Juan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto público

Tomado de Institución de la religión cristiana, III, xx, 29, y 30.

  1. 2º. Aunque esta oración ininterrumpida ha de entenderse principalmente de cada persona particular, no obstante también en cierta manera se refiere a las oraciones públicas de la Iglesia, aunque no pueden ser continuas y han de hacerse de acuerdo con el orden dispuesto por el consentimiento común de la Iglesia…

b. Necesidad de las oraciones públicas.  Sin embargo, para que las oraciones públicas de la Iglesia no fuesen menospreciadas, Dios las ha adornado con títulos excelsos, sobre todo al llamar a su templo “casa de oración” (Is. 56, 7).  Pues con esto nos enseña que la oración es el elemento principal del culto y servicio con que quiere ser honrado; y que a fin de que los fieles de común acuerdo se ejercitasen en este culto, Él les había edificado el templo…

  1. Oraciones públicas y litúrgicas en el culto de la Iglesia

Y como Dios en su Palabra ha ordenado que los fieles oren unidos, por la misma razón, es necesario que haya templos designados para hacerlo…  Porque Cristo, que promete que hará todo cuanto dos o tres congregados en su nombre le suplicaren (Mt. 18, 19-20), da a entender bien claramente que no rechazará las oraciones hechas por toda la Iglesia, con tal que se excluya de ellas toda ambición y vanagloria, y, por el contrario, haya un verdadero y sincero afecto, que resida en lo íntimo del corazón.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de CristoSobre los medios de graciaEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Sobre la visión puritana del día domingoActividad lícita en el Día de ReposoEl culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólicaLas oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformadaSalmo 100 (para canto congregacional)Salmo 67 (para canto congregacional)Presbiterianismo en la primera reforma en InglaterraLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaEl 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de Ursino.

 

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Las oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformada

Por Alejandro Moreno Morrison.

Versión ligeramente modificada del texto que apareció como editorial en boletín de la Iglesia Berith (INPM) de la Ciudad de México, correspondiente al domingo 9 de agosto de 2009.

Como parte de la reforma de la práctica de la Iglesia, específicamente de su adoración, los reformadores del S. XVI (entre ellos Juan Calvino, Juan Knox y Thomas Cranmer), redactaron oraciones para ser elevadas al Señor de manera colectiva, es decir, toda la congregación al unísono, como parte necesaria del culto de adoración (ver Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, III, xx, 29-30; Juan Calvino y las oraciones públicas o colectivas).

Siendo la oración un acto de adoración, los reformadores aplicaron el principio regulador o regulativo de la adoración, es decir, que hemos de adorar a Dios solamente conforme a las instrucciones que Él nos ha revelado en Su Palabra.  Es por esta razón que, a la pregunta #117 sobre “¿Cuáles son los requisitos de la oración que es aceptable a Dios, y la cual Él escuchará,” el Catecismo de Heidelberg responde, entre otras cosas, que hemos de orar “por todas las cosas que Él nos ha mandado pedir de Él.”  Es decir, que no hemos de pedir lo que nosotros queramos, ni debemos tampoco dejar de pedir por las cosas que Él nos ha ordenado que oremos.  En palabras de Zacarías Ursino (en su Comentario al Catecismo de Heidelberg), “debemos orar por cosas que estamos ciertos que están aprobadas por Dios, y prometidas.”  Por lo tanto, para orar eficazmente debemos tener un conocimiento de todo el consejo de Dios, de sus mandamientos, de sus promesas, y de lo que Él nos ha revelado que es Su propósito para Su pueblo y para la humanidad en general.

Las oraciones comunes o colectivas preparadas por los reformadores para la adoración pública de Dios son un magnífico ejemplo de cómo debemos orar.  Estas oraciones están basadas en porciones bíblicas, usando las palabras, temas y conceptos que Dios nos ha dado en Su Palabra para dirigirnos a Él en oración.

Una de estas oraciones públicas o litúrgicas es la “Oración por toda la Iglesia de Cristo,” contenida en el Libro de orden ginebrino (1556) de la congregación de habla inglesa en la ciudad de Ginebra, en tiempos de Juan Calvino y John Knox.  Esta oración contiene más de 60 referencias a porciones de la Biblia, además de estar formulada de manera reverente conforme a los ejemplos de oraciones que el Señor dio a su pueblo en Salmos, en otros libros del Antiguo Testamento, y en la oración que enseñó a sus discípulos y que conocemos como “El Padre nuestro.”

Además de cumplir con el principio regulativo o regulador de la adoración, y de ser la aplicación práctica de la doctrina del sacerdocio universal (por cuanto toda la congregación eleva la oración en la adoración pública al Señor y no sólo los ministros), las oraciones públicas o litúrgicas servían para enseñar a la congregación a orar conforme a la Palabra de Dios.

Pero al dejar poco a poco (hace ya varias décadas, y por influencia del anabautismo) la práctica de la oración colectiva, los evangélicos abandonaron también uno de los medios por los cuales durante muchos siglos el pueblo del Señor aprendió a orar conforme a Su voluntad revelada.

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Ver también: Juan Calvino y las oraciones públicas o colectivasSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Oración por toda la Iglesia de CristoIdentidad confesional: Estándares de WestminsterSobre la visión puritana del día domingoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)El culto de la sinagoga fue el modelo del culto de la Iglesia apostólica.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de México de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.