Los puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educación

Por Alejandro Moreno Morrison.

Fragmento tomado y ligeramente revisado de Alejandro Moreno Morrison, La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico (tesis profesional, Escuela Libre de Derecho, México, 1998), pp. 179-180 (Cap. IV, 1).

Leland Ryken explica que, “creyendo en la revelación general de Dios, los puritanos, abrazaron por completo el estudio científico del universo físico”.[1]  En su libro Ciencia y fe ¿en conflicto?,[2] el escritor español Enrique Mota señala que el 62% de los miembros de la Royal Society durante 1663 eran puritanos,[3] aun cuando este movimiento de reformadores calvinistas constituía una minoría de la población inglesa tras la restauración de la monarquía.

El pastor y teólogo escocés Samuel Rutherford [4] (1600-1661) escribió: “El creyente es el hombre más razonable en el mundo; aquél que hace todo por fe, hace todo por la luz de una razón cuerda.”[5]  El pastor puritano inglés Richard Baxter (1615-1691) escribió: “Nuestra física, que es una magnífica parte del aprendizaje humano, no es sino el conocimiento de las admirables obras de Dios; ¿y tiene alguien la cara para llamarse criatura de Dios, e infamar empero como vano el aprendizaje humano?”[6]  Richard Bernard insistía que “gramática, retórica, lógica, física, matemáticas, metafísica, ética, política, economía, historia y disciplina militar,” eran todas útiles para un ministro.[7]

Los puritanos fundadores de la colonia de la Bahía de Massachusetts establecieron Harvard College en 1636, sólo seis años después de haber desembarcado.[8]  El historiador E. Digby Baltzell, comenta que dicha colonia, “con más de 100 graduados de Oxford y Cambridge, fue seguramente la comunidad mejor educada que el mundo ha conocido jamás, antes o desde entonces.”[9]  En este mismo sentido Max Weber escribió: “Quizá ningún país estuvo jamás tan lleno de graduados como Nueva Inglaterra en la primera generación de su existencia.”[10]

El historiador del S. XX Horton Davies describe al Puritanismo como un movimiento de los ‘piadosos instruidos,’ los intelectuales religiosos de la época, un movimiento que encontró su más fuerte apoyo en los círculos universitarios.[11]

Uno de los últimos puritanos fue el pastor, teólogo, filósofo y científico Jonathan Edwards (1703-1758), profesor en Yale y presidente de la Universidad de Princeton.  Acerca de Edwards, el profesor Benjamín Silliman expresó la opinión de que “si él se hubiera dedicado a la ciencia física, podría haber agregado otro Newton a la extraordinaria época en que comenzó su carrera.”[12]  J. I. Packer ha escrito que “el puritanismo es lo que Edwards fue.”[13]

En general, C. S. Lewis describe a los primeros puritanos como “jóvenes, impetuosos, intelectuales progresivos, muy destacados y al día.”[14]

[1] Leland Ryken, The Puritans As They Really Were, 2nd ed., (Grand Rapids: Zondervan, 1990), p. 168.  Para una investigación sobre la influencia de los puritanos en la ciencia moderna ver: Robert K. Merton, Science, Technology, and Society in Seventeenth Century England (New York: Howard Fertig, 1970); Christopher Hill, Intellectual Origins of the English Revolution (Oxford: Oxford University Press, 1965); John Dillenberger, Protestant Thought and Natural Science (Garden City: Doubleday, 1960).

[2] Barcelona: Andamio, 1995.

[3] Op. cit., p. 40.  Referido en Antonio Cruz, Postmodernidad (Barcelona: CLIE, 1996), p. 31.  Mota también señala que, durante el S. XVI, y también en la actualidad, el número de científicos protestantes en Bélgica era, y es, mucho mayor que el de católicos, aunque éstos últimos son mayoría en la nación.

[4] Aunque el calificativo puritano no se aplica a los presbiterianos escoceses de la misma época sino sólo a los presbiterianos (y otros calvinistas) ingleses e irlandeses, su manera de vivir y de pensar era la misma, como lo demuestra los estándares de la Asamblea de Westminster (La confesión de fe de Westminster y sus catecismos entre otros), que fue producto de los puritanos ingleses y los presbiterianos escoceses.

[5] A Sermon Preached to the Honorable House of Commons.  Citado en Ryken, op. cit., p. 4.

[6] The Unreasonableness of Infidelity.  Citado en Ryken, op. cit., p. 168.

[7] The Faithful Shepherd.  Citado en Ryken, op. cit., p. 165.

[8] Ryken explica que los estudiantes que se preparaban para el ministerio cristiano en Harvard, “no sólo aprendían a leer la Biblia en sus lenguas originales y a exponer teología, sino también estudios en matemáticas, astronomía, física, botánica, química, filosofía, poesía, historia y medicina” (Ryken, op. cit.); ver también Benjamin Hart, Faith and Freedom: The Christian Roots of American Liberty (Dallas: Lewis & Stanley, 1988), pp. 107-109.

[9] E. Digby Baltzell, Puritan Boston and Quaker Philadelphia (New York: The Free Press, 1979), p. 247.  Citado en Ryken, op. cit., p.7.

[10] Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism (New York: Scribner, 1930); p. 168.  Citado en Ryken, op. cit., p.225

[11] Horton Davies, Worship and Theology in England: From Cranmer to Hooker, 1534-1603 (Princeton: Princeton University Press, 1970), p. 285.

[12] Henry C. McCook, “Jonathan Edwards as a Naturalist,” Presbyterian and Reformed Review, I; p. 393.  Ver Brevísima nota biográfica sobre Jonathan Edwards.

[13] James I. Packer, A Quest for Godliness: The Puritan Vision of the Christian Life (Wheaton: Crossway Books, 1990), p. 310.

[14] C. S. Lewis, Studies in Medieval and Renaissance Literature (Cambridge: Cambridge University Press, 1966), p. 121.  Citado en Ryken, op. cit., p. 4.

____________

Ver: Samuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Anthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)¿Cómo eran los puritanos originales?Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Presbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAlgunas objeciones al cientismo.

__________________________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismo

Por Alejandro Moreno Morrison.

La primera aparición en la historia de la Iglesia de una interpretación dispensacional y plenamente futurista del Apocalipsis fue invento del teólogo jesuita español Francisco Ribera (1537-1591).  Nunca antes en la historia de la Iglesia se había interpretado de esa manera el Apocalipsis ni mucho menos la Biblia.

Ribera fue un teólogo de la Universidad de Salamanca que militó en la contrarreforma católicorromana.  En su libro In sacrum beati Ioannis apostoli, & evangelistiae Apocalypsin Commentarij[1] (publicado en 1590), Ribera desarrolló su interpretación futurista y dispensacional del Apocalipsis con el fin de responder y rebatir la interpretación historicista que de dicho libro hacían muchos protestantes, identificando al Vaticano y al papado con el anticristo o “la gran ramera” del Apocalipsis.

Pocos años después (ca. 1593), otro teólogo jesuita militante en la contrarreforma católicorromana, el italiano Roberto Belarmino (1542-1621), publicó Disputationes de controversiis christianae fidei adversus hujus temporis hereticos,[2] un libro de apologética catolicorromana en el que recogió y defendió la interpretación futurista y dispensacional del Apocalipsis, propuesta por primera vez por Ribera, para defender a la Iglesia romana de los ataques de los protestantes.[3]

En 1791, casi 200 años después de la publicación del libro de Belarmino, el jesuita Manuel de Lacunza (1731-1801), activo en Santiago de Chile, escribió el libro La venida del Mesías en gloria y magestad (sic),[4] bajo el nombre de Juan Josafat Ben Ezra, “hebreo-cristiano.”  De Lacunza enseñaba una escatología futurista, premilenialista, y con inclinaciones sionistas y judaizantes.  De Lacunza retoma en su libro las ideas escatológicas inventadas por Ribera y desarrolladas por Belarmino.  Aunque escrito en 1791, el libro de De Lacunza fue publicado hasta 1812.[5]

Catorce años después, a principios de 1826, el pastor presbiteriano escocés Edward Irving (1792-1834) leyó el libro La venida del Mesías en gloria y magestad de De LacunzaIrving pastoreaba la congregación de la Iglesia de Escocia en Londres,[6]  y un año antes había caído bajo la influencia de Hatley Frere, un premilenialista laico aficionado a la especulación en torno a las profecías bíblicas.[7]

Ese mismo año (1826), Irving publicó el libro Babilon and Infidedlity Foredoomed (Babilonia y la infidelidad ya condenadas a la perdición).  En dicho libro Irving pronosticó que la segunda venida del Señor sería en 1864.  También reconoció en ese libro la influencia que sobre él había tenido Frere.

En 1827, Irving publicó su traducción al inglés del libro del jesuita De Lacunza, bajo el título The Coming of Messiah[8] (La venida de Mesías).  En el prefacio, Irving expone sus propias ideas escatológicas, incluyendo la restauración de los dones carismáticos de profecía y lenguas como señal de un segunda estadío en la vida cristiana—otra innovación doctrinal sin precedente en la historia de la Iglesia.[9]

En el verano de 1828, un año después de publicar su traducción al inglés del libro de De Lacunza, Irving visitó Edimburgo, Escocia, con motivo de la celebración de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, y aprovechó para difundir sus ideas escatológicas a multitudes ávidas de escucharlo en distintas iglesias en Escocia.

También en 1828 (quizá bajo la influencia de Samuel Taylor Coleridge y sintiéndose ya “libre de las ataduras de la tradición recibida” y “disfrutando de la dirección directa del Espíritu Santo”), Irving publicó The Doctrine of Incarnation Opened (La doctrina de la encarnación abierta), donde dice que el Señor Jesucristo tuvo una naturaleza pecaminosa.[10]   La oposición de la Iglesia a sus herejías le parecía a Irving una señal más de la decadencia de la Iglesia que había comenzado a pronosticar desde 1825.

En noviembre de 1826, tuvo lugar el primer “congreso profético” auspiciado por Henry Drummond[11] en su opulenta mansión campirana, Albury Park (en Surrey, Inglaterra).  En dicho primer “congreso profético,” que duró una semana, Irving promovió el libro del jesuita De Lacunza (que a su vez recoje las ideas de los jesuitas Ribera y Belarmino) junto con sus propias ideas escatológicas pesimistas, dispensacionales y premileniales.

De dicho “congreso profético” surgió el Círculo de Albury, llamado así por las reuniones anuales (llamadas congresos o conferencias proféticas) que tuvieron lugar (entre 1826 y 1830) en dicha mansión de Drummond, quien convocó y organizó a dicho círculo (todos ellos amigos suyos), para discutir las especulaciones escatológicas de Irving y otros temas relacionados de interés para los participantes.  Los congresos proféticos iniciados en Albury Park continuaron llevándose a cabo (1830-1834) en Powerscourt Castle, un castillo cerca de Dublín, Irlanda, propiedad de Lady Powerscourt, miembro del Círculo de Albury.

Hacia este Círculo de Albury pueden trazarse los orígenes, no sólo del dispensacionalismo, sino también del carismatismo y del “sionismo cristiano.”

En 1830, Irving comenzó a difundir las “revelaciones” de Margaret McDonald[12] según las cuales la segunda venida del Señor Jesucristo se dividiría en dos episodios, siendo el primero un “rapto secreto” (una venida “invisible”) de los verdaderos creyentes, antes de la aparición del anticristo y la “tribulación.”[13]

Algunos de los clérigos que formaron parte del Círculo de Albury continuaron difundiendo y expandiendo las ideas de Irving.  Uno de ellos fue John Nelson Darby (1800-1882).  Aunque originalmente episcopal (anglicano irlandés), ordenado como diácono en la Iglesia de Irlanda en 1825, Darby fue uno de los fundadores del movimiento anti-eclesiástico y separatista “Hermanos de Plymouth” (Plymouth Brethren), en Dublín, Irlanda, alrededor de 1825.  En 1828 Darby renunció finalmente a su posición en la Iglesia de Irlanda (en Wicklow) para dedicarse por completo a liderar el movimiento de los “Hermanos.”

En 1830 Darby asistió al congreso de profecías bíblicas en Powerscourt Castle, en donde Irving le habló de la “revelación” que había tenido Margaret McDonald.  A instancias de Irving, Darby visitó a Margaret McDonald en su hogar en Port Glasgow, Escocia.   Darby adoptó las supuestas revelaciones de McDonald, elaborándolas y difundiéndolas como propias  (es decir, sin dar a conocer su origen).  Alrededor de 1834, Darby rompió toda relación con la Iglesia Anglicana, y partir de 1850, comenzó a difundir por escrito las ideas escatológicas del Círculo de Albury y de Margaret McDonald.

Entre 1862 y 1877, Darby realizó siete viajes a Norteamérica para dar conferencias sobre profecías bíblicas.  Los escritos de Darby influyeron grandemente en Henry Moorehouse (de los “Hermanos”), quien a su vez influyó en Dwight L. MoodyDarby también influyó directamente en  James H. Brookes y en C. I. Scofield (y en las anotaciones a la Biblia que este último produjo y publicó bajo el título Biblia anotada por Scofield).

 Principales fuentes:

DALLIMORE, Andrew.  The Life of Edward Irving.  The Fore-Runner of the Charismatic Movement.  Edinburgh: Banner of Truth, 1983.

Douglas, J. D., ed.  The New Internacional Dictionary of the Christian Church.  Grand Rapids: Zondervan, 1978.

Grau, José.  Curso de formación teológica evangélica, Vol. VII: Escatología I (Amilenial). Barcelona: CLIE, 1977; pp. 172-185.

McPHERSON, Dave. The Incredible Cover-Up: The True Story of the Pre-Trib Rapture.  New Jersey: Logos International, 1975.

Murray, Ian.  The Puritan Hope: Revival and the Interpretation of Prophecy.  Edinburgh: Banner of Truth, 1971.

PIERCE, Robert L.  The Rapture Cult.  Religious Zeal And Political Conspiracy.  Disponible en: http://www.reformed-theology.org/html/books/rapture/index.html

WARFIELD, B. B.  “Irvingite Gifts.”  Disponible en: http://christianbeliefs.org/books/cm/cm-irving.html

WESTON, C. G.  Analyzing Scofield.  Disponible en: http://www.gospeltruth.net/scofield.htm

“The Catholic Origins of Futurism and Preterism.”  Disponible en: http://www.aloha.net/~mikesch/antichrist.htm.

 

[1] Este libro está disponible para su estudio en la Biblioteca James White en Michigan.

[2] Belarmino escribió dos catecismos y varios libros; llegó a ser el principal apologista de catolicismo-romano postridentino (es decir, posterior al Concilio de Trento que oficializó la postura anti-reformada de la Iglesia Romana); fue también asesor y funcionario de las cortes papales de Sixto V, Clemente VIII, y Paulo V, llegó a ser cardenal de Capua, y estuvo cerca de ser nombrado papa.  Pío XI lo canonizó en 1930, y en 1931 y lo declaró “Doctor de la Iglesia.”

[3] Recientemente ha sido reimpreso bajo el título A treatise of Antichrist.  Conteyning the defence of Cardinall Bellarmines arguments, which inuincible demonstrate, that the pope is not Antichrist.  Against George Downam by Michael Christopherson priest…, Volume 1 of 2 by Michael Walpole (1570-1624?), reimpresión de una edición de 1613, hecha en 1974, por Scolar Press Limited, Ilkley, England, ISBN 0859672042.

[4] Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html?Ref=3479&portal=3

[5] De Lacunza tuvo que dejar el continente americano durante la expulsión de los jesuitas, y en 1824 su libro fue incluido en el Index librorum prohibitorum.

[6] En Londres, Irving conoció y se hizo amigo del poeta inglés de la corriente del romanticismo Samuel Taylor ColeridgeColeridge persuadió a Irving de su pesimismo y de que el mundo empeoraría cada vez más hasta encontrarse pronto bajo el inminente juicio de Dios.  En mayo de 1824, para el aniversario de la Sociedad Misionera de Londres, Irving predicó un sermón que causó reacciones encontradas por su contenido profético pesimista.  En 1825 Irving cayó bajo la influencia de James Hatley Frere (ver infra nota al pie 6) quien lo convirtió al premilenialismo, y a la idea de una segunda venida “invisible” del Señor.  También en 1825, Irving dio una conferencia para la Sociedad Continental que levaba el mismo título que su libro Babilon and Infidelity Foredoomed.  En dicho libro pronosticó la inminente venida de una serie de juicios y “temibles perplejidades” en preparación a “la inminente venida de Cristo y de Su reino.” También advertía que el trabajo misionero, especialmente en el sur de Europa (donde se concentraban los esfuerzos de la Sociedad Continental) era inútil, pues el juicio de Dios caería pronto sobre estas tierras del otrora Imperio Romano.  La navidad de ese mismo 1825, Irving comenzó a enseñar a su numerosa congregación las especulaciones escatológicas de Frere.

[7] En 1815 Frere publicó un libro titulado Una perspectiva combinada de las profecías de Daniel, Esdras, y San Juan (el Esdras referido no es el libro canónico sino el libro apócrifo de 2º de Esdras).  Dicho libro contiene la afirmación, sin precedente en la historia de la Iglesia, de que la segunda venida del Señor no sería un evento literal sino espiritual (invisible), y que ocurriría entre 1822 y 1823.  Ningún ministro, predicador, ni mucho menos teólogo, lo tomó en serio,  hasta que logró convencer a Irving.

[8] M. Lacunza, The Coming of Messiah.  Preliminary Discourse by the transl. by E. Irving (L. B. Seely and Son, London, 1827), 2 vols.  Algunos extractos relevantes para el asunto de referencia están disponibles en: http://www.aloha.net/~mikesch/antichrist.htm.

[9] Aunque puede decirse que, en algún sentido, el pentecostalismo y carismatismo son una versión moderna de la antigua herejía montanista, no deja de haber invenciones novedosas en dichas expresiones modernas.  Fue A. J. Scott quién primero implantó en Irving las ideas carismáticas de dos estadíos en la vida cristiana, el primero siendo la regeneración, y el segundo siendo el bautismo del Espíritu Santo evidenciado mediante el ejercicio del “don de lenguas.”

[10] En la misma dirección herética, Irvin publicó en 1830 The Orthodox and Catholic Doctrine of Our Lord’s Human Nature (La doctrina ortodoxa y católica de la naturaleza humana de nuestro Señor).

[11] Henry Drummond (1786-1860), influyentísimo aristócrata, político, y banquero británico; asociado con los movimientos sionista, anglo-israelista, carismático y premilenialista.  Tuvo una “experiencia religiosa” en 1817.  A partir de entonces se unió a la Sociedad Continental y otras agencias evangélicas.  Auspició los congresos proféticos de Albury Park (nombre de su mansión campirana) de 1826 a 1830.

[12] Margaret McDonald, “predicadora” pentecostal escocesa de Port Glasgow, Escocia.  A final de los 1820’s, la familia McDonald alcanzó notoriedad en su comunidad por realizar milagros de sanidad y hablar en lenguas.  En abril de 1830, a la edad de quince años, tuvo una “visión profética” en la que se dividía la segunda venida del Señor en dos partes, y se hablaba de un inminente “rapto secreto” de creyentes antes de la aparición del anticristo y la “tribulación.”  Esta fue la primera aparición de esta idea en toda la historia del cristianismo.  McDonald le comunicó sus visiones a Irving, quien las promovió (sin mencionar su origen) ese mismo año en el congreso profético en Powerscourt Castle (a las afueras de Dublín, Irlanda).  Ver Dave McPherson, The Incredible Cover-Up: The True Story of the Pre-Trib Rapture, New Jersey: Logos International, 1975.  MacPherson cita profusamente el libro La restauración de los apóstoles y profetas: En la Iglesia Apostólica Católica, escrito en 1861 por el Rev. Robert Norton, médico, clérigo y miembro de la Catholic Apostolic Church (la secta fundada por Edward Irving).

[13] En 1830 Irving fue citado por el Presbiterio de Londres (Iglesia de Escocia) para responder acerca de su enseñanza herética sobre la supuesta naturaleza pecaminosa del Señor Jesucristo, exhortándolo a que se arrepintiera.  Por toda respuesta Irving se separó del Presbiterio (con todo y congregación y templo) pretextando la apostasía de la Iglesia, y fundó junto con Henry Drummond la “Iglesia Apostólica Católica” (precursora de los movimientos y sectas carismático-pentecostales).  En 1832, Irving y sus seguidores fueron lanzados del edificio de Regent Square, perteneciente a la Iglesia de Escocia, y el año siguiente Irving fue depuesto del ministerio por dicha Iglesia.

 

[Ver también: Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede; La profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Origen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)El reino del Mesías y Su IglesiaEste mundo está lleno del poder redentor de DiosLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEl comienzo de los postreros días en PentecostésExaltación y entronización del Señor JesucristoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario).]

_________________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (El reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.  

Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)

Por Alejandro Moreno Morrison.

IMG_3020

Placa en la fachada de The New College de la Universidad de Edimburgo, honrando la memoria del Rev. Dr. John Witherspoon, graduado de dicha universidad, firmante de la Declaración de Independencia de los EUA, y Presidente de la Universidad de Princeton  (foto: Alejandro Moreno Morrison, mayo, 2014).

Texto tomado y ajustado de La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico, México: Escuela Libre de Derecho, 1998 (tesis profesional para obtener el título de abogado); pp. 234-239.[1]

Aunque Inglaterra y Escocia se beneficiaron mucho en el siglo XVII de los avances en libertad política resultantes del pensamiento político calvinista, fue en las colonias británicas en América (en los siglos XVII y XVIII) donde los puritanos[2] tuvieron mayor libertad para poner en práctica los principios políticos del calvinismo.[3]  En su discurso ante el Parlamento Británico “Sobre la reconciliación con las colonias” (1775), Edmund Burke llamó a los disidentes de las Trece Colonias británicas en América “el protestantismo de la religión protestante”.[4]

Earl Warren, quien fuera gobernador de California y posteriormente presidiera la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, declaró en alguna ocasión:

Creo que nadie puede leer la historia de nuestro país sin comprender que el Buen Libro y el Espíritu del Salvador desde el principio han estado guiando nuestros genios…  Ya sea que miremos a la primera Carta de Virginia… o a la Carta de Nueva Inglaterra… o a la Carta de la Bahía de Massachusetts… o a las Órdenes fundamentales de Connecticut… está presente el mismo objetivo: Una tierra cristiana gobernada por perspectivas cristianas.[5]

De acuerdo con Benjamin Hart, “La inmensa contribución que los puritanos de Nueva Inglaterra hicieron al entendimiento del mundo de cómo escribir una constitución no puede ser sobre enfatizada”.[6]  El documento Órdenes fundamentales de Connecticut (1639), por ejemplo, fue la primera constitución escrita en el continente americano y la Constitución de los Estados Unidos de América se asemeja mucho a él.  Órdenes fundamentales de Connecticut se inspiró en uno de los más famosos sermones del gran erudito de la Universidad de Cambridge, predicador y líder puritano, Thomas Hooker; precisamente el sermón que dio ante la Corte General de Connecticut en mayo 31 de 1638.

La esencia del sermón de Hooker para el Día de la Elección fue:

  1. La elección de los magistrados públicos pertenece al pueblo por la propia anuencia de Dios.

  2. La elección debe ser conducida por el pueblo, pero los votos no deben ser emitidos “de acuerdo con sus humores, sino de acuerdo con la voluntad y la ley de Dios.”

  3. Aquellos quienes “tienen el poder de nombrar oficiales y magistrados también tienen el poder para fijar fronteras y límites en su poder” de manera que “el fundamento de la autoridad es puesto en el libre consentimiento de la gente”, puesto que “por una elección libre los corazones de la gente estarán más inclinados a amar a las personas escogidas, y más prontos a rendir obediencia.”[7]

Benjamin Hart escribe que:

Órdenes fundamentales de Connecticut fue la más avanzada carta de gobierno que el mundo había visto hasta entonces en cuanto a garantizar los derechos individuales.  Pero aunque ciertamente el efecto de la carta fue asegurar el establecimiento de un gobierno libre y democrático, su propósito primario en la mente de la gente de Connecticut era establecer una república  [commonwealth] de acuerdo con las leyes de Dios y crear un ambiente propicio para el esparcimiento del Evangelio: Nosotros “por lo tanto nos asociamos y conjuntamos a nosotros mismos para ser un estado público o república [commonwealth]; y para hacer por nosotros y nuestros sucesores y tales que se añadan a nosotros en cualquier tiempo de aquí en adelante, entrar en una combinación y confederación juntos, para mantener y preservar la libertad y pureza del Evangelio de nuestro Señor Jesús que nosotros ahora profesamos, así como también la disciplina de las iglesias, la cual de acuerdo con la verdad del dicho Evangelio es ahora practicada entre nosotros; así como también en nuestros asuntos civiles ser guiados y gobernados de acuerdo con tales leyes…”[8]

Pocos años después de la adopción de Órdenes fundamentales de Connecticut, la Bahía de Massachusetts promulgó en 1641, bajo el liderazgo del pastor John Winthrop, su Body of Liberties, al cual recurrió John Adams para la redacción de la Constitución de Massachusetts de 1780, que posteriormente también serviría como modelo para la constitución estadounidense.[9]

Las raíces de lo anterior se encuentran en el S. XVII.  En 1644, Samuel Rutherford publicó en Escocia el libro Lex Rex: or, the Law and the Prince.  Rutherford era un ministro presbiteriano que participó como delegado de Escocia a la Asamblea de Westminster (que produjo los estándares de Westminster), y llegó a ser rector de la Universiad de St. Andrews en Escocia.  En Lex rex Rutherford negó el derecho divino de los reyes y afirmaba que todos los hombres (incluyendo papas y reyes) están bajo la ley y no sobre ella.  Estas afirmaciones eran consideradas herejías y traición en tiempos de Rutherford.  Consecuentemente, su libro fue prohibido en Escocia y quemado públicamente en Inglaterra, mientras que Rutherford fue puesto bajo arresto domiciliario esperando comparecer ante el parlamento en Edimburgo para ser condenado a muerte, pero murió antes de que eso sucediera.

La influencia de Rutherford en el pensamiento político británico fue continuada en el S. XVIII, entre otros, por el pastor presbiteriano, John Witherspoon (1723-1794) y por John Locke (1632-1704).  La influencia de Locke, de raíces puritanas, en el pensamiento político estadounidense es bien conocida.

Por su parte, el Dr. John Witherspoon se educó en la Universidad de Edimburgo en el presbiterianismo escocés y en las ideas de Rutherford; fue presidente del College of New Jersey (hoy Universidad de Princeton), así como uno de los firmantes de la Declaración de Independencia y miembro del Congreso Continental de 1776 a 1779 y de 1780 a 1782.  No sólo influyó directamente en una serie de comités dentro del primer congreso, sino que su influencia trascendió por medio de sus alumnos, entre los cuales estuvieron el presidente James Madison,[10] conocido como el “Padre de la Constitución Americana”, el vicepresidente Aaron Burr, diez miembros de gabinete, veintiún senadores, treinta y nueve congresistas, doce gobernadores, así como otras figuras públicas.[11]

Otra manifestación de la influencia (aunque indirecta) del puritanismo inglés la encontramos en William Blackstone (1723-1780), profesor de derecho en la Universidad Oxford, y autor de Commentaries on the Laws of England (1765-1770), obra que para 1775 había sido más vendida en las colonias británicas en América que en toda Inglaterra, y que era el texto obligado de estudio en las escuelas de derecho del mundo anglosajón.  Blackstone abre sus comentarios con los siguientes conceptos:

A las doctrinas así entregadas les llamamos ley revelada o ley divina, y han de ser encontradas únicamente en las Sagradas Escrituras.

Sobre estos dos fundamentos, la ley de la naturaleza y la ley de la revelación, dependen todas las leyes humanas; es decir, que ninguna ley humana debería ser tolerada si contradice a éstas.[12]

. . .

El ideal de libertad del calvinismo y del puritanismo no era fundamentalmente político sino religioso.

La libertad era un objetivo político de la Revolución Puritana en Inglaterra, pero no era su meta final.  El logro de la libertad para el individuo era un medio para el objetivo último de los puritanos de lograr la más completa expresión de la verdad divina…  Los ojos de los puritanos estaban puestos en el más allá, pero una vez que la libertad de consciencia tomó una dimensión teológica, no había duda de que los puritanos defenderían este derecho hasta la muerte –una lección que el Rey Carlos I fracasó en entender hasta que para él era demasiado tarde.[13]

Esta defensa fervorosa de la libertad como un deber espiritual ya la encontramos en Juan Calvino:

Y como de hecho la mejor forma de gobierno es aquella en que hay una libertad bien regulada y de larga duración, yo también confieso que quienes pueden vivir en tal condición son dichosos; y afirmo que cumplen con su deber, cuando hacen todo lo posible por mantener tal situación.  Los mismos gobernantes de un pueblo libre deben poner todo su afán y diligencia en que la libertad del pueblo del que son protectores no sufra en sus manos el menor detrimento.  Y si ellos son negligentes en conservarla o permiten que vaya decayendo, son desleales en el cumplimiento de su deber y traidores a su patria.[14]

– – – – –

Si tenemos la libertad de escoger jueces y magistrados, puesto que este es un don excelente, que sea preservado y usémoslo en una buena consciencia. . . .  Si argumentamos sobre gobiernos humanos podemos decir que estar en un estado libre es mucho mejor que estar bajo un príncipe.[15]

Este ideal de libertad se manifestaba en una firme decisión de limitar y controlar el poder y las facultades de los gobernantes, de manera que no pudieran vulnerar la libertad individual de los particulares, limitándola y controlándola.  Estos hombres veían al gobierno como un mal necesario derivado de la realidad de la pecaminosidad de todos los hombres, y les preocupaba especialmente en relación con los gobernantes (aún tratándose de ellos mismos) a quienes se les entregaba una cantidad de poder sobre el resto de sus conciudadanos, que podrían aprovechar en su propio beneficio y en perjuicio de los demás.

Esto revela el entendimiento cristiano de la naturaleza humana que tenían los forjadores de la constitución estadounidense, que les venía desde Calvino.  La aplicación práctica de esta doctrina a las formas de gobierno la expresó Calvino de esta manera:

Y por eso, el vicio y los defectos de los hombres son la razón de que la forma de gobierno más pasable y segura sea aquella en que gobiernan muchos, ayudándose los unos a los otros y avisándose de su deber; y si alguno se levanta más de lo conveniente, que los otros le sirvan como censores y amos.[16]

“Nadie estuvo más consciente que los puritanos y sus descendientes de la realidad inalterable de la continua desobediencia del hombre a Dios,”[17] lo que en la visión puritana incluía la búsqueda egoísta del interés propio, la ofensa contra el prójimo y la transgresión del orden público.  Consecuentemente, James Madison escribió en el Federalist 51 que en la estructura del gobierno,

…la ambición debe contrarrestar la ambición.  El interés del hombre debe estar conectado con los derechos constitucionales del lugar.  Puede que sea una reflexión sobre la naturaleza humana que tales estratagemas debieran ser necesarios para controlar los abusos del gobierno.  ¿Pero qué es el gobierno sino la más grande de todas las reflexiones de la naturaleza humana?  Si los hombres fuesen ángeles ningún gobierno sería necesario.  Si los ángeles fuesen a gobernar a los hombres, no serían necesarios ni los controles internos ni los externos sobre el gobierno.

John Adams, por su parte, expresa la misma postura aún pensando en un gobierno democrático:

No hay razón para creer al uno mucho más honesto que al otro. . .  Son todos de la misma arcilla; sus mentes y cuerpos son semejantes… en lo que se refiere a usurpar los derechos de los otros, son todos… igualmente culpables cuando no están limitados en el poder . . .   El pueblo, cuando ha carecido de contrapesos, ha sido tan injusto, tiránico, brutal, bárbaro y cruel como cualquier rey o senado poseído de poder incontrolado.  La mayoría ha eternamente, sin excepción, usurpado los derechos de la minoría.[18]

Alexander Hamilton, por su parte, dijo: “Tomad a la raza humana en general… son viciosos.” [19]

“Ni siquiera la democracia, en otras palabras, mitigará por sí misma el problema del pecado.  Porque este es un mundo caído, y nada que pudiera lograrse en Filadelfia cambiaría esta verdad”.[20]   Ni los puritanos ni sus descendientes redactores de la constitución estadounidense, entretenían la fantasía de un “estado de naturaleza” en el que se manifestara una pretendida “bondad natural del hombre” y, por lo tanto, estaban lejos de una visión anarquista.  ¿Como pretendían pues (y lograron, de hecho, por algún tiempo), tener amplia libertad sin caer en el caos?  ¿Cómo podrían mantener esa libertad dentro de un orden racional y justo para la sociedad?

Podemos encontrar una muestra de la respuesta puritana a esta cuestión en las palabras del propio James Madison:

Hemos afianzado el futuro entero de la civilización americana, no sobre el poder del gobierno, lejos de él.  Hemos afianzado el futuro… sobre la capacidad de todos y cada uno de nosotros de gobernarnos a nosotros mismos, controlarnos a nosotros mismos, de sostenernos a nosotros mismos de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios.[21]

El orden constitucional estadounidense germinó a partir de un conjunto de principios teológicos: el hecho de que el hombre es pecador y que ello ha tenido graves consecuencias en toda la realidad (de manera que las cosas no son como deberían ser); el reconocimiento de que Dios existe y es un ser personal, cuya ley moral ha sido inscrita en la mente de todo ser humana (verdades “auto-evidentes” o “evidentes paraa uno mismo”), y además la ha revelado de manera inteligente y proposicional en las Sagradas Escrituras; dicha ley moral incluye los principios necesarios para ordenar la vida humana; y en las Sagradas Escrituras ha revelado principalemente las buenas nuevas (evangelio) de lo que Él ha hecho para reconciliar al hombre consigo mismo y darle una verdadera vida plena.

Aunque esto último parezca la intrusión de un elemento descaradamente religioso, lo cierto es que, como ya lo hemos visto con los puritanos, los forjadores de la constitución estadounidense tenían en alta estima la libertad religiosa y de consciencia para poder adorar a Dios.  No es descabellado decir que ese era principalmente el ideal que, una vez secularizado, se encuentra en el corazón de aquéllas palabras en la Declaración de Independencia sobre la “búsqueda de la felicidad”.  La respuesta a la primera pregunta del Catecismo menor de Westminster, un documento eminentemente puritanos, dice “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre.”  Para los cristianos la búsqueda de la felicidad es sinónimo de su relación personal con Dios.

Alexis de Toqueville, comisionado por el gobierno francés para viajar a través de los Estados Unidos de América en los albores del S. XIX a fin de descubrir el secreto del impresionante éxito de este experimento en democracia, reportó:

Yo no sé si los americanos tienen sincera fe en su religión –¿pues quién puede conocer el corazón humano?— pero estoy cierto de que lo consideran indispensable para el mantenimiento de las instituciones republicanas.  Esta opinión no es peculiar de una clase  de ciudadanos, sino que pertenece a toda la sociedad…  América es el lugar donde la religión Cristiana ha conservado el mayor poder sobre el alma del hombre; y nada demuestra mejor cuán útil y natural es para el hombre, puesto que el país en donde ahora tiene la más amplia influencia es ambos, el más ilustrado y el más libre.[22]

Lamentablemente, muy pronto la influencia del cristianismo en el pensamiento jurídico y político estadounidense comenzó a menguar.  Las consecuencias a más de siglo y medio de distancia fueron advertidas por el gran estadista, abogado y orador de los primeros años de la vida de los Estados Unidos de América, Daniel Webster, en las siguientes palabras que parecen proféticas:

Si obedecemos los principios enseñados en la Biblia, nuestro país seguirá prosperando siempre; pero si nosotros y la posteridad menospreciamos su instrucción y autoridad, no hay quien pueda expresar la destrucción repentina que puede caer sobre nosotros y sepultar todas nuestras glorias en densas tinieblas.[23]

_______________

[1] Fragmento revisado y ajustado para esta publicación en 2016.  La tesis de la que esta pieza está tomada la escribí antes de estudiar formalmente teología, particularmente Teología Histórica e Historia de la Iglesia.  Si hoy volviese a escribir este fragmento haría muchas precisiones, aclaraciones y adiciones (incluyendo más fuentes).  No obstante, para los fines de divulgación que busca esta publicación, tales cambios no son indispensables.

[2] El término puritano se acuñó originalmente para referirse a los reformadores calvinistas ingleses de la segunda reforma en Inglaterra, aunque también hubo puritanos irlandeses.  A su vez, las ideas y agendas de los puritanos ingleses coincidían casi totalmente con las de los reformadores presbiterianos escoceses de la segunda Reforma en Escocia.  Tras la migración de la rama no-conformista de los puritanos ingleses (los congregacionalistas), el término comenzó a aplicarse también a dichos “peregrinos” y a sus descendientes.  En esta pieza, el término puritano es usado a menudo (especialmente en las citas del Benjamin Hart) para referirse a los descendientes de calvinistas ingleses que migraron a las colonias británicas en el continente americano.  Los primeros puritanos en llegar a dichas colonias, a principios del S. XVII, eran todos calvinistas pero diferían del presbiterianismo escocés en cuanto a la forma de gobierno de la iglesia pues eran congregacionalistas.  Hacia finales del S. XVII y a lo largo del S. XVIII llegaron a dichas colonias oleadas de presbiterianos (tanto de Inglaterra como de Escocia e Irlanda).  Aunque con el paso del tiempo también llegaron a las Trece Colonias oleadas de migrantes de otras denominaciones protestantes y evangélicas, en los tiempos previos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América la mayoría de la población de las Trece Colonias, y los más influyentes en ellas, seguía siendo mayormente de persuación “calvinista” en sentido amplio.

[3] Acerca de las aportaciones del puritanismo al pensamiento político ver A. S. P. Woodhouse, Puritanism and Liberty (London: Macmillan, 1938); Benjamin Hart, Faith & Freedom: The Christian Roots of American Liberty, 2nd ed., (Dallas: Lewis & Stanley, 1988); Ralph Barton Perry, Puritanism and Democracy (New York, 1944).  Para estudios generales sobre el puritanismo ver también: William Haller, The Rise of Puritanism (New York: Columbia University Press, 1938); M. M. Knappen, Tudor Puritanism (Chicago: Chicago University Press, 1939); Perry Miller, The New England Mind Vol I; The Seventeenth Century (Cambridge: Harvard University Press, 1939); y Leland Ryken, Worldly Saints: The Puritans as They Really Were (Grand Rapids: Zondervan, 1990).  Años después de escribir la version original de este texto tuve conocimiento, entre otras, de las siguientes obras: David W. Hall, Calvin in the Public Square: Liberal Democracies, Rights and Civil Liberties (Phillipsburg: P & R, 2009); y Douglas F. Kelly, The Emergence of Liberty in the Modern World.  The Influence of Calvin on Five Governments from the 16th through the 18th Centuries (Phillipsburg: P & R, 1992).

[4] Hart, op. cit., p. 272.

[5] Time, 15 de febrero de 1954, p. 49.  Citado en D. James Kennedy y Jerry Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido? (Nashville: Editorial Caribe, 1996), pp. 85-86.  El juez Warren presidió la Suprema Corte de los Estados Unidos de 1953-1969.  Cabe señalar que la “Corte Warren” ha sido una de las más contrarias a los principios cristianos.  Quizá el caso más claro sea el de su resolución al caso Roe vs. Wade que legalizó el aborto en los Estados Unidos, aunque también son de tomarse en cuenta sus interpretaciones de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

[6] Hart, op. cit., p. 105.

[7] Ibid., p. 99.

[8] Ibid., p. 100.

[9] Ibid., p. 312.

[10] En su libro Seven Who Shaped Our Destiny (New York: Harper and Row, 1973; p.192), Richard B. Morris escribe que el personaje más influyente en forjar las ideas de Madison fue John Whiterspoon.  Otro investigador ha escrito que “la religión cristiana, particularmente el calvinismo de Witherspoon, influyeron en el concepto de Madison tocante a la ley y el gobierno” (John Eidsmoe, Christianity and the Constitution: The Faith of our Founding Fathers (Grand Rapids: Baker, 1987), p. 101.  Citado en Kennedy and Newcombe, op. cit., p. 99.  Para mayor información biográfica de Whiterspoon y uno de sus sermones predicado al inicio de la guerra de independencia de los EUA, ver http://oll.libertyfund.org/titles/sandoz-political-sermons-of-the-american-founding-era-vol-1-1730-1788–5.  Ver también http://www.acton.org/pub/religion-liberty/volume-7-number-5/john-witherspoon    

[11] Rousas J. Rushdoony, This Independent Republic (Fairfax: Thoburn Press, 1964), p. 3.

[12] William Blackstone, Commentaries on the Law of England, Chitty ed., p. 28.

[13] Hart, op. cit., p. 156.

[14] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, 4ª ed., (Rijswijk: FELiRe, 1994), p. 1174 (IV, XX, 8).

[15] Sermons on Deuteronomy XXVII, 410-411.  Citado en John Calvin,   On God and Political Duty, John T. McNeill, ed., 2nd ed., (New York: The Bobbs-Merrill Company, 1956), p. xxiv.

[16] Calvino, Institución, op. cit.

[17] Hart, op. cit., p. 321.

[18] Ibid.

[19] Ibid., p. 319.

[20] Ibid.

[21] Ibid., p. 18.

[22] Alexis de Toqueville, Democracy in America, 1835.  Citado en Hart, op. cit., p. 15-16.

[23] Citado en Josh McDowell, Razones (Miami: Vida, 1983), p. 8.

_____________________

Ver también: ¿Cómo eran los puritanos originales?Aborto: La esclavitud de nuestra generaciónLa fe de los estatistasBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Juan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

_____________________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Argumentación Jurídica y Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma

Por: Alejandro Moreno Morrison.

Hay quienes piensan, erróneamente, que durante la llamada Edad Media y el Renacimiento no había mucha música en las iglesias europeas, o que toda la música usada en las iglesias era lenta, monótona, ritual, “demasiado” reverente (como si tal cosa fuera posible), o “aburrida.”  La evidencia histórica, no obstante, demuestra lo contrario.

La corrupción o deformación que sufrió la Iglesia occidental durante la Edad Media afectó también a la música que era usada en los cultos supuestamente para la adoración de Dios.  Hacia el inicio del S. XVI, la situación en la composición coral y el canto en las iglesias era caótica:

…se desencadenó una orgía licenciosa de música.  Era difícil explicar con reverencia lo que pasó…  Ha sido descrito por los contemporáneos de aquella época que lo sufrieron, y si la mitad de lo que dicen es cierto, debe haber sido como un rag-time desquiciado.[1]

Henry Bruinsma, antiguo profesor de Música en Calvin Collage, nos da esta descripción de la música en la Iglesia a principios del S. XVI:

La música para muchas de las misas, cantada a cuatro o más voces por el coro, era muy a menudo basada en una canción popular secular.  Por ejemplo, hubo más de treinta misas escritas durante el S. XVI basadas en la melodía popular L’Homme Arme’ (El hombre armado).  Mientras una voz cantaba la melodía original con la letra secular, las otras voces cantaban elaboradas contra-melodías con letras religiosas.[2]

Ulrico Zuinglio también da testimonio, indirectamente, en Las 67 conclusiones (1523) del caos que prevalecía en el culto de las iglesias europeas.

zuinglio-u-adoracion-verdadera-y-falsa

¿No es el cuadro hasta aquí descrito muy parecido a lo que la lucrativa industria de la llamada “música cristiana contemporánea” ha estado vendiéndole al mundo evangélico?  Música mundana, no reverente ni conducente al culto del Dios altísimo, con letras “religiosas” cursis, sentimentaloides, y a menudo heréticas o al menos doctrinalmente vacías.  Nuevamente la historia nos enseña que lo que llamamos “moderno” o “contemporáneo” no es tal, y que quienes creen estar a la vanguardia realmente están repitiendo errores y deformaciones añejas y otrora superadas.

La situación de la música en la Iglesia occidental llegó a ser tal en los albores de la Reforma, que las diversas ramas de la Reforma, ¡y aun el Vaticano!, tenían esta crisis en sus agendas de vicios que tenían que ser corregidos.

En el campo romanista, hasta el Concilio de Trento contempló la posibilidad de seguir a Ginebra en la medida de emergencia adoptada en un algún momento para poner remedio a esa situación, es decir, excluir del todo la música del culto, en vista de que, “la música se había vuelto tan secular que ya no era posible restaurarla a un lugar de valor en la adoración.”[3]  De no haber sido porque compositores de la Iglesia romana como Palestrina, Orlando Di Lasso, Vittoria,[4] y Jacobus Kerle,[5] comenzaron a producir música apta para la adoración, dicha Iglesia hubiese tenido que abolir del todo la música en el culto.[6]

En el ámbito protestante, Martín Lutero (quien contaba con conocimientos y habilidades musicales) se dio a la tarea de componer y compilar melodías reverentes y conducentes para la adoración a Dios, y de publicar himnarios, de manera que todos los cristianos (y no sólo los coros) pudiesen entonar los salmos y paráfrasis de textos bíblicos.  Lamentablemente, en virtud de que Lutero no sostenía el principio regulador o regulativo de la adoración, no reformó del todo el canto en la iglesia, dándole lugar también a himnos tradicionales de la Iglesia, cantatas, y misas para ser entonadas por coros y no por toda la congregación.   Con todo, empero, las melodías eran reverentes y conducentes a la adoración.

En el ámbito anglicano, a pesar de que la Iglesia de Inglaterra no cree en el principio regulador, por décadas, la música y el canto fueron desterrados del todo del culto público anglicano.

En el ámbito reformado (o “calvinista”), una vez superado el caos que había imperado, se enfatizó el deber y derecho de toda la congregación de participar activamente en el culto mediante el canto congregacional, a diferencia de los catolicorromanos que desestimaban el canto congregacional, tal y como sucede hoy día en el evangelicalismo que da un lugar protagónico si no es que exclusivo al “líder de alabanza” o “grupo de alabanza.”  Dicha práctica contraría la doctrina neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes.

Habiendo abolido en un principio el uso de la música en el culto como una medida de emergencia, dada la corrupción a la que se había llegado, los reformadores “calvinistas” (incluyendo al propio Calvino en Ginebra) encargaron a los mejores compositores de filiación reformada a su disposición la composición de melodías reverentes y conducentes a la adoración pública de Dios, para que toda la congregación cantara los salmos y no solamente un grupo “selecto” como sucedía en el ámbito catolicorromano y parcialmente en el ámbito luterano que conservó los coros y los cantos que estos cantaban exclusivamente, es decir, sin la congregación.

Lamentablemente, hoy en día la mayoría de las iglesias que se dicen Reformadas han perdido la brújula bíblico-doctrinal que guió a los reformadores en la reforma de la música y el canto para la adoración pública de Dios, y consecuentemente han perdido el legado de ortodoxia y ortopraxis de la adoración a Dios mediante el canto congregacional de los salmos con melodías aptas para tal propósito.

Una de las pocas melodías que han sobrevivido a la marea mercantilista y trivializadora de la música “cristiana” es la que hoy se utiliza comúnmente para la doxología “A Dios el Padre celestial.”  Esta melodía, mejor conocida como The Old Hundredth, fue compuesta en 1551 por Louis de Bourgeois como parte del Salterio ginebrino para entonar el Salmo 100 (ver Salmo 100 para canto congregacional).  Dicho salterio fue encargado y publicado por el consistorio de la Iglesia de Ginebra en tiempos de Juan Calvino.

De hecho, muchas de las melodías del Salterio ginebrino fueron usadas a su vez en el Salterio escocés, y algunas de ellas siguen estando presentes en los himnarios que usamos pero, lamentablemente, ya no para alabar a Dios con las palabras que Él nos dejó para tal fin, los Salmos inspirados, sino para entonar himnos de autoría humana.

[1] Charles V. Standford & Cecil Forsyth, The History of Music, p. 138.  Citado en Horton Davies, Worship and Theology in England.  Book I: From Cranmer to Baxter and Fox, 1534-1690 (Grand Rapids: Eerdmans, 1996), p. 377.

[2] Henry Bruinsma, “John Calvin and Church Music,” en The Outlook, Vol. 51, No. 2, February 2001; p. 5.

[3] Ibid.

[4] Ver Davies, op. cit.

[5] Ver Bruinsma, op. cit.

[6] Ver Davies, op. cit.

___________

Nota editorial: Versión revisada (2016, 2017) de la versión original publicada por la revista El Faro (México, ca. 2008). 

Ver también: El culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólica; Salmo 67 para canto congregacionalSalterio de ginebra en español, letra y músicaLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaSermón temático: Soli Deo gloria (audio)La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento.

____________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)

Del Libro de Orden Ginebrino (1556) usado por la congregación angloparlante en Ginebra (http://www.swrb.com/newslett/actualNLs/GBO_ch04.htm#SEC09).

Omnipotente Dios y misericordiosísimo Padre, humildemente nos sometemos,[1] y nos postramos ante tu Majestad,[2] rogándote desde el fondo de nuestros corazones que esta semilla de tu palabra,[3] ahora sembrada entre nosotros, eche raíces tan profundas, que ni el calor abrasador de la persecución la marchite, ni los espinosos afanes de este mundo la ahoguen, sino que como semilla sembrada en buena tierra, produzca fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno, conforme lo ha señalado tu sabiduría celestial.  Y por cuanto tenemos necesidad continuamente de pedir muchas cosas de tu mano, humildemente te rogamos, oh Padre celestial, nos concedas que tu Espíritu Santo[4] dirija nuestras peticiones, para que procedan de una mente tan ferviente que sean conformes a tu bendita voluntad.[5]

Y viendo que nuestra fragilidad no puede hacer nada sin tu ayuda, y que no ignoras con cuántas y cuán grandes tentaciones,[6] nosotros pobres pecadores, somos rodeados y acechados, que tu poder, oh Señor, sostenga nuestra debilidad, para que siendo defendidos por la fuerza de tu gracia, seamos preservados seguros contra todos los asaltos de Satanás, que anda alrededor constantemente como león rugiente, buscando devorarnos.[7]  Aumenta nuestra fe,[8] oh Padre misericordioso, para que no nos desviemos en ningún momento de tu palabra celestial, sino que aumentes en nosotros la esperanza y el amor, con una cuidadosa obediencia a todos tus mandamientos, para que ninguna dureza de corazón,[9] ni hipocresía, n concupiscencia de ojos,[10] ni seducciones del mundo, nos aparten de tu obediencia.  Y viendo que vivimos ahora en estos tiempos peligrosos,[11] que tu providencia paternal nos defienda contra la violencia de todos nuestros enemigos, que en todo lugar nos persiguen; pero principalmente contra la perversa ira y los furiosos disturbios de ese ídolo romanista, enemigo de tu Cristo.[12]

Más aún, puesto que por tu santo apóstol nos enseñas a hacer nuestras oraciones y súplicas por todos los hombres,[13] oramos no solamente por nosotros aquí presentes, sino que te rogamos también que rescates a todos los que aún son ignorantes, de la miserable cautividad de la ceguera y el error, a un entendimiento y conocimiento puro de tu verdad celestial, para que todos, de común acuerdo,[14] te adoremos nuestro único Dios y Salvador; y que todos los pastores y ministros, a quienes has encargado la dispensación de tu santa palabra,[15] y el cuidado de tu pueblo escogido,[16] sean hallados fieles tanto en vida como en doctrina, fijando sus ojos solamente en tu gloria; y que por medio de ellos todas las pobres ovejas que se alejan y se extravían, sean reunidas y devueltas a tu grey.

Más aún, por cuanto los corazones de los gobernantes están en tus manos,[17] te rogamos que dirijas el corazón de todos los reyes, príncipes, y magistrados a quienes has encargado la espada;[18] especialmente, oh Señor, conforme a nuestro deber, te rogamos que mantengas y prosperes el honorable territorio de esta ciudad,[19] dentro de cuya defensa somos recibidos, los magistrados, el consejo, y todo el cuerpo de esta república: Que tu favor paternal los preserve y tu Espíritu Santo gobierne sus corazones de tal manera, para que ejecuten así su oficio, de manera que tu religión sea mantenida con pureza, las costumbres reformadas, y el pecado castigado conforme a la regla precisa de tu santa palabra.[20]

Y por todos los que somos miembros del cuerpo místico de Cristo Jesús,[21] hacemos nuestras peticiones a ti, oh Padre celestial, por todos los que son afligidos con cualquier clase de cruz o tribulación,[22] como guerra, plaga, hambruna, enfermedad, pobreza, prisión, persecución, destierro o cualquiera otra clase de tus varas, ya sea calamidad de cuerpo, o aflicción de mente,[23] que te plazca darles paciencia y constancia, hasta que les envíes completa liberación de todas sus tribulaciones.  Y como estamos obligados a amar y a honrar a nuestros padres, parientes, amigos y país,[24] debemos pues muy humildemente rogarte que muestres tu clemencia sobre nuestro miserable país de Inglaterra,[25] que alguna vez, por tu misericordia, fue llamado a libertad, y ahora por sus pecados y nuestros pecados, es puesta bajo la más vil esclavitud y cautividad babilónica.

Arranca de ahí, oh Señor, a todos los lobos voraces,[26] que para llenar sus estómagos destruyen tu rebaño.[27]  Y muestra tus grandes misericordias sobre aquellos nuestros hermanos que son perseguidos, echados en prisión, y diariamente condenados a muerte por el testimonio de tu verdad.[28]  Y aunque sean destituidos por completo del auxilio humano,[29] que no obstante tu dulce consuelo nunca se aparte de ellos, sino que de tal manera inflame sus corazones con tu Espíritu Santo, para que puedan resistir valiente y alegremente las pruebas[30] que tu divina sabiduría señale.[31]  Para que al final, tanto por su muerte como por su vida,[32] el reino de tu amado Hijo Jesucristo crezca y brille por todo el mundo.  En cuyo nombre hacemos nuestras humildes peticiones a ti, como él nos ha enseñado.

Padre nuestro que estás en los cielos, etc.[33]

Dios todopoderoso y eterno, concede, te rogamos, nos otorgues perfecta perseverancia en tu fe viva, aumentándola en nosotros diariamente,[34] hasta que crezcamos a la plenitud de la estatura de nuestra perfección en Cristo,[35] de cuya fe hacemos nuestra confesión, diciendo:

Creo en Dios Padre todopoderoso, etc. [36]

[1] 1ª Pedro 5:6.

[2] Números 16:22; Deuteronomio 9:18; Josué 7:6.

[3] Mateo 13:3-8.

[4] Lucas 11:13; Romanos 8:12-17; Santiago 5:16; 1ª Juan 5:14; Romanos 12:11-12.

[5] 2ª Corintios 3:5; Juan 15:5; Filipenses 2:13.

[6] Salmo 40:12-13,17; 1ª Pedro 1:6.

[7] 1ª Pedro 5:8.

[8] Lucas 17:5.

[9] Salmo 95:7-8; Hebreos 3:7ss.; 4:7.

[10] 1ª Juan 2:15-17.

[11] 1ª  Timoteo 4:1ff.; 2ª Pedro 3:3ff.; 2ª Timoteo 3:1ss.; Judas.

[12] 2ª  Tesalonicenses 2:1ff.; 1ª Juan 2:18; Apocalipsis 13, 17.

[13] 1ª Timoteo 2:1ff.

[14] Romanos 15:6; 1ª Corintios 1:10; Efesios 4:3.

[15] Juan 21:15-17; Mateo 28:19-20; 1ª Corintios 9:16ss.; Marcos 16:15.

[16] 1ª Pedro 5:1-3.

[17] Proverbios 21:1.

[18] Romanos 13:4; Juan 19:11.

[19] Por la prosperidad del territorio de Ginebra [nota marginal].

[20] 1ª Timoteo 1:3ff.; Santiago 1:18ss.

[21] 1ª Corintios 12:12-13; Romanos 12:4-5.

[22] Santiago 5:13-15.

[23] 2ª Corintios 1:6ff.; Hebreos 13:3.

[24] éxodo 20:12

[25] Por Inglaterra [nota marginal].

[26] Mateo 7:15; Hechos 20:29.

[27] Ezequiel 34:1ff.; Romanos 16:17-18; Filipenses 3:2,18-19.

[28] Hebreos 13:3; Romanos 8:36; Salmo 44:22.

[29] Juan 16:33.

[30] 1ª Pedro 1:7.

[31] Hechos 2:23; Mateo 10:35ss.; Lucas 21:12ss.

[32] Romanos 14:7-8.

[33] Mateo 6:9-13.

[34] Lucas 17:5.

[35] Efesios 4:12-16.

[36] Credo de los apóstoles.

________________________

Ver también: Identidad confesional: Estándares de WestminsterLas oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLas oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Salmo 67 (para canto congregacional)Salmo 100 (para canto congregacional)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

________________________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.