Jerusalén: Lugar del fin de la antigua era

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD)

Fragmento tomado de An Old Testament Theology.  An Exegetical, Canonical and Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 566-567.

En llamativo contraste con [la] inesperada exaltación retórica de Galilea para tener el papel de honor en el inicio de la nueva era, Jesús predice que Jerusalén será aniquilada durante la generación que lo mató.  Su predicción fue cumplida en el año 70 dC.

Veamos esa predicción con más detalle.  Después de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén (Mat. 21:1-11) y de su purificación del templo (21:12-17), Mateo anticipa esta destrucción de la ciudad y el fin de la antigua era mezclando los relatos de la incredulidad y rechazo de las autoridades judías (21:23-27, 28-32; 22:15-22, 23-33, 34-46) con la simbólica maldición de Jesús a la higuera (21:18-22), sus parábolas de los labradores (21:33-46) y del banquete de bodas, y sus siete ayes sobre las autoridades judías en Jerusalén (23:1-36).  La higuera estéril simboliza el templo con su ritual estéril y por ello lista para su destrucción.[1]

Similarmente, las tres parábolas polémicas en 21:28-22:14 están todas dirigidas contra las autoridades judías en Jerusalén y están enfocadas a identificar al verdadero pueblo de Dios como aquellos que obtienen su favor en contraste con las autoridades de la ciudad, quienes obtienen su ira.  Como un puente al discurso del Monte de los Olivos que predice la aniquilación de la ciudad (Mat. 24; Mar. 13), Mateo registra las últimas palabras de Jesús al pueblo de Jerusalén: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta…  no me veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (23:38-39).

Mateo 24 presenta la enseñanza privada de Jesús a los discípulos después de que simbólicamente deja el templo para ir al Monte de los Olivos.  Ese movimiento recrea la visión de Ezequiel de la gloria de Dios dejando el templo de Salomón y deteniéndose en el mismo monte [Ez. 11:22-24] justo antes de la destrucción de Jerusalén en 586 aC.  En su enseñanza privada Jesús les dice que Jerusalén será destruída en su generación (ver “Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén“).  Ningún pasaje del Nuevo Testamento predice o cita alguna profecía del Antiguo Testamento que diga que será reconstruido.  [Blas] Pascal lo puntualiza así:

Cuando Nabucodonosor llevó cautivo al pueblo, en caso de que creyesen que el cetro había sido removido de Judá, Dios le dijo [a Israel] de antemano que su cautividad no duraría mucho tiempo, y que serían restaurados (Jeremías 29:10).  Fueron confortados a lo largo de ese tiempo por los profetas, y su casa real continuó.  Pero la segunda destrucción vino [en 70 dC] sin ninguna promesa de restauración—sin tener profetas, sin reyes, sin consolación y esperanza, porque el cetro ha sido para siempre removido del [Israel nacional].[2]

Esta caracterización de Galilea como el lugar para proclamar la nueva era y de Jerusalén como el lugar para la aniquilación marca un cambio decisivo de la antigua era a la nueva.  Mateo y Marcos intencionalmente niegan las expectativas judías de que Jerusalén continuará teniendo un papel en la historia de la salvación después de su destrucción en 70 dC.  Implícitamente, entonces, las profecías del Antiguo Testamento acerca de la gloria futura de Jerusalén deben encontrar su cumplimiento en modos que se conforman con la transmutación del reino de Dios de un reino terrenal a un reino espiritual.

[1] W. R. Telford, The Barren Temple and the Withered Tree (Journal for the Society of the Old Testament Supplement Series 1; Sheffield, 1980).  Carolyn Osiek en una comunicación personal llama la atención al ensayo de un estudiante que cita Ze’ev Safrai, The Economy of Roman Palestine (New York: Routledge, 2001), a efecto de que debido a que los higos no maduran todos al mismo tiempo, el cosechador tiene que regresar día con día.  Natanael sentado bajo una higuera (Juan 1:47-49) es una expresión de expectación y esperanza por la restauración del templo.  Más aún, Natanael estaba en oración; presumiblemente, como Simeón, está orando por el reino de Dios.  Natanael cree en Jesús porque Jesús sabía su excepcional carácter aún antes de que Jesús lo conociera (Safrai, 136-37).

[2] Citado por James M. Houston, The Mind on Fire (Vancouver: Regent College Publishing, 1989), p. 200.  [Blas Pascal, científico, matemático, filósofo y teólogo francés, hace numerosas referencias, en sus Pensamientos, a las profecías bíblicas en general, y en particular las mesiánicas, como una de las pruebas peculiares e irrefutables de la veracidad de la Biblia y de la deidad del Señor Jesucristo.  (Nota del traductor).]

 

[Ver también: La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario).]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD).

Fragmento tomado de An Old Testament Theology.  An Exegetical, Canonical and Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 568-570.

La predicción de Jesús de que Jerusalén sería totalmente destruida mueve a sus discípulos a hacer dos preguntas: (1) ¿Cuándo serán estas cosas? y (2) ¿Qué señal habrá de la venida de Jesús y del fin del siglo?

  1. Jerusalén destruida en la era apostólica

Jesús respondela primera pregunta en Mateo 24:4-35 (= Mar. 13:1-31), con esta revelación clímax: “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (v. 34).  A un lector moderno no familiarizado con el lenguaje apocalíptico, parece como si “todas estas cosas” incluyera la parusía.  (Parousia es la palabra griega para “presencia,” en contraste con apousia “ausencia.”)  La parusía connota la llegada de alguien tras un periodo de ausencia y es usada especialmente respecto de la realeza u oficiales.  Algunos premilenialistas contrastan la parusía de Cristo (un evento al inicio del milenio) con su Segunda Venida (que viene al final).  Yo uso los dos términos de manera intercambiable, porque el Nuevo Testamento no habla de un reino judío intermedio entre dos venidos de Cristo.  Si Jesús dijo que la parusía ocurriría dentro del lapso de vida de su generación, entonces, contrario a su afirmación, sus palabras no son verdaderas (Mat. 24:36), y aparentemente se contradice, porque después de fijar el marco de tiempo, en el siguiente aliento dice que nadie sabe el día ni la hora de su parusía (vv. 36-50).

Para salvaguardar al lector moderno en contra de cuestionar la veracidad y coherencia de las palabras de Jesús aquí, una exégesis más detallada del lenguaje apocalíptico de los versículos 29-31 (= Mar. 13:24-27) amerita un resumen de la útil interpretación de R. T. France.  De acuerdo con France, las perturbaciones cósmicas del versículo 29 en lenguaje apocalíptico se refieren al derrocamiento de poderes políticos (Babilonia [Isa. 13:10]; Egipto [Eze. 32:7]; Jerusalén en 586 aC [Joel 2:10]; las naciones [Isa. 34:4]; Jerusalén en 70 dC [Mat. 24:29], en tanto que el lenguaje acerca de “la venida del Hijo del Hombre sobre las nubes” se refiere a su ascensión a Dios para recibir vindicación y autoridad universal sobre toda la tierra (Dan. 7:13-14), no a su venida a la tierra.[1]  La interpretación de la “señal” (semeion—la LXX [Septuginta] usa esta palabra para traducir “pendón”; cf. Isa. 11:12; 49:22) del Hijo del Hombre en el cielo es más problemática.  Si “pendón” es la correcta traducción de “señal,” entonces posiblemente se refiere a “juntar a los exiliados,” puesto que eso es a lo que se refieren “pendón” y “voz de trompeta” (v. 31) en el lenguaje litúrgico judío.[2]  La frase “lamentarán todas las tribus” (v. 30) se traduce mejor como “lamentarán todas las familias de la tierra [i.e., Israel].”  Hacen eso en conexión con ver al Hijo del Hombre recibiendo autoridad de parte de Dios.

La profecía del lamento nacional, basada en Zacarías 12:10-14, es cumplida en pentecostés y a lo largo del periodo apostólico.  Antes de que Jerusalén fuese destruida, la Iglesia ya se había establecido firmemente en Roma.  Jesús asciende sobre las nubes para sentarse a la diestra de Dios, y como prueba de que ha recibido poder y autoridad envía el derramamiento del Espíritu Santo.  Pedro explica: “Exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís (Hch. 2:33).  Pedro lleva su sermón de pentecostés a la conclusión, “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (2:36).  Los que estaban oyendo, “se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (2:37).  Lucas dice que, “los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (2:41).[[3]]

En Mateo 24:31 Jesús había dicho que los creyentes serían juntados de los “cuatro vientos.”  Esto es lo que sucedió en Pentecostés (ver Hch. 2:5-11).  Jesús también profetizó que Dios los juntaría enviando sus angeloi con “gran voz de trompeta”—que, como lo notamos arriba, es lenguaje para la reunión de los exiliados.  De acuerdo con Isaías 27:13, “Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén.”  Angeloi (lit. “mensajeros”) puede referirse a predicadores tales como Pedro (cf. “mensajeros” en Luc. 7:24; 9:52), o al poder espiritual que está detrás de ellos (cf. Apo. 2).  R. T. France comenta, “La referencia [a los angeloi en Mat. 24:31] no es… como en 13:41, al juicio final, sino al crecimiento mundial de la iglesia…, lo cual es consecuente con el fin del estatus especial de Israel, simbolizado en al destrucción del templo” (Gospel of Mark, p. 35).

En Mateo 24:36-41, Jesús responde la segunda pregunta, “¿cuál será la señal de la venida de Jesús y del fin del siglo?,” citando el juicio que acompañará el tiempo desconocido de su segunda y final venida.  En resumen, Jesús claramente distingue entre el tiempo de la inminente destrucción de Jerusalén y la reunión de los judíos de alrededor del mundo en una comunidad de fe del tiempo, y su parusía.

  1. El tiempo de la parusía es desconocido

Puesto que el tiempo de la parusía y con ella el juicio final es desconocido, Jesús advierte a sus discípulos que velen por su venida.  Esto es aún más importante porque su venida será seguida, no de una felicidad milenial, sino de galardones eternos y castigos terminales, como lo deja claro la conclusión del discurso en el Monte de los Olivos de Jesús (24:42-51) así como sus parábolas de las diez vírgenes (25:1-13), de los talentos (25:14-30), y de las ovejas y los cabritos (25:31-46).  Concluye esta última diciendo “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”  En suma, Marcos-Mateo predicen la destrucción del Jerusalén territorial en conexión con el inicio de una nueva era, no la futura gloria de Jerusalén en un reino milenial, como algunos erróneamente alegan.

 

[1] R. T. France, The Gospel of Mark: A Commentary on the Greek Text.  New International Greek Testament Commentary. (Grand Rapids: Eerdmans, 2002), p. 35.

[2] Cf. T. Francis Glasson, “Ensign of the Son of Man,” en Journal of Theological Studies 15 (1964): 299-300.

[[3] Ver “Arrepentimiento en respuesta al sermón de Pentecostés” (Nota del traductor).]

 

[Ver también: Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario).]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD).

Fragmento tomado de An Old Testament Theology (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 570-571.

Jerusalén es la escena para el inicio y fin del evangelio de Lucas (1:9; 24:53) y también es el escenario para su secuela, el libro de Hechos (Hechos 1:8; 2:1-17).  En su secuela podemos trazar por esta extensión de historia de la iglesia la redefinición de Lucas del reino de Dios de una referencia a la vida en un espacio territorial a una referencia a la vida en Cristo.  La iglesia primitiva esperaba que Jesús Mesías gobernare desde el trono de David en Jerusalén y restableciere la gloria de Israel y que de esta manera fuere una luz a las naciones.  No obstante, la iglesia iluminada por el Espíritu y llena del poder del Espíritu llegó a entender que el Mesías Jesús gobierna al mundo desde el trono de David en el cielo en un reino universal sin fronteras nacionales.

Pero al continuar Lucas con su drama en dos partes, las expectativas judías de la iglesia primitiva para el reino toman nueva forma.  Jerusalén sigue siendo el centro del Reino de Dios durante la carrera terrenal del Mesías pero no después de su resurrección.  La pasión de Cristo debe ser cumplida en Jerusalén pero no su gloria.  Durante su vida Jesús espera su muerte y resurrección en Jerusalén.  En contraste con Mateo, Lucas ubica la última tentación de Jesús en el punto más alto del templo en Jerusalén.  Mediante esta retórica, Lucas sutilmente augura el papel siniestro y satánico que el templo jugará en el rechazo y muerte de Jesús (Lucas 4:1-13: Mateo 4:1-11).  En su marcha a Jerusalén para cumplir su destino, Jesús dice sarcásticamente, “es necesario que siga mi camino… porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lucas 13:33; cf. 18:31).

Jesús ahora pone fin a cualquier futuro en la historia de la salvación para la ciudad profana mediante sus parábolas, acciones y profecías.  Lucas registra que cuando Jesús estaba cerca de Jerusalén, y la gente pensaba “que el reino de Dios iba a manifestarse inmediatamente” (19:11), les dijo la parábola de las minas.  En esta parábola una mina es quitada al siervo infiel y dada a otro.  Concluye la parábola con la ominosa orden: “Pero a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí” (19:27).  Después de relatar esta parábola, Lucas registra la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén — pero en lugar de cumplir las esperanzas Judías de exaltación de la ciudad, Jesús llora por Jerusalén porque la ciudad está a punto de ser aniquilada por rechazarlo.  Vendrán días, dice, cuando ejércitos la derribarán.  Lucas también omite cualquier alusión a profecías del Antiguo Testamento de que Jerusalén sería reconstruida y no cita ninguna profecía de Jesús ni dentro de la iglesia primitiva en tal sentido.  La destrucción de Jerusalén en el año 70 dC termina con su rol en la historia de la salvación.

Pasando a la secuela de Lucas, en su primera escena encontramos a Jesús instruyendo a sus discípulos a quedarse en Jerusalén hasta que Dios les dé poder de lo alto.  Sólo hasta que han sido investidos con el Espíritu Santo comienzan a dar testimonio del evangelio a todo el mundo.  En la segunda escena, en el Monte de los Olivos, los discípulos todavía piensan como la iglesia primitiva: “¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” preguntan (Hechos 1:6; cf. Lucas 24:21).  En lugar de prometerles cumplir con sus expectativas judías, Jesús los instruye nuevamente a quedarse en Jerusalén hasta tener el poder del Espíritu para dar testimonio del evangelio hasta lo último de la tierra.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 1:6 (audio).

Ver también: “Jerusalén: Lugar del fin de la antigua era;” “Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24);” “La profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27;” “Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26);” “Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26);” “La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11);” “Salmo 67 (para canto congregacional);” “Este mundo está lleno del poder redentor de Dios.;” “Exaltación y entronización del Señor Jesucristo;” “El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés);” “El reino del Mesías y Su Iglesia;” “El evangelio y las misiones;” “La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del Mesías;” El reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11);” La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo Testamento;” “Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismo;” “Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañas.”

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.