Creer en el Señor Jesucristo implica necesariamente someternos a Su Reino

Por Alejandro Moreno Morrison.

Extractos de la sección de aplicación del Sermón expositivo de Hechos 2:22-37 (audio) (segunda parte del sermón de Pedro en Pentecostés).

La predicación del evangelio es la predicación del Reino de Dios… [ver Hechos 28:30-31]. El perdón de pecados, la justificación, es una parte muy importante del evangelio pero no es todo el evangelio.  Pedro y Lucas nos están dejando claro que… hablar del evangelio es hablar del Reino de Dios –hablar de que el Señor Jesucristo reina.  Y el concepto de reino, de gobierno, necesariamente, inevitablemente, incluye, lleva implícito, el concepto de obediencia.  No hay evangelio si no hay obediencia al Rey.  No hay salvación si no hay sumisión al Rey.  El evangelio entraña necesariamente esta respuesta, “¿Qué haremos?” –no solamente decir “Sí, perdona mis pecados.”  ¡No! Reconocer al Señor Jesucristo, creer en el Señor Jesucristo, invocar el nombre del Señor para ser salvo, entraña necesariamente, inevitablemente, la sumisión de la voluntad al gobierno de Dios, la sumisión del creyente, la sumisión de toda la Iglesia como pueblo de Dios a la voluntad del Señor Jesucristo.  Esta pregunta que hace la audiencia de Pedro [¿Qué haremos?, Hch. 2:37] es la pregunta que todo creyente y la iglesia debe hacerse cada momento –“¿Señor, qué quieres que yo haga?”…  La respuesta –la única respuesta lógica y la única respuesta aceptable a la doctrina del Reino de Dios, a la doctrina del Señor Jesucristo como “Rey de reyes y Señor de señores,” la única reacción aceptable y lógica– es “¿Señor, qué quieres que yo haga? ¿Señor, qué debo hacer?”

Vemos en Rom. 1:5 que Pablo, haciendo alusión a su llamamiento para ser apóstol dice… “recibimos la gracia y el apostolado para la obediencia a la fe”.  Fe y ley no son conceptos opuestos.  Pablo nos dice claramente que creer en el Señor Jesucristo implica obedecer al Señor Jesucristo… Y viceversa, no obedecer al Señor Jesucristo implica no creer en el Señor Jesucristo.  Asimismo, en Rom. 16:25-26 dice “…para que obedezcan a la fe.” Obediencia a la fe.  La salvación es por la sola gracia sin que nuestra obediencia tenga ningún papel en absoluto en la obtención de nuestra justificación.  Pero nuestra justificación tiene como fruto necesario, inevitable, la obediencia.  Porque el evangelio que predicamos es el evangelio del Rey, del Señor Jesucristo, quien ha sido declarado “Rey de reyes y Señor de señores.”

…  Las implicaciones y aplicaciones prácticas entonces son que el evangelio entraña la obediencia tanto del individuo como de la iglesia…

…  ¿Cuál es la señal externa que identifica al verdadero pueblo de Dios?  …Obedecer al Señor Jesucristo.

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Ver también: Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésEl Reino de Dios a lo largo de la historia de la redenciónEl evangelio y las misionesArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeGanancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)El Hijo del Hombre es Señor del Día de Reposo (Marcos 2:28)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)Sermón expositivo de Hechos 1:1-3 (audio)Sobre el “bautismo en Espíritu Santo y fuego”(Lucas 3:16)Sermón: Lenguas extrañas como señal del juicio de Dios, antecedente antiguo-testamentario del pentecostés (audio)Transición pública del antiguo pacto al nuevo pacto en pentecostésSermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio)Sermón expositivo de Hechos 2:29-40 (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio)Brevísima introducción a la teología bíblica del evangelismo y las misiones (audio).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de varias denominaciones incluyendo la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD).

Fragmento tomado de An Old Testament Theology.  An Exegetical, Canonical and Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 568-570.

La predicción de Jesús de que Jerusalén sería totalmente destruida mueve a sus discípulos a hacer dos preguntas: (1) ¿Cuándo serán estas cosas? y (2) ¿Qué señal habrá de la venida de Jesús y del fin del siglo?

  1. Jerusalén destruida en la era apostólica

Jesús respondela primera pregunta en Mateo 24:4-35 (= Mar. 13:1-31), con esta revelación clímax: “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (v. 34).  A un lector moderno no familiarizado con el lenguaje apocalíptico, parece como si “todas estas cosas” incluyera la parusía.  (Parousia es la palabra griega para “presencia,” en contraste con apousia “ausencia.”)  La parusía connota la llegada de alguien tras un periodo de ausencia y es usada especialmente respecto de la realeza u oficiales.  Algunos premilenialistas contrastan la parusía de Cristo (un evento al inicio del milenio) con su Segunda Venida (que viene al final).  Yo uso los dos términos de manera intercambiable, porque el Nuevo Testamento no habla de un reino judío intermedio entre dos venidos de Cristo.  Si Jesús dijo que la parusía ocurriría dentro del lapso de vida de su generación, entonces, contrario a su afirmación, sus palabras no son verdaderas (Mat. 24:36), y aparentemente se contradice, porque después de fijar el marco de tiempo, en el siguiente aliento dice que nadie sabe el día ni la hora de su parusía (vv. 36-50).

Para salvaguardar al lector moderno en contra de cuestionar la veracidad y coherencia de las palabras de Jesús aquí, una exégesis más detallada del lenguaje apocalíptico de los versículos 29-31 (= Mar. 13:24-27) amerita un resumen de la útil interpretación de R. T. France.  De acuerdo con France, las perturbaciones cósmicas del versículo 29 en lenguaje apocalíptico se refieren al derrocamiento de poderes políticos (Babilonia [Isa. 13:10]; Egipto [Eze. 32:7]; Jerusalén en 586 aC [Joel 2:10]; las naciones [Isa. 34:4]; Jerusalén en 70 dC [Mat. 24:29], en tanto que el lenguaje acerca de “la venida del Hijo del Hombre sobre las nubes” se refiere a su ascensión a Dios para recibir vindicación y autoridad universal sobre toda la tierra (Dan. 7:13-14), no a su venida a la tierra.[1]  La interpretación de la “señal” (semeion—la LXX [Septuginta] usa esta palabra para traducir “pendón”; cf. Isa. 11:12; 49:22) del Hijo del Hombre en el cielo es más problemática.  Si “pendón” es la correcta traducción de “señal,” entonces posiblemente se refiere a “juntar a los exiliados,” puesto que eso es a lo que se refieren “pendón” y “voz de trompeta” (v. 31) en el lenguaje litúrgico judío.[2]  La frase “lamentarán todas las tribus” (v. 30) se traduce mejor como “lamentarán todas las familias de la tierra [i.e., Israel].”  Hacen eso en conexión con ver al Hijo del Hombre recibiendo autoridad de parte de Dios.

La profecía del lamento nacional, basada en Zacarías 12:10-14, es cumplida en pentecostés y a lo largo del periodo apostólico.  Antes de que Jerusalén fuese destruida, la Iglesia ya se había establecido firmemente en Roma.  Jesús asciende sobre las nubes para sentarse a la diestra de Dios, y como prueba de que ha recibido poder y autoridad envía el derramamiento del Espíritu Santo.  Pedro explica: “Exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís (Hch. 2:33).  Pedro lleva su sermón de pentecostés a la conclusión, “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (2:36).  Los que estaban oyendo, “se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (2:37).  Lucas dice que, “los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (2:41).[[3]]

En Mateo 24:31 Jesús había dicho que los creyentes serían juntados de los “cuatro vientos.”  Esto es lo que sucedió en Pentecostés (ver Hch. 2:5-11).  Jesús también profetizó que Dios los juntaría enviando sus angeloi con “gran voz de trompeta”—que, como lo notamos arriba, es lenguaje para la reunión de los exiliados.  De acuerdo con Isaías 27:13, “Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén.”  Angeloi (lit. “mensajeros”) puede referirse a predicadores tales como Pedro (cf. “mensajeros” en Luc. 7:24; 9:52), o al poder espiritual que está detrás de ellos (cf. Apo. 2).  R. T. France comenta, “La referencia [a los angeloi en Mat. 24:31] no es… como en 13:41, al juicio final, sino al crecimiento mundial de la iglesia…, lo cual es consecuente con el fin del estatus especial de Israel, simbolizado en al destrucción del templo” (Gospel of Mark, p. 35).

En Mateo 24:36-41, Jesús responde la segunda pregunta, “¿cuál será la señal de la venida de Jesús y del fin del siglo?,” citando el juicio que acompañará el tiempo desconocido de su segunda y final venida.  En resumen, Jesús claramente distingue entre el tiempo de la inminente destrucción de Jerusalén y la reunión de los judíos de alrededor del mundo en una comunidad de fe del tiempo, y su parusía.

  1. El tiempo de la parusía es desconocido

Puesto que el tiempo de la parusía y con ella el juicio final es desconocido, Jesús advierte a sus discípulos que velen por su venida.  Esto es aún más importante porque su venida será seguida, no de una felicidad milenial, sino de galardones eternos y castigos terminales, como lo deja claro la conclusión del discurso en el Monte de los Olivos de Jesús (24:42-51) así como sus parábolas de las diez vírgenes (25:1-13), de los talentos (25:14-30), y de las ovejas y los cabritos (25:31-46).  Concluye esta última diciendo “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”  En suma, Marcos-Mateo predicen la destrucción del Jerusalén territorial en conexión con el inicio de una nueva era, no la futura gloria de Jerusalén en un reino milenial, como algunos erróneamente alegan.

 

[1] R. T. France, The Gospel of Mark: A Commentary on the Greek Text.  New International Greek Testament Commentary. (Grand Rapids: Eerdmans, 2002), p. 35.

[2] Cf. T. Francis Glasson, “Ensign of the Son of Man,” en Journal of Theological Studies 15 (1964): 299-300.

[[3] Ver “Arrepentimiento en respuesta al sermón de Pentecostés” (Nota del traductor).]

 

[Ver también: Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario).]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

El mensaje del sermón de Pedro en Pentecostés: Arrepentíos

Por David G. Peterson.

Fragmento tomado de The Acts of the Apostles, The Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), pp. 153-154.

‘El discurso de Pentecostés es parte de una escena de reconocimiento en la que, a la manera de una tragedia, personas que han actuado ciegamente en contra de sus propios intereses de repente reconocen su error.’  El discurso está de hecho diseñado para producir la respuesta aquí indicada [Hch. 2:37].  Cuando la gente descubrió cuán testaruda y necia había sido (v. 36), fueron compungidos de corazón, es decir, que fueron golpeados en sus consciencias o que estaban llenos de dolor…

El llamamiento de Pedro, ‘arrepentíos’ (metanoesate) hace eco de la predicación de Juan el Bautista (Luc. 3:3, 8; cf. Mt. 3:2) y de Jesús (Luc. 5:32; cf. Mt.4:17), quienes vincularon el arrepentimiento con la proclamación de que ‘el reino de los cielos se ha acercado’.  Pero el arrepentimiento en el Libro de los Hechos es normalmente demandado sobre la base específica de lo que es proclamado acerca de Cristo Jesús (e.g., 2:26-36; 3:17-21; 17:30-31; 20:21; 26:20; cf. 8:22).  Tantas cosas prometidas en conexión con el gobierno escatológico de Dios han sido cumplidas por medio de él, y él es el único salvador del juicio venidero.  La muerte, resurrección, y ascensión de Jesús traen la realización de las expectativas del AT del reino para Israel y las naciones.  El arrepentimiento involucra un “cambio de mente” acerca de Jesús y su papel en los propósitos del Reino de Dios, como lo sugiere la terminología griega.  Pero metanoein en la LXX [Septguaginta] casi siempre traduce el hebreo niham…, que significa ‘lamentar’ algo.  Más aún, el AT muestra regularmente que el genuino dolor por el pecado involucra una alteración de actitud hacia Dios que produce una ‘conversión’ o reorientación de la vida.  El uso del NT de la terminología debe ser interpretado dentro de este marco bíblico-teológico.  En Hechos 2:38, el arrepentimiento significa una reorientación radical de vida con respecto a Jesús, expresando dolor por haber rechazado a aquél acreditado por Dios como Señor y Cristo (cf. 2:22-36).  El arrepentimiento es una responsabilidad humana — algo que se nos ordena hacer.  Pero también es el regalo de Dios — el arrepentimiento es posible solamente por la habilitación de Dios (cf. 3:26; 5:31; 11:18).

El mandamiento ‘bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo’ expresa el lado positivo del arrepentimiento, involucrando el invocarlo para salvación y la lealtad a él como Señor y Mesías.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 2:29-40 (audio)

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésSobre el bautismoSobre los medios de graciaEl reino del Mesías y Su IglesiaLa correcta interpretación de Romanos 10:9-10La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeJerusalén: Lugar del fin de la antigua eraLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

David G. Peterson es senior research fellow en Nuevo Testamento en Moore Theological College (Sydney, Australia).