La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento

Por Iain H. Murray.
Tomado de “The Directory for Public Worship,” en John L. Carson & David W. Hall, eds., To Glorify and Enjoy God.  A Commemoration of the Westminster Assembly (Carlisle: Banner of Truth, 1994), pp. 182-183.

La adoración de donde las iglesias reformadas comenzaron a emerger en el tiempo de la Reforma era una adoración que ponía mucho énfasis en lo físico y externo.  Los requisitos de la iglesia eran satisfechos si las personas iban a los edificios consagrados para tener ceremonias, para escuchar música y para participar de los sacramentos.  Cuanto más bellas las vestimentas, las iglesias, y la música,* se tenía por más maravillosa la adoración.[1]  La adoración a la que el Directorio [para la adoración pública de Dios, preparado por la Asamblea de Westminster] apunta no es meramente una modificación de esa visión; es una reversión total de ella.  Vestimentas, música, edificios, todo ello desaparece.  Ni siquiera son mencionados.  La gloria de la verdadera adoración, afirma, consiste en gozar de la presencia de Dios.  La adoración medieval se había vuelto a lo material, lo visual y lo simbólico, porque había perdido la verdad de que los creyentes ahora tenemos “libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Heb. 10:19).  “Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Eph. 2:18).  Es, dice John Flavel, “cuando el Señor derrama su Espíritu con la Palabra,” que “la voz de Cristo es escuchada con efecto; las ordenanzas impregnadas con eficacia convincente y de conversión.”[2]

Los puritanos entendían, por supuesto, que este privilegio no estaba en manera alguna limitado a las reuniones colectivas—la adoración no depende ni de sacerdote ni de santuario.  Creían que las más ricas bendiciones son generalmente comunicadas a los creyentes en tanto se reúnen en observancia de los medios de gracia que Cristo ha instruído:

De manera que la presencia de Dios, la cual, gozada en privado, no es sino un arroyo, en público se vuleve un río que alegra a la ciudad de Dios.[3]

 

Los afectos están más vivos, los espíritus son más elevados en público que en privado; Dios honrará sus propias ordenanzas.[4]

Este principio de la adoración en el Espíritu abre una gran campo para la discusión.  No obstante, el punto que quiero enfatizar es el que a menudo es hecho en las discusiones contemporáneas sobre el llamado a hacer cambios en el culto.  “Participación” es una gran palabra.  Se dice que las personas deberían dejar de ser observadores pasivos y meros escuchas en los servicios; necesitan ser “participantes.”  Es un buen punto y los puritanos estarían enteramente de acuerdo.  Empero hay una diferencia fundamental entre lo que significaba para ellos y lo que significa para los voceros modernos.  El llamado contemporáneo a la participación corre el peligro real de regresar a lo externo, lo físico, y lo visual.  Para los puritanos, lo que hace verdadera la participación es la influencia del Espíritu Santo, el único que puede unir corazones y ayudar a la congregación a ofrecer “oración y súplica en el Espíritu” (Efe. 6:18).  Es cuando hay un despertar unido de las gracias interiores de la fe y la reverencia, del amor y la adoración, que hay verdadera participación en el culto público.  Nuestra presencia corporal y acciones en un servicio no son en sí mismas nada; puede ser que hasta aumenten nuestra condenación como sucedió con los judíos incrédulos.[5]  Debemos estar “fervientes en espíritu,” o “silbando de calor,” para usar una frase puritana.  “El reino de Dios,” dice el apóstol, no está en nada externo sino en “justicia, paz, y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).

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* Nota editorial: Ver, por ejemplo: La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma.

[1] J. C. Ryle dice acerca “la adoración probada por la Iglesia de Roma por siglos antes de la Reforma”: “Llenó la tierra con superstición, ignorancia, formalismo, e inmortalidad.  No consoló a nadie, no elevó a nadie, no asistió a nadie hacia el cielo.” Knots United (London, 1896), p. 355.

[2] Works of John Flavel (London, 1824; Banner of Truth reprint, 1968), vol. 4, p. 184.

[3] David Clarkson, Practical Works (Edinburgh, 1865; Banner of Truth reprint, 1988), vol. 3, p. 190.

[4] Complete Works of Stephen Charnock (Edinburgh: James Nichol, 1864), vol. 1, p. 297.

[5] “Millares,” escribe Ryle, “pasan regularmente sus domingos en una adoración que es en extremo inútil . . .  Pues cualquier bien que obtienen de ella, es como si se quedaran sentados en casa.”  Knots United, p. 344.  “La perversidad inherente de la naturaleza humana es tal que nuestras mentes están demasiado prestas para dale la espalda a las cosas espirituales hacia la cosas visibles.”  Ibid., p. 353.  Sobre este último asunto ver John Owen, “The Nature and Beauty of Gospel Worship,” Works, vol. 9, pp. 53-84.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaJuan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSermón expositivo de Hechos 2:1-4 (audio); Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)¿Cómo eran los puritanos originales?Presbiterianismo en la primera reforma en Inglaterra; La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterSermón expositivo de Éxodo Caps. 35-39, 1ª parte (audio)El 2º mandamiento prohibe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos y de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoSermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatría.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Iain H. Murray fue asistente del Dr. D. Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel en Londres, y posteriormente pastoreó iglesias en Inglaterra y Australia.  Es co-fundador y Director Editorial de The Banner of Truth Trust y autor de varios libros y artículos sobre historia de la Reforma, y sobre la teología y práctica Reformadas.

La fe de los estatistas

Por Alejandro Moreno Morrison.

Dedicado al Rev. Dr. Ronald H. Nash, querido hermano en Cristo, maestro y amigo. In memoriam.

El estatismo es una religión secular, es decir, una religión que no tiene pretensiones de trascendencia; por eso es que para algunos no parece ser una religión en el sentido más común y acostumbrado del término.  El estatismo es una derivación del humanismo secular y se basa en la creencia (fe) de que los seres humanos son capaces de superar por medio del “estado” todos sus problemas.  Consecuentemente, “el estado” es elevado a la categoría de ser supremo (dios), del cual se espera que fluyan bendiciones terrenales de todo tipo (que a menudo son meros deseos carnales y egoístas).  Consiguientemente, según esta religión, los individuos deben confiarle (y de ser necesario aun sacrificarle) sus vidas, bienes y demás recursos, a fin de que dicho estado cuente con lo necesario para cuidar de ellos “desde la cuna y hasta la tumba.”

Los estatistas cifran, por lo tanto, su esperanza de felicidad terrenal en el estado o, más concretamente, en el agente del estado que es el gobierno, y centran sus esfuerzos en que dicho ídolo cuente con todas las condiciones necesarias para producir los resultados anhelados.  Así, el estatismo no es sino una más de las versiones modernas-postmodernas del cuadro que presenta el Señor, y del que se burla, en Isaías 44:9-20:

Los que fabrican ídolos no valen nada;
inútiles son sus obras más preciadas.
Para su propia vergüenza,
sus propios testigos no ven ni conocen.
¿Quién modela un dios o funde un ídolo,
que no le sirve para nada?
Todos sus devotos quedarán avergonzados;
¡simples mortales son los artesanos!
Que todos se reúnan y comparezcan;
¡aterrados y avergonzados quedarán todos ellos!

El herrero toma una herramienta,
y con ella trabaja sobre las brasas;
con martillo modela un ídolo,
con la fuerza de su brazo lo forja.
Siente hambre, y pierde las fuerzas;
no bebe agua, y desfallece.
El carpintero mide con un cordel,
hace un boceto con un estilete,
lo trabaja con el escoplo
y lo traza con el compás.
Le da forma humana;
le imprime la belleza de un ser humano,
para que habite en un santuario.
Derriba los cedros,
y escoge un ciprés o un roble,
y lo deja crecer entre los árboles del bosque;
o planta un pino, que la lluvia hace crecer.
Al hombre le sirve de combustible,
y toma una parte para calentarse;
enciende un fuego y hornea pan.
Pero también labra un dios y lo adora;
hace un ídolo y se postra ante él.
La mitad de la madera la quema en el fuego,
sobre esa mitad prepara su comida;
asa la carne y se sacia.
También se calienta y dice:
«¡Ah! Ya voy entrando en calor,
mientras contemplo las llamas.»
Con el resto hace un dios, su ídolo;
se postra ante él y lo adora.
Y suplicante le dice:
«Sálvame, pues tú eres mi dios.»

No saben nada, no entienden nada;
sus ojos están velados, y no ven;
su mente está cerrada, y no entienden.
Les falta conocimiento y entendimiento;
no se ponen a pensar ni a decir:
«Usé la mitad para combustible;
incluso horneé pan sobre las brasas,
asé carne y la comí.
¿Y haré algo abominable con lo que queda?
¿Me postraré ante un pedazo de madera?»
Se alimentan de cenizas,
se dejan engañar por su iluso corazón,
no pueden salvarse a sí mismos, ni decir:
«¡Lo que tengo en mi diestra es una mentira!»

Es entendible que quienes no conocen al Dios verdadero ni Su verdad revelada consignada en la Biblia abracen el estatismo; después de todo, como dice el dicho popular, “El que no conoce a Dios ante cualquier ídolo se inclina.”  Lo que es muy triste es que haya cristianos que caen en la trampa de esta forma de idolatría.  Esto nos muestra el desconocimiento que hay en las iglesias con respecto a la enseñanza bíblica acerca del gobierno, para empezar; pero también acerca del hombre y de la Iglesia, por decir lo menos.

El gobierno es una institución de origen divino, en el sentido de que fue Dios quien lo instituyó.  Desde este punto de vista, la anarquía (la falta de facto de un gobierno o “cabeza”) y el anarquismo (la idea de que la humanidad estaría mejor sin gobiernos) son contrarios al orden divino.  Pero no debemos olvidar que el gobierno es también una institución humana, en el sentido de que es operada por seres humanos.

En virtud de la caída, la totalidad del ser humano ha sido dañada por el pecado. Todo aquello que es humano es no solamente finito y limitado, sino que también está corrompido por el pecado, y no hay remedio humano para tal condición.  El estatismo tiene la vana ilusión de que la suma y organización de los esfuerzos humanos, encabezados por el gobierno, pueden sacar a la humanidad de los predicamentos derivados de su finitud y pecaminosidad (aunque claro, como humanistas, creen que “el Hombre” –con “h” mayúscula para que nadie se vea a sí mismo y se dé cuenta de lo ridículo de la creencia—no es finito ni pecaminoso).  Esta fe de los estatistas nos recuerda, por cierto, el fallido intento de construir la Torre de Babel.

“El corazón del hombre—decía Juan Calvino—es una fábrica de ídolos.”  Y al igual que con otras criaturas, la humanidad ha tomado la institución del gobierno (creada por Dios) y la ha hecho objeto de una fe y devoción de las que solamente es digno Dios el creador y sustentador del universo.  Y así como el idólatra neciamente pone su esperanza en un leño que sólo puede rendirle ciertos servicios muy limitados (Isaías 44:14-17), quienes ponen su fe en “el estado,” y/o concretamente en el gobierno o los gobernantes que lo encabezan, neciamente esperan recibir de ellos beneficios que están fuera de su muy limitada capacidad, y que van en contra del propósito divino para el gobierno y los gobernantes.

La religión estatista nos induce a orar (pedir) al gobierno y a esperar de él toda clase de satisfactores, en tanto que la Biblia, por el contrario, nos instruye esperar de Dios todos nuestros satisfactores y a orar (pedir) a Dios por el estado (o polis, “ciudad” –ver Jeremías 29:7) y por los gobernantes (1ª Timoteo 2:1-2), pues somos todos criaturas limitadas y pecaminosas que, como los habitantes de la orgullosa ciudad de Nínive, “no saben distinguir entre su mano derecha y su mano izquierda” (Jonás 4:11).

Finalmente, la fe de los estatistas acarrea, no solamente la frustración de sus fieles, como resultado de la impotencia de los gobiernos y los gobernantes para cumplir sus promesas, sino también el juicio de Dios, como sucede con toda idolatría.

En contraste con el estatismo, la única expectativa que la Biblia menciona explícitamente que debemos tener respecto de los gobiernos y los gobernantes es que mantengan la seguridad pública e impartan justicia, que castigue a quien hace lo malo, y protejan así al resto de la comunidad:

Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo… Porque es un servidor de Dios para tu bien… si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que practica lo malo… Pues por esto pagáis también los tributos, porque son funcionarios de Dios, dedicados continuamente a esto mismo… (Romanos 13:3-6).

A los cristianos debe quedarnos muy claro que la Biblia no nos autoriza a cifrar en el gobierno nuestras esperanzas de bienestar y prosperidad material, ni mucho menos nuestra felicidad.

Claro está que lo anterior suena del todo “políticamente incorrecto” en nuestro mundo moderno-postmoderno, especialmente por lo que se refiere a la beneficencia o ayuda a los pobres, mejor conocida bajo nombres como “justicia social” y eufemismos semejantes.  Este tema es amplio y complejo, por lo que aquí sólo voy señalar dos puntos.

El primero y menos importante es que los estudios más avanzados en economía demuestran que uno de los principales factores para alcanzar bienestar material en una sociedad es la debida observancia de un orden jurídico que efectivamente proteja la libertad y los derechos de quienes actúan correctamente y castigue a quienes violentan la dignidad, integridad, libertad y demás bienes de sus semejantes.

El segundo y más importante es que lo que el mundo llama “justicia social” o “responsabilidad social,” la Biblia lo llama misericordia, y lo califica como un deber personal que cada ser humano tiene frente Dios respecto de su prójimo en necesidad. ¿Puede entonces un cristiano creer que Dios aceptará como obra de misericordia una boleta electoral tachada a favor de tal o cual partido o candidato? ¡Por supuesto que no!

He ahí otro efecto nocivo del estatismo: al engrandecer indebidamente las expectativas respecto del gobierno termina minimizando las expectativas que Dios tiene de nosotros en lo individual y como Iglesia.  Los presupuestos y programas gubernamentales, las leyes y las agencias burocráticas, no pueden amar porque no son personas.  Por eso Dios ha encargado el delicado ministerio de la misericordia a personas, y particularmente a aquéllos que hemos experimentado Su amor y misericordia.  Tratándose del cuidado de los necesitados, Dios no va a pedirle cuentas al “estado” ni al “gobierno.”  A los gobernantes pedirá cuentas respecto de la preservación del orden y la paz y del castigo a los que hicieron mal.  Y a todos los seres humanos Dios va pedir cuentas del cuidado que hayamos tenido o no con los necesitados que puso en nuestro camino, y de la manera en que hayamos usado los recursos (bendiciones) que Él puso en nuestras manos.  Esta obligación y responsabilidad que tenemos delante de Dios no podemos delegársela al gobierno.

Así pues, la fe de los estatistas viola el primer y más grande mandamiento, al confiar en, y servir a, un dios falso, y también el segundo, al no amar al prójimo pretendiendo que sea el gobierno quien cumpla en su lugar con ese deber.

Nota editorial: La versión original de este artículo fue publicada en 2007 en la revista El Faro de la Iglesia Nacional presbiteriana de México.  Revs. 2010, 2016, y 2017.

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Ver también: Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Exaltación y entronización del Señor JesucristoLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasAborto: La esclavitud de nuestra generaciónAlgunas objeciones al cientismoCronología de las interacciones entre C. S. Lewis y B. F. Skinner en relación con el positivismo, el conductismo, y el subjetivismo éticoLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Sermón expositivo de Hechos 1:6-7 (audio)Juan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoCalvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterIntroducción al Apocalipsis, 4ª parte (audio)La ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

El comienzo de los postreros días en Pentecostés

Por Dennis E. Johnson.

Tomado de The Message of Acts in the History of Redemption (Phillipsburg: P&R, 1997), pp. 55-56.

Lucas aprendió del Espíritu que los “postreros días” de la escatología del Antiguo Testamento habían comenzado.  El tiempo de la reparación prometida por los profetas había comenzado con la venida de Jesús el Mesías.  Quizá no logramos entenderlo a primera vista a partir de la forma de las promesas proféticas, pero la obra de reparación del Señor en los postreros días viene en dos fases.  La primera fase arribó por medio de la vida, muerte, resurrección, y entronización del mesías, y el derramamiento del Espíritu Santo de Dios sobre su iglesia.

La infección inicial del orden creado también ocurrió en dos fases.  Primero la “muerte” que separó a Adán y Eva de su Dios en el día de su desobediencia (Gen. 2:17).  Después esta muerte espiritual y relacional se manifestó en la muerte de sus cuerpos, que volvieron al polvo (3:19).  Similarmente, la cura viene primero a lidiar con la fuente oculta, espiritual, de la descomposición, nuestra alienación espiritual y relacional respecto de nuestro Creador y de nuestro prójimo; y luego, al final, se hará visible en la reversión de la muerte del cuerpo mediante la resurrección.  La salvación escatológica prometida por los profetas ya ha venido; pero el clímax prometido de la salvación todavía no ha venido.

Ésta es una tensión incómoda en la cual vivir, en el cruce de caminos entre la entropía cósmica inducida por el pecado, por un lado, y la energía creativa inagotable de Dios, por el otro…  La presencia del Espíritu en nuestras vidas es un anticipo, una primera entrega, de la restauración plena que nos aguarda cuando Cristo vuelva.  Y por cuanto el Espíritu nos da este anticipo de la redención final, también abre nuestro apetito para desear el festín completo…

La fatiga externa, el estrés, el sufrimiento, y lo “arruinado” es fácil de ver.  La reconstrucción interna de Dios, su renovación, y su reconstitución son discernibles sólo para aquellos que (paradójicamente) miran “las cosas que no se ven” [2ª Cor. 4:18].  Sería fácil concluir, a partir del estado del mundo, del estado de la iglesia, o del estado de nuestra propia conducta, que nada importante sucedió en los meses después de que Jesús de Nazaret fue crucificado.  Pero de hecho ese fue el inicio del fin del viejo proceso de descomposición, y fue el inicio de un nuevo comienzo, el amanecer de los postreros días.

Ésta es la perspectiva sobre la presencia del Espíritu en la Iglesia que emerge del relato del Pentecostés (Hch. 2:1-41) y la subsecuente curación del cojo a las puertas del templo (3:1-4:31).  Visto con el trasfondo de la promesa profética, estas primeras señales del poder de Jesús para rescatar y reparar por su Espíritu revelan que la vida de la Iglesia es ahora una primera entrega y atisbo de la paz, pureza, amor, y gozo del mundo venidero, aun en medio de la presente contaminación, descomposición, y muerte de la vieja creación.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio).

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Origen de la expresión bíblica ‘postreros días,’ o ‘últimos tiempos’ (eschaton)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

El Rev. Dr. Dennis E. Johnson, de nacionalidad estadounidense, es un pastor y teólogo reformado.  Fue educado en Westminster Theological Seminary (M. Div., Th.M), y en Fuller Theological Seminary (Ph.D.), y es profesor de Teología Práctica de Westminster Seminary California, y autor de varios libros.

La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)

Por Allan Harman.

Tomado de Psalms Vol. 1: Psalms 1-72: A Mentor Commentary (Fearn: Christian Focus, 2001), pp. 531-532.

[V. 8]  La extensión del reino del gobernante mesiánico es expresada en términos de la promesa a Abraham.  Fue durante el imperio davídico-salomónico que los límites de ‘la tierra prometida’ alcanzaron su plena extensión (1 Rey. 4:21, 24).  Sin embargo, existe un cambio notable aquí comparado con anteriores referencias antiguo-testamentarias a la tierra.  El límite no se extiende hasta el Río [Éufrates], ¡sino de ahí en adelante!  Ya no será el restringido territorio asignado como tierra prometida, sino que será un reino universal.  El Salmo 72:8 no puede ser considerado aisladamente, en vista de que en Zac. 9:10 se usa lenguaje casi idéntico: ‘Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.’  Tanto en ese pasaje como aquí en el Salmo 72, el contexto trata acerca de eventos escatológicos.

[Vv. 9-10] Desde lugares lejanos la gente reconocerá el reinado del Mesías, y sus enemigos serán puestos bajo su autoridad.  ‘Postrarse ante’ y ‘lamer el polvo’ son expresiones sinónimas de sumisión (ver Isa. 49:23).  Los lugares mencionados (Tarsis, Sabá y Seba) representan las naciones distantes, con sus gobernantes viniendo a presentar sus tributos como señal de alianza a este rey universal.  El Nuevo Testamento habla de la venida de un día cuando Jesús habrá destruido todos los demás dominios y poderes, y todos sus enemigos serán puestos bajo sus pies (1ª Cor. 15:24-25).

[Vv. 12-14] Aunque éste y los versículos anteriores expresan la idea de sumisión en términos que aluden al reinado de Salomón, el cumplimiento final de esta promesa será cuando Jesús, como el Cordero, venza porque él es Señor de señores y Rey de reyes (Apo. 17:14; 19:16).

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Sermón alusivo:

Ver también: Jerusalén: Lugar del fin de la antigua era; Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede; La profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27; Salmo 67 (para canto congregacional); La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4); El reino del Mesías y Su Iglesia; La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del Mesías; La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo Testamento; Exaltación y entronización del Señor Jesucristo; Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

Allan Harman es profesor investigador de Antiguo Testamento en el Presbyterian Theological College (Melbourne, Australia).  Además de haber dado clase y predicado en muchos países, sirvió como editor del Reformed Theological Review, la revista teológica más antigua de Australia.

Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)

Del Libro de Orden Ginebrino (1556) usado por la congregación angloparlante en Ginebra (http://www.swrb.com/newslett/actualNLs/GBO_ch04.htm#SEC09).

Omnipotente Dios y misericordiosísimo Padre, humildemente nos sometemos,[1] y nos postramos ante tu Majestad,[2] rogándote desde el fondo de nuestros corazones que esta semilla de tu palabra,[3] ahora sembrada entre nosotros, eche raíces tan profundas, que ni el calor abrasador de la persecución la marchite, ni los espinosos afanes de este mundo la ahoguen, sino que como semilla sembrada en buena tierra, produzca fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno, conforme lo ha señalado tu sabiduría celestial.  Y por cuanto tenemos necesidad continuamente de pedir muchas cosas de tu mano, humildemente te rogamos, oh Padre celestial, nos concedas que tu Espíritu Santo[4] dirija nuestras peticiones, para que procedan de una mente tan ferviente que sean conformes a tu bendita voluntad.[5]

Y viendo que nuestra fragilidad no puede hacer nada sin tu ayuda, y que no ignoras con cuántas y cuán grandes tentaciones,[6] nosotros pobres pecadores, somos rodeados y acechados, que tu poder, oh Señor, sostenga nuestra debilidad, para que siendo defendidos por la fuerza de tu gracia, seamos preservados seguros contra todos los asaltos de Satanás, que anda alrededor constantemente como león rugiente, buscando devorarnos.[7]  Aumenta nuestra fe,[8] oh Padre misericordioso, para que no nos desviemos en ningún momento de tu palabra celestial, sino que aumentes en nosotros la esperanza y el amor, con una cuidadosa obediencia a todos tus mandamientos, para que ninguna dureza de corazón,[9] ni hipocresía, n concupiscencia de ojos,[10] ni seducciones del mundo, nos aparten de tu obediencia.  Y viendo que vivimos ahora en estos tiempos peligrosos,[11] que tu providencia paternal nos defienda contra la violencia de todos nuestros enemigos, que en todo lugar nos persiguen; pero principalmente contra la perversa ira y los furiosos disturbios de ese ídolo romanista, enemigo de tu Cristo.[12]

Más aún, puesto que por tu santo apóstol nos enseñas a hacer nuestras oraciones y súplicas por todos los hombres,[13] oramos no solamente por nosotros aquí presentes, sino que te rogamos también que rescates a todos los que aún son ignorantes, de la miserable cautividad de la ceguera y el error, a un entendimiento y conocimiento puro de tu verdad celestial, para que todos, de común acuerdo,[14] te adoremos nuestro único Dios y Salvador; y que todos los pastores y ministros, a quienes has encargado la dispensación de tu santa palabra,[15] y el cuidado de tu pueblo escogido,[16] sean hallados fieles tanto en vida como en doctrina, fijando sus ojos solamente en tu gloria; y que por medio de ellos todas las pobres ovejas que se alejan y se extravían, sean reunidas y devueltas a tu grey.

Más aún, por cuanto los corazones de los gobernantes están en tus manos,[17] te rogamos que dirijas el corazón de todos los reyes, príncipes, y magistrados a quienes has encargado la espada;[18] especialmente, oh Señor, conforme a nuestro deber, te rogamos que mantengas y prosperes el honorable territorio de esta ciudad,[19] dentro de cuya defensa somos recibidos, los magistrados, el consejo, y todo el cuerpo de esta república: Que tu favor paternal los preserve y tu Espíritu Santo gobierne sus corazones de tal manera, para que ejecuten así su oficio, de manera que tu religión sea mantenida con pureza, las costumbres reformadas, y el pecado castigado conforme a la regla precisa de tu santa palabra.[20]

Y por todos los que somos miembros del cuerpo místico de Cristo Jesús,[21] hacemos nuestras peticiones a ti, oh Padre celestial, por todos los que son afligidos con cualquier clase de cruz o tribulación,[22] como guerra, plaga, hambruna, enfermedad, pobreza, prisión, persecución, destierro o cualquiera otra clase de tus varas, ya sea calamidad de cuerpo, o aflicción de mente,[23] que te plazca darles paciencia y constancia, hasta que les envíes completa liberación de todas sus tribulaciones.  Y como estamos obligados a amar y a honrar a nuestros padres, parientes, amigos y país,[24] debemos pues muy humildemente rogarte que muestres tu clemencia sobre nuestro miserable país de Inglaterra,[25] que alguna vez, por tu misericordia, fue llamado a libertad, y ahora por sus pecados y nuestros pecados, es puesta bajo la más vil esclavitud y cautividad babilónica.

Arranca de ahí, oh Señor, a todos los lobos voraces,[26] que para llenar sus estómagos destruyen tu rebaño.[27]  Y muestra tus grandes misericordias sobre aquellos nuestros hermanos que son perseguidos, echados en prisión, y diariamente condenados a muerte por el testimonio de tu verdad.[28]  Y aunque sean destituidos por completo del auxilio humano,[29] que no obstante tu dulce consuelo nunca se aparte de ellos, sino que de tal manera inflame sus corazones con tu Espíritu Santo, para que puedan resistir valiente y alegremente las pruebas[30] que tu divina sabiduría señale.[31]  Para que al final, tanto por su muerte como por su vida,[32] el reino de tu amado Hijo Jesucristo crezca y brille por todo el mundo.  En cuyo nombre hacemos nuestras humildes peticiones a ti, como él nos ha enseñado.

Padre nuestro que estás en los cielos, etc.[33]

Dios todopoderoso y eterno, concede, te rogamos, nos otorgues perfecta perseverancia en tu fe viva, aumentándola en nosotros diariamente,[34] hasta que crezcamos a la plenitud de la estatura de nuestra perfección en Cristo,[35] de cuya fe hacemos nuestra confesión, diciendo:

Creo en Dios Padre todopoderoso, etc. [36]

[1] 1ª Pedro 5:6.

[2] Números 16:22; Deuteronomio 9:18; Josué 7:6.

[3] Mateo 13:3-8.

[4] Lucas 11:13; Romanos 8:12-17; Santiago 5:16; 1ª Juan 5:14; Romanos 12:11-12.

[5] 2ª Corintios 3:5; Juan 15:5; Filipenses 2:13.

[6] Salmo 40:12-13,17; 1ª Pedro 1:6.

[7] 1ª Pedro 5:8.

[8] Lucas 17:5.

[9] Salmo 95:7-8; Hebreos 3:7ss.; 4:7.

[10] 1ª Juan 2:15-17.

[11] 1ª  Timoteo 4:1ff.; 2ª Pedro 3:3ff.; 2ª Timoteo 3:1ss.; Judas.

[12] 2ª  Tesalonicenses 2:1ff.; 1ª Juan 2:18; Apocalipsis 13, 17.

[13] 1ª Timoteo 2:1ff.

[14] Romanos 15:6; 1ª Corintios 1:10; Efesios 4:3.

[15] Juan 21:15-17; Mateo 28:19-20; 1ª Corintios 9:16ss.; Marcos 16:15.

[16] 1ª Pedro 5:1-3.

[17] Proverbios 21:1.

[18] Romanos 13:4; Juan 19:11.

[19] Por la prosperidad del territorio de Ginebra [nota marginal].

[20] 1ª Timoteo 1:3ff.; Santiago 1:18ss.

[21] 1ª Corintios 12:12-13; Romanos 12:4-5.

[22] Santiago 5:13-15.

[23] 2ª Corintios 1:6ff.; Hebreos 13:3.

[24] éxodo 20:12

[25] Por Inglaterra [nota marginal].

[26] Mateo 7:15; Hechos 20:29.

[27] Ezequiel 34:1ff.; Romanos 16:17-18; Filipenses 3:2,18-19.

[28] Hebreos 13:3; Romanos 8:36; Salmo 44:22.

[29] Juan 16:33.

[30] 1ª Pedro 1:7.

[31] Hechos 2:23; Mateo 10:35ss.; Lucas 21:12ss.

[32] Romanos 14:7-8.

[33] Mateo 6:9-13.

[34] Lucas 17:5.

[35] Efesios 4:12-16.

[36] Credo de los apóstoles.

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Ver también: Identidad confesional: Estándares de WestminsterLas oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLas oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Salmo 67 (para canto congregacional)Salmo 100 (para canto congregacional)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.