El culto de la sinagoga fue el modelo del culto de la Iglesia apostólica

Por Horton Davies.

Fragmento del libro Christian Worship: Its history and meaning (New York: Abingdon Press, 1957), pp. 19-20.

Los primeros cristianos no pensaban acerca de sí mismos como fundadores de una nueva fe. El templo y la sinagoga y sus liturgias formaban el trasfondo natural de su culto.

Así que los primeros cristianos en Jerusalén celebraban una liturgia judía con modificaciones menores. Era simplemente una versión revisada del culto de la sinagoga. Y la sinagoga tenía una importancia doble para la primera generación de cristianos. En primer lugar, nuestro Señor y Pablo llevaron a cabo sus ministerios en las sinagogas…

La importancia de la sinagoga para nuestros propósitos es que su culto ejerció una profunda influencia en el culto de la iglesia apostólica. Los principales elementos de su culto fueron llevados a los servicios cristianos. Las oraciones, la alabanza, la lectura de las escrituras, y su exposición, fueron los fundamentos del culto cristiano. Más aún, el culto de la sinagoga era no-sacrificial en su carácter, y proveía un lugar para una liturgia simple con respuestas, así como con oraciones espontáneas. Estos dos elementos eran características del culto apostólico.

El hecho de que la estructura tradicional del culto judío, con ciertas adiciones importantes, satisfizo a los primeros cristianos, puede inferirse de las escasas referencias a los detalles sobre el culto que se dan en el Nuevo Testamento. La estructura judía se presupone completamente, haciendo superfluo describir el modo de la adoración en detalle.

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Ver también: La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia); El comienzo de los postreros días en Pentecostés; Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26); Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)El reino del Mesías y Su IglesiaOración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Juan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSalmo 100 (para canto congregacional)La Cena del SeñorSobre el pacto abrahámicoPablo sobre la justificación de Abraham en Génesis 15 (Romanos 4)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11); Origen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)Salmo 67 (para canto congregacional)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la BibliaLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)El 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoSermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatría.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

Horton Davies es autor de varios libros sobre la historia de la teología y del culto cristiano y reformado, entre otros, además del libro citado: Worship and Theology in England (en cinco tomos), y The Worship of the English Puritans.

Juan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto público

Tomado de Institución de la religión cristiana, III, xx, 29, y 30.

  1. 2º. Aunque esta oración ininterrumpida ha de entenderse principalmente de cada persona particular, no obstante también en cierta manera se refiere a las oraciones públicas de la Iglesia, aunque no pueden ser continuas y han de hacerse de acuerdo con el orden dispuesto por el consentimiento común de la Iglesia…

b. Necesidad de las oraciones públicas.  Sin embargo, para que las oraciones públicas de la Iglesia no fuesen menospreciadas, Dios las ha adornado con títulos excelsos, sobre todo al llamar a su templo “casa de oración” (Is. 56, 7).  Pues con esto nos enseña que la oración es el elemento principal del culto y servicio con que quiere ser honrado; y que a fin de que los fieles de común acuerdo se ejercitasen en este culto, Él les había edificado el templo…

  1. Oraciones públicas y litúrgicas en el culto de la Iglesia

Y como Dios en su Palabra ha ordenado que los fieles oren unidos, por la misma razón, es necesario que haya templos designados para hacerlo…  Porque Cristo, que promete que hará todo cuanto dos o tres congregados en su nombre le suplicaren (Mt. 18, 19-20), da a entender bien claramente que no rechazará las oraciones hechas por toda la Iglesia, con tal que se excluya de ellas toda ambición y vanagloria, y, por el contrario, haya un verdadero y sincero afecto, que resida en lo íntimo del corazón.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de CristoSobre los medios de graciaEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Sobre la visión puritana del día domingoActividad lícita en el Día de ReposoEl culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólicaLas oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformadaSalmo 100 (para canto congregacional)Salmo 67 (para canto congregacional)Presbiterianismo en la primera reforma en InglaterraLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaEl 2º mandamiento prohíbe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de Ursino.

 

Las oraciones públicas, colectivas, comunes, o litúrgicas en la práctica reformada

Por Alejandro Moreno Morrison.

Versión ligeramente modificada del texto que apareció como editorial en boletín de la Iglesia Berith (INPM) de la Ciudad de México, correspondiente al domingo 9 de agosto de 2009.

Como parte de la reforma de la práctica de la Iglesia, específicamente de su adoración, los reformadores del S. XVI (entre ellos Juan Calvino, Juan Knox y Thomas Cranmer), redactaron oraciones para ser elevadas al Señor de manera colectiva, es decir, toda la congregación al unísono, como parte necesaria del culto de adoración (ver Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, III, xx, 29-30; Juan Calvino y las oraciones públicas o colectivas).

Siendo la oración un acto de adoración, los reformadores aplicaron el principio regulador o regulativo de la adoración, es decir, que hemos de adorar a Dios solamente conforme a las instrucciones que Él nos ha revelado en Su Palabra.  Es por esta razón que, a la pregunta #117 sobre “¿Cuáles son los requisitos de la oración que es aceptable a Dios, y la cual Él escuchará,” el Catecismo de Heidelberg responde, entre otras cosas, que hemos de orar “por todas las cosas que Él nos ha mandado pedir de Él.”  Es decir, que no hemos de pedir lo que nosotros queramos, ni debemos tampoco dejar de pedir por las cosas que Él nos ha ordenado que oremos.  En palabras de Zacarías Ursino (en su Comentario al Catecismo de Heidelberg), “debemos orar por cosas que estamos ciertos que están aprobadas por Dios, y prometidas.”  Por lo tanto, para orar eficazmente debemos tener un conocimiento de todo el consejo de Dios, de sus mandamientos, de sus promesas, y de lo que Él nos ha revelado que es Su propósito para Su pueblo y para la humanidad en general.

Las oraciones comunes o colectivas preparadas por los reformadores para la adoración pública de Dios son un magnífico ejemplo de cómo debemos orar.  Estas oraciones están basadas en porciones bíblicas, usando las palabras, temas y conceptos que Dios nos ha dado en Su Palabra para dirigirnos a Él en oración.

Una de estas oraciones públicas o litúrgicas es la “Oración por toda la Iglesia de Cristo,” contenida en el Libro de orden ginebrino (1556) de la congregación de habla inglesa en la ciudad de Ginebra, en tiempos de Juan Calvino y John Knox.  Esta oración contiene más de 60 referencias a porciones de la Biblia, además de estar formulada de manera reverente conforme a los ejemplos de oraciones que el Señor dio a su pueblo en Salmos, en otros libros del Antiguo Testamento, y en la oración que enseñó a sus discípulos y que conocemos como “El Padre nuestro.”

Además de cumplir con el principio regulativo o regulador de la adoración, y de ser la aplicación práctica de la doctrina del sacerdocio universal (por cuanto toda la congregación eleva la oración en la adoración pública al Señor y no sólo los ministros), las oraciones públicas o litúrgicas servían para enseñar a la congregación a orar conforme a la Palabra de Dios.

Pero al dejar poco a poco (hace ya varias décadas, y por influencia del anabautismo) la práctica de la oración colectiva, los evangélicos abandonaron también uno de los medios por los cuales durante muchos siglos el pueblo del Señor aprendió a orar conforme a Su voluntad revelada.

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Ver también: Juan Calvino y las oraciones públicas o colectivasSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Oración por toda la Iglesia de CristoIdentidad confesional: Estándares de WestminsterSobre la visión puritana del día domingoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)El culto de la sinagoga fue el modelo del culto de la Iglesia apostólica.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de México de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.  

Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)

Del Libro de Orden Ginebrino (1556) usado por la congregación angloparlante en Ginebra (http://www.swrb.com/newslett/actualNLs/GBO_ch04.htm#SEC09).

Omnipotente Dios y misericordiosísimo Padre, humildemente nos sometemos,[1] y nos postramos ante tu Majestad,[2] rogándote desde el fondo de nuestros corazones que esta semilla de tu palabra,[3] ahora sembrada entre nosotros, eche raíces tan profundas, que ni el calor abrasador de la persecución la marchite, ni los espinosos afanes de este mundo la ahoguen, sino que como semilla sembrada en buena tierra, produzca fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno, conforme lo ha señalado tu sabiduría celestial.  Y por cuanto tenemos necesidad continuamente de pedir muchas cosas de tu mano, humildemente te rogamos, oh Padre celestial, nos concedas que tu Espíritu Santo[4] dirija nuestras peticiones, para que procedan de una mente tan ferviente que sean conformes a tu bendita voluntad.[5]

Y viendo que nuestra fragilidad no puede hacer nada sin tu ayuda, y que no ignoras con cuántas y cuán grandes tentaciones,[6] nosotros pobres pecadores, somos rodeados y acechados, que tu poder, oh Señor, sostenga nuestra debilidad, para que siendo defendidos por la fuerza de tu gracia, seamos preservados seguros contra todos los asaltos de Satanás, que anda alrededor constantemente como león rugiente, buscando devorarnos.[7]  Aumenta nuestra fe,[8] oh Padre misericordioso, para que no nos desviemos en ningún momento de tu palabra celestial, sino que aumentes en nosotros la esperanza y el amor, con una cuidadosa obediencia a todos tus mandamientos, para que ninguna dureza de corazón,[9] ni hipocresía, n concupiscencia de ojos,[10] ni seducciones del mundo, nos aparten de tu obediencia.  Y viendo que vivimos ahora en estos tiempos peligrosos,[11] que tu providencia paternal nos defienda contra la violencia de todos nuestros enemigos, que en todo lugar nos persiguen; pero principalmente contra la perversa ira y los furiosos disturbios de ese ídolo romanista, enemigo de tu Cristo.[12]

Más aún, puesto que por tu santo apóstol nos enseñas a hacer nuestras oraciones y súplicas por todos los hombres,[13] oramos no solamente por nosotros aquí presentes, sino que te rogamos también que rescates a todos los que aún son ignorantes, de la miserable cautividad de la ceguera y el error, a un entendimiento y conocimiento puro de tu verdad celestial, para que todos, de común acuerdo,[14] te adoremos nuestro único Dios y Salvador; y que todos los pastores y ministros, a quienes has encargado la dispensación de tu santa palabra,[15] y el cuidado de tu pueblo escogido,[16] sean hallados fieles tanto en vida como en doctrina, fijando sus ojos solamente en tu gloria; y que por medio de ellos todas las pobres ovejas que se alejan y se extravían, sean reunidas y devueltas a tu grey.

Más aún, por cuanto los corazones de los gobernantes están en tus manos,[17] te rogamos que dirijas el corazón de todos los reyes, príncipes, y magistrados a quienes has encargado la espada;[18] especialmente, oh Señor, conforme a nuestro deber, te rogamos que mantengas y prosperes el honorable territorio de esta ciudad,[19] dentro de cuya defensa somos recibidos, los magistrados, el consejo, y todo el cuerpo de esta república: Que tu favor paternal los preserve y tu Espíritu Santo gobierne sus corazones de tal manera, para que ejecuten así su oficio, de manera que tu religión sea mantenida con pureza, las costumbres reformadas, y el pecado castigado conforme a la regla precisa de tu santa palabra.[20]

Y por todos los que somos miembros del cuerpo místico de Cristo Jesús,[21] hacemos nuestras peticiones a ti, oh Padre celestial, por todos los que son afligidos con cualquier clase de cruz o tribulación,[22] como guerra, plaga, hambruna, enfermedad, pobreza, prisión, persecución, destierro o cualquiera otra clase de tus varas, ya sea calamidad de cuerpo, o aflicción de mente,[23] que te plazca darles paciencia y constancia, hasta que les envíes completa liberación de todas sus tribulaciones.  Y como estamos obligados a amar y a honrar a nuestros padres, parientes, amigos y país,[24] debemos pues muy humildemente rogarte que muestres tu clemencia sobre nuestro miserable país de Inglaterra,[25] que alguna vez, por tu misericordia, fue llamado a libertad, y ahora por sus pecados y nuestros pecados, es puesta bajo la más vil esclavitud y cautividad babilónica.

Arranca de ahí, oh Señor, a todos los lobos voraces,[26] que para llenar sus estómagos destruyen tu rebaño.[27]  Y muestra tus grandes misericordias sobre aquellos nuestros hermanos que son perseguidos, echados en prisión, y diariamente condenados a muerte por el testimonio de tu verdad.[28]  Y aunque sean destituidos por completo del auxilio humano,[29] que no obstante tu dulce consuelo nunca se aparte de ellos, sino que de tal manera inflame sus corazones con tu Espíritu Santo, para que puedan resistir valiente y alegremente las pruebas[30] que tu divina sabiduría señale.[31]  Para que al final, tanto por su muerte como por su vida,[32] el reino de tu amado Hijo Jesucristo crezca y brille por todo el mundo.  En cuyo nombre hacemos nuestras humildes peticiones a ti, como él nos ha enseñado.

Padre nuestro que estás en los cielos, etc.[33]

Dios todopoderoso y eterno, concede, te rogamos, nos otorgues perfecta perseverancia en tu fe viva, aumentándola en nosotros diariamente,[34] hasta que crezcamos a la plenitud de la estatura de nuestra perfección en Cristo,[35] de cuya fe hacemos nuestra confesión, diciendo:

Creo en Dios Padre todopoderoso, etc. [36]

[1] 1ª Pedro 5:6.

[2] Números 16:22; Deuteronomio 9:18; Josué 7:6.

[3] Mateo 13:3-8.

[4] Lucas 11:13; Romanos 8:12-17; Santiago 5:16; 1ª Juan 5:14; Romanos 12:11-12.

[5] 2ª Corintios 3:5; Juan 15:5; Filipenses 2:13.

[6] Salmo 40:12-13,17; 1ª Pedro 1:6.

[7] 1ª Pedro 5:8.

[8] Lucas 17:5.

[9] Salmo 95:7-8; Hebreos 3:7ss.; 4:7.

[10] 1ª Juan 2:15-17.

[11] 1ª  Timoteo 4:1ff.; 2ª Pedro 3:3ff.; 2ª Timoteo 3:1ss.; Judas.

[12] 2ª  Tesalonicenses 2:1ff.; 1ª Juan 2:18; Apocalipsis 13, 17.

[13] 1ª Timoteo 2:1ff.

[14] Romanos 15:6; 1ª Corintios 1:10; Efesios 4:3.

[15] Juan 21:15-17; Mateo 28:19-20; 1ª Corintios 9:16ss.; Marcos 16:15.

[16] 1ª Pedro 5:1-3.

[17] Proverbios 21:1.

[18] Romanos 13:4; Juan 19:11.

[19] Por la prosperidad del territorio de Ginebra [nota marginal].

[20] 1ª Timoteo 1:3ff.; Santiago 1:18ss.

[21] 1ª Corintios 12:12-13; Romanos 12:4-5.

[22] Santiago 5:13-15.

[23] 2ª Corintios 1:6ff.; Hebreos 13:3.

[24] éxodo 20:12

[25] Por Inglaterra [nota marginal].

[26] Mateo 7:15; Hechos 20:29.

[27] Ezequiel 34:1ff.; Romanos 16:17-18; Filipenses 3:2,18-19.

[28] Hebreos 13:3; Romanos 8:36; Salmo 44:22.

[29] Juan 16:33.

[30] 1ª Pedro 1:7.

[31] Hechos 2:23; Mateo 10:35ss.; Lucas 21:12ss.

[32] Romanos 14:7-8.

[33] Mateo 6:9-13.

[34] Lucas 17:5.

[35] Efesios 4:12-16.

[36] Credo de los apóstoles.

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Ver también: Identidad confesional: Estándares de WestminsterLas oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLas oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Salmo 67 (para canto congregacional)Salmo 100 (para canto congregacional)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.