Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD).

Fragmento tomado de An Old Testament Theology (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 570-571.

Jerusalén es la escena para el inicio y fin del evangelio de Lucas (1:9; 24:53) y también es el escenario para su secuela, el libro de Hechos (Hechos 1:8; 2:1-17).  En su secuela podemos seguir el rastro en esta extensión de historia de la iglesia a la redefinición de Lucas del reino de Dios de una referencia a la vida en un espacio territorial a una referencia a la vida en Cristo.  La iglesia primitiva esperaba que Jesús Mesías gobernara desde el trono de David en Jerusalén y restableciera la gloria de Israel y que de esta manera fuera una luz a las naciones.  No obstante, la iglesia iluminada por el Espíritu y llena del poder del Espíritu llegó a entender que el Mesías Jesús gobierna al mundo desde el trono de David en el cielo en un reino universal sin fronteras nacionales.

Pero al continuar Lucas con su drama en dos partes, las expectativas judías de la iglesia primitiva para el reino toman nueva forma.  Jerusalén sigue siendo el centro del Reino de Dios durante la carrera terrenal del Mesías pero no después de su resurrección.  La pasión de Cristo debe ser cumplida en Jerusalén pero no su gloria.  Durante su vida Jesús espera su muerte y resurrección en Jerusalén.  En contraste con Mateo, Lucas ubica la última tentación de Jesús en el punto más alto del templo en Jerusalén.  Mediante esta retórica, Lucas sutilmente augura el papel siniestro y satánico que el templo jugará en el rechazo y muerte de Jesús (Lucas 4:1-13: Mateo 4:1-11).  En su marcha a Jerusalén para cumplir su destino, Jesús dice sarcásticamente, “es necesario que siga mi camino… porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lucas 13:33; cf. 18:31).

Jesús ahora pone fin a cualquier futuro en la historia de la salvación para la ciudad profana mediante sus parábolas, acciones y profecías.  Lucas registra que cuando Jesús estaba cerca de Jerusalén, y la gente pensaba “que el reino de Dios iba a manifestarse inmediatamente” (19:11), les dijo la parábola de las minas.  En esta parábola una mina es quitada al siervo infiel y dada a otro.  Concluye la parábola con la ominosa orden: “Pero a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí” (19:27).  Después de relatar esta parábola, Lucas registra la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén — pero en lugar de cumplir las esperanzas Judías de exaltación de la ciudad, Jesús llora por Jerusalén porque la ciudad está a punto de ser aniquilada por rechazarlo.  Vendrán días, dice, cuando ejércitos la derribarán.  Lucas también omite cualquier alusión a profecías del Antiguo Testamento de que Jerusalén sería reconstruida y no cita ninguna profecía de Jesús ni dentro de la iglesia primitiva en tal sentido.  La destrucción de Jerusalén en el año 70 dC termina con su rol en la historia de la salvación.

Pasando a la secuela de Lucas, en su primera escena encontramos a Jesús instruyendo a sus discípulos a quedarse en Jerusalén hasta que Dios les dé poder de lo alto.  Sólo hasta que han sido investidos con el Espíritu Santo comienzan a dar testimonio del evangelio a todo el mundo.  En la segunda escena, en el Monte de los Olivos, los discípulos todavía piensan como la iglesia primitiva: “¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” preguntan (Hechos 1:6; cf. Lucas 24:21).  En lugar de prometerles cumplir con sus expectativas judías, Jesús los instruye nuevamente a quedarse en Jerusalén hasta tener el poder del Espíritu para dar testimonio del evangelio hasta lo último de la tierra.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 1:6 (audio).

Ver también: “Jerusalén: Lugar del fin de la antigua era;” “Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24);” “La profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27;” “Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26);” “Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26);” “La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11);” “Salmo 67 (para canto congregacional);” “Este mundo está lleno del poder redentor de Dios.;” “Exaltación y entronización del Señor Jesucristo;” “El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés);” “El reino del Mesías y Su Iglesia;” “El evangelio y las misiones;” “La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del Mesías;” El reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11);” La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo Testamento;” “Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismo;” “Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañas.”

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)

Por el Rev. Kenneth Stewart

Fragmento de un sermón dominical

¿Por qué [Pablo] lo dice de esa manera?  …Porque [el Señor Jesucristo] provee la ropa [la vestimenta para el día, la vida de santidad, la armadura].  Es imposible para ti amar sin que Cristo te habilite para amar.  Es imposible para ti no cometer adulterio, o asesinar, o mentir, o codiciar, a menos que Cristo te habilite para hacerlo.  En otras palabras, no está diciéndote que tomes una moralidad diferente; está diciéndote que recibas del Señor Jesucristo una espiritualidad.  El Señor es el dador de estas cosas.  Solamente Él puede dar esa virtud; y sólo Él puede ponerla dentro de ti por medio de Su Espíritu Santo.  Es Su prenda; es Su vestimenta.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  Sus sermones pueden ser escuchados y descargados en:

http://www.sermonaudio.com/search.asp?speakeronly=true&currsection=sermonsspeaker&keyword=Kenneth_Stewart 

Significado escatológico del Pentecostés

Por Dennis E. Johnson.

Tomado de The Message of Acts in the History of Redemption (Phillipsburg: P&R, 1997), pp. 55-56.

Lucas aprendió del Espíritu que los “postreros días” de la escatología del Antiguo Testamento habían comenzado.  El tiempo de la reparación prometida por los profetas había comenzado con la venida de Jesús el Mesías.  Quizá no logramos entenderlo a primera vista a partir de la forma de las promesas proféticas, pero la obra de reparación del Señor en los postreros días viene en dos fases.  La primera fase arribó por medio de la vida, muerte, resurrección, y entronización del mesías, y el derramamiento del Espíritu Santo de Dios sobre su iglesia.

La infección inicial del orden creado también ocurrió en dos fases.  Primero la “muerte” que separó a Adán y Eva de su Dios en el día de su desobediencia (Gen. 2:17).  Después esta muerte espiritual y relacional se manifestó en la muerte de sus cuerpos, que volvieron al polvo (3:19).  Similarmente, la cura viene primero a lidiar con la fuente oculta, espiritual, de la descomposición, nuestra alienación espiritual y relacional respecto de nuestro Creador y de nuestro prójimo; y luego, al final, se hará visible en la reversión de la muerte del cuerpo mediante la resurrección.  La salvación escatológica prometida por los profetas ya ha venido; pero el clímax prometido de la salvación todavía no ha venido.

Ésta es una tensión incómoda en la cual vivir, en el cruce de caminos entre la entropía cósmica inducida por el pecado, por un lado, y la energía creativa inagotable de Dios, por el otro…  La presencia del Espíritu en nuestras vidas es un anticipo, una primera entrega, de la restauración plena que nos aguarda cuando Cristo vuelva.  Y por cuanto el Espíritu nos da este anticipo de la redención final, también abre nuestro apetito para desear el festín completo…

La fatiga externa, el estrés, el sufrimiento, y lo “arruinado” es fácil de ver.  La reconstrucción interna de Dios, su renovación, y su reconstitución son discernibles sólo para aquellos que (paradójicamente) miran “las cosas que no se ven” [2ª Cor. 4:18].  Sería fácil concluir, a partir del estado del mundo, del estado de la iglesia, o del estado de nuestra propia conducta, que nada importante sucedió en los meses después de que Jesús de Nazaret fue crucificado.  Pero de hecho ese fue el inicio del fin del viejo proceso de descomposición, y fue el inicio de un nuevo comienzo, el amanecer de los postreros días.

Ésta es la perspectiva sobre la presencia del Espíritu en la Iglesia que emerge del relato del Pentecostés (Hch. 2:1-41) y la subsecuente curación del cojo a las puertas del templo (3:1-4:31).  Visto con el trasfondo de la promesa profética, estas primeras señales del poder de Jesús para rescatar y reparar por su Espíritu revelan que la vida de la Iglesia es ahora una primera entrega y atisbo de la paz, pureza, amor, y gozo del mundo venidero, aun en medio de la presente contaminación, descomposición, y muerte de la vieja creación.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio).

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Origen de la expresión bíblica ‘postreros días,’ o ‘últimos tiempos’ (eschaton)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

El Rev. Dr. Dennis E. Johnson, de nacionalidad estadounidense, es un pastor y teólogo reformado.  Fue educado en Westminster Theological Seminary (M. Div., Th.M), y en Fuller Theological Seminary (Ph.D.), y es profesor de Teología Práctica de Westminster Seminary California, y autor de varios libros.

Restauración de Israel: Implicaciones escatológicas de la elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)

Por David G. Peterson.

The Acts of the Apostles, The Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), pp. 119-120, y 126-129.

Esta sub-sección [Hechos 1:15-26] resalta el papel distintivo y la importancia de los apóstoles como testigos de la resurrección y garantes de los relatos acerca del ministerio de Jesús. Como lo muestra la lista inconclusa de apóstoles en 1:13, el círculo de Los Doce se había roto. Cuando el Señor ascendido expresa su elección de Matías como el apóstol a suceder a Judas, el contexto sugiere que éste era un asunto preliminar esencial para el derramamiento del Espíritu. No podía haber testimonio ‘hasta lo último de la tierra’ sino hasta que la reivindicación del Mesías sobre toda la casa de Israel fuese reiterada. Entonces, ‘es primero que todo el Israel restaurado, representado por Los Doce, quien recibe el Espíritu Santo en Pentecostés’. Con su enfoque en testificar acerca de la resurrección, 1:21-22 prepara al lector para observar la centralidad de ese tema en la predicación subsecuente de los apóstoles… Hechos 1-2 es una narrativa apologética en la que Lucas busca promover la integridad del liderazgo de los apóstoles, y este segmento está en el corazón de este acercamiento. …una perspectiva más amplia de la importancia apologética de 1:15-26… observa cuatro maneras en las que a los lectores se les da seguridad. Primero, el lenguaje de necesidad es usado al principio (v. 16) y al final (v. 21) del discurso de Pedro. Segundo, se muestra que la traición de Jesús es el trágico cumplimiento de la Escritura (v. 20), dando a entender que Jesús no se equivocó ni fue tomado por sorpresa por los eventos. Tercero, en este punto crucial de transición en la historia de la salvación, el círculo de Los Doce como representantes del nuevo Israel fue restaurado (vv. 21-26; cf. Lucas 22:28-30). Cuarto, ‘el hecho de que el círculo de Los Doce estuvo completo en Pentecostés fue una confirmación del estatus profético y mesiánico de Jesús y aumentó la credibilidad de sus promesas acerca del futuro papel de Los Doce como líderes escatológicos de Israel. Matías no fue escogido porque Judas había muerto sino porque éste se había vuelto un apóstata.

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El deseo de completar el número de Los Doce estaba presumiblemente relacionado con el hecho de que Jesús tenía el propósito de que fuesen los líderes de un Israel restaurado (cf. Lucas 22:14-30; Mateo 19:28).  No podían ser los testigos del Mesías a menos que representasen en su número el ideal de un pueblo de Dios reunido y renovado, Israel en su plenitud, no un remanente (cf. Jeremías 31:1-34; Ezequiel 37:15-28; Apocalipsis 21:12,14).  Una vez que el Espíritu hubiese sido otorgado y Los Doce hubiesen sido definitivamente constituidos en el corazón de este Israel renovado, no hubo necesidad de remplazarlos cuando murieron…  Escoger a un doceavo apóstol en este momento también implicaba la aceptación de la comisión de Jesús para ser sus testigos en la nueva situación tras su muerte y resurrección.

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Antes de echar suertes, los discípulos se unieron en oración para que el Señor revelara su voluntad.  El ‘Señor’ a quien se dirigen aquí es casi con certeza el Señor Jesús (cf. v. 21; 7:59-60).  Aquellos que se unieron en esta oración creían que el Señor ya había escogido al sucesor de Judas (exelexo es un uso perfectivo del aoristo, implicando una elección ya hecha).  Su seguridad estaba presumiblemente basada en el hecho de que él había escogido a Los Doce en primer lugar (cf. Lucas 6:13; Hechos 1:2, en donde se encuentra el mismo verbo).  Además de tener las cualificaciones mencionadas en los vv. 21-22, los doce apóstoles tenían que ser designados de alguna manera obvia por Cristo mismo.  Cuando se dirigen al Jesús resucitado como el que conoce ‘los corazones de todos’… la implicación es que comparte una característica de Dios ampliamente atestiguada…  Puesto que creían que el Señor ascendido ya había hecho su elección, era simplemente cuestión de pedirle: ‘muestra cuál de estos dos has escogido, para ocupar este ministerio del apostolado’…

El hecho de que echaron suertes debe ser entendido a la luz de su seguridad de que el Señor conocía los corazones de los candidatos y ya había hecho su elección.  Ésta no era una elección democrática, con el pueblo votando.  Era un modo tradicional de determinar la voluntad de Dios en el judaísmo (cf. Levítico 16:8; Números 26:55; Jonás 1:7-8…).  Aquí, específicamente, era una manera de decidir entre dos candidatos igualmente calificados, creyendo que ‘Las suertes se echan en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ellas’ (Proverbios 16:33).  Aun los dados están en las manos del Señor soberano.  En este contexto, ‘la suerte cayó sobre Matías’, y eso se tomó como la elección de Dios, ‘y fue contado con los once apóstoles.’  Es importante observar que no hay más ejemplos de tal modo de hacer decisiones en el Nuevo Testamento.  Siendo quienes estaban a punto de disfrutar de los beneficios del Nuevo Pacto, los apóstoles estaban usando una práctica que estaba sancionada por Dios pero que pertenecía a la antigua era.  Ocurrió antes de Pentecostés, cuando el Espíritu fue derramado de manera tal que significó una nueva clase de relación entre Dios y su pueblo.  Del énfasis posterior de Lucas sobre el papel del Espíritu en dar sabiduría, guía y dirección, parecería que este ejemplo apostólico en esta ocasión no ha de ser seguido por los cristianos hoy.  En lugar de ello, hemos de reconocer y responder a la mente del Espíritu en medio del pueblo de Dios, en modos que serán explorados en conexión con 5:3, 9; 13:1-2, 15:28; 16:6-10, y en otros pasajes.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 1:12-26 (audio)

Ver también: Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)El reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

David G. Peterson es senior research fellow en Nuevo Testamento en Moore Theological College (Sydney, Australia).

 

 

El ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de Juan

Por Sinclair B. Ferguson.

Tomado del libro The Holy Spirit (Downers Grove: IVP Academics, 1997) pp. 35-37.

La enseñanza más concentrada en los evangelios sobre el ministerio del Espíritu se encuentra en el discurso de despedida de Jesús (Jn. 13-16).  Aquí la importancia de la venida del Espíritu es anunciada en términos programáticos: ‘Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, él dará testimonio acerca de mí.  Y vosotros debéis dar testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio’ (Jn. 15:26-27).

El testificar de la iglesia sobre Jesús se ha vuelto una parte tan central de la visión cristiana que podemos perder de vista la importancia histórico-redentora y teológica de esta declaración.  El lenguaje es de naturaleza forense, y continúa con un tema recurrente que corre a lo largo del evangelio de Juan: Jesús está sujeto a juicio.

En la primera mitad del Evangelio de Juan, el “libro de las señales” (Caps. 1-12), varios ‘testigos’ aparecen y dan su testimonio.  Al final el autor indicará que la función de su Evangelio ha sido actuar como un documento testimonial sobre la identidad de Cristo: ‘estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios’ (Jn. 20:31).  No es sorpresa, entonces que el lenguaje de testigo y testimonio aparezca más frecuentemente en este evangelio que en el resto del Nuevo Testamento.

En este proceso judicial en progreso, el lector es presentado con evidencia acerca de Jesús y desafiado a alcanzar su propio veredicto (cf. 20:30-31).  Más aún, este será un proceso que continúe; Jesús tiene la intención de enviar a los apóstoles al mundo para ser sus testigos ahora  (‘vosotros también debéis dar testimonio’, Jn. 15:27; cf. Mt. 28:18-20; Lc. 24:48; Hch. 1:8).  En este contexto, no obstante, aprendemos que el principal testigo a favor de Cristo será el Espíritu Santo a quien él enviará del Padre (Jn. 15:26).  Él es el parakletos.

Mucha atención se ha dedicado en los estudios juaninos al significado e identidad del parakletos.  Compuesto de kaleo, ‘llamar’, y para, ‘al lado’, el termino denota a alguien llamado en auxilio o defensa de uno.  Un paracleto es, en el sentido antiguo de la palabra, un ‘confortador’ (latín cum forte), i.e. alguien que viene a fortalecer.  Ahora es más generalmente reconocido, no obstante, que en Juan el término tiene una connotación forense.  El Espíritu es el testigo defensor que testifica a favor de Cristo.

Los apóstoles también son testigos, y es importante notar qué es lo que los califica, de hecho los impulsa, para serlo: porque habéis estado conmigo desde el principio (Jn. 15:27).

La afición de Juan por el doble sentido sugiere una analogía aquí entre los apóstoles y el Espíritu.  Comparten la misma actividad, es decir, testificar, y la misma calificación para ello: han estado con Cristo desde el principio de su ministerio tal y como el Espíritu ha estado con él ‘desde el principio’.  Los discípulos y el Espíritu comparten la calificación esencial de dar testimonio autoritativo.

En la cultura de nuestro Señor, los juicios eran conducidos no mediante abogados actuando en nombre del acusador y de la defensa, sino por un juez que sacaba la verdad de los testigos que se presentaban con evidencia…  En tal contexto el ‘abogado’ o ‘defensor’ buscado por una persona acusada no era un profesionista altamente entrenado, sino alguien que lo reivindicaría diciendo la verdad…

Ante este trasfondo, el Espíritu es idealmente apto para ser el principal testigo de Cristo porque fue el compañero íntimo de Jesús a lo largo de su ministerio…  Es por ello que su testimonio es tan importante, potente y confiable.  Del vientre a la tumba, al trono, el Espíritu fue el compañero constante del Hijo.  Como resultado, cuando viene a los cristianos a habitarlos, viene como el Espíritu de Cristo en modo tal que poseerlo es poseer a Cristo mismo, y carecer de él es carecer de Cristo.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 1:8 (audio)

Ver también: El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)El evangelio y las misionesArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésContraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)Sermón expositivo de Hechos 1:1-3 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:4-5 (audio)Sobre el “bautismo en Espíritu Santo y fuego”(Lucas 3:16)Sermón expositivo de Hechos 1:6-7 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:8 (audio).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Dr. Sinclair B. Ferguson, de nacionalidad escocesa, es un pastor teólogo reformado.  Es doctor en teología por la Universidad de Aberdeen.  Ha sido profesor de teología sistemática en Westminster Theological Seminary (Philadelphia), Reformed Theological Seminary, Orlando, y Redeemer Seminary (Dallas).  Ha sido editor de The Banner of Truth, y es autor de numerosos libros cristianos.

El valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)

Por Bruce K. Waltke.

La famosa visión de Ezequiel, “El valle de los huesos secos,” le fue dada hace más de 2500 años para los exiliados en Babilonia.  No obstante, la pregunta que Dios hace a Ezequiel, “¿pueden estos huesos vivir?,” sigue siendo una pregunta que se nos hace a finales del siglo veinte.  En diversos momentos nos la hacemos con respecto a nuestras vidas, nuestros matrimonios, y nuestras iglesias.

Entonces, como ahora, la visión tiene el propósito de vivificar los espíritus languidecidos de los escogidos de Dios.  La plaga de la duda seca y marchita vidas que alguna vez fueron bellas y fragantes como rosas.  Matrimonios concebidos en amor y unidos por la fe pueden morir en el cinismo y la desesperación.  Iglesias que alguna vez crecieron y florecieron con las lluvias tempranas, se secan por el desaliento que detiene las lluvias tardías.

A los destinatarios de esta profecía Dios los llama “pueblo mío” (vv. 12 y 13).  Nuestros ancestros en el exilio babilónico, habiendo perdido la santa ciudad con el templo de Jehová, se preguntaban si todavía eran el pueblo de Dios.  La repetida apelación “pueblo mío,” les reaseguraba su identidad.  De igual manera, a pesar de lo desesperanzador que nuestra situación pueda parecer, los creyentes en el Señor Jesús necesitan oír de nuevo cómo Dios se dirige a ellos como “pueblo mío” (Gálatas 3:26-29; 6:16; 1ª Pedro 2:9-10).

Aunque Ezequiel presentó su visión originalmente a los exiliados en Babilonia, la incluyó con sus otras visiones en su libro, mismo que ahora se dirige a la Iglesia universal.  Dentro del canon, esta visión funciona como un aliciente y ejemplo de cómo Dios revive a Su pueblo.  Sus verdades son por definición universales y eternas.  Pablo se refiere a la visión de Ezequiel cuando explica que “el Espíritu vivifica” (2ª Corintios 3:6).

La profecía tiene dos actos: I. Visión (vv. 1-10) y II. Interpretación (vv. 11-14).  Cada uno de estos actos tiene tres escenas: 1) El valle de los huesos secos (vv. 1-3); 2) Los huesos fragmentados convirtiéndose en cuerpos (vv. 4-6); 3) El viento entrando en los cuerpos (vv. 9-10).  La interpretación identifica los huesos como la Casa de Israel y su sequedad como su pérdida de esperanza (v. 11), y el viento como el Espíritu (v. 14).  Las tres escenas de cada acto proveen un ejemplo de la manera en que Dios resucita a santos que están secos como huesos.

ESCENA UNO: EL VALLE DE LOS HUESOS SECOS

La primera escena, el valle de los huesos secos, presenta como protagonista al profeta mismo y da una enseñanza inicial acerca del avivamiento.  Dios en Su gracia soberana inicia el avivamiento de Israel llamando y enviando al profeta a los huesos secos.  La escena consiste de tres partes.

Escena parcial 1: El llamamiento de Ezequiel (v. 1a).  Ezequiel introduce su profecía con la fórmula “La mano de Jehová estaba sobre mí (v. 1).  Esta fórmula es relativamente común en Ezequiel e identifica sus relatos en primera persona de entre sus varias visiones.  Esta intervención señala que la resurrección de Israel se originó con Dios, no con la humanidad.  De igual manera hoy, el que podamos resucitar de nuestras “tumbas” comienza con el llamamiento de un profeta, alguien a quien Dios envíe y por medio del cual Él hable (Romanos 10:14-15).

Escena parcial 2: El valle de los huesos secos (v. 1b-2).  En la segunda escena parcial Dios hace que Su profeta se confronte con la condición espiritual de Su pueblo.  El Espíritu lo asienta (no nada más lo ‘pone’) en medio de los huesos secos, y luego lo lleva a dar vueltas y vueltas por ese cementerio abierto para hastiarlo de muerte.  La situación parece imposible.  Los profetas de Dios son llamados, y son realistas.  Quizá tú también te sientas como si estuvieras en el exilio, destituido sin esperanza de tu herencia y tu futuro.  La salvación parece imposible.

Escena parcial 3: La fe del profeta (v. 3).  En la tercera escena parcial, Jehová estimula la fe en el profeta.  Se dirige a él como “ser humano” (no, “hijo del hombre”)[1] para recordarle que es un mero mortal terrenal.  Ningún profeta puede soplar aliento de vida espiritual dentro de este valle de huesos secos.  Solamente Dios puede hacerlo.

Al preguntarle “¿Pueden vivir estos huesos?,” Jehová opera dos virtudes en Ezequiel.  Primero, lo fuerza a involucrarse respondiendo la pregunta.  Segundo, al tratar de responderla, Ezequiel se vuelve del valle de los huesos secos a Jehová.  En tanto que Jehová se dirige a él como “ser humano”, él se dirige a Dios como “Señor [soberano] Jehová [que guardas el pacto].”  Su respuesta es clásica: “Eres el único que lo sabe.”  Quiere decir que nada es imposible con Dios.  La vivificación de Israel depende solamente de la gracia soberana de Dios (cf. Lucas 5:12).

El avivamiento comienza con un profeta que es llamado, que confronta la realidad, y que cree que nada es imposible con el soberano Señor.  Los verdaderos profetas son tanto realista como optimistas.

ESCENA DOS: LOS HUESOS SE CONVIERTEN EN CUERPOS

La segunda escena, en la que los huesos se convierten en cuerpos, presenta como protagonista a la Palabra de Dios, dándonos así nuestra segunda enseñanza acerca del avivamiento.

Escena parcial 1: Un mandamiento para predicar la Palabra del Señor (vv. 4-5a).  La primera escena parcial subraya la importancia de predicar Su Palabra con autoridad envolviendo un mandamiento a predicar con otro mandamiento a predicar.  Finalmente, por medio del profeta, Dios mismo se dirige a los huesos secos.  Primero, Dios habla a Su profeta y le manda profetizar: “Luego me dijo, ‘Profetiza a estos huesos’.  Segundo, le manda al profeta que predique Su Palabra al pueblo y les manda escuchar: “Y diles, ‘Huesos secos, escuchad la palabra de Jehová’.”   Luego, de nuevo por medio del profeta Dios se dirige ahora al pueblo: “Esto es lo que Jehová soberano Señor dice a estos huesos.”

Uno y medio versículos de esta escena ordenan al profeta predicar la Palabra de Dios y al pueblo a escucharla.  Esta fórmula de envoltura, aunque abreviada, se repite en cada escena (vv. 9, 12).  Si un predicador guarda la esperanza de que venga un avivamiento, debe enfatizar y volver a enfatizar, aunque resulte tedioso, “Escuchad ahora la Palabra de Jehová.”  El vocabulario exhaustivo para la predicación también subraya la importancia de la predicación de la Palabra del Señor para el avivamiento.  La palabra clave “profecía” (hablar por Dios) se usa, a propósito, siete veces, el número que significa lo completo (vv. 4, 7 [2 veces], 9, 10, 12).  Un segundo término es “la palabra de Jehová” (v. 4), que significa una palabra profética de parte de Dios.  Tercero, cuando Dios se dirige a los huesos secos utiliza un término más: “Así ha dicho Jehová” (vv. 5, 9, 12).

Esta fórmula refleja la forma en la que los mensajeros políticos presentaban en otros tiempos las palabras de sus señores (e.g., 2º Reyes 18:19).  Los profetas usaban esta fórmula para indicar que, como los mensajeros de los reyes del mundo, eran mensajeros del Rey celestial.  Como representantes plenipotenciarios del Rey celestial, hablaban con autoridad de parte del Cielo en la tierra.

Finalmente, lleva la profecía a conclusión con una palabra de la Palabra inspirada de Dios, “declara” (Heb. ne’um).  Ne’um significa “discurso lleno del Espíritu.”  La palabra aparece en el Salmo 110:1, “Jehová dijo [Heb. ne’um] a mi Señor.”  Nuestro Señor interpreta así el pasaje cuando dice: “¿Pues cómo David hablando por el Espíritu le llama Señor… ?” (Mateo 22:43).

Escena parcial 2: Los huesos secos vivirán (vv. 5b-6).  La segunda escena parcial presenta el mensaje en sí.  Dios revive a Sus escogidos mediante la promesa de volverlos a la vida: “He aquí yo hago entrar espíritu [o aliento; Heb. ruah[2]] en vosotros, y viviréis…” (vv. 5-6).  El mensaje de Dios a los mortales es que Él es el Dios de la vida.  Él bendijo a Su creación (los llenó con la potencia de vida) para vencer la esterilidad y la muerte.  Llenos con Su vida, la flora y la fauna vencen a la muerte y sobreviven.  Para Sus escogidos, Cristo es su resurrección y la vida (Juan 11:25).  El que oye Su Palabra y cree al que lo envió, tiene vida eterna; …ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).  Si la muerte es la última palabra, entonces la muerte es dios.  ¡Pero Cristo sorbió a la muerte!

Ezequiel enfatiza la seguridad del avivamiento.  Isaías enfatiza los medios.  Dirigiéndose a los mismos exiliados desalentados (Isaías 40:27), Isaías dice: “…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (40:31).  Mediante el don de la fe en el don de la Palabra de Dios, el santo es transportado del valle de huesos secos a la tierra que fluye leche y miel porque Dios está presente allí de una manera singular.

ESCENA TRES: EL VIENTO DA VIDA A LOS MUERTOS

La tercera escena, el viento da vida a los muertos, destaca el papel del Espíritu de Dios, proveyéndonos con la tercera enseñanza acerca del avivamiento.

Escena parcial 1: El viento/Espíritu viene por medio de la predicación (vv. 9).  La conexión entre la Palabra de Dios y el Espíritu es establecida en el versículo 4: “Profetiza sobre estos huesos… Yo hago entrar espíritu [o aliento] en vosotros, y viviréis.”  No obstante, se vuelve claro que la Palabra por sí sola es insuficiente.  La segunda escena concluye con el comentario: “pero no había en ellos espíritu [o aliento].”  La escena tres comienza con la necesidad de predicar para efectuar el don del Espíritu (vv. 7-9).

Escena parcial 2: El viento vivifica los cuerpos (v. 10).  El viento, que Dios equipara con Su Espíritu en el v. 14, transforma el valle de los huesos secos en un ejército basto y lleno de vida.  Jehová trae avivamiento tanto por medio de la predicación autoritativa como por medio del otorgamiento del Espíritu (cf. 1ª Tesalonicenses 1:4-6; 2:13; 1ª Corintios 3:14-18).

La Confesión Escocesa expresó la convicción de los Reformadores: “Nuestra fe y su seguridad no proceden de carne y sangre, es decir, de poderes naturales dentro de nosotros, sino que son la inspiración del Espíritu Santo…, quien nos santifica, y nos lleva a toda verdad por Su propia obra, sin lo cual permaneceríamos para siempre enemigos de Dios e ignorantes de Su Hijo, Cristo Jesús.  Por naturaleza estamos tan muertos, ciegos y somos tan perversos, que no podemos sentir cuando nos pican, ni ver la luz cuando brilla, ni asentir a la voluntad de Dios cuando es revelada, a menos que el Espíritu de Dios reviva aquello que está muerto, remueva las tinieblas de nuestras mentes, e incline nuestros necios corazones a la obediencia a Su bendita voluntad.”

OREMOS POR PROFETAS

Pidamos pues al Señor que levante profetas para predicar Su Palabra en nuestra generación.  Y pidamos al Señor que continúe usando seminarios fieles para darle a los predicadores que ha llamado una palabra de profecía aún más segura.  Las últimas dos escenas de la visión contienen escenas parciales de cumplimiento (vv. 7-8; 10), pero no la interpretación.  Ezequiel y su generación de la Casa de Israel murieron antes de ver a los escogidos levantarse de sus tumbas y volverse llenos del Espíritu a fin de regresar a la Tierra Santa y establecerse en ella.  La siguiente generación, no obstante, lo experimentó, y supo que Jehová había hecho lo que había parecido imposible.  La profecía se dilata en parte para que podamos tener una palabra profética aún mucho más segura (1ª Pedro 1:19).

Y oremos que la Iglesia pida y abrace la plenitud del Espíritu de Dios (cf. Lucas 4:10-13).

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[1] Aunque la expresión hebrea ben ‘adam  significa literalmente “hijo de hombre,” ésta tiene dos acepciones o usos.  En Daniel capítulo 7 y en 1º de Enoc se usa como título para la figura escatológica que habría de venir.  En el Nuevo Testamento nuestro Señor ostenta la expresión como su título para indicar que él es una figura escatológica.  La otra acepción es un hebraísmo, “un hombre de X,” un “hijo de X” es una expresión comúnmente utilizada para representar la naturaleza, calidad, carácter o condición de una persona.  Por lo tanto, como Ezequiel no es una figura escatológica, la expresión ben ‘adam en este pasaje enfatiza su humanidad y debe por lo tanto ser entendida como dirigiéndose a él simplemente como “ser humano”.  Cf. Bruce K. Waltke & M O’Connor, Introduction to Biblical Hebrew Grammar, Winona Lake: Eisenbrauns, 1990; pp. 149f., P. 9.5.3a.; y  Daniel I. Block, The Book of Ezequiel: Chapters 25-48 (New International Commentary of the Old Testament), Grand Rapids: Eerdmans, 1998; p. 367. (Nota Bene del autor para la traducción español de este artículo).

[2] La palabra hebrea ruah significa y puede traducirse como viento, espíritu o aliento.

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Ver también: Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Sermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo).

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Artículo publicado originalmente en Reformed Quarterly (publicación trimestral de Reformed Theological Seminary), spring 1998, vol. 17, issue 1: http://www.rts.edu/quarterly/spring98/waltke.html.  Traducido y publicado en español (con fines no lucrativos) contando con los debidos permisos del autor y del Reformed Theological Seminary.  Prohibido su uso con fines comerciales o lucrativos.

Traducción de Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.