Sermón temático: Sola gracia (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Enlace al archivo de audio: Sermón: “Sola gracia” (AMM, Oct. 23, 2016).

Sermón predicado el domingo 23 de octubre de 2016, en la misión “Monte Sión” (Iglesia Nacional Presbiteriana de México), de la Ciudad de México.

Lecturas del culto:

  • Salmo 107:1-22
  • Jeremías 31:1-10
  • Tito 3:1-11
  • Efesios 2:8

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Ver también:  Sobre el pecado original (Génesis 3)Sobre el pacto abrahámicoPablo sobre la justificación de Abraham en Génesis 15 (Romanos 4)Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)La correcta interpretación de Romanos 10:9-10 (monergismo vs. sinergismo)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)Sermón: El pacto de obras o de creación de Génesis 2:4-3:24 (audio)Sermón temático: El antiguo pacto y el nuevo pactoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio)Sermón expositivo de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)Sermón de Rut 1, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de varias denominaciones incluyendo la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Sermones predicados el segundo semestre de 2011, en la Iglesia Presbiteriana Reformada “Gethsemaní” (Coyoacán, Ciudad de México).

Enlaces a los archivos de audio:

  1. Sermón Éxodo 32:1-33:6, 1a parte (AMM, 2011).
  2. Sermón Éxodo 32:1-33:6, 2a parte (AMM, 2011).

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Ver también: La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia); La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)El culto de la sinagoga fue el modelo del culto de la Iglesia apostólicaPretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaSermón temático: Soli Deo gloria (audio)El 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoSermón expositivo de Éxodo 40, Jehová habita en medio de Su pueblo (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón expositivo de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)Sermón expositivo de Éxodo Caps. 35-39, 1ª parte: El principio regulador del culto como señal de la relación pactual entre Dios y Su pueblo (audio)La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Sermón de Génesis 15: El pacto abrahámico (audio)Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)¿Qué significa “invocar el nombre de Jehová”? (Génesis 4:26)El Pacto Abrahámico en el desarrollo progresivo del Pacto de GraciaSalmo 100 (para canto congregacional)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañas

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Sermón expositivo de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Domingo 7 de septiembre de 2014.

Enlace al archivo de audio: Sermón de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (AMM; Sep. 7, 2014).

Lecturas del culto:

  1. Antiguo Testamento: Génesis 4:16-26
  2. Evangelio: Lucas 18:35-43
  3. Nuevo Testamento: Romanos 10:8-13

Texto en la portada del orden de culto: Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer).

Texto en la contraportada del orden de culto: Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26).

Otro texto alusivo: La correcta interpretación de Romanos 10:9-10.

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Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)La fe de los estatistasArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésGanancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)Sermón de Rut 1, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)Sermón temático: Sola gracia (audio).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Nulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia

Por Alejandro Moreno Morrison.

Prácticamente todos los protestantes y evangélicos están de acuerdo en que una de las razones por las que no tenemos ni aceptamos el oficio de “papa”es porque dicho oficio no está prescrito en la Biblia y por lo tanto es nulo.  Alguien puede ostentar el título de “papa” pero ni eso, ni ninguna ordenación, unción, o elección, lo hacen “papa” de la Iglesia de Cristo.

El principio que subyace a esta posición es que ninguna iglesia o congregación, corte eclesiástica, u oficial eclesiástico puede inventar un oficio de la Iglesia de la cual Cristo solo es cabeza y rey.  Solamente el Señor Jesucristo puede crear los oficios de Su Iglesia y dichos oficios han sido expresamente revelados en las Escrituras inspiradas e inerrantes del Nuevo Testamento.  Los oficios eclesiáticos se rigen por el principio regulativo o regulador (debemos hacer lo que está expresamente autorizado en la Biblia sin quitar ni añadir nada), no por el principio normativo (lo que no está prohibido está permitido).

Lo mismo sucede con el oficio de “cardenal;” no lo tenemos ni aceptamos porque dicho oficio no está prescrito en la Biblia, y nadie que no sea el rey y cabeza de la Iglesia puede crear un oficio en la Iglesia de Cristo.  Los oficios que no tienen sustento explícito en la Biblia son nulos, no existen.  Quienes ostentan los títulos eclesiásticos de esos oficios espurios no son realmente oficiales de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Muchos protestantes (la excepción son algunos anglicanos y algunos luteranos) y todos los evangélicos están de acuerdo en que, aunque en el Antiguo Testamento el Señor instituyó sacerdotes, dicho oficio ya no existe en el Nuevo Testamento, y por lo tanto es nulo.  No reconocemos dicho oficio, por más que esté contemplado en las constituciones o libros de orden eclesiástico de las iglesias romana, anglicana y luterana, y por más que haya una ceremonia de “ordenación.”

Prácticamente todos los protestantes y muchos evangélicos (quizá la mayoría) están de acuerdo en que, aunque el oficio de apóstol está prescrito en el Nuevo Testamento, dicho oficio está restringido a aquellas personas que estuvieron con el Señor Jesús a lo largo de su ministerio, lo vieron resucitado y que Él mismo designó como Sus apóstoles.  Consiguientemente no reconocemos como verdaderos apóstoles a quienes hoy en día se ostentan como tales, puesto que dicho oficio ya no está vigente.  El que a alguien le confieran el título de apóstol no lo hace apóstol, aunque sea “ordenado” como tal.

Lo mismo sucede con los oficios de “pastora,” “anciana gobernante” (o “de iglesia”), y “diaconisa.”  Tales oficios no existen en la Palabra de Dios.  El Señor Jesucristo no instituyó dichos oficios.  Por lo tanto, no importa lo que diga una corte eclesiástica, una congregación, un libro de gobierno eclesiástico, una constitución eclesiástica, la supuesta “ordenación” de alguien a un oficio que no está explícitamente ordenado en la Biblia es nula.  En la Iglesia del Señor Jesucristo no hay pastoras, ni ancianas, ni diaconisas, de la misma manera en que no hay ni papas, ni cardenales, ni profetas, ni apóstoles.  Por supuesto que alguien puede ostentar indebidamente el título, y una iglesia puede hacer una ceremonia de “ordenación” a dicho oficio espurio, pero nada de eso tiene validez alguna en la Iglesia del Señor.

Consiguientemente, los miembros de la Iglesia no sólo no están obligados a reconocer dichos títulos sino que, en fidelidad al Señor y a Su Palabra, tienen el deber de oponerse a quienes ostenten títulos espurios de oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia, y de oponerse a la práctica de ordenar personas a oficios no prescritos por el Señor.

Hay quienes dicen que es posible mantener una posición fiel a la Escritura simplemente no participando en la ceremonia de supuesta ordenación de una mujer a un oficio eclesiástico aunque en la práctica lo acepten, lo reconozcan, y no se opongan a dicha práctica.  Eso es un engaño y una necedad.  Si el oficio no existe, entonces la ordenación es nula.  Y si va en contra de la Palabra de Dios, el creyente fiel debe oponerse a los oficios y oficiales espurios.  No hay posición neutral o intermedia.

Una denominación reformada estadounidense trata de esquivar el problema diciendo que para ellos el oficio de diácono/diaconisa no es un oficio de gobierno.  Pero, como ya se dijo, los oficios eclesiásticos no se rigen por el principio normativo (lo que no está prohibido está permitido) sino por el principio regulativo (sólo lo que está expresamente ordenado está permitido).  De manera que la razón por la que la ordenación de mujeres a un oficio eclesiástico es nula no es solamente por la prohibición bíblica para que las mujeres ejerzan dominio (gobierno) en la Iglesia (1ª Timoteo 2:12), sino porque el Señor no prescribió en Su Palabra oficios eclesiásticos femeninos.

Aunado a lo anterior, es importante resaltar que el oficio de diácono, si bien es cierto no es mayormente un oficio de disciplina (como el de anciano gobernante), no deja de tener aspectos de dominio o gobierno.  Tomar decisiones sobre los ministerios de misericordia y el uso y administración de los recursos materiales de la Iglesia entraña facultades de dominio y gobierno.  El oficio de diácono no tiene funciones de disciplina pero sí tiene algunas funciones de gobierno.  De manera que quienes recurren al argumento referido no sólo están inventando un oficio espurio (“diaconisa”) sino que además están desvirtuando el oficio de diácono (como lo hacen, aunque en otra dirección, los catolicorromanos y episcopales).

Por otro lado, la cuestión de la ordenación de mujeres como oficiales de la Iglesia no es una cuestión “de género.”  Eso es política mundana que no tiene lugar en la verdadera Iglesia, de la misma manera que la política imperial romana (mundana) que se introdujo en el S.IV no tenía lugar en la Iglesia y terminó corrompiéndola completamente.  Y así como introducir el sistema imperial (jerárquico) de gobierno, que el Señor no prescribió, corrompió a la Iglesia, la introducción de una ideología “de género” para el gobierno de la Iglesia está corrompiendo nuevamente a la Iglesia del Señor.

Por último, está la objeción común que apela a la mención en Romanos 16:1 (en la traducción de la revisión 1960 de la Reina-Valera) de “Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea.”  Al respecto vale la pena recordar que las palabras diácono/diaconisa no son de origen y uso exclusivo del oficio eclesiástico.  Es una palabra común en el griego que significa en general siervo/sirviente.  En 1ª Corintios 3:5, el apóstol Pablo se refiere a sí mismo y a Apolos como diáconos, lo cual no significa que hubiesen tenido dicho oficio en la Iglesia (ver también 2ª Corintios 6:4; Filipenses 1:1).  Asimismo en Romanos 15:8, Pablo dice que el Señor Jesucristo “vino a ser diácono de la circuncisión;” y en Romanos 13:4 dice que el gobernante civil “es diácono de Dios.”  Todos estamos de acuerdo en que en los casos mencionados la palabra diácono no se usa en relación al oficio eclesiástico que lleva ese nombre.  Por lo tanto, en vista de que la Biblia no instituye expresamente un oficio de “diaconisa,” la explicación más obvia de Romanos 16:1 es que Febe desempeñaba algún trabajo, voluntario o remunerado, sirviendo en la Iglesia pero no como oficial de la misma.  La revisión 1977 de la Reina-Valera traduce así dicho pasaje: “nuestra hermana Febe, la cual está al servicio de la Iglesia en Cencrea.”  Dicho sea de paso que tratar de deducir una prescripción de una descripción (un deber ser de un ser) es una falacia de categoría conocida como la falacia naturalista.

Es pertinente aclarar también que no es necesario ser oficial de la iglesia para servir en la Iglesia.  De hecho, todos los miembros de la Iglesia tenemos el deber de servir al Señor y de servir en la Iglesia.  Pero, el orden y la administración terrenal de la Iglesia visible, el Señor los ha encomendado (conforme a Su orden de creación, ver 1ª Timoteo 2:11-13) a varones que desempeñen los oficios de anciano/obispo y diácono.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma

Por: Alejandro Moreno Morrison.

Hay quienes piensan, erróneamente, que durante la llamada Edad Media y el Renacimiento no había mucha música en las iglesias europeas, o que toda la música usada en las iglesias era lenta, monótona, ritual, “demasiado” reverente (como si tal cosa fuera posible), o “aburrida.”  La evidencia histórica, no obstante, demuestra lo contrario.

La corrupción o deformación que sufrió la Iglesia occidental durante la Edad Media afectó también a la música que era usada en los cultos supuestamente para la adoración de Dios.  Hacia el inicio del S. XVI, la situación en la composición coral y el canto en las iglesias era caótica:

…se desencadenó una orgía licenciosa de música.  Era difícil explicar con reverencia lo que pasó…  Ha sido descrito por los contemporáneos de aquella época que lo sufrieron, y si la mitad de lo que dicen es cierto, debe haber sido como un rag-time desquiciado.[1]

Henry Bruinsma, antiguo profesor de Música en Calvin Collage, nos da esta descripción de la música en la Iglesia a principios del S. XVI:

La música para muchas de las misas, cantada a cuatro o más voces por el coro, era muy a menudo basada en una canción popular secular.  Por ejemplo, hubo más de treinta misas escritas durante el S. XVI basadas en la melodía popular L’Homme Arme’ (El hombre armado).  Mientras una voz cantaba la melodía original con la letra secular, las otras voces cantaban elaboradas contra-melodías con letras religiosas.[2]

Ulrico Zuinglio también da testimonio, indirectamente, en Las 67 conclusiones (1523) del caos que prevalecía en el culto de las iglesias europeas.

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¿No es el cuadro hasta aquí descrito muy parecido a lo que la lucrativa industria de la llamada “música cristiana contemporánea” ha estado vendiéndole al mundo evangélico?  Música mundana, no reverente ni conducente al culto del Dios altísimo, con letras “religiosas” cursis, sentimentaloides, y a menudo heréticas o al menos doctrinalmente vacías.  Nuevamente la historia nos enseña que lo que llamamos “moderno” o “contemporáneo” no es tal, y que quienes creen estar a la vanguardia realmente están repitiendo errores y deformaciones añejas y otrora superadas.

La situación de la música en la Iglesia occidental llegó a ser tal en los albores de la Reforma, que las diversas ramas de la Reforma, ¡y aun el Vaticano!, tenían esta crisis en sus agendas de vicios que tenían que ser corregidos.

En el campo romanista, hasta el Concilio de Trento contempló la posibilidad de seguir a Ginebra en la medida de emergencia adoptada en un algún momento para poner remedio a esa situación, es decir, excluir del todo la música del culto, en vista de que, “la música se había vuelto tan secular que ya no era posible restaurarla a un lugar de valor en la adoración.”[3]  De no haber sido porque compositores de la Iglesia romana como Palestrina, Orlando Di Lasso, Vittoria,[4] y Jacobus Kerle,[5] comenzaron a producir música apta para la adoración, dicha Iglesia hubiese tenido que abolir del todo la música en el culto.[6]

En el ámbito protestante, Martín Lutero (quien contaba con conocimientos y habilidades musicales) se dio a la tarea de componer y compilar melodías reverentes y conducentes para la adoración a Dios, y de publicar himnarios, de manera que todos los cristianos (y no sólo los coros) pudiesen entonar los salmos y paráfrasis de textos bíblicos.  Lamentablemente, en virtud de que Lutero no sostenía el principio regulador o regulativo de la adoración, no reformó del todo el canto en la iglesia, dándole lugar también a himnos tradicionales de la Iglesia, cantatas, y misas para ser entonadas por coros y no por toda la congregación.   Con todo, empero, las melodías eran reverentes y conducentes a la adoración.

En el ámbito anglicano, a pesar de que la Iglesia de Inglaterra no cree en el principio regulador, por décadas, la música y el canto fueron desterrados del todo del culto público anglicano.

En el ámbito reformado (o “calvinista”), una vez superado el caos que había imperado, se enfatizó el deber y derecho de toda la congregación de participar activamente en el culto mediante el canto congregacional, a diferencia de los catolicorromanos que desestimaban el canto congregacional, tal y como sucede hoy día en el evangelicalismo que da un lugar protagónico si no es que exclusivo al “líder de alabanza” o “grupo de alabanza.”  Dicha práctica contraría la doctrina neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes.

Habiendo abolido en un principio el uso de la música en el culto como una medida de emergencia, dada la corrupción a la que se había llegado, los reformadores “calvinistas” (incluyendo al propio Calvino en Ginebra) encargaron a los mejores compositores de filiación reformada a su disposición la composición de melodías reverentes y conducentes a la adoración pública de Dios, para que toda la congregación cantara los salmos y no solamente un grupo “selecto” como sucedía en el ámbito catolicorromano y parcialmente en el ámbito luterano que conservó los coros y los cantos que estos cantaban exclusivamente, es decir, sin la congregación.

Lamentablemente, hoy en día la mayoría de las iglesias que se dicen Reformadas han perdido la brújula bíblico-doctrinal que guió a los reformadores en la reforma de la música y el canto para la adoración pública de Dios, y consecuentemente han perdido el legado de ortodoxia y ortopraxis de la adoración a Dios mediante el canto congregacional de los salmos con melodías aptas para tal propósito.

Una de las pocas melodías que han sobrevivido a la marea mercantilista y trivializadora de la música “cristiana” es la que hoy se utiliza comúnmente para la doxología “A Dios el Padre celestial.”  Esta melodía, mejor conocida como The Old Hundredth, fue compuesta en 1551 por Louis de Bourgeois como parte del Salterio ginebrino para entonar el Salmo 100 (ver Salmo 100 para canto congregacional).  Dicho salterio fue encargado y publicado por el consistorio de la Iglesia de Ginebra en tiempos de Juan Calvino.

De hecho, muchas de las melodías del Salterio ginebrino fueron usadas a su vez en el Salterio escocés, y algunas de ellas siguen estando presentes en los himnarios que usamos pero, lamentablemente, ya no para alabar a Dios con las palabras que Él nos dejó para tal fin, los Salmos inspirados, sino para entonar himnos de autoría humana.

[1] Charles V. Standford & Cecil Forsyth, The History of Music, p. 138.  Citado en Horton Davies, Worship and Theology in England.  Book I: From Cranmer to Baxter and Fox, 1534-1690 (Grand Rapids: Eerdmans, 1996), p. 377.

[2] Henry Bruinsma, “John Calvin and Church Music,” en The Outlook, Vol. 51, No. 2, February 2001; p. 5.

[3] Ibid.

[4] Ver Davies, op. cit.

[5] Ver Bruinsma, op. cit.

[6] Ver Davies, op. cit.

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Nota editorial: Versión revisada (2016, 2017) de la versión original publicada por la revista El Faro (México, ca. 2008). 

Ver también: El culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólica; Salmo 67 para canto congregacionalSalterio de ginebra en español, letra y músicaLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaSermón temático: Soli Deo gloria (audio)La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.