La ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford

Por Samuel Rutherford.

(Introducción, selección y traducción por Alejandro Moreno Morrison)

Introducción

En su libro Lex, rex; la ley y el príncipe, Samuel Rutherford utiliza 104 veces la expresión law of nature (ley de la naturaleza), 20 veces nature’s law (ley de la naturaleza), una vez “nature’s laws” (leyes de la naturaleza), y cinco veces nature’s light (luz de la naturaleza) en sentido normativo, como ley de conducta.  Además de estas ocasiones en las que dichas expresiones aparecen tal cual, existen muchas otras instancias en las que Rutherford describe como “natural” un deber, obligación, o conducta buena o sensata.[1]

A continuación algunos fragmentos que muestran de la manera en que Rutherford suscribe y usa la doctrina clásica del derecho o ley natural (o iusnaturalismo) en su Lex, rex.[2]

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Fragmentos de Lex, rex sobre la ley natural

Lo que está avalado por la dirección de la luz de la naturaleza está sustentado por la ley de la naturaleza, y consecuentemente por una ley divina; ¿pues quién puede negar que la ley de la naturaleza es una ley divina? [I, p. 1].

 

La esclavitud de siervos a señores o amos, tal y como fue antaño entre los judíos, no es natural, sino contra natura…  2. La esclavitud no debió existir en el mundo, si el hombre nunca hubiese pecado, como tampoco hubiera existido la compra y venta de hombre, que es una consecuencia miserable del pecado y una especia de muerte, cuando hombres son puestos bajo los dolores fatigosos del empleado, quien anhela la sombra, y bajo trillos de hierro y sierra, y a cortar madera, y sacar agua continuamente…   4.  Un hombre hecho conforme a la imagen de Dios, es res sacra, algo sagrado, y por la ley de la naturaleza no puede ser vendido y comprado como no puede serlo algo religioso y sagrado dedicado a Dios [XIII, p. 94].

 

Cuando el pueblo nombraba a alguien para ser su rey, la voz de la naturaleza exponía su título legal, aunque no hubiese pacto verbal o escrito; puesto que ese hecho—hacer un rey—es un acto moral legítimo respaldado por la palabra de Dios (Deut. xvii. 15, 16; Rom. xiii. 1, 2) y la ley de la naturaleza; y, por lo tanto, habiendo hecho a tal hombre su rey, le han dado poder para ser su padre, su proveedor, sanador, y protector; y por lo tanto no sólo deben haberlo hecho rey condicionalmente, para que sea su padre, proveedor, y tutor.  Ahora, si este título legal de hacer un rey ha de ser expuesto como invistiendo con un poder absoluto, y no condicional, este hecho será contrario a la Escritura y a la ley de la naturaleza; puesto que si le han dado absolutamente poder real, y sin ninguna condición, entonces tuvieron que haberle dado poder para ser un padre, protector, tutor, y para ser un tirano, un asesino, un león sanguinario para devastar y destruir al pueblo de Dios [XIV, pp. 108-109].

 

Así como Dios, en una ley de la naturaleza, ha dado a cada hombre la guarda y preservación de sí mismo y de su hermano, Caín debió en su lugar ser el guarda de Abel su hermano; así también Dios ha encargado la preservación del estado, mediante una ley positiva, no al rey solo, puesto que eso es imposible. (Num. xi. 14, 17; 2 Cro. xix. l–6, 1 Cro. xxvii.) [XXI, p. 175].

 

Así como las Escrituras en todos los fundamentos son claras, y se exponen a sí mismas, y actu primo condenan herejías, así también, todas las leyes de los hombres en sus fundamentos, que es la ley de la naturaleza y de las naciones, son claras; y, 2.  La tiranía es más visible e inteligible que la herejía, y es pronto discernida.  Si un rey trae contra sus súbditos nacionales veinte mil turcos armados, y el rey los lidera, es evidente que no vienen a hacer una visita amistosa para saludar al reino y partir en paz.  El pueblo tiene un trono natural de gobierno en su conciencia para alertar, y materialmente dictar sentencia contra el rey como un tirano, y así por naturaleza han de defenderse a sí mismos.  En donde la tiranía es más oscura, y el hilo pequeño, de manera que escapa a la vista del hombre, el rey mantiene su posesión; pero niego que la tiranía pueda ser oscura por mucho tiempo [XXIV, p. 210].

 

…la reserva de este poder de defensa no ha de ser necesariamente expresada en el contrato entre el rey y el pueblo.  Las exigencias de la ley natural no pueden ser plasmadas en pactos positivos, se presuponen [XXIV, p. 211].

 

La supremacía del pueblo es una ley de la auto-preservación de la naturaleza, por encima de todo derecho positivo, y por encima del rey, y está para regular la soberanía, no para destruirla.  Si esta supremacía de majestad estaba en el pueblo antes de que tuviesen un rey, entonces, 1. No la pierdan por la elección voluntaria de un rey; pues un rey se escoge para el bien, no para la merma del pueblo, por lo tanto, deben retener este poder, en hábito y potencia, aun cuando tengan un rey.  2.  Luego entonces la supremacía de la majestad no es un rayo de divinidad propio de un rey solamente.  3.  Luego entonces el pueblo, teniendo virtualmente soberanía real en ellos, hacen, y también deshacen a un rey [XXIV, p. 211].

 

Para esta [interpretación] pública [de la ley], la ley tiene una regla fundamental, salus populi, como el rey de los planetas, el sol, que da su luz astral a todas las leyes, y mediante la cual son expuestas: cualquier interpretación que se aparte ya sea de las leyes fundamentales de gobierno, o de la ley de la naturaleza, y de la ley de las naciones, y específicamente de la seguridad del público, ha de ser rechazada como una perversión de la ley; y por lo tanto, conscientia humani generis, la consciencia natural de todos los hombres, a la cual el pueblo oprimido puede apelar cuando el rey expone una ley injustamente, a su gusto, es la última regla sobre la tierra para exponer las leyes [XXVII, p. 245].

 

Si mi prójimo viene a matarme, y no puedo salvar mi vida huyendo, puedo defenderme; y todos los teólogos dicen que puedo matarlo en lugar de ser yo asesinado, porque yo soy más cercano, por la ley de la naturaleza, y más estimado para mí mismo y mi propia vida es más estimada que la de mi hermano [XXX, p. 278].

 

Por la ley de la naturaleza un gobernante es nombrado para defender al inocente [XXXI, p. 291].

 

Nada ha de hacerse en palabra o en hecho tendiente al deshonor del rey; ahora bien resistirlo en defensa propia, siendo un mandamiento de Dios en la ley de la naturaleza, no puede luchar contra el otro mandamiento de honrar al rey, así como el quinto mandamiento no puede luchar contra el sexto; pues toda resistencia es contra el juez, como alguien que está excediendo los límites de su oficio, es a ese respecto que es resistido, no como juez [XXXIV, p. 313].

 

La ley de la naturaleza y la ley divina prueban que a cada siervo y ministro debe pagársele su salario [XLIV, p. 412].

[1] El teonomista Greg Bahnsen dice que “el énfasis en la ley natural de los escolásticos medievales [fue] repudiado y controvertido por la Reforma” (Theonomy in Christian Ethics, Phillipsburg: Presbyterian & Reformed, p. 399).  Bahnsen es un claro ejemplo, y quizá la principal fuente, de la profunda ignorancia que hoy existe en círculos reformados en el continente americano acerca de la ley natural o derecho natural.  La afirmación citada es absolutamente falsa, como lo demuestra el uso que reformadores como Juan Calvino, Samuel Rutherford, y la Asamblea de Westminster hicieron de la doctrina del derecho natural (ver: La doctrina de luz de la naturaleza en el libro “La ley divina para el gobierno eclesiástico”Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)).

[2] Los números de página corresponden a la edición publicada por Portage Publications, disponible gratuitamente en: http://www.portagepub.com/dl/caa/sr-lexrex17.pdf.

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Ver también:  Samuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterJuan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)La fe de los estatistasLa doctrina de la luz de la naturaleza en el libro “La ley divina para el gobierno eclesiástico”Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Cronología de las obras de C. S. Lewis que refutan al positivismo, al conductismo y al subjetivismo ético, y de las interacciones entre B. F. Skinner y Lewis.

Sermón: El pacto de obras o de creación de Génesis 2:4-3:24 (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison

Domingo 11 de mayo de 2014.

Enlace al archivo de audio: Sermón Pacto de obras, Gen. 2:4-3:24 (AMM, Mayo 11, 2014).

Lecturas del culto:

  • Antiguo Testamento: Génesis 2:4-3:24
  • Evangelio: Juan 3:1-21
  • Nuevo Testamento: 1ª Corintios 15:20-22

Texto en la portada del orden de culto: Sobre el pecado original (Génesis 3).

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Ver también:  Sobre el pacto abrahámico; Sermón expositivo de Hechos 1:1-3 (audio); Sermón expositivo de Hechos 1:4-5 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:6-7 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:8 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:9-11 (audio); Sermón expositivo de Hechos 1:12-26 (audio)Sermón temático: El antiguo pacto y el nuevo pactoSermón expositivo de Hechos 2:1-4 (audio)Algunas objeciones al cientismo“…y para vuestros hijos”La perfecta confiabilidad de Dios y de Su Palabra; Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios); Sermón expositivo de Éxodo 40 (audio); Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden social; Anthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15); Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio); Pactual, no pactal. Un comentario de traducción.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden social

Por Juan Calvino.

Fragmento tomado de Institución de la religión cristiana, Lib. II, Cap. ii, 12 y 13.

Decir que el entendimiento está tan ciego, que carece en absoluto de inteligencia respecto a todas las cosas del mundo, repugnaría, no sólo a la Palabra de Dios, sino también a la experiencia de cada día.  Pues vemos que en la naturaleza humana existe un cierto deseo de investigar la verdad, hacia la cual no sentiría tanta inclinación si antes no tuviese gusto por ella. Es, pues, ya un cierto destello de luz en el espíritu del hombre este natural amor a la verdad…

…cuando el entendimiento del hombre se esfuerza en conseguir algo, su esfuerzo no es tan en vano que no logre nada, especialmente cuando se trata de cosas inferiores…

Llamo cosas terrenas a las que no se refieren a Dios, ni a su reino, ni a la verdadera justicia y bienaventuranza de la vida eterna, sino que están ligadas a la vida presente y en cierto modo quedan dentro de sus límites.  Por cosas celestiales entiendo el puro conocimiento de Dios, la regla de la verdadera justicia y los misterios del reino celestial.

1º  Bajo la primera clase se comprenden el gobierno del estado, la dirección de la propia familia, las artes mecánicas y liberales.  A la segunda hay que referir el conocimiento de Dios y de su divina voluntad, y la regla de conformar nuestra vida con ella.

a. El orden social.  En cuanto a la primera especie hay que confesar que como el hombre es por su misma naturaleza sociable, siente una inclinación natural a establecer y conservar la compañía de sus semejantes.  Por esto vemos que existen ideas generales de honestidad y de orden en el entendimiento de todos los hombres.  Y de aquí que no haya ninguno que no comprenda que las agrupaciones de hombres han de regirse por leyes, y no tenga algún principio de las mismas en su entendimiento.  De aquí procede el perpetuo consentimiento, tanto de los pueblos como de los individuos, en aceptar las leyes, porque naturalmente existe en cada uno cierta semilla de ellas, sin necesidad de maestro que se las enseñe.

A esto no se oponen las disensiones y revueltas que luego nacen, por querer unos que se arrinconen todas las leyes, y no se las tenga en cuenta, y que cada uno no tenga más ley que su antojo y sus desordenados apetitos, como los ladrones y salteadores; o que otros como comúnmente sucede piensen que es injusto lo que sus adversarios han ordenado como bueno y justo, y, al contrario, apoyen lo que ellos han condenado.  Porque los primeros, no aborrecen las leyes por ignorar que son buenas y santas, sino que, llevados de sus desordenados apetitos, luchan contra la evidencia de la razón; y lo que aprueban en su entendimiento, eso mismo lo reprueban en su corazón, en el cual reina la maldad.

En cuanto a los segundos, su oposición no se enfrenta en absoluto al concepto de equidad y de justicia de que antes hablábamos.  Porque consistiendo su oposición simplemente en determinar qué leyes serán mejores, ello es señal de que aceptan algún modo de justicia.  En lo cual aparece también la flaqueza del entendimiento humano, que incluso cuando cree ir bien, cojea y va dando traspiés.  Sin embargo, permanece cierto que en todos los hombres hay cierto germen de orden político; lo cual es un gran argumento de que no existe nadie que no esté dotado de la luz de la razón en cuanto al gobierno de esta vida.

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Ver también: Calvino sobre la ley natural y contra el teonomismoAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15); Láminas en formato jpeg (album de Facebook) de la presentación “La ley natural en la tradición agustiniano-reformada”; La doctrina de luz de la naturaleza en el libro “La ley divina para el gobierno eclesiástico”Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)La fe de los estatistasLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Juan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)

Por Alejandro Moreno Morrison.

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Placa en la fachada de The New College de la Universidad de Edimburgo, honrando la memoria del Rev. Dr. John Witherspoon, graduado de dicha universidad, firmante de la Declaración de Independencia de los EUA, y Presidente de la Universidad de Princeton  (foto: Alejandro Moreno Morrison, mayo, 2014).

Texto tomado y ajustado de La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico, México: Escuela Libre de Derecho, 1998 (tesis profesional para obtener el título de abogado); pp. 234-239.[1]

Aunque Inglaterra y Escocia se beneficiaron mucho en el siglo XVII de los avances en libertad política resultantes del pensamiento político calvinista, fue en las colonias británicas en América (en los siglos XVII y XVIII) donde los puritanos[2] tuvieron mayor libertad para poner en práctica los principios políticos del calvinismo.[3]  En su discurso ante el Parlamento Británico “Sobre la reconciliación con las colonias” (1775), Edmund Burke llamó a los disidentes de las Trece Colonias británicas en América “el protestantismo de la religión protestante”.[4]

Earl Warren, quien fuera gobernador de California y posteriormente presidiera la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, declaró en alguna ocasión:

Creo que nadie puede leer la historia de nuestro país sin comprender que el Buen Libro y el Espíritu del Salvador desde el principio han estado guiando nuestros genios…  Ya sea que miremos a la primera Carta de Virginia… o a la Carta de Nueva Inglaterra… o a la Carta de la Bahía de Massachusetts… o a las Órdenes fundamentales de Connecticut… está presente el mismo objetivo: Una tierra cristiana gobernada por perspectivas cristianas.[5]

De acuerdo con Benjamin Hart, “La inmensa contribución que los puritanos de Nueva Inglaterra hicieron al entendimiento del mundo de cómo escribir una constitución no puede ser sobre enfatizada”.[6]  El documento Órdenes fundamentales de Connecticut (1639), por ejemplo, fue la primera constitución escrita en el continente americano y la Constitución de los Estados Unidos de América se asemeja mucho a él.  Órdenes fundamentales de Connecticut se inspiró en uno de los más famosos sermones del gran erudito de la Universidad de Cambridge, predicador y líder puritano, Thomas Hooker; precisamente el sermón que dio ante la Corte General de Connecticut en mayo 31 de 1638.

La esencia del sermón de Hooker para el Día de la Elección fue:

  1. La elección de los magistrados públicos pertenece al pueblo por la propia anuencia de Dios.

  2. La elección debe ser conducida por el pueblo, pero los votos no deben ser emitidos “de acuerdo con sus humores, sino de acuerdo con la voluntad y la ley de Dios.”

  3. Aquellos quienes “tienen el poder de nombrar oficiales y magistrados también tienen el poder para fijar fronteras y límites en su poder” de manera que “el fundamento de la autoridad es puesto en el libre consentimiento de la gente”, puesto que “por una elección libre los corazones de la gente estarán más inclinados a amar a las personas escogidas, y más prontos a rendir obediencia.”[7]

Benjamin Hart escribe que:

Órdenes fundamentales de Connecticut fue la más avanzada carta de gobierno que el mundo había visto hasta entonces en cuanto a garantizar los derechos individuales.  Pero aunque ciertamente el efecto de la carta fue asegurar el establecimiento de un gobierno libre y democrático, su propósito primario en la mente de la gente de Connecticut era establecer una república  [commonwealth] de acuerdo con las leyes de Dios y crear un ambiente propicio para el esparcimiento del Evangelio: Nosotros “por lo tanto nos asociamos y conjuntamos a nosotros mismos para ser un estado público o república [commonwealth]; y para hacer por nosotros y nuestros sucesores y tales que se añadan a nosotros en cualquier tiempo de aquí en adelante, entrar en una combinación y confederación juntos, para mantener y preservar la libertad y pureza del Evangelio de nuestro Señor Jesús que nosotros ahora profesamos, así como también la disciplina de las iglesias, la cual de acuerdo con la verdad del dicho Evangelio es ahora practicada entre nosotros; así como también en nuestros asuntos civiles ser guiados y gobernados de acuerdo con tales leyes…”[8]

Pocos años después de la adopción de Órdenes fundamentales de Connecticut, la Bahía de Massachusetts promulgó en 1641, bajo el liderazgo del pastor John Winthrop, su Body of Liberties, al cual recurrió John Adams para la redacción de la Constitución de Massachusetts de 1780, que posteriormente también serviría como modelo para la constitución estadounidense.[9]

Las raíces de lo anterior se encuentran en el S. XVII.  En 1644, Samuel Rutherford publicó en Escocia el libro Lex Rex: or, the Law and the Prince.  Rutherford era un ministro presbiteriano que participó como delegado de Escocia a la Asamblea de Westminster (que produjo los estándares de Westminster), y llegó a ser rector de la Universiad de St. Andrews en Escocia.  En Lex rex Rutherford negó el derecho divino de los reyes y afirmaba que todos los hombres (incluyendo papas y reyes) están bajo la ley y no sobre ella.  Estas afirmaciones eran consideradas herejías y traición en tiempos de Rutherford.  Consecuentemente, su libro fue prohibido en Escocia y quemado públicamente en Inglaterra, mientras que Rutherford fue puesto bajo arresto domiciliario esperando comparecer ante el parlamento en Edimburgo para ser condenado a muerte, pero murió antes de que eso sucediera.

La influencia de Rutherford en el pensamiento político británico fue continuada en el S. XVIII, entre otros, por el pastor presbiteriano, John Witherspoon (1723-1794) y por John Locke (1632-1704).  La influencia de Locke, de raíces puritanas, en el pensamiento político estadounidense es bien conocida.

Por su parte, el Dr. John Witherspoon se educó en la Universidad de Edimburgo en el presbiterianismo escocés y en las ideas de Rutherford; fue presidente del College of New Jersey (hoy Universidad de Princeton), así como uno de los firmantes de la Declaración de Independencia y miembro del Congreso Continental de 1776 a 1779 y de 1780 a 1782.  No sólo influyó directamente en una serie de comités dentro del primer congreso, sino que su influencia trascendió por medio de sus alumnos, entre los cuales estuvieron el presidente James Madison,[10] conocido como el “Padre de la Constitución Americana”, el vicepresidente Aaron Burr, diez miembros de gabinete, veintiún senadores, treinta y nueve congresistas, doce gobernadores, así como otras figuras públicas.[11]

Otra manifestación de la influencia (aunque indirecta) del puritanismo inglés la encontramos en William Blackstone (1723-1780), profesor de derecho en la Universidad Oxford, y autor de Commentaries on the Laws of England (1765-1770), obra que para 1775 había sido más vendida en las colonias británicas en América que en toda Inglaterra, y que era el texto obligado de estudio en las escuelas de derecho del mundo anglosajón.  Blackstone abre sus comentarios con los siguientes conceptos:

A las doctrinas así entregadas les llamamos ley revelada o ley divina, y han de ser encontradas únicamente en las Sagradas Escrituras.

Sobre estos dos fundamentos, la ley de la naturaleza y la ley de la revelación, dependen todas las leyes humanas; es decir, que ninguna ley humana debería ser tolerada si contradice a éstas.[12]

. . .

El ideal de libertad del calvinismo y del puritanismo no era fundamentalmente político sino religioso.

La libertad era un objetivo político de la Revolución Puritana en Inglaterra, pero no era su meta final.  El logro de la libertad para el individuo era un medio para el objetivo último de los puritanos de lograr la más completa expresión de la verdad divina…  Los ojos de los puritanos estaban puestos en el más allá, pero una vez que la libertad de consciencia tomó una dimensión teológica, no había duda de que los puritanos defenderían este derecho hasta la muerte –una lección que el Rey Carlos I fracasó en entender hasta que para él era demasiado tarde.[13]

Esta defensa fervorosa de la libertad como un deber espiritual ya la encontramos en Juan Calvino:

Y como de hecho la mejor forma de gobierno es aquella en que hay una libertad bien regulada y de larga duración, yo también confieso que quienes pueden vivir en tal condición son dichosos; y afirmo que cumplen con su deber, cuando hacen todo lo posible por mantener tal situación.  Los mismos gobernantes de un pueblo libre deben poner todo su afán y diligencia en que la libertad del pueblo del que son protectores no sufra en sus manos el menor detrimento.  Y si ellos son negligentes en conservarla o permiten que vaya decayendo, son desleales en el cumplimiento de su deber y traidores a su patria.[14]

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Si tenemos la libertad de escoger jueces y magistrados, puesto que este es un don excelente, que sea preservado y usémoslo en una buena consciencia. . . .  Si argumentamos sobre gobiernos humanos podemos decir que estar en un estado libre es mucho mejor que estar bajo un príncipe.[15]

Este ideal de libertad se manifestaba en una firme decisión de limitar y controlar el poder y las facultades de los gobernantes, de manera que no pudieran vulnerar la libertad individual de los particulares, limitándola y controlándola.  Estos hombres veían al gobierno como un mal necesario derivado de la realidad de la pecaminosidad de todos los hombres, y les preocupaba especialmente en relación con los gobernantes (aún tratándose de ellos mismos) a quienes se les entregaba una cantidad de poder sobre el resto de sus conciudadanos, que podrían aprovechar en su propio beneficio y en perjuicio de los demás.

Esto revela el entendimiento cristiano de la naturaleza humana que tenían los forjadores de la constitución estadounidense, que les venía desde Calvino.  La aplicación práctica de esta doctrina a las formas de gobierno la expresó Calvino de esta manera:

Y por eso, el vicio y los defectos de los hombres son la razón de que la forma de gobierno más pasable y segura sea aquella en que gobiernan muchos, ayudándose los unos a los otros y avisándose de su deber; y si alguno se levanta más de lo conveniente, que los otros le sirvan como censores y amos.[16]

“Nadie estuvo más consciente que los puritanos y sus descendientes de la realidad inalterable de la continua desobediencia del hombre a Dios,”[17] lo que en la visión puritana incluía la búsqueda egoísta del interés propio, la ofensa contra el prójimo y la transgresión del orden público.  Consecuentemente, James Madison escribió en el Federalist 51 que en la estructura del gobierno,

…la ambición debe contrarrestar la ambición.  El interés del hombre debe estar conectado con los derechos constitucionales del lugar.  Puede que sea una reflexión sobre la naturaleza humana que tales estratagemas debieran ser necesarios para controlar los abusos del gobierno.  ¿Pero qué es el gobierno sino la más grande de todas las reflexiones de la naturaleza humana?  Si los hombres fuesen ángeles ningún gobierno sería necesario.  Si los ángeles fuesen a gobernar a los hombres, no serían necesarios ni los controles internos ni los externos sobre el gobierno.

John Adams, por su parte, expresa la misma postura aún pensando en un gobierno democrático:

No hay razón para creer al uno mucho más honesto que al otro. . .  Son todos de la misma arcilla; sus mentes y cuerpos son semejantes… en lo que se refiere a usurpar los derechos de los otros, son todos… igualmente culpables cuando no están limitados en el poder . . .   El pueblo, cuando ha carecido de contrapesos, ha sido tan injusto, tiránico, brutal, bárbaro y cruel como cualquier rey o senado poseído de poder incontrolado.  La mayoría ha eternamente, sin excepción, usurpado los derechos de la minoría.[18]

Alexander Hamilton, por su parte, dijo: “Tomad a la raza humana en general… son viciosos.” [19]

“Ni siquiera la democracia, en otras palabras, mitigará por sí misma el problema del pecado.  Porque este es un mundo caído, y nada que pudiera lograrse en Filadelfia cambiaría esta verdad”.[20]   Ni los puritanos ni sus descendientes redactores de la constitución estadounidense, entretenían la fantasía de un “estado de naturaleza” en el que se manifestara una pretendida “bondad natural del hombre” y, por lo tanto, estaban lejos de una visión anarquista.  ¿Como pretendían pues (y lograron, de hecho, por algún tiempo), tener amplia libertad sin caer en el caos?  ¿Cómo podrían mantener esa libertad dentro de un orden racional y justo para la sociedad?

Podemos encontrar una muestra de la respuesta puritana a esta cuestión en las palabras del propio James Madison:

Hemos afianzado el futuro entero de la civilización americana, no sobre el poder del gobierno, lejos de él.  Hemos afianzado el futuro… sobre la capacidad de todos y cada uno de nosotros de gobernarnos a nosotros mismos, controlarnos a nosotros mismos, de sostenernos a nosotros mismos de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios.[21]

El orden constitucional estadounidense germinó a partir de un conjunto de principios teológicos: el hecho de que el hombre es pecador y que ello ha tenido graves consecuencias en toda la realidad (de manera que las cosas no son como deberían ser); el reconocimiento de que Dios existe y es un ser personal, cuya ley moral ha sido inscrita en la mente de todo ser humana (verdades “auto-evidentes” o “evidentes paraa uno mismo”), y además la ha revelado de manera inteligente y proposicional en las Sagradas Escrituras; dicha ley moral incluye los principios necesarios para ordenar la vida humana; y en las Sagradas Escrituras ha revelado principalemente las buenas nuevas (evangelio) de lo que Él ha hecho para reconciliar al hombre consigo mismo y darle una verdadera vida plena.

Aunque esto último parezca la intrusión de un elemento descaradamente religioso, lo cierto es que, como ya lo hemos visto con los puritanos, los forjadores de la constitución estadounidense tenían en alta estima la libertad religiosa y de consciencia para poder adorar a Dios.  No es descabellado decir que ese era principalmente el ideal que, una vez secularizado, se encuentra en el corazón de aquéllas palabras en la Declaración de Independencia sobre la “búsqueda de la felicidad”.  La respuesta a la primera pregunta del Catecismo menor de Westminster, un documento eminentemente puritanos, dice “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre.”  Para los cristianos la búsqueda de la felicidad es sinónimo de su relación personal con Dios.

Alexis de Toqueville, comisionado por el gobierno francés para viajar a través de los Estados Unidos de América en los albores del S. XIX a fin de descubrir el secreto del impresionante éxito de este experimento en democracia, reportó:

Yo no sé si los americanos tienen sincera fe en su religión –¿pues quién puede conocer el corazón humano?— pero estoy cierto de que lo consideran indispensable para el mantenimiento de las instituciones republicanas.  Esta opinión no es peculiar de una clase  de ciudadanos, sino que pertenece a toda la sociedad…  América es el lugar donde la religión Cristiana ha conservado el mayor poder sobre el alma del hombre; y nada demuestra mejor cuán útil y natural es para el hombre, puesto que el país en donde ahora tiene la más amplia influencia es ambos, el más ilustrado y el más libre.[22]

Lamentablemente, muy pronto la influencia del cristianismo en el pensamiento jurídico y político estadounidense comenzó a menguar.  Las consecuencias a más de siglo y medio de distancia fueron advertidas por el gran estadista, abogado y orador de los primeros años de la vida de los Estados Unidos de América, Daniel Webster, en las siguientes palabras que parecen proféticas:

Si obedecemos los principios enseñados en la Biblia, nuestro país seguirá prosperando siempre; pero si nosotros y la posteridad menospreciamos su instrucción y autoridad, no hay quien pueda expresar la destrucción repentina que puede caer sobre nosotros y sepultar todas nuestras glorias en densas tinieblas.[23]

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[1] Fragmento revisado y ajustado para esta publicación en 2016.  La tesis de la que esta pieza está tomada la escribí antes de estudiar formalmente teología, particularmente Teología Histórica e Historia de la Iglesia.  Si hoy volviese a escribir este fragmento haría muchas precisiones, aclaraciones y adiciones (incluyendo más fuentes).  No obstante, para los fines de divulgación que busca esta publicación, tales cambios no son indispensables.

[2] El término puritano se acuñó originalmente para referirse a los reformadores calvinistas ingleses de la segunda reforma en Inglaterra, aunque también hubo puritanos irlandeses.  A su vez, las ideas y agendas de los puritanos ingleses coincidían casi totalmente con las de los reformadores presbiterianos escoceses de la segunda Reforma en Escocia.  Tras la migración de la rama no-conformista de los puritanos ingleses (los congregacionalistas), el término comenzó a aplicarse también a dichos “peregrinos” y a sus descendientes.  En esta pieza, el término puritano es usado a menudo (especialmente en las citas del Benjamin Hart) para referirse a los descendientes de calvinistas ingleses que migraron a las colonias británicas en el continente americano.  Los primeros puritanos en llegar a dichas colonias, a principios del S. XVII, eran todos calvinistas pero diferían del presbiterianismo escocés en cuanto a la forma de gobierno de la iglesia pues eran congregacionalistas.  Hacia finales del S. XVII y a lo largo del S. XVIII llegaron a dichas colonias oleadas de presbiterianos (tanto de Inglaterra como de Escocia e Irlanda).  Aunque con el paso del tiempo también llegaron a las Trece Colonias oleadas de migrantes de otras denominaciones protestantes y evangélicas, en los tiempos previos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América la mayoría de la población de las Trece Colonias, y los más influyentes en ellas, seguía siendo mayormente de persuación “calvinista” en sentido amplio.

[3] Acerca de las aportaciones del puritanismo al pensamiento político ver A. S. P. Woodhouse, Puritanism and Liberty (London: Macmillan, 1938); Benjamin Hart, Faith & Freedom: The Christian Roots of American Liberty, 2nd ed., (Dallas: Lewis & Stanley, 1988); Ralph Barton Perry, Puritanism and Democracy (New York, 1944).  Para estudios generales sobre el puritanismo ver también: William Haller, The Rise of Puritanism (New York: Columbia University Press, 1938); M. M. Knappen, Tudor Puritanism (Chicago: Chicago University Press, 1939); Perry Miller, The New England Mind Vol I; The Seventeenth Century (Cambridge: Harvard University Press, 1939); y Leland Ryken, Worldly Saints: The Puritans as They Really Were (Grand Rapids: Zondervan, 1990).  Años después de escribir la version original de este texto tuve conocimiento, entre otras, de las siguientes obras: David W. Hall, Calvin in the Public Square: Liberal Democracies, Rights and Civil Liberties (Phillipsburg: P & R, 2009); y Douglas F. Kelly, The Emergence of Liberty in the Modern World.  The Influence of Calvin on Five Governments from the 16th through the 18th Centuries (Phillipsburg: P & R, 1992).

[4] Hart, op. cit., p. 272.

[5] Time, 15 de febrero de 1954, p. 49.  Citado en D. James Kennedy y Jerry Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido? (Nashville: Editorial Caribe, 1996), pp. 85-86.  El juez Warren presidió la Suprema Corte de los Estados Unidos de 1953-1969.  Cabe señalar que la “Corte Warren” ha sido una de las más contrarias a los principios cristianos.  Quizá el caso más claro sea el de su resolución al caso Roe vs. Wade que legalizó el aborto en los Estados Unidos, aunque también son de tomarse en cuenta sus interpretaciones de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

[6] Hart, op. cit., p. 105.

[7] Ibid., p. 99.

[8] Ibid., p. 100.

[9] Ibid., p. 312.

[10] En su libro Seven Who Shaped Our Destiny (New York: Harper and Row, 1973; p.192), Richard B. Morris escribe que el personaje más influyente en forjar las ideas de Madison fue John Whiterspoon.  Otro investigador ha escrito que “la religión cristiana, particularmente el calvinismo de Witherspoon, influyeron en el concepto de Madison tocante a la ley y el gobierno” (John Eidsmoe, Christianity and the Constitution: The Faith of our Founding Fathers (Grand Rapids: Baker, 1987), p. 101.  Citado en Kennedy and Newcombe, op. cit., p. 99.  Para mayor información biográfica de Whiterspoon y uno de sus sermones predicado al inicio de la guerra de independencia de los EUA, ver http://oll.libertyfund.org/titles/sandoz-political-sermons-of-the-american-founding-era-vol-1-1730-1788–5.  Ver también http://www.acton.org/pub/religion-liberty/volume-7-number-5/john-witherspoon    

[11] Rousas J. Rushdoony, This Independent Republic (Fairfax: Thoburn Press, 1964), p. 3.

[12] William Blackstone, Commentaries on the Law of England, Chitty ed., p. 28.

[13] Hart, op. cit., p. 156.

[14] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, 4ª ed., (Rijswijk: FELiRe, 1994), p. 1174 (IV, XX, 8).

[15] Sermons on Deuteronomy XXVII, 410-411.  Citado en John Calvin,   On God and Political Duty, John T. McNeill, ed., 2nd ed., (New York: The Bobbs-Merrill Company, 1956), p. xxiv.

[16] Calvino, Institución, op. cit.

[17] Hart, op. cit., p. 321.

[18] Ibid.

[19] Ibid., p. 319.

[20] Ibid.

[21] Ibid., p. 18.

[22] Alexis de Toqueville, Democracy in America, 1835.  Citado en Hart, op. cit., p. 15-16.

[23] Citado en Josh McDowell, Razones (Miami: Vida, 1983), p. 8.

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Ver también: ¿Cómo eran los puritanos originales?Aborto: La esclavitud de nuestra generaciónLa fe de los estatistasBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Juan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Argumentación Jurídica y Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)

Por Bruce K. Waltke.

Tomado de An Old Testament Theology: An Exegetical, Canonical, and Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), p. 272.

El linaje de Caín produce la primera metalurgia, la primera poesía, y las primeras ciudades. Su linaje es simbólico de la cultura humana con grandes civilizaciones y sin el Dios viviente. La ambigüedad de la cultura humana sin Dios es retratada por los avances paralelos en civilización con un aumento en la violencia.  La ciudad terrenal (hebreo ir, significa un establecimiento fortificado) epitomiza la ambigüedad: provee tanto la civilización como un alivio para el nomadismo y la alienación, así como protección contra la irracionalidad humana y la venganza; culmina en [Gen.] 11:4 con la construcción de una ciudad que desafía la supremacía de Dios.  En contraste los fieles buscan una ciudad celestial (Fil. 3:20; Col. 3:1-4; Heb. 11:10-11; 12:22; 13:14).  En lugar de honrar a Dios, el no creyente honra al ser humano, poniéndole a su ciudad el nombre de su hijo.  Ésta dirección en reversa dará como resultado el estado maquiavélico que se idolatra a sí mismo.

Lamec (4:19-24) representa tanto un endurecimiento progresivo en el pecado—poligamia (contra [Gen.] 2:24; Mat. 19:5-6) y una venganza crasamente injusta—como la extensión del mandato cultural de la industria pecuaria (v. 20) a las artes (v. 21) y las ciencias (v. 22). [Lamec] expresa su tiranía titánica en un canto (vv. 23-24).

En lugar de construir una civilización separada de Dios, Set llamó el nombre de su hijo “Enós,” para expresar la debilidad humana, y “entonces” (i.e., “comenzando con poner a la humanidad como nombre debilidad”) los descendientes de Set, comenzaron a invocar (qara besem) el nombre de Jehová.”  Qara besem significa “adorar” (i.e. hacer petición y dar alabanza”)… Caín, como la mayoría de los no creyentes, conoce acerca de Dios, pero no conoce a Dios en la intimidad.  La línea de Set produce los gigantes espirituales Enoc y Noé.  Lamec, en la línea de Caín, y Enoc, en la línea de Set, representan la séptima generación en la simiente de la serpiente y en la simiente de la mujer respectivamente.  El primero inflige muerte; el segundo no muere.

[Ver también: Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)La fe de los estatistas;Aborto: La esclavitud de nuestra generaciónVistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14).]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.