Apocalipsis 9:13-21 (La sexta trompeta): Sugerencias para reflexionar y aplicar a nuestras vidas

G. K. Beale, Revelation: A Shorter Commentary (Eerdmans, 2015), pp. 197-198.

Apocalipsis 9:13-21.

Sobre la seriedad del engaño.  Estos versículos presentan un cuadro de criaturas feroces que representan a espíritus demoniacos que traen tormento a los no creyentes.  Un examen cuidadoso de este cuadro muestra que la manera real en que estas criaturas confrontan a la gente es a menudo mediante falsos maestros (dentro y fuera de la iglesia), que promueven la adoración de cualquier cosa excepto del Dios verdadero.  ¿Sería posible que por tener una interpretación literalista de Apocalipsis, en virtud de la cual esperamos ser confrontados por caballos sobrenaturales con colas de serpientes o por alguna fuerza militar letal moderna, estemos perdiéndonos de la realidad espiritual muy presente de estos seres en medio de nosotros?  ¿Qué tan seriamente tomamos la amenaza de la falsa enseñanza? ¿La vemos como un mero, aunque desagradable, fenómeno humano, o como algo impulsado por espíritus demoniacos?  ¿Cómo respondemos a tales amenazas?  ¿Acudimos sin desviación a la Palabra de Dios para protección, puesto que es la única fuente de verdad contra tales amenazas?  En otro lugar Juan dice, “sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1ª Juan 2:14); esto significa (en el contexto), que la fuerza para vencer las falsas enseñanzas del diablo proviene solamente de “la palabra de Dios.”

Sobre la naturaleza de la idolatría.  Estos versículos presentan un cuadro de la idolatría mayormente en línea con el del Antiguo Testamento: la adoración de ídolos de oro, plata y otros materiales.  El contexto más amplio de Apocalipsis, que habla de la destrucción de todas las cosas creadas, muestra que estos materiales humanos representan cualquier cosa que no es Dios, es decir, la adoración de las criaturas en lugar del Creador [Romanos 1:25].  ¿Qué modalidades de idolatría existen en nuestra sociedad?  El oro no es malo en sí mismo, pero lo es si es adorado.  ¿Y qué tal los deportes, las carreras profesionales, las actividades recreativas, o la adquisición de dinero y posesiones materiales?  ¿Y qué de cosas claramente malas como la pornografía?  ¿Qué tan extensiva es la idolatría en nuestra experiencia?  ¿No será que parte del engaño es que hemos restringido la “idolatría” a la adoración de ídolos literales?  Cualquier cosa con la que estemos más comprometidos que con Dios es un ídolo, incluyendo el culto a nosotros mismos.

La nocividad de la idolatría.  Juan conecta aquí la idolatría con homicidios, hechicerías, inmoralidad y robos [9:21].  Si la observación del Antiguo Testamento ha de ser tomada seriamente, los idólatras se vuelven tan ciegos y mudos como lo que adoran [ver Salmo 115:4-8; 135:15-18; Isaías 44:9; Ezequiel 12:2].*  Entonces quedan anestesiados, en palabras del comentario, a todo lo que es bueno y a todo lo que es de Dios, a la vez que caen más y más profundamente en las garras de las fuerzas de las tinieblas, como Juan lo retrata tan vívidamente.  ¿Es así como la idolatría conduce a estas espantosas formas de pecado y rebelión?  ¿Cómo ha usado Satanás la idolatría para conducir a la gente más y más a las tinieblas?  ¿Existe un punto más allá del cual es imposible el arrepentimiento?  ¿Cómo podemos guardarnos contra si quiera comenzar con las prácticas idolátricas, puesto que sabemos a dónde conducen inevitablemente?


* Nota del traductor: Ver La “Ley de la racionalidad inversa” de Merold Westphal.

Gregory K. Beale es el titular de la Cátedra J. Gresham Machen de Nuevo Testamento y Profesor de Nuevo Testamento y Teología Bíblica en Westminster Theological Seminary (Filadelfia, EUA) y ministro de la Orthodox Presbyterian Church (EUA).  Fue educado en Southern Methodist Univeristy, Dallas Theological Seminary y en la Universidad de Cambridge (doctorado).  Fue profesor del Departamento de Filosofía y Religión de Grove City College (Pennsylvania), de Nuevo Testamento en Gordon-Conwell Theological Seminary, y de Nuevo Testamento de la Escuela de Posgrado de Wheaton College.  Es autor de varios libros sobre el uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, Teología Bíblica y Nuevo Testamento, incluyendo el Comentario al Apocalipsis de la serie New International Greek Testament Commentary (Nuevo comentario internacional del texto griego del [Nuevo] Testamento). En español está disponible su libro Una Teología Bíblica del Nuevo Testamento: El Desarrollo del Antiguo Testamento en el Nuevo.

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

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Ver también: Las raíces del pecado sexual; La fe de los estatistas; La perspectiva histórico-redentora idealista del Apocalipsis; Naturaleza del libro de Apocalipsis; Introducción al Apocalipsis, 1ª parte (audio); Introducción al Apocalipsis, 4ª parte (audio); Introducción al Apocalipsis, 5ª parte (audio); El 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de Ursino; Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatría; Calvino: El segundo mandamiento prohibe las invenciones humanas en el culto al Dios verdadero; La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir la manera aceptable de adorar al Señor; Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer); Sermón temático: Soli Deo gloria (audio); Conferencia: ¿De quién es la imagen? El mensaje de la respuesta del Señor Jesús a la pregunta sobre el tributo romano (video); Para entender el Apocalipsis, conferencia en dos partes (audios); La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia – bilingual video-lecture); Pascal: Cuando veo la ceguera y miseria del hombre…; Pascal: Descubir lo verdadero y lo bueno no está dentro de nosotros; Aborto: La esclavitud de nuestra generación; La música en la Iglesia occidental a principios del S. XVI; Hay suficiente luz para quienes desean creer en Cristo y suficiente oscuridad para quienes no; Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (gráfico); Cómputo de los 70 septenos (“sietes” o “semanas”) de la profecía de Daniel 9:20-27; La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27).

La música en la Iglesia occidental a principios del S. XVI

Por: Alejandro Moreno Morrison.

Hay quienes piensan, erróneamente, que durante la llamada Edad Media y el Renacimiento no había mucha música en las iglesias europeas, o que toda la música usada en las iglesias era lenta, monótona, ritual, “demasiado” reverente (como si tal cosa fuera posible), o “aburrida.”  La evidencia histórica, no obstante, demuestra lo contrario.

La corrupción o deformación que sufrió la Iglesia occidental durante la Edad Media afectó también a la música que era usada en los cultos supuestamente para la adoración de Dios.  Hacia el inicio del S. XVI, la situación en la composición coral y el canto en las iglesias era caótica:

…se desencadenó una orgía licenciosa de música.  Era difícil explicar con reverencia lo que pasó…  Ha sido descrito por los contemporáneos de aquella época que lo sufrieron, y si la mitad de lo que dicen es cierto, debe haber sido como un rag-time desquiciado.[1]

Henry Bruinsma, antiguo profesor de Música en Calvin Collage, nos da esta descripción de la música en la Iglesia a principios del S. XVI:

La música para muchas de las misas, cantada a cuatro o más voces por el coro, era muy a menudo basada en una canción popular secular.  Por ejemplo, hubo más de treinta misas escritas durante el S. XVI basadas en la melodía popular L’Homme Arme’ (El hombre armado).  Mientras una voz cantaba la melodía original con la letra secular, las otras voces cantaban elaboradas contra-melodías con letras religiosas.[2]

Ulrico Zuinglio también da testimonio, indirectamente, en Las 67 conclusiones (1523) del caos que prevalecía en el culto de las iglesias europeas.

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¿No es el cuadro hasta aquí descrito muy parecido a lo que la lucrativa industria de la llamada “música cristiana contemporánea” ha estado vendiéndole al mundo evangélico?  Música mundana, no reverente ni conducente al culto del Dios altísimo, con letras “religiosas” cursis, sentimentaloides, y a menudo heréticas o al menos doctrinalmente vacías.  Nuevamente la historia nos enseña que lo que llamamos “moderno” o “contemporáneo” no es tal, y que quienes creen estar a la vanguardia realmente están repitiendo errores y deformaciones añejas y otrora superadas.

La situación de la música en la Iglesia occidental llegó a ser tal a principios del S. XVI que las diversas ramas de la Reforma, ¡y hasta el Vaticano!, tenían esta crisis en sus agendas de vicios que tenían que ser corregidos.

En el campo romanista, aun el Concilio de Trento contempló la posibilidad de seguir a Ginebra en la medida de emergencia adoptada en un algún momento para poner remedio a esa situación, es decir, excluir del todo la música del culto, en vista de que, “la música se había vuelto tan secular que ya no era posible restaurarla a un lugar de valor en la adoración.”[3]  De no haber sido porque compositores de la Iglesia romana como Palestrina, Orlando Di Lasso, Vittoria,[4] y Jacobus Kerle,[5] comenzaron a producir música apta para la adoración, dicha Iglesia hubiera abolido del todo la música en el culto.[6]

En el ámbito protestante, Martín Lutero (quien contaba con conocimientos y habilidades musicales) se dio a la tarea de componer y compilar melodías reverentes y conducentes para la adoración a Dios, y de publicar himnarios, de manera que todos los cristianos (y no sólo los coros) pudiesen entonar los salmos y paráfrasis de textos bíblicos.  Lamentablemente, en virtud de que Lutero no sostenía el principio regulador o regulativo de la adoración, no reformó del todo el canto en la iglesia, dándole lugar también a himnos tradicionales de la Iglesia, cantatas y misas para ser entonadas por coros y no por toda la congregación.   Con todo, empero, las melodías eran en general reverentes y conducentes a la adoración.

En el ámbito anglicano, a pesar de que la Iglesia de Inglaterra no cree en el principio regulador, por décadas, la música y el canto fueron desterrados del todo del culto público anglicano.

En el ámbito reformado (o “calvinista”), una vez superado el caos que había imperado, se enfatizó el deber y derecho de toda la congregación de participar activamente en el culto mediante el canto congregacional, a diferencia de los catolicorromanos que desestimaban el canto congregacional, tal y como sucede hoy día en el evangelicalismo que da un lugar protagónico si no es que exclusivo al “líder de alabanza” o “grupo de alabanza.”  Dicha práctica contraría la doctrina neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes.

Habiendo abolido en un principio el uso de la música en el culto como una medida de emergencia, dada la corrupción a la que se había llegado, los reformadores “calvinistas” (incluyendo al propio Calvino en Ginebra) encargaron a los mejores compositores de filiación reformada a su disposición la composición de melodías reverentes y conducentes a la adoración pública de Dios, para que toda la congregación cantara los salmos y no solamente un grupo “selecto” como sucedía en el ámbito catolicorromano y parcialmente en el ámbito luterano que conservó los coros y los cantos que estos cantaban exclusivamente, es decir, sin la congregación.

Lamentablemente, hoy en día la mayoría de las iglesias que se dicen Reformadas han perdido la brújula bíblico-doctrinal que guió a los reformadores en la reforma de la música y el canto para la adoración pública de Dios, y consecuentemente han perdido el legado de ortodoxia y ortopraxis de la adoración a Dios mediante el canto congregacional de los salmos con melodías aptas para tal propósito.

Una de las pocas melodías que han sobrevivido a la marea mercantilista y trivializadora de la música “cristiana” es la que hoy se utiliza comúnmente para la doxología “A Dios el Padre celestial.”  Esta melodía, mejor conocida como The Old Hundredth, fue compuesta en 1551 por Louis de Bourgeois como parte del Salterio ginebrino para entonar el Salmo 100 (ver Salmo 100 para canto congregacional).  Dicho salterio fue encargado y publicado por el consistorio de la Iglesia de Ginebra en tiempos de Juan Calvino.

De hecho, muchas de las melodías del Salterio ginebrino fueron usadas a su vez en el Salterio escocés, y algunas de ellas siguen estando presentes en los himnarios que usamos pero, lamentablemente, ya no para alabar a Dios con las palabras que Él nos dejó para tal fin, los Salmos inspirados, sino para entonar himnos de autoría humana.

[1] Charles V. Standford & Cecil Forsyth, The History of Music, p. 138.  Citado en Horton Davies, Worship and Theology in England.  Book I: From Cranmer to Baxter and Fox, 1534-1690 (Grand Rapids: Eerdmans, 1996), p. 377.

[2] Henry Bruinsma, “John Calvin and Church Music,” en The Outlook, Vol. 51, No. 2, February 2001; p. 5.

[3] Ibid.

[4] Ver Davies, op. cit.

[5] Ver Bruinsma, op. cit.

[6] Ver Davies, op. cit.

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Nota editorial: Versión revisada (2016, 2017) de la versión original publicada por la revista El Faro (México, ca. 2008). 

Ver también: El culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólica; Salmo 67 para canto congregacionalSalterio de ginebra en español, letra y músicaLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaSermón temático: Soli Deo gloria (audio)La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.