El culto de la sinagoga fue el modelo del culto de la Iglesia apostólica

Por Horton Davies.

Fragmento del libro Christian Worship: Its history and meaning (New York: Abingdon Press, 1957), pp. 19-20.

Los primeros cristianos no pensaban acerca de sí mismos como fundadores de una nueva fe. El templo y la sinagoga y sus liturgias formaban el trasfondo natural de su culto.

Así que los primeros cristianos en Jerusalén celebraban una liturgia judía con modificaciones menores. Era simplemente una versión revisada del culto de la sinagoga. Y la sinagoga tenía una importancia doble para la primera generación de cristianos. En primer lugar, nuestro Señor y Pablo llevaron a cabo sus ministerios en las sinagogas…

La importancia de la sinagoga para nuestros propósitos es que su culto ejerció una profunda influencia en el culto de la iglesia apostólica. Los principales elementos de su culto fueron llevados a los servicios cristianos. Las oraciones, la alabanza, la lectura de las escrituras, y su exposición, fueron los fundamentos del culto cristiano. Más aún, el culto de la sinagoga era no-sacrificial en su carácter, y proveía un lugar para una liturgia simple con respuestas, así como con oraciones espontáneas. Estos dos elementos eran características del culto apostólico.

El hecho de que la estructura tradicional del culto judío, con ciertas adiciones importantes, satisfizo a los primeros cristianos, puede inferirse de las escasas referencias a los detalles sobre el culto que se dan en el Nuevo Testamento. La estructura judía se presupone completamente, haciendo superfluo describir el modo de la adoración en detalle.

___________________

Ver también: La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia); El comienzo de los postreros días en Pentecostés; Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26); Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)El reino del Mesías y Su IglesiaOración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Juan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSalmo 100 (para canto congregacional)La Cena del SeñorSobre el pacto abrahámicoPablo sobre la justificación de Abraham en Génesis 15 (Romanos 4)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11); Origen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)Salmo 67 (para canto congregacional)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la BibliaLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)El 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoSermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatría.

___________________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

Horton Davies es autor de varios libros sobre la historia de la teología y del culto cristiano y reformado, entre otros, además del libro citado: Worship and Theology in England (en cinco tomos), y The Worship of the English Puritans.

Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del Señor

Por Alejandro Moreno Morrison.

A principios de 1537, poco después de que sin planearlo ni quererlo Juan Calvino llegara y se quedara en la ciudad-estado de Ginebra, Guillermo Farel y él sometieron al Concilio de Ginebra, es decir, al gobierno civil de dicha ciudad el documento La forma de las oraciones eclesiásticas y cantos con la manera de administrar los sacramentos y consagrar el matrimonio conforme a la costumbre de la Iglesia antigua.

En dicho documento:

proponían edificar a la comunidad por dos medios: la frecuente celebración de la Cena del Señor y el ejercicio de la disciplina [eclesiástica].  Declararon que la Cena debía celebrarse ‘cada domingo’ debido a su abundante provecho.[1]

En su Institución de la religión cristiana, Calvino escribió, “…la Santa Cena podría ser administrada santamente, si con frecuencia, o al menos una vez a la semana, se propusiera a la Iglesia…”[2]  Y aunque a lo largo de todo su ministerio en Ginebra, Calvino buscó implementar dicha práctica nunca logró superar la resistencia del Consejo de la Ciudad, el cual ordenó que la Cena del Señor fuese administrada solamente cuatro veces al año.  Calvino “continuó manifestando su insatisfacción y, todavía en 1561, declaró: “Nuestra costumbre es defectuosa.”[3]

Una de las razones por las que Calvino toma dicha posición en cuanto a la frecuencia para la celebración de la Cena del Señor era su insistencia en guardar continuidad con la tradición[4] apostólica recibida de la Iglesia antigua como el patrón a seguir para la práctica de la Iglesia.  No es que Calvino le atribuyera autoridad a los “padres de la Iglesia” o a la Iglesia antigua, sino que apela a ellos como testigos de la práctica que ellos habían recibido (tradición) de la Iglesia apostólica en lo que había permanecido sin alteraciones que la corrompieran.  Calvino no era un innovador, alguien que buscara inventar una nueva práctica.  Calvino era un reformador, alguien que buscaba volver a la forma ideal original.  Calvino buscaba identificar el modelo de la Iglesia Antigua y limpiar dicha tradición de las corrupciones que le habían sido añadidas a lo largo de los siglos.

La estructura general del orden del servicio seguido en Ginebra en 1542 se parece asombrosamente al de las liturgias antiguas.  Aun en detalle, las nuevas formas siguen paso a paso el bosquejo general de esas liturgias… a veces las palabras son idénticas.[5]

Calvino siguió, “y probablemente tuvo bajo sus ojos, el texto preciso” de las liturgias occidentales.  En contraste con las liturgias orientales, Calvino siguió la manera occidental de consagrar los elementos eucarísticos.  Las “liturgias orientales recurren a la invocación del Espíritu Santo, y las liturgias occidentales a las palabras de la institución [1ª Corintios 11:23-30].”[6]  El formulario ginebrino tenía la misma estructura tripartita que había sido observada “en oriente hasta el siglo IV de manera asombrosa, y en detalle, recuerda partes importantes del ordinario de la misa romana.”[7]

La primera parte de la liturgia tripartita en Ginebra estaba compuesta de:

  • Invocación,
  • Canto de los salmos,
  • Confesión de pecados
  • Oración de iluminación,[8]
  • Lectura y exposición de los textos sagrados
  • Gran oración de intercesión después del sermón,
  • Lectura del Credo apostólico,
  • Lectura de la narrativa de la institución,
  • Sancta sanctis, y
  • Sursum corda.[9]

Después de pronunciar el ministro el sancta sanctis (“Lo santo para los santos”), la congregación responde: “Sólo uno es santo, etc.,” a fin de,

…proteger la santa mesa contra la profanación, negando el acceso a ella de los “extraños, es decir, aquellos que no están en la compañía de los fieles.”  Y la respuesta “Ninguno es santo, etc.,” tiene su eco en la declaración del ministro: “No venimos a declarar que somos perfectos o justos en nosotros mismos, sino al contrario, buscando nuestra vida en Jesucristo, confesamos que estamos en muerte…”[10]

Luego viene el llamado sursum corda (del Latín “¡elevemos nuestros corazones!”):

…elevemos nuestro espíritu y corazones a lo alto donde Jesucristo está en la gloria de Su Padre, de donde lo esperamos para nuestra redención.  No nos dejemos fascinar por estos elementos terrenales y corruptibles que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos, buscándolo ahí como si estuviese encerrado en pan o vino.  Sólo entonces nuestras almas estarán dispuestas a ser nutridas y vivificadas por Su sustancia cuando sean elevadas por encima de lo terrenal, y llevadas tan alto como el cielo, para entrar al Reino de Dios donde Él mora.  Por tanto, contentémonos con tener el pan y el vino como señales y testigos, buscando espiritualmente la realidad en donde la Palabra de Dios promete que la encontraremos.[11]

“Pensando de la misma manera, la Iglesia antigua decía: ‘Sursum corda,’ y Roma repite estas palabras sin entender plenamente su sentido primitivo.”[12]

Calvino recuperó y restauró en entendimiento de la Iglesia antigua de la adoración corporativa en el Día de Reposo como una experiencia transcendente en la que la Iglesia es llevada ante el trono celestial, que es lo que implica el Sursum corda.[13]  Este es el fundamento y corazón del entendimiento de Calvino sobre la presencia de Cristo en la Cena del Señor, como lo había sido en la Iglesia hasta el S. IX (cuando fue introducida la doctrina de la transubstanciación).[14]

Según dicha doctrina romanista de la transubstanciación, en lugar de que la Iglesia sea llevada espiritualmente a la presencia de Cristo, al salón del trono del cielo, supuestamente el cuerpo humano del Señor Jesucristo es multiplicado y una parte del mismo es sacada del cielo y para descender a la tierra y estar presente de manera real (material) en “la esencia” de los elementos del sacramento–Su sangre en el vino, y Su cuerpo en el pan.

La liturgia del Calvino, junto con su articulación doctrinal de la Cena del Señor, depuró a la tradición apostólica de la contaminación y corrupción que sufrió a lo largo de los siglos, y no sólo mantuvo sino que recuperó el significado de trascendencia del sacramento de la Cena del Señor.

Más aún, en la forma de celebración de la Cena del Señor de Calvino hay referencias explícitas a la presencia espiritual de Cristo y a la alimentación espiritual que recibimos al comer Su cuerpo y beber Su sangre.  Que la posición de Calvino era completamente diferente a la de la transubstanciación ya ha quedado claro mediante la referencia hecha al Sursum corda.  Sin perjuicio de lo anterior, Calvino insistió en la dimensión milagrosa y misteriosa de la Cena del Señor.[15]  Por lo tanto, la práctica calviniana de la eucaristía (en contraste con el entendimiento y práctica zwinglianos) no es un acto unilateral de adoración en el que los creyentes traen alabanza y acción de gracias al Señor, sino una ocasión en la que el pueblo de Dios es alimentado espiritualmente recibiendo un regalo más de la gracia de Dios.[16]

Para la actualización de tal milagro, en la liturgia de Calvino no cabe la pronunciación de una fórmula sacramental “mágica” como en el “sacrificio” de la misa romana.  La liturgia de Calvino apela por fe a las promesas contenidas en las palabras canónicas inspiradas de la institución, tal y como fueron consignadas por el apóstol Pablo en su 1ª Epístola a los Corintios.[17]  En tanto que la misa romana cree en un milagro físico, material, la eucaristía reformada cree en un milagro spiritual.

Aquí no debemos ser engañados: el epíteto espiritual no es equivalente a subjetivo.  Como evidencia presentamos el artículo XXXVI de la Confesión de Rochelle: ‘Sostenemos que esto es hecho espiritualmente, no porque pongamos imaginación y fantasía en lugar de hecho y verdad, sino porque la grandeza de este misterio excede la medida de nuestros sentidos y de las leyes de la naturaleza.  En pocas palabras, por cuanto es celestial, sólo puede ser aprehendido por fe.’

Precisamente porque solamente ha de ser aprehendida por fe y porque es prometido solamente a la fe, el milagro en cuestión es de orden espiritual, puesto que la fe es ella misma un acto espiritual.[18]

Calvino no reserva las profundidades de estas verdades a los escritos y discusiones teológicas, sino que las incorpora en la liturgia, de manera que la gente esté consciente del significado e importancia del acto en el que están participando.  La exhortación que Calvino pone en boca del ministro habla de la realidad del milagro que ocurre:

Primero, entonces, creamos en estas promesas que Jesucristo, quien es verdad infalible, ha pronunciado con sus propios labios, es decir, que Él quiere hacernos participar de Su propio cuerpo y sangre, de manera que lo poseamos enteramente de tal manera que Él viva en nosotros y nosotros en Él.  Y aunque solamente vemos el pan y el vino, no dudemos que Él lleva acabo espiritualmente en nuestras almas todo lo que nos enseña externamente mediante estas señales visibles; en otras palabras, que Él es pan del cielo, para alimentarnos y sustentarnos para vida eterna.[19]

“Nuestras almas,” dice más adelante (en alusión al sursum corda), “necesitan ser elevadas por encima de todas las cosas terrenales a fin de estar dispuestas para ser alimentadas y vivificadas por Su sustancia.”

En pocas palabras, el milagro consiste en esto: que Cristo no está “encerrado en el pan y el vino;” Él está en el cielo, “en la gloria con su Padre,” y más aún, desea alimentar “por medio de su sustancia” a aquél que cree.[20]

Calvino junto con muchos otros reformadores evitaron caer en la pretensión de tener una comprensión absoluta de este misterio, pero eso no les impidió confesarlo gozosamente y gozarlo por fe.

La liturgia de Calvino estaba inspirada en el ideal de “fidelidad a la Escritura, respeto por la estructura de las liturgias antiguas, coordinación de la emoción y la inteligencia; búsqueda de verdadera espiritualidad.”[21]

[1] Bard Thompson, ed., Liturgies of the Western Church (Philadelphia: Fortress, 1961), p. 188.

[2] Juan Calvino, Institución de la religión Cristiana (Rijswijk: FELiRe, 1994), IV, xvii, 43; pp. 1117.  Calvino dedica el apartado 44 del mismo capítulo (pp. 1117-1118) a demostrar que:

…no ha sido instituido para ser recibido una vez al año; y esto a modo de cumplimiento, como ahora se suele hacer; sino más bien fue instituido para que los cristianos usasen con frecuencia de él, a fin de recordar a menudo la pasión de Jesucristo, con cuyo recuerdo su fe fuese mantenida y confirmada, y ellos se exhortasen a sí mismas a alabar a Dios, y a engrandecer su bondad…

Refiere san Lucas en los Hechos, que la costumbre de la Iglesia apostólica era como la hemos expuesto, asegurando que los fieles “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).  Así se debería hacer siempre; que jamás se reuniese la congregación de la Iglesia sin la Palabra, sin limosna, sin la participación de la Cena y en la oración.  Se puede también conjeturar de lo que escribió san Pablo, que éste mismo orden se observó en la iglesia de los corintios, y es evidente y manifiesto que así se mantuvo largo tiempo después.

En el resto del apartado citado, Calvino refiere evidencia textual histórica de la Iglesia antigua, y en los apartados 45 y 46 (pp. 1118-1120) recopila el testimonio de Agustín, Crisóstomo, y Ambrosio.

[3] Bard Thompson, ed., Liturgies of the Western Church (Philadelphia: Fortress, 1961), p. 188.

[4] Aquí se usa la palabra tradición en su sentido técnico, es decir, como la transmisión a lo largo del tiempo de un cúmulo de doctrinas y/o prácticas.  Nuestra palabra castellana “tradición” proviene del latín, traditio que se refiere a la acción de pasar de la mano de uno que entrega a la mano de otro que recibe y hace suyo lo dado.  En el Nuevo Testamento las palabras griegas correspondientes son paradidomi (usada en el sentido de traditio en 1ª Corintios 11:2, 23; 15:3, 2ª Pedro 2:21, y Judas 3) y paradosis (a menudo traducida como tradición y usada en este sentido en 1ª Corintios 11:2; 2ª Tesalonicenses 2:15; y 3:6).  Esta última palabra también es la que usa el Señor Jesucristo para referirse a las tradiciones de los fariseos.  Lo que el Señor reprueba en dichos casos no es la recepción de la tradición sino que el origen de lo transmitido es puramente humano, no divino, y que con dichas tradiciones humanas los fariseos anulaban de hecho la Palabra de Dios (ver Mateo 15:2, 3, 6; Marcos 7:3, 5, 8-9, y 13).

[5] August Lecerf, “The Liturgy of the Holy Supper at Geneva in 1542,” en Richard C. Gamble, ed., Articles on Calvin and Calvinism, Vol. 10, New York: Garland, 1992; p. 208.

[6] Ibid., p. 208.

[7] Ibid., pp. 208-211.

[8] En este punto, en la liturgia reformada de Estrasburgo Calvino insertó el Decálogo.

[9] Ver ibid., p. 208.

[10] Ibid., p. 209.  Estas palabras corresponden, en la liturgia del Libro de oraciones comunes de la Iglesia de Inglaterra (1ª ed. 1549, y 2ª ed. 1552), con la primera parte de la oración de acercamiento que dice: “No tenemos la pretensión de venir a esta tu mesa, oh misericordioso Señor, confiando en nuestra propia justicia sino en tus muchas y variadas grandes misericordias.  No somos dignos ni siquiera de juntar las migajas debajo de tu mesa.  Pero tú eres el mismo Señor cuya cualidad es siempre tener misericordia; concédenos, pues, Señor de gracia… (etc.)”

[11] Traducción combinada de Thompson (op. cit., p. 207), y de John Calvin, “The Manner of Celebrating the Lord’s Supper” (in Selected Works of John Calvin: Tracts and Letters, vol. 2, Henry Beveridge and Jules Bonnet, eds., Grand Rapids: Baker, 1983; pp. 121-122).  La porción correspondiente en la liturgia del Libro de oraciones comunes de la Iglesia de Inglaterra de 1552 comienza con el sursum corda (“¡Elevemos nuestros corazones!”) que pronuncia el ministro, seguido por la respuesta de la congregación, “¡Los elevamos al Señor!”  Enseguida el ministro ora y termina dicha oración introduciendo el sanctus (¡Santo!  ¡Santo!  ¡Santo!) o trisagion (del griego, “tres veces santo”) con las palabras, ‘Por tanto te alabamos, uniendo nuestras voces con ángeles y arcángeles y con toda la compañía del cielo, que por siempre cantan este himno para proclamar la gloria de tu nombre: ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!’

[12] Lecerf, op. cit., p. 208.

[13] Acerca de esto, Larry Hurtado escribe:

En 1a Corintios 11:10, la curiosa referencia a los ángeles presentes en la asamblea del culto muestra cuán familiar era la idea.  Aparentemente los lectores corintios de Pablo no necesitaban mayor explicación (¡aunque a nosotros nos gustaría una explicación!).  Como los santos de Dios, los creyentes veían sus reuniones de adoración contando con la asistencia de los santos celestiales, ángeles, cuya presencia significaba la importancia celestial de sus humildes asambleas eclesiásticas en casas.  Es este sentido de que la participación del culto cristiano colectivo participa en el culto celestial lo que encuentra posteriormente expresión en las palabras tradicionales de la liturgia: “Por tanto, con ángeles y arcángeles, y con toda la compañía celestial laudamos y magnificamos tu glorioso nombre…”  El punto es que en su noción de que sus reuniones de adoración eran extensión de, y participación en, la adoración idealizada de las huestes celestiales, y en su visión de sus reuniones como siendo honradas con la presencia de los ángeles de Dios, expresaban una vívida importancia trascendente correspondiente a esas ocasiones.

Más adelante, Hurtado también escribe: ‘…desde el Nuevo Testamento existe esta noción de que la adoración debe ser entendida como la participación terrenal en la realidad espiritual…’

Larry Hurtado, At the Origins of Christian Worship: The Context and Character of Earliest Christian Devotion, Grand Rapids: Eerdmans, 1999;  pp. 50-51, and 113.

[14] Ver Alexander Barclay, The Protestant Doctrine of the Lord’s Supper: A Study in The Eucharistic Teaching of Luther, Zwingli and Calvin; Glasgow: Jackson, Wylie & Co., 1927; Ch. XIX; y “Origen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la misma.”

[15] En Artículos concernientes a la organización de la Iglesia y del culto en Ginebra, Calvino escribió: “Realmente somos hechos partícipes del cuerpo y sangre de Jesús, de su muerte, de su vida, de su Espíritu, de todos sus beneficios.”  Más aún, la Cena tiene el propósito de “unir a los miembros de nuestro Señor Jesucristo con su Cabeza y unos con otros en un Cuerpo” (Thompson, op. cit.).

[16] Aunque la posición doctrinal final de Zwinglio sobre la presencia del Señor en la eucaristía es similar, tal noción está ausente de su forma de celebrar la Cena del Señor.

[17] En la Edad media, la misa papista hizo adiciones espurias a dichas palabras escriturales.  Por lo tanto, la reforma de la liturgia requería eliminar tales adiciones, que es lo que hizo Calvino.

[18] Lecerf, op. cit., p. 212.

[19] Calvin, “The Manner…”, op. cit., p. 121.  El pasaje correspondiente en el (segundo) Libro de oraciones comunes (1552) sería la segunda parte de la oración de acercamiento que dice: “… concédenos pues, Señor de toda gracia, comer la carne de tu amado hijo Jesucristo, y beber de su sangre, de manera que nuestros cuerpos pecaminosos sean limpiados por Su cuerpo, y nuestras almas lavadas por medio de su preciosísima sangre, y que por siempre vivamos en Él, y Él en nosotros.”  En el Directorio para la adoración pública de Dios de la Asamblea de Westminster (1645), esto mismo encuentra expresión al instruir al ministro a, “Orar sinceramente a Dios, el Padre de toda misericordia, y Dios de toda consolación, para que conceda su presencia llena de gracia, y la obra efectiva de su Espíritu en nosotros; y de esa manera santificar estos elementos de pan y vino, y bendecir Su propia ordenanza, a fin de que recibamos por fe el cuerpo y la sangre del Señor Jesucristo, crucificado por nosotros, y de esa manera alimentarnos de Él, de manera que Él sea uno con nosotros, y nosotros uno con Él; de manera que Él viva en nosotros, y nosotros en Él, para Él que nos ha amado, y se ha dado a sí mismo por nosotros (“Sobre la celebración de la Comunión, o Sacramento de la Cena del Señor;” en Westminster Confession of Faith, Glasgow: Free Presbyterian Publications, 1958; p. 385).

[20] Lecerf, op. cit., p. 212-213.  Para un estudio del punto de vista de los reformadores de la fe en la eucaristía, ver Gordon E. Pruett, “A Protestant Doctrine of the Eucharistic Presence,” en Calvin Theological Journal, Vol. 10, No. 1, April 1975; pp. 142-174; y Barclay, op. cit.

[21] Ibid., p. 213.

Nota editoria: Tomado y adaptado de mi ensayo “The Practice of the Eucharist in the Reformed Churches.  Response Paper,” presentado para el curso de Historia del Cristianismo II (con el Dr. Frank A. James) en Reformed Theological Seminary Orlando.  Traducido al español y adaptado el 23 de julio de 2016.

________________

Ver también: Sobre los medios de graciaOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa Cena del SeñorJuan Calvino y las oraciones públicas o colectivas Identidad confesional: Estándares de WestminsterExaltación y entronización del Señor JesucristoPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraIdentidad confesional: Estándares de WestminsterOración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSobre el bautismoLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Actividad lícita en el Día de ReposoLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

________________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Juan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto público

Tomado de Institución de la religión cristiana, III, xx, 29, y 30.

  1. 2º. Aunque esta oración ininterrumpida ha de entenderse principalmente de cada persona particular, no obstante también en cierta manera se refiere a las oraciones públicas de la Iglesia, aunque no pueden ser continuas y han de hacerse de acuerdo con el orden dispuesto por el consentimiento común de la Iglesia…

b. Necesidad de las oraciones públicas.  Sin embargo, para que las oraciones públicas de la Iglesia no fuesen menospreciadas, Dios las ha adornado con títulos excelsos, sobre todo al llamar a su templo “casa de oración” (Is. 56, 7).  Pues con esto nos enseña que la oración es el elemento principal del culto y servicio con que quiere ser honrado; y que a fin de que los fieles de común acuerdo se ejercitasen en este culto, Él les había edificado el templo…

  1. Oraciones públicas y litúrgicas en el culto de la Iglesia

Y como Dios en su Palabra ha ordenado que los fieles oren unidos, por la misma razón, es necesario que haya templos designados para hacerlo…  Porque Cristo, que promete que hará todo cuanto dos o tres congregados en su nombre le suplicaren (Mt. 18, 19-20), da a entender bien claramente que no rechazará las oraciones hechas por toda la Iglesia, con tal que se excluya de ellas toda ambición y vanagloria, y, por el contrario, haya un verdadero y sincero afecto, que resida en lo íntimo del corazón.

______________

Ver también: Oración por toda la Iglesia de CristoSobre los medios de graciaEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Sobre la visión puritana del día domingoActividad lícita en el Día de ReposoEl culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólicaLas oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformadaSalmo 100 (para canto congregacional)Salmo 67 (para canto congregacional)Presbiterianismo en la primera reforma en InglaterraLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaEl 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de Ursino.

 

Las oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformada

Por Alejandro Moreno Morrison.

Versión ligeramente modificada del texto que apareció como editorial en boletín de la Iglesia Berith (INPM) de la Ciudad de México, correspondiente al domingo 9 de agosto de 2009.

Como parte de la reforma de la práctica de la Iglesia, específicamente de su adoración, los reformadores del S. XVI (entre ellos Juan Calvino, Juan Knox y Thomas Cranmer), redactaron oraciones para ser elevadas al Señor de manera colectiva, es decir, toda la congregación al unísono, como parte necesaria del culto de adoración (ver Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, III, xx, 29-30; Juan Calvino y las oraciones públicas o colectivas).

Siendo la oración un acto de adoración, los reformadores aplicaron el principio regulador o regulativo de la adoración, es decir, que hemos de adorar a Dios solamente conforme a las instrucciones que Él nos ha revelado en Su Palabra.  Es por esta razón que, a la pregunta #117 sobre “¿Cuáles son los requisitos de la oración que es aceptable a Dios, y la cual Él escuchará,” el Catecismo de Heidelberg responde, entre otras cosas, que hemos de orar “por todas las cosas que Él nos ha mandado pedir de Él.”  Es decir, que no hemos de pedir lo que nosotros queramos, ni debemos tampoco dejar de pedir por las cosas que Él nos ha ordenado que oremos.  En palabras de Zacarías Ursino (en su Comentario al Catecismo de Heidelberg), “debemos orar por cosas que estamos ciertos que están aprobadas por Dios, y prometidas.”  Por lo tanto, para orar eficazmente debemos tener un conocimiento de todo el consejo de Dios, de sus mandamientos, de sus promesas, y de lo que Él nos ha revelado que es Su propósito para Su pueblo y para la humanidad en general.

Las oraciones comunes o colectivas preparadas por los reformadores para la adoración pública de Dios son un magnífico ejemplo de cómo debemos orar.  Estas oraciones están basadas en porciones bíblicas, usando las palabras, temas y conceptos que Dios nos ha dado en Su Palabra para dirigirnos a Él en oración.

Una de estas oraciones públicas o litúrgicas es la “Oración por toda la Iglesia de Cristo,” contenida en el Libro de orden ginebrino (1556) de la congregación de habla inglesa en la ciudad de Ginebra, en tiempos de Juan Calvino y John Knox.  Esta oración contiene más de 60 referencias a porciones de la Biblia, además de estar formulada de manera reverente conforme a los ejemplos de oraciones que el Señor dio a su pueblo en Salmos, en otros libros del Antiguo Testamento, y en la oración que enseñó a sus discípulos y que conocemos como “El Padre nuestro.”

Además de cumplir con el principio regulativo o regulador de la adoración, y de ser la aplicación práctica de la doctrina del sacerdocio universal (por cuanto toda la congregación eleva la oración en la adoración pública al Señor y no sólo los ministros), las oraciones públicas o litúrgicas servían para enseñar a la congregación a orar conforme a la Palabra de Dios.

Pero al dejar poco a poco (hace ya varias décadas, y por influencia del anabautismo) la práctica de la oración colectiva, los evangélicos abandonaron también uno de los medios por los cuales durante muchos siglos el pueblo del Señor aprendió a orar conforme a Su voluntad revelada.

___________________

Ver también: Juan Calvino y las oraciones públicas o colectivasSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Oración por toda la Iglesia de CristoIdentidad confesional: Estándares de WestminsterSobre la visión puritana del día domingoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)El culto de la sinagoga fue el modelo del culto de la Iglesia apostólica.

___________________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de México de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.  

Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)

Del Libro de Orden Ginebrino (1556) usado por la congregación angloparlante en Ginebra (http://www.swrb.com/newslett/actualNLs/GBO_ch04.htm#SEC09).

Omnipotente Dios y misericordiosísimo Padre, humildemente nos sometemos,[1] y nos postramos ante tu Majestad,[2] rogándote desde el fondo de nuestros corazones que esta semilla de tu palabra,[3] ahora sembrada entre nosotros, eche raíces tan profundas, que ni el calor abrasador de la persecución la marchite, ni los espinosos afanes de este mundo la ahoguen, sino que como semilla sembrada en buena tierra, produzca fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno, conforme lo ha señalado tu sabiduría celestial.  Y por cuanto tenemos necesidad continuamente de pedir muchas cosas de tu mano, humildemente te rogamos, oh Padre celestial, nos concedas que tu Espíritu Santo[4] dirija nuestras peticiones, para que procedan de una mente tan ferviente que sean conformes a tu bendita voluntad.[5]

Y viendo que nuestra fragilidad no puede hacer nada sin tu ayuda, y que no ignoras con cuántas y cuán grandes tentaciones,[6] nosotros pobres pecadores, somos rodeados y acechados, que tu poder, oh Señor, sostenga nuestra debilidad, para que siendo defendidos por la fuerza de tu gracia, seamos preservados seguros contra todos los asaltos de Satanás, que anda alrededor constantemente como león rugiente, buscando devorarnos.[7]  Aumenta nuestra fe,[8] oh Padre misericordioso, para que no nos desviemos en ningún momento de tu palabra celestial, sino que aumentes en nosotros la esperanza y el amor, con una cuidadosa obediencia a todos tus mandamientos, para que ninguna dureza de corazón,[9] ni hipocresía, n concupiscencia de ojos,[10] ni seducciones del mundo, nos aparten de tu obediencia.  Y viendo que vivimos ahora en estos tiempos peligrosos,[11] que tu providencia paternal nos defienda contra la violencia de todos nuestros enemigos, que en todo lugar nos persiguen; pero principalmente contra la perversa ira y los furiosos disturbios de ese ídolo romanista, enemigo de tu Cristo.[12]

Más aún, puesto que por tu santo apóstol nos enseñas a hacer nuestras oraciones y súplicas por todos los hombres,[13] oramos no solamente por nosotros aquí presentes, sino que te rogamos también que rescates a todos los que aún son ignorantes, de la miserable cautividad de la ceguera y el error, a un entendimiento y conocimiento puro de tu verdad celestial, para que todos, de común acuerdo,[14] te adoremos nuestro único Dios y Salvador; y que todos los pastores y ministros, a quienes has encargado la dispensación de tu santa palabra,[15] y el cuidado de tu pueblo escogido,[16] sean hallados fieles tanto en vida como en doctrina, fijando sus ojos solamente en tu gloria; y que por medio de ellos todas las pobres ovejas que se alejan y se extravían, sean reunidas y devueltas a tu grey.

Más aún, por cuanto los corazones de los gobernantes están en tus manos,[17] te rogamos que dirijas el corazón de todos los reyes, príncipes, y magistrados a quienes has encargado la espada;[18] especialmente, oh Señor, conforme a nuestro deber, te rogamos que mantengas y prosperes el honorable territorio de esta ciudad,[19] dentro de cuya defensa somos recibidos, los magistrados, el consejo, y todo el cuerpo de esta república: Que tu favor paternal los preserve y tu Espíritu Santo gobierne sus corazones de tal manera, para que ejecuten así su oficio, de manera que tu religión sea mantenida con pureza, las costumbres reformadas, y el pecado castigado conforme a la regla precisa de tu santa palabra.[20]

Y por todos los que somos miembros del cuerpo místico de Cristo Jesús,[21] hacemos nuestras peticiones a ti, oh Padre celestial, por todos los que son afligidos con cualquier clase de cruz o tribulación,[22] como guerra, plaga, hambruna, enfermedad, pobreza, prisión, persecución, destierro o cualquiera otra clase de tus varas, ya sea calamidad de cuerpo, o aflicción de mente,[23] que te plazca darles paciencia y constancia, hasta que les envíes completa liberación de todas sus tribulaciones.  Y como estamos obligados a amar y a honrar a nuestros padres, parientes, amigos y país,[24] debemos pues muy humildemente rogarte que muestres tu clemencia sobre nuestro miserable país de Inglaterra,[25] que alguna vez, por tu misericordia, fue llamado a libertad, y ahora por sus pecados y nuestros pecados, es puesta bajo la más vil esclavitud y cautividad babilónica.

Arranca de ahí, oh Señor, a todos los lobos voraces,[26] que para llenar sus estómagos destruyen tu rebaño.[27]  Y muestra tus grandes misericordias sobre aquellos nuestros hermanos que son perseguidos, echados en prisión, y diariamente condenados a muerte por el testimonio de tu verdad.[28]  Y aunque sean destituidos por completo del auxilio humano,[29] que no obstante tu dulce consuelo nunca se aparte de ellos, sino que de tal manera inflame sus corazones con tu Espíritu Santo, para que puedan resistir valiente y alegremente las pruebas[30] que tu divina sabiduría señale.[31]  Para que al final, tanto por su muerte como por su vida,[32] el reino de tu amado Hijo Jesucristo crezca y brille por todo el mundo.  En cuyo nombre hacemos nuestras humildes peticiones a ti, como él nos ha enseñado.

Padre nuestro que estás en los cielos, etc.[33]

Dios todopoderoso y eterno, concede, te rogamos, nos otorgues perfecta perseverancia en tu fe viva, aumentándola en nosotros diariamente,[34] hasta que crezcamos a la plenitud de la estatura de nuestra perfección en Cristo,[35] de cuya fe hacemos nuestra confesión, diciendo:

Creo en Dios Padre todopoderoso, etc. [36]

[1] 1ª Pedro 5:6.

[2] Números 16:22; Deuteronomio 9:18; Josué 7:6.

[3] Mateo 13:3-8.

[4] Lucas 11:13; Romanos 8:12-17; Santiago 5:16; 1ª Juan 5:14; Romanos 12:11-12.

[5] 2ª Corintios 3:5; Juan 15:5; Filipenses 2:13.

[6] Salmo 40:12-13,17; 1ª Pedro 1:6.

[7] 1ª Pedro 5:8.

[8] Lucas 17:5.

[9] Salmo 95:7-8; Hebreos 3:7ss.; 4:7.

[10] 1ª Juan 2:15-17.

[11] 1ª  Timoteo 4:1ff.; 2ª Pedro 3:3ff.; 2ª Timoteo 3:1ss.; Judas.

[12] 2ª  Tesalonicenses 2:1ff.; 1ª Juan 2:18; Apocalipsis 13, 17.

[13] 1ª Timoteo 2:1ff.

[14] Romanos 15:6; 1ª Corintios 1:10; Efesios 4:3.

[15] Juan 21:15-17; Mateo 28:19-20; 1ª Corintios 9:16ss.; Marcos 16:15.

[16] 1ª Pedro 5:1-3.

[17] Proverbios 21:1.

[18] Romanos 13:4; Juan 19:11.

[19] Por la prosperidad del territorio de Ginebra [nota marginal].

[20] 1ª Timoteo 1:3ff.; Santiago 1:18ss.

[21] 1ª Corintios 12:12-13; Romanos 12:4-5.

[22] Santiago 5:13-15.

[23] 2ª Corintios 1:6ff.; Hebreos 13:3.

[24] éxodo 20:12

[25] Por Inglaterra [nota marginal].

[26] Mateo 7:15; Hechos 20:29.

[27] Ezequiel 34:1ff.; Romanos 16:17-18; Filipenses 3:2,18-19.

[28] Hebreos 13:3; Romanos 8:36; Salmo 44:22.

[29] Juan 16:33.

[30] 1ª Pedro 1:7.

[31] Hechos 2:23; Mateo 10:35ss.; Lucas 21:12ss.

[32] Romanos 14:7-8.

[33] Mateo 6:9-13.

[34] Lucas 17:5.

[35] Efesios 4:12-16.

[36] Credo de los apóstoles.

________________________

Ver también: Identidad confesional: Estándares de WestminsterLas oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLas oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Salmo 67 (para canto congregacional)Salmo 100 (para canto congregacional)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

________________________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.