Sermón temático: Sola gracia (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Enlace al archivo de audio: Sermón: “Sola gracia” (AMM, Oct. 23, 2016).

Sermón predicado el domingo 23 de octubre de 2016, en la misión “Monte Sión” (Iglesia Nacional Presbiteriana de México), de la Ciudad de México.

Lecturas del culto:

  • Salmo 107:1-22
  • Jeremías 31:1-10
  • Tito 3:1-11
  • Efesios 2:8

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Ver también:  Sobre el pecado original (Génesis 3)Sobre el pacto abrahámicoPablo sobre la justificación de Abraham en Génesis 15 (Romanos 4)Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)La correcta interpretación de Romanos 10:9-10 (monergismo vs. sinergismo)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)Sermón: El pacto de obras o de creación de Génesis 2:4-3:24 (audio)Sermón temático: El antiguo pacto y el nuevo pactoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio)Sermón expositivo de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)Sermón de Rut 1, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de varias denominaciones incluyendo la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)

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Por Kenneth Stewart.

Extractos del segundo sermón de dos con el título “Gains and Losses,” sobre el capítulo 3 de la Epístola de san Pablo a los Filipenses.

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.   Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,  y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es a base de la ley, sino la que es por medio de la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe… (Filipenses 3:7-9).

¡Qué poco vemos el pecado como Dios los ve!  Dios se siente peor por tu pecado más pequeño que lo que tú te sientes por tu pecado más grande.  Nos sacudimos en repulsión cuando oímos del abuso de niños.  ¿Alguna vez has pensado que es bastante posible que a Dios le repugna más tu más leve pecado de lo que a ti te repugna ese otro?  Ver las cosas como Dios las ve…  Sí, a veces decimos, “¿Cómo puede ser que Dios mande gente al infierno por esto?”  ¿Pero realmente lo entendemos?  Como el gran teólogo medieval siempre solía decir: “Por cada pregunta que tienes en conexión con la justicia de Dios en condenarte, por cada pregunta que haces acerca de la justicia de Dios y lo que mereces, la respuesta siempre es: “Todavía no has ponderado la gravedad del pecado.”  ¿Y quién lo ha hecho?  Pero cuando el Espíritu de Dios trae la ley de Dios a tu corazón entonces comienzas a ponderar la gravedad del pecado.

[Explicación de Romanos 7:9-10 en conexión con Fil. 3:4-7)]:

Quizá no pensabas que Saulo de Tarso estaba así de atribulado cuando estaba llevando a cabo su persecución.  ¿Alguna vez has pensado que estaba redoblando sus esfuerzos para obtener paz con Dios, porque la ley con la que alguna vez le fue tan fácil vivir era ahora la ley que estaba aplastándolo?  Y aquí da esencialmente lo que es un cuadro miserable de un hombre miserable.  Y de repente las cosas que eran para él ganancia dejan de serlo.

Así que aquí está un hombre miserable que está descubriendo que sus ganancias ya no son buenas.  ¿Qué lo saca de este desastre?   …¿Quién lo saca de este desastre?  Cristo lo saca de este desastre…  Lo saca de él en el camino a Damasco.  Cuando a Saulo, que sale en una hazaña de rabia y furia para ahogar sus propias convicciones, Cristo lo encuentra soberanamente y por gracia en el camino a Damasco.

Y por tres días Saulo de Tarso está ciego dentro de esa casa…  Y finalmente algo sucede.  Dice que cayeron de sus ojos “como escamas,” y ve.  ¿Pero qué es lo que entiende?  La gloria de la justificación por la fe es lo que entiende.  Un gran teólogo repentinamente sabe de lo que está hablando.  Por fin sabe cuál es el plan de Dios para la salvación; que el Cristo que era para él basura es realmente TODO lo que necesita.

Estas escamas que caen de sus ojos [en Hechos 9:18, después del tercer día en la casa de Ananías] son tan sólo un símbolo de la iluminación que llegó al alma de este hombre, Saulo.  Encuentra a Cristo.  Sí, Cristo lo encuentra.  Él encuentra a Cristo.  Es lo mismo, siempre que recordemos el orden.  Es siempre Dios quien nos encuentra primero.  Si no lo hiciera, nosotros nunca lo encontraríamos.  Y nunca olvides eso.  Dios te encontró antes de que tú lo encontraras a Él.  Y alabarás y glorificarás a Dios por ello todos tus días por la eternidad.

¿Y qué encuentra Pablo en Cristo?  Encuentra dos cosas.  Encuentra, primero que todo, una justicia…  Filipenses 3:7: ‘Cuantas cosas eran para mí ganancia las he estimado como pérdida por amor a Cristo.’  Nótese cómo Cristo sustituye a esas cosas.

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es a base de la ley, sino la que es por medio de la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe. (Filipenses 3:8-9)

Eso nos dice que la primera cosa que obtuvo en Cristo fue una justicia.  Y eso es lo primero que necesitas.  Necesitas algo que te ponga en la situación correcta delante de Dios, necesitas una justicia.  Necesitas algo que corresponda a Su santidad.  Él es santo, tú debes ser santo.  Sin santidad nadie verá al Señor [Hebreos 12:14].

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Ver: Pablo sobre la justificación de Abraham en Génesis 15 (Romanos 4); La correcta interpretación de Romanos 10:9-10Sermón temático: Sola gracia (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón de Rut 1, antecedente AT de invocar el nombre del Señor para salvación por fe no por obras (audio)Sermón de Génesis 15: El pacto abrahámico (audio)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26).

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Selección, transcripción y traducción: Alejandro moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  

El sermón de referencia puede ser escuchado y descargado (en inglés) de: http://www.sermonaudio.com/sermoninfo.asp?SID=319121440382 

 

El mensaje del sermón de Pedro en Pentecostés: Arrepentíos

Por David G. Peterson.

Fragmento tomado de The Acts of the Apostles, The Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), pp. 153-154.

‘El discurso de Pentecostés es parte de una escena de reconocimiento en la que, a la manera de una tragedia, personas que han actuado ciegamente en contra de sus propios intereses de repente reconocen su error.’  El discurso está de hecho diseñado para producir la respuesta aquí indicada [Hch. 2:37].  Cuando la gente descubrió cuán testaruda y necia había sido (v. 36), fueron compungidos de corazón, es decir, que fueron golpeados en sus consciencias o que estaban llenos de dolor…

El llamamiento de Pedro, ‘arrepentíos’ (metanoesate) hace eco de la predicación de Juan el Bautista (Luc. 3:3, 8; cf. Mt. 3:2) y de Jesús (Luc. 5:32; cf. Mt.4:17), quienes vincularon el arrepentimiento con la proclamación de que ‘el reino de los cielos se ha acercado’.  Pero el arrepentimiento en el Libro de los Hechos es normalmente demandado sobre la base específica de lo que es proclamado acerca de Cristo Jesús (e.g., 2:26-36; 3:17-21; 17:30-31; 20:21; 26:20; cf. 8:22).  Tantas cosas prometidas en conexión con el gobierno escatológico de Dios han sido cumplidas por medio de él, y él es el único salvador del juicio venidero.  La muerte, resurrección, y ascensión de Jesús traen la realización de las expectativas del AT del reino para Israel y las naciones.  El arrepentimiento involucra un “cambio de mente” acerca de Jesús y su papel en los propósitos del Reino de Dios, como lo sugiere la terminología griega.  Pero metanoein en la LXX [Septguaginta] casi siempre traduce el hebreo niham…, que significa ‘lamentar’ algo.  Más aún, el AT muestra regularmente que el genuino dolor por el pecado involucra una alteración de actitud hacia Dios que produce una ‘conversión’ o reorientación de la vida.  El uso del NT de la terminología debe ser interpretado dentro de este marco bíblico-teológico.  En Hechos 2:38, el arrepentimiento significa una reorientación radical de vida con respecto a Jesús, expresando dolor por haber rechazado a aquél acreditado por Dios como Señor y Cristo (cf. 2:22-36).  El arrepentimiento es una responsabilidad humana — algo que se nos ordena hacer.  Pero también es el regalo de Dios — el arrepentimiento es posible solamente por la habilitación de Dios (cf. 3:26; 5:31; 11:18).

El mandamiento ‘bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo’ expresa el lado positivo del arrepentimiento, involucrando el invocarlo para salvación y la lealtad a él como Señor y Mesías.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 2:29-40 (audio)

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésSobre el bautismoSobre los medios de graciaEl reino del Mesías y Su IglesiaLa correcta interpretación de Romanos 10:9-10La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeJerusalén: Lugar del fin de la antigua eraLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

David G. Peterson es senior research fellow en Nuevo Testamento en Moore Theological College (Sydney, Australia).

El valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)

Por Bruce K. Waltke.

La famosa visión de Ezequiel, “El valle de los huesos secos,” le fue dada hace más de 2500 años para los exiliados en Babilonia.  No obstante, la pregunta que Dios hace a Ezequiel, “¿pueden estos huesos vivir?,” sigue siendo una pregunta que se nos hace a finales del siglo veinte.  En diversos momentos nos la hacemos con respecto a nuestras vidas, nuestros matrimonios, y nuestras iglesias.

Entonces, como ahora, la visión tiene el propósito de vivificar los espíritus languidecidos de los escogidos de Dios.  La plaga de la duda seca y marchita vidas que alguna vez fueron bellas y fragantes como rosas.  Matrimonios concebidos en amor y unidos por la fe pueden morir en el cinismo y la desesperación.  Iglesias que alguna vez crecieron y florecieron con las lluvias tempranas, se secan por el desaliento que detiene las lluvias tardías.

A los destinatarios de esta profecía Dios los llama “pueblo mío” (vv. 12 y 13).  Nuestros ancestros en el exilio babilónico, habiendo perdido la santa ciudad con el templo de Jehová, se preguntaban si todavía eran el pueblo de Dios.  La repetida apelación “pueblo mío,” les reaseguraba su identidad.  De igual manera, a pesar de lo desesperanzador que nuestra situación pueda parecer, los creyentes en el Señor Jesús necesitan oír de nuevo cómo Dios se dirige a ellos como “pueblo mío” (Gálatas 3:26-29; 6:16; 1ª Pedro 2:9-10).

Aunque Ezequiel presentó su visión originalmente a los exiliados en Babilonia, la incluyó con sus otras visiones en su libro, mismo que ahora se dirige a la Iglesia universal.  Dentro del canon, esta visión funciona como un aliciente y ejemplo de cómo Dios revive a Su pueblo.  Sus verdades son por definición universales y eternas.  Pablo se refiere a la visión de Ezequiel cuando explica que “el Espíritu vivifica” (2ª Corintios 3:6).

La profecía tiene dos actos: I. Visión (vv. 1-10) y II. Interpretación (vv. 11-14).  Cada uno de estos actos tiene tres escenas: 1) El valle de los huesos secos (vv. 1-3); 2) Los huesos fragmentados convirtiéndose en cuerpos (vv. 4-6); 3) El viento entrando en los cuerpos (vv. 9-10).  La interpretación identifica los huesos como la Casa de Israel y su sequedad como su pérdida de esperanza (v. 11), y el viento como el Espíritu (v. 14).  Las tres escenas de cada acto proveen un ejemplo de la manera en que Dios resucita a santos que están secos como huesos.

ESCENA UNO: EL VALLE DE LOS HUESOS SECOS

La primera escena, el valle de los huesos secos, presenta como protagonista al profeta mismo y da una enseñanza inicial acerca del avivamiento.  Dios en Su gracia soberana inicia el avivamiento de Israel llamando y enviando al profeta a los huesos secos.  La escena consiste de tres partes.

Escena parcial 1: El llamamiento de Ezequiel (v. 1a).  Ezequiel introduce su profecía con la fórmula “La mano de Jehová estaba sobre mí (v. 1).  Esta fórmula es relativamente común en Ezequiel e identifica sus relatos en primera persona de entre sus varias visiones.  Esta intervención señala que la resurrección de Israel se originó con Dios, no con la humanidad.  De igual manera hoy, el que podamos resucitar de nuestras “tumbas” comienza con el llamamiento de un profeta, alguien a quien Dios envíe y por medio del cual Él hable (Romanos 10:14-15).

Escena parcial 2: El valle de los huesos secos (v. 1b-2).  En la segunda escena parcial Dios hace que Su profeta se confronte con la condición espiritual de Su pueblo.  El Espíritu lo asienta (no nada más lo ‘pone’) en medio de los huesos secos, y luego lo lleva a dar vueltas y vueltas por ese cementerio abierto para hastiarlo de muerte.  La situación parece imposible.  Los profetas de Dios son llamados, y son realistas.  Quizá tú también te sientas como si estuvieras en el exilio, destituido sin esperanza de tu herencia y tu futuro.  La salvación parece imposible.

Escena parcial 3: La fe del profeta (v. 3).  En la tercera escena parcial, Jehová estimula la fe en el profeta.  Se dirige a él como “ser humano” (no, “hijo del hombre”)[1] para recordarle que es un mero mortal terrenal.  Ningún profeta puede soplar aliento de vida espiritual dentro de este valle de huesos secos.  Solamente Dios puede hacerlo.

Al preguntarle “¿Pueden vivir estos huesos?,” Jehová opera dos virtudes en Ezequiel.  Primero, lo fuerza a involucrarse respondiendo la pregunta.  Segundo, al tratar de responderla, Ezequiel se vuelve del valle de los huesos secos a Jehová.  En tanto que Jehová se dirige a él como “ser humano”, él se dirige a Dios como “Señor [soberano] Jehová [que guardas el pacto].”  Su respuesta es clásica: “Eres el único que lo sabe.”  Quiere decir que nada es imposible con Dios.  La vivificación de Israel depende solamente de la gracia soberana de Dios (cf. Lucas 5:12).

El avivamiento comienza con un profeta que es llamado, que confronta la realidad, y que cree que nada es imposible con el soberano Señor.  Los verdaderos profetas son tanto realista como optimistas.

ESCENA DOS: LOS HUESOS SE CONVIERTEN EN CUERPOS

La segunda escena, en la que los huesos se convierten en cuerpos, presenta como protagonista a la Palabra de Dios, dándonos así nuestra segunda enseñanza acerca del avivamiento.

Escena parcial 1: Un mandamiento para predicar la Palabra del Señor (vv. 4-5a).  La primera escena parcial subraya la importancia de predicar Su Palabra con autoridad envolviendo un mandamiento a predicar con otro mandamiento a predicar.  Finalmente, por medio del profeta, Dios mismo se dirige a los huesos secos.  Primero, Dios habla a Su profeta y le manda profetizar: “Luego me dijo, ‘Profetiza a estos huesos’.  Segundo, le manda al profeta que predique Su Palabra al pueblo y les manda escuchar: “Y diles, ‘Huesos secos, escuchad la palabra de Jehová’.”   Luego, de nuevo por medio del profeta Dios se dirige ahora al pueblo: “Esto es lo que Jehová soberano Señor dice a estos huesos.”

Uno y medio versículos de esta escena ordenan al profeta predicar la Palabra de Dios y al pueblo a escucharla.  Esta fórmula de envoltura, aunque abreviada, se repite en cada escena (vv. 9, 12).  Si un predicador guarda la esperanza de que venga un avivamiento, debe enfatizar y volver a enfatizar, aunque resulte tedioso, “Escuchad ahora la Palabra de Jehová.”  El vocabulario exhaustivo para la predicación también subraya la importancia de la predicación de la Palabra del Señor para el avivamiento.  La palabra clave “profecía” (hablar por Dios) se usa, a propósito, siete veces, el número que significa lo completo (vv. 4, 7 [2 veces], 9, 10, 12).  Un segundo término es “la palabra de Jehová” (v. 4), que significa una palabra profética de parte de Dios.  Tercero, cuando Dios se dirige a los huesos secos utiliza un término más: “Así ha dicho Jehová” (vv. 5, 9, 12).

Esta fórmula refleja la forma en la que los mensajeros políticos presentaban en otros tiempos las palabras de sus señores (e.g., 2º Reyes 18:19).  Los profetas usaban esta fórmula para indicar que, como los mensajeros de los reyes del mundo, eran mensajeros del Rey celestial.  Como representantes plenipotenciarios del Rey celestial, hablaban con autoridad de parte del Cielo en la tierra.

Finalmente, lleva la profecía a conclusión con una palabra de la Palabra inspirada de Dios, “declara” (Heb. ne’um).  Ne’um significa “discurso lleno del Espíritu.”  La palabra aparece en el Salmo 110:1, “Jehová dijo [Heb. ne’um] a mi Señor.”  Nuestro Señor interpreta así el pasaje cuando dice: “¿Pues cómo David hablando por el Espíritu le llama Señor… ?” (Mateo 22:43).

Escena parcial 2: Los huesos secos vivirán (vv. 5b-6).  La segunda escena parcial presenta el mensaje en sí.  Dios revive a Sus escogidos mediante la promesa de volverlos a la vida: “He aquí yo hago entrar espíritu [o aliento; Heb. ruah[2]] en vosotros, y viviréis…” (vv. 5-6).  El mensaje de Dios a los mortales es que Él es el Dios de la vida.  Él bendijo a Su creación (los llenó con la potencia de vida) para vencer la esterilidad y la muerte.  Llenos con Su vida, la flora y la fauna vencen a la muerte y sobreviven.  Para Sus escogidos, Cristo es su resurrección y la vida (Juan 11:25).  El que oye Su Palabra y cree al que lo envió, tiene vida eterna; …ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).  Si la muerte es la última palabra, entonces la muerte es dios.  ¡Pero Cristo sorbió a la muerte!

Ezequiel enfatiza la seguridad del avivamiento.  Isaías enfatiza los medios.  Dirigiéndose a los mismos exiliados desalentados (Isaías 40:27), Isaías dice: “…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (40:31).  Mediante el don de la fe en el don de la Palabra de Dios, el santo es transportado del valle de huesos secos a la tierra que fluye leche y miel porque Dios está presente allí de una manera singular.

ESCENA TRES: EL VIENTO DA VIDA A LOS MUERTOS

La tercera escena, el viento da vida a los muertos, destaca el papel del Espíritu de Dios, proveyéndonos con la tercera enseñanza acerca del avivamiento.

Escena parcial 1: El viento/Espíritu viene por medio de la predicación (vv. 9).  La conexión entre la Palabra de Dios y el Espíritu es establecida en el versículo 4: “Profetiza sobre estos huesos… Yo hago entrar espíritu [o aliento] en vosotros, y viviréis.”  No obstante, se vuelve claro que la Palabra por sí sola es insuficiente.  La segunda escena concluye con el comentario: “pero no había en ellos espíritu [o aliento].”  La escena tres comienza con la necesidad de predicar para efectuar el don del Espíritu (vv. 7-9).

Escena parcial 2: El viento vivifica los cuerpos (v. 10).  El viento, que Dios equipara con Su Espíritu en el v. 14, transforma el valle de los huesos secos en un ejército basto y lleno de vida.  Jehová trae avivamiento tanto por medio de la predicación autoritativa como por medio del otorgamiento del Espíritu (cf. 1ª Tesalonicenses 1:4-6; 2:13; 1ª Corintios 3:14-18).

La Confesión Escocesa expresó la convicción de los Reformadores: “Nuestra fe y su seguridad no proceden de carne y sangre, es decir, de poderes naturales dentro de nosotros, sino que son la inspiración del Espíritu Santo…, quien nos santifica, y nos lleva a toda verdad por Su propia obra, sin lo cual permaneceríamos para siempre enemigos de Dios e ignorantes de Su Hijo, Cristo Jesús.  Por naturaleza estamos tan muertos, ciegos y somos tan perversos, que no podemos sentir cuando nos pican, ni ver la luz cuando brilla, ni asentir a la voluntad de Dios cuando es revelada, a menos que el Espíritu de Dios reviva aquello que está muerto, remueva las tinieblas de nuestras mentes, e incline nuestros necios corazones a la obediencia a Su bendita voluntad.”

OREMOS POR PROFETAS

Pidamos pues al Señor que levante profetas para predicar Su Palabra en nuestra generación.  Y pidamos al Señor que continúe usando seminarios fieles para darle a los predicadores que ha llamado una palabra de profecía aún más segura.  Las últimas dos escenas de la visión contienen escenas parciales de cumplimiento (vv. 7-8; 10), pero no la interpretación.  Ezequiel y su generación de la Casa de Israel murieron antes de ver a los escogidos levantarse de sus tumbas y volverse llenos del Espíritu a fin de regresar a la Tierra Santa y establecerse en ella.  La siguiente generación, no obstante, lo experimentó, y supo que Jehová había hecho lo que había parecido imposible.  La profecía se dilata en parte para que podamos tener una palabra profética aún mucho más segura (1ª Pedro 1:19).

Y oremos que la Iglesia pida y abrace la plenitud del Espíritu de Dios (cf. Lucas 4:10-13).

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[1] Aunque la expresión hebrea ben ‘adam  significa literalmente “hijo de hombre,” ésta tiene dos acepciones o usos.  En Daniel capítulo 7 y en 1º de Enoc se usa como título para la figura escatológica que habría de venir.  En el Nuevo Testamento nuestro Señor ostenta la expresión como su título para indicar que él es una figura escatológica.  La otra acepción es un hebraísmo, “un hombre de X,” un “hijo de X” es una expresión comúnmente utilizada para representar la naturaleza, calidad, carácter o condición de una persona.  Por lo tanto, como Ezequiel no es una figura escatológica, la expresión ben ‘adam en este pasaje enfatiza su humanidad y debe por lo tanto ser entendida como dirigiéndose a él simplemente como “ser humano”.  Cf. Bruce K. Waltke & M O’Connor, Introduction to Biblical Hebrew Grammar, Winona Lake: Eisenbrauns, 1990; pp. 149f., P. 9.5.3a.; y  Daniel I. Block, The Book of Ezequiel: Chapters 25-48 (New International Commentary of the Old Testament), Grand Rapids: Eerdmans, 1998; p. 367. (Nota Bene del autor para la traducción español de este artículo).

[2] La palabra hebrea ruah significa y puede traducirse como viento, espíritu o aliento.

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Ver también: Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Sermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo).

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Artículo publicado originalmente en Reformed Quarterly (publicación trimestral de Reformed Theological Seminary), spring 1998, vol. 17, issue 1: http://www.rts.edu/quarterly/spring98/waltke.html.  Traducido y publicado en español (con fines no lucrativos) contando con los debidos permisos del autor y del Reformed Theological Seminary.  Prohibido su uso con fines comerciales o lucrativos.

Traducción de Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.