Nulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia

Por Alejandro Moreno Morrison.

Prácticamente todos los protestantes y evangélicos están de acuerdo en que una de las razones por las que no tenemos ni aceptamos el oficio de “papa”es porque dicho oficio no está prescrito en la Biblia y por lo tanto es nulo.  Alguien puede ostentar el título de “papa” pero ni eso, ni ninguna ordenación, unción, o elección, lo hacen “papa” de la Iglesia de Cristo.

El principio que subyace a esta posición es que ninguna iglesia o congregación, corte eclesiástica, u oficial eclesiástico puede inventar un oficio de la Iglesia de la cual Cristo solo es cabeza y rey.  Solamente el Señor Jesucristo puede crear los oficios de Su Iglesia y dichos oficios han sido expresamente revelados en las Escrituras inspiradas e inerrantes del Nuevo Testamento.  Los oficios eclesiáticos se rigen por el principio regulativo o regulador (debemos hacer lo que está expresamente autorizado en la Biblia sin quitar ni añadir nada), no por el principio normativo (lo que no está prohibido está permitido).

Lo mismo sucede con el oficio de “cardenal;” no lo tenemos ni aceptamos porque dicho oficio no está prescrito en la Biblia, y nadie que no sea el rey y cabeza de la Iglesia puede crear un oficio en la Iglesia de Cristo.  Los oficios que no tienen sustento explícito en la Biblia son nulos, no existen.  Quienes ostentan los títulos eclesiásticos de esos oficios espurios no son realmente oficiales de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Muchos protestantes (la excepción son algunos anglicanos y algunos luteranos) y todos los evangélicos están de acuerdo en que, aunque en el Antiguo Testamento el Señor instituyó sacerdotes, dicho oficio ya no existe en el Nuevo Testamento, y por lo tanto es nulo.  No reconocemos dicho oficio, por más que esté contemplado en las constituciones o libros de orden eclesiástico de las iglesias romana, anglicana y luterana, y por más que haya una ceremonia de “ordenación.”

Prácticamente todos los protestantes y muchos evangélicos (quizá la mayoría) están de acuerdo en que, aunque el oficio de apóstol está prescrito en el Nuevo Testamento, dicho oficio está restringido a aquellas personas que estuvieron con el Señor Jesús a lo largo de su ministerio, lo vieron resucitado y que Él mismo designó como Sus apóstoles.  Consiguientemente no reconocemos como verdaderos apóstoles a quienes hoy en día se ostentan como tales, puesto que dicho oficio ya no está vigente.  El que a alguien le confieran el título de apóstol no lo hace apóstol, aunque sea “ordenado” como tal.

Lo mismo sucede con los oficios de “pastora,” “anciana gobernante” (o “de iglesia”), y “diaconisa.”  Tales oficios no existen en la Palabra de Dios.  El Señor Jesucristo no instituyó dichos oficios.  Por lo tanto, no importa lo que diga una corte eclesiástica, una congregación, un libro de gobierno eclesiástico, una constitución eclesiástica, la supuesta “ordenación” de alguien a un oficio que no está explícitamente ordenado en la Biblia es nula.  En la Iglesia del Señor Jesucristo no hay pastoras, ni ancianas, ni diaconisas, de la misma manera en que no hay ni papas, ni cardenales, ni profetas, ni apóstoles.  Por supuesto que alguien puede ostentar indebidamente el título, y una iglesia puede hacer una ceremonia de “ordenación” a dicho oficio espurio, pero nada de eso tiene validez alguna en la Iglesia del Señor.

Consiguientemente, los miembros de la Iglesia no sólo no están obligados a reconocer dichos títulos sino que, en fidelidad al Señor y a Su Palabra, tienen el deber de oponerse a quienes ostenten títulos espurios de oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia, y de oponerse a la práctica de ordenar personas a oficios no prescritos por el Señor.

Hay quienes dicen que es posible mantener una posición fiel a la Escritura simplemente no participando en la ceremonia de supuesta ordenación de una mujer a un oficio eclesiástico aunque en la práctica lo acepten, lo reconozcan, y no se opongan a dicha práctica.  Eso es un engaño y una necedad.  Si el oficio no existe, entonces la ordenación es nula.  Y si va en contra de la Palabra de Dios, el creyente fiel debe oponerse a los oficios y oficiales espurios.  No hay posición neutral o intermedia.

Una denominación reformada estadounidense trata de esquivar el problema diciendo que para ellos el oficio de diácono/diaconisa no es un oficio de gobierno.  Pero, como ya se dijo, los oficios eclesiásticos no se rigen por el principio normativo (lo que no está prohibido está permitido) sino por el principio regulativo (sólo lo que está expresamente ordenado está permitido).  De manera que la razón por la que la ordenación de mujeres a un oficio eclesiástico es nula no es solamente por la prohibición bíblica para que las mujeres ejerzan dominio (gobierno) en la Iglesia (1ª Timoteo 2:12), sino porque el Señor no prescribió en Su Palabra oficios eclesiásticos femeninos.

Aunado a lo anterior, es importante resaltar que el oficio de diácono, si bien es cierto no es mayormente un oficio de disciplina (como el de anciano gobernante), no deja de tener aspectos de dominio o gobierno.  Tomar decisiones sobre los ministerios de misericordia y el uso y administración de los recursos materiales de la Iglesia entraña facultades de dominio y gobierno.  El oficio de diácono no tiene funciones de disciplina pero sí tiene algunas funciones de gobierno.  De manera que quienes recurren al argumento referido no sólo están inventando un oficio espurio (“diaconisa”) sino que además están desvirtuando el oficio de diácono (como lo hacen, aunque en otra dirección, los catolicorromanos y episcopales).

Por otro lado, la cuestión de la ordenación de mujeres como oficiales de la Iglesia no es una cuestión “de género.”  Eso es política mundana que no tiene lugar en la verdadera Iglesia, de la misma manera que la política imperial romana (mundana) que se introdujo en el S.IV no tenía lugar en la Iglesia y terminó corrompiéndola completamente.  Y así como introducir el sistema imperial (jerárquico) de gobierno, que el Señor no prescribió, corrompió a la Iglesia, la introducción de una ideología “de género” para el gobierno de la Iglesia está corrompiendo nuevamente a la Iglesia del Señor.

Por último, está la objeción común que apela a la mención en Romanos 16:1 (en la traducción de la revisión 1960 de la Reina-Valera) de “Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea.”  Al respecto vale la pena recordar que las palabras diácono/diaconisa no son de origen y uso exclusivo del oficio eclesiástico.  Es una palabra común en el griego que significa en general siervo/sirviente.  En 1ª Corintios 3:5, el apóstol Pablo se refiere a sí mismo y a Apolos como diáconos, lo cual no significa que hubiesen tenido dicho oficio en la Iglesia (ver también 2ª Corintios 6:4; Filipenses 1:1).  Asimismo en Romanos 15:8, Pablo dice que el Señor Jesucristo “vino a ser diácono de la circuncisión;” y en Romanos 13:4 dice que el gobernante civil “es diácono de Dios.”  Todos estamos de acuerdo en que en los casos mencionados la palabra diácono no se usa en relación al oficio eclesiástico que lleva ese nombre.  Por lo tanto, en vista de que la Biblia no instituye expresamente un oficio de “diaconisa,” la explicación más obvia de Romanos 16:1 es que Febe desempeñaba algún trabajo, voluntario o remunerado, sirviendo en la Iglesia pero no como oficial de la misma.  La revisión 1977 de la Reina-Valera traduce así dicho pasaje: “nuestra hermana Febe, la cual está al servicio de la Iglesia en Cencrea.”  Dicho sea de paso que tratar de deducir una prescripción de una descripción (un deber ser de un ser) es una falacia de categoría conocida como la falacia naturalista.

Es pertinente aclarar también que no es necesario ser oficial de la iglesia para servir en la Iglesia.  De hecho, todos los miembros de la Iglesia tenemos el deber de servir al Señor y de servir en la Iglesia.  Pero, el orden y la administración terrenal de la Iglesia visible, el Señor los ha encomendado (conforme a Su orden de creación, ver 1ª Timoteo 2:11-13) a varones que desempeñen los oficios de anciano/obispo y diácono.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.