Las raíces del pecado sexual

Por Rosaria Champagne Butterfield.

Extracto tomado del libro The Secret Thoughts of an Unlikely Convert.  An English Professor’s Journey into Christian faith, 2nd Ed. (Crown & Covenant Publications, 2014); pp. 31-34.

Nota introductoria: Rosaria Champagne era profesora de tiempo completo de Literatura Inglesa y de Estudios de la Mujer en la Universidad de Syracuse y una activista posmodernista lesbiana de izquierda de la comunidad LGBTQ.  Una de sus especialidades académicas era la teoría queer.  Tras dos años de conversaciones y de analizar la Biblia con un ministro presbiteriano reformado y su esposa, Rosaria rindió su vida a Cristo y cambió por completo su forma de pensar y su estilo de vida.   Hoy Rosaria Champagne Butterfield está casada con un ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada, es madre adoptiva de cuatro hijos, y profesora de Literatura Inglesa en The Geneva College.   


Quizá notes que no hay nada inherentemente sexual acerca de estos pecados: orgullo, riqueza, enfoque de vida motivado por el entretenimiento, falta de misericordia, y falta de modestia.  Nos gusta pensar que el pecado está contenido por categorías de la lógica o la psicología.  No lo está.  ¿Entonces por qué asumimos que el pecado sexual tiene orígenes sexuales o afectivos?  Esto es porque tenemos un enfoque demasiado estrecho acerca de la esfera de la sexualidad.  La sexualidad no es lo que hacemos en la cama.  La sexualidad abarca toda una gama de necesidades, demandas y deseos.  La sexualidad es más un síntoma de la condición de nuestra vida que una causa, es más una consecuencia que un origen.

De manera importante, [en las palabras registradas en libro de Ezequiel 16:48-50] no vemos a Dios burlándose de la homosexualidad ni considerándola como un pecado diferente, inusual, o exótico.  Lo que vemos en lugar de ello es la advertencia de Dios: Si te complaces en los pecados del orgullo, riqueza, entretenimiento-lujuria, falta de misericordia y falta de circunspección, te encontrarás hundido en pecado — y en la clase de pecado que te sorprendería.  Ese pecado puede adherirse a un patrón de vida estrecha o laxamente vinculado con esta lista.  Aunque el pecado no está constreñido por categorías lógicas de progresión, sí es progresivo.  Es decir, aunque el pecado no se queda constreñido por tipo o tropo, si es ignorado, excusado, o disfrutado, el pecado crece y se esparce como hiedra venenosa.

Pero Dios es un Dios de misericordia, redención, segundas oportunidades, y salvación.  Y entonces, cuando Jesús usa Sodoma como ejemplo durante su ministerio terrenal, el ejemplo revela que Dios está más enojado con la gente religiosa del tiempo de Jesús que con los habitantes de Sodoma.  Jesús dijo esto al pueblo de Dios en Capernaum:

Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.

Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti. (Mateo 11:23-24).

Jesús les dice claramente que, si Sodoma hubiese visto el poder de Dios manifestado ante ellos como lo vio Capernaum, se hubieran arrepentido y hubieran vivido.  La afirmación de Jesús de que Dios está mucho más dolido por los pecados de aquellos que dicen conocerlo que por los de quienes no lo conocen, resonó conmigo.  Hay una justicia y amplitud en las palabras de Jesús que simplemente no está reflejada en la cultura evangélica moderna.  Vemos esta amplitud reflejada en la invitación de Jesús al final del capítulo.  Jesús declara: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).   Este pasaje también me convenció de que la homosexualidad —como todo pecado— es sintomático y no causal —es decir, nos dice dónde han estado nuestros corazones, no quiénes somos inherentemente o qué es lo que estamos destinados a convertirnos.

Este pasaje me forzó a ver al orgullo y no a la orientación sexual como la raíz del pecado.  En consecuencia, esto dio forma a la manera en la que reflexionaba sobre la totalidad de mi vida, en el contexto de la Palabra de Dios.  Me di cuenta de que mi sexualidad nunca había sido pura y mis relaciones nunca honraron a la otra persona ni al Señor.  Mi código moral incluía la monogamia serial, el sexo “seguro”, y el sexo solamente en el contexto del amor.  El amor, fundado solamente en sentimientos personales como lo había sido el mío, cambia sin aviso ni lógica.  La verdad es que, fuera de Cristo, soy manipuladora, mentirosa, traficante de poder, y controladora. En mis relaciones con hombres y con mujeres, tenía que ser yo la que estaba a cargo.  Mataba con amabilidad y asesinaba con regalos.  Compraba las lealtades y afectos de la gente.  Había sido lesbiana por casi una década.  Me consideraba una lesbiana “informada” –alguien que había tenido relaciones con hombres y los había encontrado faltos y no satisfactorios.  No me consideraba bisexual porque no había tenido la intención de tener una relación con un hombre nunca más.  No me parecía que los hombres fuesen atractivos o interesantes.  Mi identidad sexual comenzó en formas no sexuales: Siempre he disfrutado la buena comunicación que las mujeres comparten.  También me encontré estrechando lazos con mujeres en pasatiempos e intereses compartidos y en valores políticos feministas e izquierdistas.  No me interesa la pornografía en ninguna forma, y por lo tanto la atracción visual nunca motivó mis amistades o respuestas a otras personas.  Comparto mi historia sexual contigo no para presumir mi pecado o para ofender al lector, sino para revelar que mi sexualidad era pecaminosa no porque fuese lesbiana per se sino porque no estaba controlada por Cristo.  Mi pasado heterosexual no estaba más santificado que mi presente homosexual.  Dios me había revelado eso poderosamente al aprender de la predicación de su Palabra, al leer la Biblia y al hablar con otros cristianos en mi iglesia acerca de lo que la sexualidad significaba en la economía de Dios.  Al entenderme a mí misma como un ser sexual, responder a Jesús (es decir, “entregar mi vida a Cristo”) significaba no ir hacia atrás a mi pasado heterosexual sino ir hacia adelante a algo enteramente nuevo.  En ese entonces pensé que eso sería muy probablemente una vida célibe y soltera.  Una sexualidad que no devorara a la otra persona me parecía inimaginable.  Y aunque nunca me gustó realmente la idea de envejecer sola, acepté que si Dios pudo llevarme a salvo tan lejos en la vida, él también atravesaría conmigo esta siguiente parte.

Todo aspecto de mi vida quedó bajo el escrutinio de mi nueva cosmovisión cristiana… Aprendí que el pecado echa raíces no en conductas externas, sino en patrones de pensamiento…

Conforme releí mi vida, me di cuenta de que mi pecado sexual tenía su raíz no solamente en el orgullo sino también en un falso entendimiento acerca del género…   ni siquiera sabía cómo ser mujer

ROSARIA. Foto portada SECRET THOUGHTS unlikely convert


Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

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Aborto: La esclavitud de nuestra generación

Por Lindy Davidson.*

En nuestra era ilustrada nos cuesta trabajo imaginar la estrechez de mente de quienes pensaban que la esclavitud era algo honesto, bueno, o defendible.  Nos sorprende que algunos seres humanos hubiesen sido despreciados solamente por su raza.

Me alegro de vivir en un país y en una época en las que estos atroces crímenes contra la humanidad ya no se practican, y en las que nuestra pasada asociación con ellos se admite con vergüenza.  Ahora vemos cuán superficiales, egoístas, y arrogantes son los argumentos que se usaron para defender la esclavitud:

  • “Los negros no son del todo humanos.”
  • “Los negros no pueden pensar de la misma manera o al mismo nivel que el hombre blanco.”
  • “Yo compré legalmente estos esclavos, por lo tanto, son de mi propiedad y tengo derecho a hacer con ellos lo que yo quiera.”
  • “Dejar libres a mis esclavos perjudicaría mi estilo y nivel de vida.”

La mayoría de estos argumentos son falsos, y todos son egoístas.  Hoy nos parece inconcebible que alguien hubiese podido hacer afirmaciones de ese tipo.  No obstante, muchos pasan por alto el hecho de que esa retórica es muy similar a la retórica que muchos están usando en nuestros días al debatir sobre uno de los temas más controvertidos: El aborto.

¿Has oído estos argumentos?

  • “El feto no es una persona.”
  • “El feto no puede pensar ni funcionar como yo funciono.”
  • “El feto está dentro de mí, por lo tanto es parte de mi cuerpo, y tengo derecho a hacer con él lo que yo quiera.”
  • “Permitir que este feto viva alteraría por completo mis planes y estilo de vida, y no podría seguir viviendo de la misma manera.”

¿Son estas razones válidas para defender el aborto?  Solamente si fueran válidas para permitir que un ser humano esclavice otro.

Irónicamente, muchos apelan a la libertad en este debate.  Cambiamos la retórica de la esclavitud por la retórica de la libertad.  ¿Dónde está la mentira?  Está en la idea de la libertad.  ¿Crees que realmente el aborto libera a la mujer?  ¿Crees que realmente un embarazo esclaviza a una mujer?  Éstas son preguntas que pocos se hacen en este debate.  Preguntemos a las mujeres que han tenido estas experiencias, ¿Tú, que tuviste un aborto, eres libre?  ¿Te liberó ese aborto?  ¿No fue eso lo que te ofrecieron?  ¿Te mintieron?  ¿Y tú, que decidiste seguir con tu embarazo y tener ese bebe, estás encadenada?  ¿Eres una esclava sin esperanza de una vida libre?  ¿O encuentras gozo en ese al que llamas hijo o hija?  Es tiempo de que hagamos estas preguntas, y entonces sacaremos las mentiras a  la luz.

El aborto es el gran crimen de nuestro tiempo.  El aborto no es la liberación de las mujeres, es la esclavización de una sociedad a una manera de pensar superficial, egoísta y arrogante.  ¿Cómo le hicimos para engañarnos una vez más?

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* La Dra. Lindy Davidson, nació y vive en Estados Unidos de América en donde el aborto fue legalizado en 1971.  Es una madre de familia cristiana que vive en Lakeland, Florida, con su esposo Adam y sus tres hijos.  Tiene una Maestría en Divinidades (2001) por el Reformed Theological Seminary (Orlando, Florida), y un doctorado en comunicación por la University of South Florida.  Esta pieza fue escrita en el verano de 2001, después de haber visitado una plantación en Pennsylvania en donde se habían usado esclavos, y de escuchar el relato del guía con los argumentos que se usaban para justificar la esclavitud.  Meses después de haber escrito esta pieza, en 2002, su primer embarazo resultó ser de alto riesgo, y casi terminó debido a un defecto congénito del bebé.  Aunque muchos médicos les sugirieron repetidamente a Lindy y a su esposo Adam que abortaran a su bebé, Adam y Lindy insistieron siempre en continuar el embarazo, lo cual requirió de cuidados médicos especiales y de mucho sacrificio de parte de ambos.  Su bebé, Will, nació prematuramente, nueve semanas antes de término, y requirió de muchos tratamientos médicos.  No obstante, es un hijo muy feliz y muy amado.  “No puedo imaginar mi vida sin Will,” dice Lindy.  “Su vida me ha enseñado más acerca del amor, el gozo, y del plan y la provisión de Cristo, que lo que toda mi educación teológica antes de eso.”

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Traducción (2008): Dámaris Medina, revisada por Alejandro Moreno Morrison.