunas funciones de gobierno.  De manera que quienes recurren al argumento referido no sólo están inventando un oficio espurio (“diaconisa”) sino que además están desvirtuando el oficio de diácono (como lo hacen, aunque en otra dirección, los catolicorromanos y episcopales).

Por otro lado, la cuestión de la ordenación de mujeres como oficiales de la Iglesia no es una cuestión “de género.”  Eso es política mundana que no tiene lugar en la verdadera Iglesia, de la misma manera que la política imperial romana (mundana) que se introdujo en el S.IV no tenía lugar en la Iglesia y terminó corrompiéndola completamente.  Y así como introducir el sistema imperial (jerárquico) de gobierno, que el Señor no prescribió, corrompió a la Iglesia, la introducción de una ideología “de género” para el gobierno de la Iglesia está corrompiendo nuevamente a la Iglesia del Señor.

Por último, está la objeción común que apela a la mención en Romanos 16:1 (en la traducción de la revisión 1960 de la Reina-Valera) de “Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea.”  Al respecto vale la pena recordar que las palabras diácono/diaconisa no son de origen y uso exclusivo del oficio eclesiástico.  Es una palabra común en el griego que significa en general siervo/sirviente.  En 1ª Corintios 3:5, el apóstol Pablo se refiere a sí mismo y a Apolos como diáconos, lo cual no significa que hubiesen tenido dicho oficio en la Iglesia (ver también 2ª Corintios 6:4; Filipenses 1:1).  Asimismo en Romanos 15:8, Pablo dice que el Señor Jesucristo “vino a ser diácono de la circuncisión;” y en Romanos 13:4 dice que el gobernante civil “es diácono de Dios.”  Todos estamos de acuerdo en que en los casos mencionados la palabra diácono no se usa en relación al oficio eclesiástico que lleva ese nombre.  Por lo tanto, en vista de que la Biblia no instituye expresamente un oficio de “diaconisa,” la explicación más obvia de Romanos 16:1 es que Febe desempeñaba algún trabajo, voluntario o remunerado, sirviendo en la Iglesia pero no como oficial de la misma.  La revisión 1977 de la Reina-Valera traduce así dicho pasaje: “nuestra hermana Febe, la cual está al servicio de la Iglesia en Cencrea.”  Dicho sea de paso que tratar de deducir una prescripción de una descripción (un deber ser de un ser) es una falacia de categoría conocida como la falacia naturalista.

Es pertinente aclarar también que no es necesario ser oficial de la iglesia para servir en la Iglesia.  De hecho, todos los miembros de la Iglesia tenemos el deber de servir al Señor y de servir en la Iglesia.  Pero, el orden y la administración terrenal de la Iglesia visible, el Señor los ha encomendado (conforme a Su orden de creación, ver 1ª Timoteo 2:11-13) a varones que desempeñen los oficios de anciano/obispo y diácono.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.