Salmo 67 (para canto congregacional)

Letra metrificada en español por Alejandro Moreno Morrison.

Partitura con letra (PDF): AMM. Salmo 67 con partitura melodía Jerusalem, tamaño carta (rev. 2016)

Enlace al Archivo MIDI de la melodía Jerusalem

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Ver también: La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl evangelio y las misionesLa profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)El reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasSalmo 100 (para canto congregacional)El reino del Mesías y Su Iglesia.]

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Nota editorial: Escribí la primera versión de esta metrificación en español del Salmo 67 en 2009, y se la mostre a mi querido amigo el Pbro. Dr. Gerald Nyenhuis.  Él me comentó que era su salmo favorito, y que era el salmo por el que había sentido el llamamiento del Señor para ser misionero.  Me pidió que le enviara la letra  los encargados de la música en la Iglesia Presbiteriana Berith (donde fue pastor por tres décadas y media en la Ciudad de México).  En aquella ocasión no contaba con una partitura simplificada de esta melodía para canto congregacional.  En el documento donde envié la letra escribí esta nota dedicatoria para aquella primera versión:

Con gratitud a nuestro Dios por el fructífero ministerio misionero del Pbro. Dr. Gerald Nyenhuis en México

Posteriormente, hice varios cambios a la letra en 2014, y la añadí a una partitura de la melodía seleccionada (Jerusalem, de Charles H. H. Parry) arreglada para canto congregacional.  Durante 2014, cantamos a capella dicha versión del Salmo 67 en una pequeña misión que tuve a mi cargo en la Ciudad de México.  Volví a hacerle cambios en 2016, con el afán de apegarme lo más fielmente al texto bíblico hebreo y usar lenguaje lo más parecido al de la versión Reina-Valera de la Biblia.

El pastor Nyenhuis está ya gozando de la presencia del Señor, y sus obras con él siguen (Apocalipsis 13:14).  Así que la dedicatoria de esta versión revisada de la metrificación en español del Salmo 67 sigue siendo la misma, pues sigo estando agradecido al Señor por la vida y ministerio misionero en México de mi amigo el Dr. Nyenhuis.

El reino del Mesías y Su Iglesia

Por Herman N. Ridderbos.

Tomado de When the Time Had Fully Come: Studies in New Testament Theology (Ontario: Paideia Press, 1957, 1982), pp. 21-23.

[La conexión entre el Reino (basileia) y la Iglesia (ekklesia)] es… absolutamente incontestable…  El concepto del Nuevo Testamento de la Iglesia solamente puede comenzar a tratarse en una manera plenamente adecuada a partir del Reino de Dios…  desde el principio aparece, en el Reino de Dios predicado por Jesús, …un pueblo.  El concepto tiene su preformación en el viejo Israel, en el pueblo del pacto y de las promesas.  Por lo tanto, en los evangelios puede llamarse, sin mayor anuncio o descripción, ekklesia…  la traducción de kahal que ya era usada en la Septuaginta denotando al pueblo antiguotestamentario de Dios, la congregación de Israel.  Lo nuevo es que esta ekklesia ahora viene dentro de la luz del Reino de Dios.   Todas las cualificaciones anteriores de ekklesia como el pueblo de la elección, del pacto y de las promesas son sublimadas en el Reino de Dios, son “cumplidas” como dice el Nuevo Testamento.   Cuando el Reino viene, el sentido propio y espiritual de la Iglesia sale a la luz.  Pero en sentido extensivo, también, la ekklesia adquiere en el Reino nuevas proporciones y nuevas relaciones.  La ekklesia es integrada en el poder del Reino a nivel mundial: de aquí en adelante es reunida de todas las naciones.  Ésta es la gran línea que conecta baliseia y ekklesia.  Así que uno puede hablar… del carácter escatológico de la iglesia, de su estar involucrada en los actos de salvación de Dios en Su Hijo Jesucristo.

Pero esta conexión principal es intersectada y determinada aún más por otra, es decir, por la relación entre el Mesías y la Iglesia.  Pues el Mesías es el rey del pueblo del futuro, es el pastor, enviado por Dios para reunir a su rebaño.  Por lo tanto Jesús bendice a los pobres en espíritu como el pueblo antiguotestamentario de Dios, que tienen hambre y sed de justicia que prevalecerán en el Reino de Dios.  Pero también llama, en Sus doce apóstoles, a la plenitud del nuevo Israel.  Pero hay más.  No es antes de que venga el Reino que aparece en qué forma inesperada el Mesías se vincula a Sí mismo con la ekklesia.  No solamente es el fundador de la ekklesia, sino que se identifica a Sí mismo con ella.  Los evangelios dan un doble concepto de esto, es decir, el de Hijo del Hombre, y el de Siervo de Jehová.  Pero en ambos conceptos el pensamiento rector es que el Mesías representa a la ekklesia en su propia persona.  La representa como el Hijo del Hombre, quien… recibió en Daniel 7 el dominio para beneficio del pueblo santo del Altísimo.  Y la representa como el Siervo de Jehová, quien es entregado en beneficio de Su pueblo en el Juicio de Dios.  Las dos figuras del Hijo del Hombre y del Siervo de Jehová forman una maravillosa unidad en los evangelios.  Pero el Mesías es siempre el representante de la ekklesia.  En ningún lugar es más profunda la importancia de esto que en la Pasión, la cual, en toda su sobriedad y sublimidad, es la historia del Mesías con Su ekklesia.  Una y otra vez se ha dicho que la idea de la expiación vicaria es un corpus alienum [cuerpo extraño] en el evangelio original.  Es difícil cometer un error más serio, no sólo por la unidad del Nuevo Testamento, sino primordialmente porque el evangelio del Reino contiene él mismo esta semilla escondida.

Consecuentemente puede decirse que estas tres ideas — del Reino, del Mesías, y de la ekklesia — formaron una unidad integrada en el evangelio original.  Los puntos de vista escatológico, cristológico, y lo eclesiológico nunca son separable en la predicación del Reino.  No hay Reino sin Mesías, el Hijo del Hombre, el Siervo de Jehová.  Y no hay Mesías sin la ekklesia a la que Él representa en Su sujeción a la maldición y en Su exaltación, en Su muerte y en Su resurrección.  Por eso es que Jesús habla de “mi ekklesia” (Mat. 16:18), por eso es que Él puede “dar su vida en rescate por muchos” (Mar 10:45), es por eso que puede también asignarle el Reino a Su ekklesia, como el Padre se lo asignó a Él (Luc. 22:29).

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Ver también: Creer en el Señor Jesucristo implica necesariamente someternos a Su ReinoBrevísima introducción a la teología bíblica del evangelismo y las misiones (audio);Sermón expositivo del Salmo 67 (audio)Para entender el Apocalipsis, conferencia en dos partes (audios); Exaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEste mundo está lleno del poder redentor de DiosOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario);La profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraSermón expositivo de Hechos 1:1-3 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:4-5 (audio).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

Herman N. Ridderbos (1909-2007), de nacionalidad holandesa, fue un pastor reformado y un destacado teólogo y erudito en Nuevo Testamento.  Fue educado en la Universidad Libre de Amsterdam  hasta obtener el grado de doctor (1936).  Después de servir como pastor por ocho años, fue nombrado profesor de Estudios del Nuevo Testamento de la Escuela de Teología de las Iglesias Reformadas (Kampen, Países Bajos), cargo que desempeñó por más de cuarenta años.  Fue autor de numerosos libros y artículos académicos entre los que destacan La venida del Reino (1962) y El pensamiento del apóstol Pablo (1966), que están traducidos y publicados en español.

La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma

Por: Alejandro Moreno Morrison.

Hay quienes piensan, erróneamente, que durante la llamada Edad Media y el Renacimiento no había mucha música en las iglesias europeas, o que toda la música usada en las iglesias era lenta, monótona, ritual, “demasiado” reverente (como si tal cosa fuera posible), o “aburrida.”  La evidencia histórica, no obstante, demuestra lo contrario.

La corrupción o deformación que sufrió la Iglesia occidental durante la Edad Media afectó también a la música que era usada en los cultos supuestamente para la adoración de Dios.  Hacia el inicio del S. XVI, la situación en la composición coral y el canto en las iglesias era caótica:

…se desencadenó una orgía licenciosa de música.  Era difícil explicar con reverencia lo que pasó…  Ha sido descrito por los contemporáneos de aquella época que lo sufrieron, y si la mitad de lo que dicen es cierto, debe haber sido como un rag-time desquiciado.[1]

Henry Bruinsma, antiguo profesor de Música en Calvin Collage, nos da esta descripción de la música en la Iglesia a principios del S. XVI:

La música para muchas de las misas, cantada a cuatro o más voces por el coro, era muy a menudo basada en una canción popular secular.  Por ejemplo, hubo más de treinta misas escritas durante el S. XVI basadas en la melodía popular L’Homme Arme’ (El hombre armado).  Mientras una voz cantaba la melodía original con la letra secular, las otras voces cantaban elaboradas contra-melodías con letras religiosas.[2]

Ulrico Zuinglio también da testimonio, indirectamente, en Las 67 conclusiones (1523) del caos que prevalecía en el culto de las iglesias europeas.

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¿No es el cuadro hasta aquí descrito muy parecido a lo que la lucrativa industria de la llamada “música cristiana contemporánea” ha estado vendiéndole al mundo evangélico?  Música mundana, no reverente ni conducente al culto del Dios altísimo, con letras “religiosas” cursis, sentimentaloides, y a menudo heréticas o al menos doctrinalmente vacías.  Nuevamente la historia nos enseña que lo que llamamos “moderno” o “contemporáneo” no es tal, y que quienes creen estar a la vanguardia realmente están repitiendo errores y deformaciones añejas y otrora superadas.

La situación de la música en la Iglesia occidental llegó a ser tal en los albores de la Reforma, que las diversas ramas de la Reforma, ¡y aun el Vaticano!, tenían esta crisis en sus agendas de vicios que tenían que ser corregidos.

En el campo romanista, hasta el Concilio de Trento contempló la posibilidad de seguir a Ginebra en la medida de emergencia adoptada en un algún momento para poner remedio a esa situación, es decir, excluir del todo la música del culto, en vista de que, “la música se había vuelto tan secular que ya no era posible restaurarla a un lugar de valor en la adoración.”[3]  De no haber sido porque compositores de la Iglesia romana como Palestrina, Orlando Di Lasso, Vittoria,[4] y Jacobus Kerle,[5] comenzaron a producir música apta para la adoración, dicha Iglesia hubiese tenido que abolir del todo la música en el culto.[6]

En el ámbito protestante, Martín Lutero (quien contaba con conocimientos y habilidades musicales) se dio a la tarea de componer y compilar melodías reverentes y conducentes para la adoración a Dios, y de publicar himnarios, de manera que todos los cristianos (y no sólo los coros) pudiesen entonar los salmos y paráfrasis de textos bíblicos.  Lamentablemente, en virtud de que Lutero no sostenía el principio regulador o regulativo de la adoración, no reformó del todo el canto en la iglesia, dándole lugar también a himnos tradicionales de la Iglesia, cantatas, y misas para ser entonadas por coros y no por toda la congregación.   Con todo, empero, las melodías eran reverentes y conducentes a la adoración.

En el ámbito anglicano, a pesar de que la Iglesia de Inglaterra no cree en el principio regulador, por décadas, la música y el canto fueron desterrados del todo del culto público anglicano.

En el ámbito reformado (o “calvinista”), una vez superado el caos que había imperado, se enfatizó el deber y derecho de toda la congregación de participar activamente en el culto mediante el canto congregacional, a diferencia de los catolicorromanos que desestimaban el canto congregacional, tal y como sucede hoy día en el evangelicalismo que da un lugar protagónico si no es que exclusivo al “líder de alabanza” o “grupo de alabanza.”  Dicha práctica contraría la doctrina neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes.

Habiendo abolido en un principio el uso de la música en el culto como una medida de emergencia, dada la corrupción a la que se había llegado, los reformadores “calvinistas” (incluyendo al propio Calvino en Ginebra) encargaron a los mejores compositores de filiación reformada a su disposición la composición de melodías reverentes y conducentes a la adoración pública de Dios, para que toda la congregación cantara los salmos y no solamente un grupo “selecto” como sucedía en el ámbito catolicorromano y parcialmente en el ámbito luterano que conservó los coros y los cantos que estos cantaban exclusivamente, es decir, sin la congregación.

Lamentablemente, hoy en día la mayoría de las iglesias que se dicen Reformadas han perdido la brújula bíblico-doctrinal que guió a los reformadores en la reforma de la música y el canto para la adoración pública de Dios, y consecuentemente han perdido el legado de ortodoxia y ortopraxis de la adoración a Dios mediante el canto congregacional de los salmos con melodías aptas para tal propósito.

Una de las pocas melodías que han sobrevivido a la marea mercantilista y trivializadora de la música “cristiana” es la que hoy se utiliza comúnmente para la doxología “A Dios el Padre celestial.”  Esta melodía, mejor conocida como The Old Hundredth, fue compuesta en 1551 por Louis de Bourgeois como parte del Salterio ginebrino para entonar el Salmo 100 (ver Salmo 100 para canto congregacional).  Dicho salterio fue encargado y publicado por el consistorio de la Iglesia de Ginebra en tiempos de Juan Calvino.

De hecho, muchas de las melodías del Salterio ginebrino fueron usadas a su vez en el Salterio escocés, y algunas de ellas siguen estando presentes en los himnarios que usamos pero, lamentablemente, ya no para alabar a Dios con las palabras que Él nos dejó para tal fin, los Salmos inspirados, sino para entonar himnos de autoría humana.

[1] Charles V. Standford & Cecil Forsyth, The History of Music, p. 138.  Citado en Horton Davies, Worship and Theology in England.  Book I: From Cranmer to Baxter and Fox, 1534-1690 (Grand Rapids: Eerdmans, 1996), p. 377.

[2] Henry Bruinsma, “John Calvin and Church Music,” en The Outlook, Vol. 51, No. 2, February 2001; p. 5.

[3] Ibid.

[4] Ver Davies, op. cit.

[5] Ver Bruinsma, op. cit.

[6] Ver Davies, op. cit.

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Nota editorial: Versión revisada (2016, 2017) de la versión original publicada por la revista El Faro (México, ca. 2008). 

Ver también: El culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólica; Salmo 67 para canto congregacionalSalterio de ginebra en español, letra y músicaLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaSermón temático: Soli Deo gloria (audio)La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Juan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto público

Tomado de Institución de la religión cristiana, III, xx, 29, y 30.

  1. 2º. Aunque esta oración ininterrumpida ha de entenderse principalmente de cada persona particular, no obstante también en cierta manera se refiere a las oraciones públicas de la Iglesia, aunque no pueden ser continuas y han de hacerse de acuerdo con el orden dispuesto por el consentimiento común de la Iglesia…

b. Necesidad de las oraciones públicas.  Sin embargo, para que las oraciones públicas de la Iglesia no fuesen menospreciadas, Dios las ha adornado con títulos excelsos, sobre todo al llamar a su templo “casa de oración” (Is. 56, 7).  Pues con esto nos enseña que la oración es el elemento principal del culto y servicio con que quiere ser honrado; y que a fin de que los fieles de común acuerdo se ejercitasen en este culto, Él les había edificado el templo…

  1. Oraciones públicas y litúrgicas en el culto de la Iglesia

Y como Dios en su Palabra ha ordenado que los fieles oren unidos, por la misma razón, es necesario que haya templos designados para hacerlo…  Porque Cristo, que promete que hará todo cuanto dos o tres congregados en su nombre le suplicaren (Mt. 18, 19-20), da a entender bien claramente que no rechazará las oraciones hechas por toda la Iglesia, con tal que se excluya de ellas toda ambición y vanagloria, y, por el contrario, haya un verdadero y sincero afecto, que resida en lo íntimo del corazón.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de CristoSobre los medios de graciaEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Sobre la visión puritana del día domingoActividad lícita en el Día de ReposoEl culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólicaLas oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformadaSalmo 100 (para canto congregacional)Salmo 67 (para canto congregacional)Presbiterianismo en la primera reforma en InglaterraLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaEl 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de Ursino.

 

Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)

Del Libro de Orden Ginebrino (1556) usado por la congregación angloparlante en Ginebra (http://www.swrb.com/newslett/actualNLs/GBO_ch04.htm#SEC09).

Omnipotente Dios y misericordiosísimo Padre, humildemente nos sometemos,[1] y nos postramos ante tu Majestad,[2] rogándote desde el fondo de nuestros corazones que esta semilla de tu palabra,[3] ahora sembrada entre nosotros, eche raíces tan profundas, que ni el calor abrasador de la persecución la marchite, ni los espinosos afanes de este mundo la ahoguen, sino que como semilla sembrada en buena tierra, produzca fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno, conforme lo ha señalado tu sabiduría celestial.  Y por cuanto tenemos necesidad continuamente de pedir muchas cosas de tu mano, humildemente te rogamos, oh Padre celestial, nos concedas que tu Espíritu Santo[4] dirija nuestras peticiones, para que procedan de una mente tan ferviente que sean conformes a tu bendita voluntad.[5]

Y viendo que nuestra fragilidad no puede hacer nada sin tu ayuda, y que no ignoras con cuántas y cuán grandes tentaciones,[6] nosotros pobres pecadores, somos rodeados y acechados, que tu poder, oh Señor, sostenga nuestra debilidad, para que siendo defendidos por la fuerza de tu gracia, seamos preservados seguros contra todos los asaltos de Satanás, que anda alrededor constantemente como león rugiente, buscando devorarnos.[7]  Aumenta nuestra fe,[8] oh Padre misericordioso, para que no nos desviemos en ningún momento de tu palabra celestial, sino que aumentes en nosotros la esperanza y el amor, con una cuidadosa obediencia a todos tus mandamientos, para que ninguna dureza de corazón,[9] ni hipocresía, n concupiscencia de ojos,[10] ni seducciones del mundo, nos aparten de tu obediencia.  Y viendo que vivimos ahora en estos tiempos peligrosos,[11] que tu providencia paternal nos defienda contra la violencia de todos nuestros enemigos, que en todo lugar nos persiguen; pero principalmente contra la perversa ira y los furiosos disturbios de ese ídolo romanista, enemigo de tu Cristo.[12]

Más aún, puesto que por tu santo apóstol nos enseñas a hacer nuestras oraciones y súplicas por todos los hombres,[13] oramos no solamente por nosotros aquí presentes, sino que te rogamos también que rescates a todos los que aún son ignorantes, de la miserable cautividad de la ceguera y el error, a un entendimiento y conocimiento puro de tu verdad celestial, para que todos, de común acuerdo,[14] te adoremos nuestro único Dios y Salvador; y que todos los pastores y ministros, a quienes has encargado la dispensación de tu santa palabra,[15] y el cuidado de tu pueblo escogido,[16] sean hallados fieles tanto en vida como en doctrina, fijando sus ojos solamente en tu gloria; y que por medio de ellos todas las pobres ovejas que se alejan y se extravían, sean reunidas y devueltas a tu grey.

Más aún, por cuanto los corazones de los gobernantes están en tus manos,[17] te rogamos que dirijas el corazón de todos los reyes, príncipes, y magistrados a quienes has encargado la espada;[18] especialmente, oh Señor, conforme a nuestro deber, te rogamos que mantengas y prosperes el honorable territorio de esta ciudad,[19] dentro de cuya defensa somos recibidos, los magistrados, el consejo, y todo el cuerpo de esta república: Que tu favor paternal los preserve y tu Espíritu Santo gobierne sus corazones de tal manera, para que ejecuten así su oficio, de manera que tu religión sea mantenida con pureza, las costumbres reformadas, y el pecado castigado conforme a la regla precisa de tu santa palabra.[20]

Y por todos los que somos miembros del cuerpo místico de Cristo Jesús,[21] hacemos nuestras peticiones a ti, oh Padre celestial, por todos los que son afligidos con cualquier clase de cruz o tribulación,[22] como guerra, plaga, hambruna, enfermedad, pobreza, prisión, persecución, destierro o cualquiera otra clase de tus varas, ya sea calamidad de cuerpo, o aflicción de mente,[23] que te plazca darles paciencia y constancia, hasta que les envíes completa liberación de todas sus tribulaciones.  Y como estamos obligados a amar y a honrar a nuestros padres, parientes, amigos y país,[24] debemos pues muy humildemente rogarte que muestres tu clemencia sobre nuestro miserable país de Inglaterra,[25] que alguna vez, por tu misericordia, fue llamado a libertad, y ahora por sus pecados y nuestros pecados, es puesta bajo la más vil esclavitud y cautividad babilónica.

Arranca de ahí, oh Señor, a todos los lobos voraces,[26] que para llenar sus estómagos destruyen tu rebaño.[27]  Y muestra tus grandes misericordias sobre aquellos nuestros hermanos que son perseguidos, echados en prisión, y diariamente condenados a muerte por el testimonio de tu verdad.[28]  Y aunque sean destituidos por completo del auxilio humano,[29] que no obstante tu dulce consuelo nunca se aparte de ellos, sino que de tal manera inflame sus corazones con tu Espíritu Santo, para que puedan resistir valiente y alegremente las pruebas[30] que tu divina sabiduría señale.[31]  Para que al final, tanto por su muerte como por su vida,[32] el reino de tu amado Hijo Jesucristo crezca y brille por todo el mundo.  En cuyo nombre hacemos nuestras humildes peticiones a ti, como él nos ha enseñado.

Padre nuestro que estás en los cielos, etc.[33]

Dios todopoderoso y eterno, concede, te rogamos, nos otorgues perfecta perseverancia en tu fe viva, aumentándola en nosotros diariamente,[34] hasta que crezcamos a la plenitud de la estatura de nuestra perfección en Cristo,[35] de cuya fe hacemos nuestra confesión, diciendo:

Creo en Dios Padre todopoderoso, etc. [36]

[1] 1ª Pedro 5:6.

[2] Números 16:22; Deuteronomio 9:18; Josué 7:6.

[3] Mateo 13:3-8.

[4] Lucas 11:13; Romanos 8:12-17; Santiago 5:16; 1ª Juan 5:14; Romanos 12:11-12.

[5] 2ª Corintios 3:5; Juan 15:5; Filipenses 2:13.

[6] Salmo 40:12-13,17; 1ª Pedro 1:6.

[7] 1ª Pedro 5:8.

[8] Lucas 17:5.

[9] Salmo 95:7-8; Hebreos 3:7ss.; 4:7.

[10] 1ª Juan 2:15-17.

[11] 1ª  Timoteo 4:1ff.; 2ª Pedro 3:3ff.; 2ª Timoteo 3:1ss.; Judas.

[12] 2ª  Tesalonicenses 2:1ff.; 1ª Juan 2:18; Apocalipsis 13, 17.

[13] 1ª Timoteo 2:1ff.

[14] Romanos 15:6; 1ª Corintios 1:10; Efesios 4:3.

[15] Juan 21:15-17; Mateo 28:19-20; 1ª Corintios 9:16ss.; Marcos 16:15.

[16] 1ª Pedro 5:1-3.

[17] Proverbios 21:1.

[18] Romanos 13:4; Juan 19:11.

[19] Por la prosperidad del territorio de Ginebra [nota marginal].

[20] 1ª Timoteo 1:3ff.; Santiago 1:18ss.

[21] 1ª Corintios 12:12-13; Romanos 12:4-5.

[22] Santiago 5:13-15.

[23] 2ª Corintios 1:6ff.; Hebreos 13:3.

[24] éxodo 20:12

[25] Por Inglaterra [nota marginal].

[26] Mateo 7:15; Hechos 20:29.

[27] Ezequiel 34:1ff.; Romanos 16:17-18; Filipenses 3:2,18-19.

[28] Hebreos 13:3; Romanos 8:36; Salmo 44:22.

[29] Juan 16:33.

[30] 1ª Pedro 1:7.

[31] Hechos 2:23; Mateo 10:35ss.; Lucas 21:12ss.

[32] Romanos 14:7-8.

[33] Mateo 6:9-13.

[34] Lucas 17:5.

[35] Efesios 4:12-16.

[36] Credo de los apóstoles.

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Ver también: Identidad confesional: Estándares de WestminsterLas oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLas oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Salmo 67 (para canto congregacional)Salmo 100 (para canto congregacional)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.