Sermón expositivo de Hechos 1:8: El Reino del Mesías y la Gran Comisión (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

En este sermón (de 34 mins.) se explica cómo el derramamiento del Espíritu Santo sería la señal de que el Reino de Israel sería restaurado en la Iglesia, el pueblo de Dios reconstituido en el Nuevo Testamento. El poder del Espíritu Santo que vino sobre la Iglesia es poder para dar testimonio de la identidad del Señor Jesús como el Mesías prometido a quien le ha sido dado dominio universal y eterno sobre la humanidad.  Asimismo, se explica el trasfondo antiguotestamentario y el contexto y significado escatológico de la “Gran Comisión.”  La “Gran Comisión” es un mandato, una predicción y una promesa referidos al cumplimiento de las profecías antiguotestamentarias del reinado universal del Hijo de David, el Ungido de Dios o Mesías.

Domingo 23 de marzo de 2014.

Enlace al archivo de audio: Sermón Hechos 1:8 (AMM, Mar. 23, 2014).

Lecturas del culto:

  • Antiguo Testamento: Isaías 43:1-12
  • Evangelio: Juan 15:20-27
  • Nuevo Testamento: Hechos 1:7-9

Texto en la portada del orden de culto: El ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de Juan.

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Ver también: Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasEl evangelio y las misionesEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoVistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario);La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraSobre el “bautismo en Espíritu Santo y fuego”(Lucas 3:16)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

El Hijo del Hombre es Señor del Día de Reposo (Marcos 2:28)

Por Benjamin B. Warfield.

Fragmento tomado de “The Foundations of the Sabbath in the Word of God.”

El Día de Reposo… no es un invento del hombre, sino una creación de Dios…  Es Jehová quien hizo el Día de Reposo; aunque para el hombre, el Día de Reposo no es del hombre, sino que ha venido al hombre como un regalo de Dios mismo.  Y, como Dios lo ha hecho, así también lo ha guardado, como ha guardado todo lo demás que ha hecho, bajo Su propia mano.  No está en la potestad de ningún hombre deshacer el Día de Reposo, o rehacerlo—desviando de, o, como quisiéramos poder hacerlo, ajustándolo mejor a, su función divinamente designada.  Lo que el Señor ha hecho de él, eso es lo que Él mismo verá que permanezca.  Esto en efecto nuestro salvador nos dice en esas palabras ya aludidas.  Pues, inmediatamente después de declarar que “el Día de Reposo fue hecho para el hombre”—con la implicación abierta, por supuesto, de que fue por Dios que fue hecho para el hombre—procede a vindicar para sí mismo la sola potestad sobre él.  “Por tanto,” añade, “el Hijo del Hombre es también Señor del Sabbath” [Marcos 2:28].

…El énfasis en cualquier caso es sobre la grandeza de la autoridad afirmada por nuestro Señor cuando declaró su señorío sobre el Día de Reposo, y el término “Señor” está en el empuje original en el enunciado, a fin de que reciba todo el acento.  Este gran dominio nuestro Señor reclama para sí mismo como el Hijo del hombre, ese ser celestial, a quien Daniel vio viniendo con las nubes del cielo para levantar sobre la tierra el Reino.  Por cuanto el Día de Reposo fue hecho para el hombre, Él, el Hijo del Hombre, a quien le ha sido dado dominio y gloria, y un reino, a fin de que todos los pueblos, naciones, y lenguas lo sirvan—quien reina por derecho sobre el hombre y sobre todas lo concerniente al hombre—es Señor también del Día de Reposo.  Hay obviamente dos caras en esta declaración.  El Día de Reposo, por un lado, es el Día del Señor.  Le pertenece.  Él es Señor de él; dueño de él—puesto que eso es lo que significa “Señor.”  Él puede hacer con el día lo que Él quiera; abolirlo si él así lo decide—aunque abolirlo está tan lejos de ser posible a partir de lo que sugiere el pasaje; regularlo, adaptarlo para las circunstancias cambiantes de la vida humana para el beneficio del cual fue hecho.  Por otro lado, tan sólo por ser el Día del Señor, no es día de nadie más.  No es día del hombre; no está en la potestad del hombre.  Decir que el Hijo del Hombre es Señor del Día de Reposo es retirarlo del control de los hombres.  Es reservar para el Hijo del Hombre toda autoridad sobre él.  No es el hombre sino el Hijo del Hombre quien es Señor del Día de Reposo.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

 Benjamin B. Warfield (1851-1921), de nacionalidad estadounidense, fue un teólogo reformado, educado en la Universidad de Princeton y el Seminario de Princeton, de donde también fue profesor de Teología Sistemática (1887-1921). 

La conferencia de donde este fragmento está tomado fue dictada originalmente en el Décimo Cuarto Congreso Internacional del Día del Señor en Oakland California (27 de julio al 1 de agosto de 1915).  Fue publicada en Sunday the World’s Rest Day [Domingo, el día de descanso del mundo], escrito por Duncan James McMilan & Alexander Jackson (Garden City: Doubleday, 1916); pp. 63-81; y en The Free Presbyterian Magazine (Glasgow, 1918), pp. 316-19; 350-54; 378-83. 

Para el fragmento aquí traducido se utilizó el texto añadido como “Apéndice Uno” al libro The Day of Worship.  Reassessing the Christian Life in Light of the Sabbath [El día de adoración.  Revaluando la vida cristiana a la luz del Día de Reposo] escrito por Ryan M. McGraw (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2011); pp. 167-168.

Salmo 67 (para canto congregacional)

Letra metrificada en español por Alejandro Moreno Morrison.

Partitura con letra (PDF): AMM. Salmo 67 con partitura melodía Jerusalem, tamaño carta (rev. 2016)

Enlace al Archivo MIDI de la melodía Jerusalem

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Ver también: La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl evangelio y las misionesLa profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)El reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasSalmo 100 (para canto congregacional)El reino del Mesías y Su Iglesia.]

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Nota editorial: Escribí la primera versión de esta metrificación en español del Salmo 67 en 2009, y se la mostre a mi querido amigo el Pbro. Dr. Gerald Nyenhuis.  Él me comentó que era su salmo favorito, y que era el salmo por el que había sentido el llamamiento del Señor para ser misionero.  Me pidió que le enviara la letra  los encargados de la música en la Iglesia Presbiteriana Berith (donde fue pastor por tres décadas y media en la Ciudad de México).  En aquella ocasión no contaba con una partitura simplificada de esta melodía para canto congregacional.  En el documento donde envié la letra escribí esta nota dedicatoria para aquella primera versión:

Con gratitud a nuestro Dios por el fructífero ministerio misionero del Pbro. Dr. Gerald Nyenhuis en México

Posteriormente, hice varios cambios a la letra en 2014, y la añadí a una partitura de la melodía seleccionada (Jerusalem, de Charles H. H. Parry) arreglada para canto congregacional.  Durante 2014, cantamos a capella dicha versión del Salmo 67 en una pequeña misión que tuve a mi cargo en la Ciudad de México.  Volví a hacerle cambios en 2016, con el afán de apegarme lo más fielmente al texto bíblico hebreo y usar lenguaje lo más parecido al de la versión Reina-Valera de la Biblia.

El pastor Nyenhuis está ya gozando de la presencia del Señor, y sus obras con él siguen (Apocalipsis 13:14).  Así que la dedicatoria de esta versión revisada de la metrificación en español del Salmo 67 sigue siendo la misma, pues sigo estando agradecido al Señor por la vida y ministerio misionero en México de mi amigo el Dr. Nyenhuis.

El mensaje del sermón de Pedro en Pentecostés: Arrepentíos

Por David G. Peterson.

Fragmento tomado de The Acts of the Apostles, The Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), pp. 153-154.

‘El discurso de Pentecostés es parte de una escena de reconocimiento en la que, a la manera de una tragedia, personas que han actuado ciegamente en contra de sus propios intereses de repente reconocen su error.’  El discurso está de hecho diseñado para producir la respuesta aquí indicada [Hch. 2:37].  Cuando la gente descubrió cuán testaruda y necia había sido (v. 36), fueron compungidos de corazón, es decir, que fueron golpeados en sus consciencias o que estaban llenos de dolor…

El llamamiento de Pedro, ‘arrepentíos’ (metanoesate) hace eco de la predicación de Juan el Bautista (Luc. 3:3, 8; cf. Mt. 3:2) y de Jesús (Luc. 5:32; cf. Mt.4:17), quienes vincularon el arrepentimiento con la proclamación de que ‘el reino de los cielos se ha acercado’.  Pero el arrepentimiento en el Libro de los Hechos es normalmente demandado sobre la base específica de lo que es proclamado acerca de Cristo Jesús (e.g., 2:26-36; 3:17-21; 17:30-31; 20:21; 26:20; cf. 8:22).  Tantas cosas prometidas en conexión con el gobierno escatológico de Dios han sido cumplidas por medio de él, y él es el único salvador del juicio venidero.  La muerte, resurrección, y ascensión de Jesús traen la realización de las expectativas del AT del reino para Israel y las naciones.  El arrepentimiento involucra un “cambio de mente” acerca de Jesús y su papel en los propósitos del Reino de Dios, como lo sugiere la terminología griega.  Pero metanoein en la LXX [Septguaginta] casi siempre traduce el hebreo niham…, que significa ‘lamentar’ algo.  Más aún, el AT muestra regularmente que el genuino dolor por el pecado involucra una alteración de actitud hacia Dios que produce una ‘conversión’ o reorientación de la vida.  El uso del NT de la terminología debe ser interpretado dentro de este marco bíblico-teológico.  En Hechos 2:38, el arrepentimiento significa una reorientación radical de vida con respecto a Jesús, expresando dolor por haber rechazado a aquél acreditado por Dios como Señor y Cristo (cf. 2:22-36).  El arrepentimiento es una responsabilidad humana — algo que se nos ordena hacer.  Pero también es el regalo de Dios — el arrepentimiento es posible solamente por la habilitación de Dios (cf. 3:26; 5:31; 11:18).

El mandamiento ‘bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo’ expresa el lado positivo del arrepentimiento, involucrando el invocarlo para salvación y la lealtad a él como Señor y Mesías.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 2:29-40 (audio)

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésSobre el bautismoSobre los medios de graciaEl reino del Mesías y Su IglesiaLa correcta interpretación de Romanos 10:9-10La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeJerusalén: Lugar del fin de la antigua eraLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

David G. Peterson es senior research fellow en Nuevo Testamento en Moore Theological College (Sydney, Australia).

El mensaje del evangelio lleva implícito el mandato misionero

Por Peter T. O’Brien.

Tomado de Gospel and Mission in the Writings of Paul.  An Exegetical and Theological Analysis (Grand Rapids: Baker, 1995), pp. 69-70 y 77.

El propósito del evangelio: el gobierno de Cristo sobre el nuevo pueblo de Dios

Ya hemos visto que el propósito de la comisión misionera de Pablo, así como la de su mensaje apostólico, era la obediencia a la fe entre los gentiles por amor del nombre de Cristo (Rom. 1:5).  Notamos que esta declaración programática llama la atención al propósito, esfera, y persona en cuyo nombre la totalidad de los esfuerzos misioneros de Pablo eran perseguidos.  ‘Dios está ya cumpliendo su propósito en la historia de la redención por medio del evangelio de Pablo, es decir, la predicación de Jesucristo [Rom. 16:25]’.[1]  Conforme el apóstol [Pablo] proclama este mensaje de autoridad, ‘Jesús, el rey de Israel, toma a las naciones cautivas a la obediencia a sí mismo (Gen. 48:10, Sal. 2:8 y ss.)’.  El evangelio así predicado es el medio ‘por el cual el Cristo Resucitado, en el cumplimiento de los tiempos, afirma su gobierno sobre el nuevo pueblo de Dios.’[2]

Constreñidos por el evangelio

Si hemos entendido que Jesucristo está en el centro del plan redentor de Dios y que los propósitos divinos encuentran su cumplimiento, clímax, y consumación en su obra salvífica, entonces quienes hemos venido a estar bajo su gobierno como Señor debemos estar plenamente comprometidos a extender esos propósitos salvíficos en los que los gentiles, junto con los judíos, son traídos a la obediencia a Él.

Nosotros que hemos experimentado verdaderamente el poder salvífico del evangelio en nuestras vidas y tenemos la seguridad de ser liberados de la ira venidera en el día final, no podemos sino ser deudores a aquellos por quienes Cristo murió–tal  y como Pablo era deudor a ellos. Si conocemos el desesperado predicamento de los hombres y mujeres bajo el juicio divino–nosotros  mismos hemos estado en ese predicamento–y que el evangelio es la única esperanza para ser librados de la ira venidera, entonces deberíamos estar totalmente involucrados en traerlo a las vidas de otros.

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[1] D. B. Garlington, “The Obedience of Faith in the Letter to the Romans. Part I…,” en Westminster Theological Journal 52 (1990), p. 205.

[2] Ibid., p. 203.

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Ver también: Brevísima introducción a la teología bíblica del evangelismo y las misiones (audio); Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoSobre el pacto abrahámicoLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

El Rev. Dr. Peter T. O’Brien, de nacionalidad australiana, fue educado en el Australian College of Theology, Moore College (Austalia), la Universidad de Londres, y la Universidad de Manchester (Ph.D.).  Es pastor y misionero en Australia, fue Vice-Director y es investigador y profesor de Nuevo Testamento y de Misiones en Moore College, además de dar clases en la India, Singapur, Inglaterra y Estados Unidos de América.  Es doctor en divinidades (D.D.) honoris causa por Westminster Theological Seminary, y doctor en teología (Th.D.) honoris causa por el Australian College of Theology.  Es vice-presidente de la Church Missionary Society of Australia.

El Reino de Dios a lo largo de la historia de la redención

Por Alejandro Moreno Morrison.

La sentencia que Dios emite como Juez del Universo en Gen. 3:15 decreta la destrucción de Su adversario (Satanás) junto con la simiente de éste, es decir, todos aquellos seres humanos en quienes Dios no ponga enemistad contra dicho adversario.  En el mismo acto de sentencia contra sus enemigos, Dios también revela Su soberana gracia salvífica para con la descendencia escogida de Eva, es decir, aquéllos en quienes Él pondrá enemistad contra la serpiente.  Dios no destruirá a toda la humanidad que lo traicionó aliándose con Su adversario sino que salvará a un remanente.  La elección, por pura gracia (Efe. 1:5; Rom. 9:11; 11:5; 2 Tes. 2:13), de un remanente de la humanidad caída para salvación y la consecuente preservación del planeta tierra (Rom. 8:19-21) tienen también como propósito que un ser humano descendiente de Eva reivindique el dominio material de Dios sobre la tierra que Satanás arrebató a Adán.

A Abraham y a Jacob, Dios les promete que reyes saldrán de ellos (Gen. 17:6; 35:11).  Isaac bendice a Jacob y a su descendencia diciendo: “Sírvante pueblos; y naciones se inclinen a ti” (Gen. 27:29).  Jacob profetiza que la descendencia de su hijo Judá vencerá a sus enemigos, que el cetro no le será quitado, y que a él será la obediencia de los pueblos (Gen. 49:8-12).  Por medio de Balaam, Dios anuncia al mundo que “se levantará centro de Israel” que destruirá a sus enemigos (Num. 24:17-24).  Ana, madre del profeta Samuel que ungirá a David, profetiza: “Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde los cielos; Jehová juzgará los confines de la tierra, dará poder a su Rey, y exaltará el poderío de su Ungido” (1 Sam. 2:10).

Estas profecías sobre el Reino de Dios comienzan su cumplimiento con el reinado de David (1 Cro. 28:5), de la tribu de Judá, y son confirmadas y ampliadas por el pacto que Dios hace con David y su descendencia (2 Sam. 7:8-29; 23:1-7; Sal. 132).  David mismo profetiza que su descendiente, en quien se cumplirán las promesas del Reino de Dios, es mayor que él (Sal. 110; cf. Mat. 22:43-45; Mar. 12:37; Luc. 20:41-44).  Los salmos y los libros proféticos reiteran la universalidad y perpetuidad del Reino de Dios mediante el gran Hijo de David, y cómo éste destruirá a sus enemigos y reinará sobre todas las familias de la tierra, en los postreros días, en “el día de Jehová”.

En su sermón el día de Pentecostés, Pedro apela al cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en relación con el Señor Jesucristo, y muestra que el derramamiento del Espíritu Santo es una señal más de que aquél a quien crucificaron es verdaderamente el Hijo de Dios, quien tras haber resucitado ascendió al cielo y se sentó en el trono de David a la diestra del Padre, desde donde ha enviado Su Espíritu a quienes son verdaderamente Su pueblo.  La venida del Espíritu Santo y sus efectos (la proclamación del evangelio a todas las familias de la tierra y su conversión, la obediencia a la fe, al evangelio –Rom. 1:5; 16:26) son señales de que “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apo. 11:15).

* Nota editorial: Texto originalmente escrito para la portada del orden de culto del domingo 17 de agosto de 2014, de la Misión Reformada Presbiteriana en la Ciudad de México.  Editado el 21 de junio de 2020.  Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 2:22-37 (audio).

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Ver también: La fusión del Reino de Dios y el reinado de la dinastía davídica en el libro de Salmos; Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoSobre el pacto abrahámicoLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El evangelio y las misionesEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoSerie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Cómputo de los 70 septenos (“sietes” o “semanas”) de la profecía de Daniel 9:20-27Brevísima introducción a la teología bíblica del evangelismo y las misiones (audio)

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Significado escatológico del Pentecostés

Por Dennis E. Johnson.

Tomado de The Message of Acts in the History of Redemption (Phillipsburg: P&R, 1997), pp. 55-56.

Lucas aprendió del Espíritu que los “postreros días” de la escatología del Antiguo Testamento habían comenzado.  El tiempo de la reparación prometida por los profetas había comenzado con la venida de Jesús el Mesías.  Quizá no logramos entenderlo a primera vista a partir de la forma de las promesas proféticas, pero la obra de reparación del Señor en los postreros días viene en dos fases.  La primera fase arribó por medio de la vida, muerte, resurrección, y entronización del mesías, y el derramamiento del Espíritu Santo de Dios sobre su iglesia.

La infección inicial del orden creado también ocurrió en dos fases.  Primero la “muerte” que separó a Adán y Eva de su Dios en el día de su desobediencia (Gen. 2:17).  Después esta muerte espiritual y relacional se manifestó en la muerte de sus cuerpos, que volvieron al polvo (3:19).  Similarmente, la cura viene primero a lidiar con la fuente oculta, espiritual, de la descomposición, nuestra alienación espiritual y relacional respecto de nuestro Creador y de nuestro prójimo; y luego, al final, se hará visible en la reversión de la muerte del cuerpo mediante la resurrección.  La salvación escatológica prometida por los profetas ya ha venido; pero el clímax prometido de la salvación todavía no ha venido.

Ésta es una tensión incómoda en la cual vivir, en el cruce de caminos entre la entropía cósmica inducida por el pecado, por un lado, y la energía creativa inagotable de Dios, por el otro…  La presencia del Espíritu en nuestras vidas es un anticipo, una primera entrega, de la restauración plena que nos aguarda cuando Cristo vuelva.  Y por cuanto el Espíritu nos da este anticipo de la redención final, también abre nuestro apetito para desear el festín completo…

La fatiga externa, el estrés, el sufrimiento, y lo “arruinado” es fácil de ver.  La reconstrucción interna de Dios, su renovación, y su reconstitución son discernibles sólo para aquellos que (paradójicamente) miran “las cosas que no se ven” [2ª Cor. 4:18].  Sería fácil concluir, a partir del estado del mundo, del estado de la iglesia, o del estado de nuestra propia conducta, que nada importante sucedió en los meses después de que Jesús de Nazaret fue crucificado.  Pero de hecho ese fue el inicio del fin del viejo proceso de descomposición, y fue el inicio de un nuevo comienzo, el amanecer de los postreros días.

Ésta es la perspectiva sobre la presencia del Espíritu en la Iglesia que emerge del relato del Pentecostés (Hch. 2:1-41) y la subsecuente curación del cojo a las puertas del templo (3:1-4:31).  Visto con el trasfondo de la promesa profética, estas primeras señales del poder de Jesús para rescatar y reparar por su Espíritu revelan que la vida de la Iglesia es ahora una primera entrega y atisbo de la paz, pureza, amor, y gozo del mundo venidero, aun en medio de la presente contaminación, descomposición, y muerte de la vieja creación.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio).

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Origen de la expresión bíblica ‘postreros días,’ o ‘últimos tiempos’ (eschaton)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

El Rev. Dr. Dennis E. Johnson, de nacionalidad estadounidense, es un pastor y teólogo reformado.  Fue educado en Westminster Theological Seminary (M. Div., Th.M), y en Fuller Theological Seminary (Ph.D.), y es profesor de Teología Práctica de Westminster Seminary California, y autor de varios libros.

La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)

Por Allan Harman.

Tomado de Psalms Vol. 1: Psalms 1-72: A Mentor Commentary (Fearn: Christian Focus, 2001), pp. 531-532.

[V. 8]  La extensión del reino del gobernante mesiánico es expresada en términos de la promesa a Abraham.  Fue durante el imperio davídico-salomónico que los límites de ‘la tierra prometida’ alcanzaron su plena extensión (1 Rey. 4:21, 24).  Sin embargo, existe un cambio notable aquí comparado con anteriores referencias antiguo-testamentarias a la tierra.  El límite no se extiende hasta el Río [Éufrates], ¡sino de ahí en adelante!  Ya no será el restringido territorio asignado como tierra prometida, sino que será un reino universal.  El Salmo 72:8 no puede ser considerado aisladamente, en vista de que en Zac. 9:10 se usa lenguaje casi idéntico: ‘Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.’  Tanto en ese pasaje como aquí en el Salmo 72, el contexto trata acerca de eventos escatológicos.

[Vv. 9-10] Desde lugares lejanos la gente reconocerá el reinado del Mesías, y sus enemigos serán puestos bajo su autoridad.  ‘Postrarse ante’ y ‘lamer el polvo’ son expresiones sinónimas de sumisión (ver Isa. 49:23).  Los lugares mencionados (Tarsis, Sabá y Seba) representan las naciones distantes, con sus gobernantes viniendo a presentar sus tributos como señal de alianza a este rey universal.  El Nuevo Testamento habla de la venida de un día cuando Jesús habrá destruido todos los demás dominios y poderes, y todos sus enemigos serán puestos bajo sus pies (1ª Cor. 15:24-25).

[Vv. 12-14] Aunque éste y los versículos anteriores expresan la idea de sumisión en términos que aluden al reinado de Salomón, el cumplimiento final de esta promesa será cuando Jesús, como el Cordero, venza porque él es Señor de señores y Rey de reyes (Apo. 17:14; 19:16).

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Ver también: Jerusalén: Lugar del fin de la antigua era; Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede; La profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27; Salmo 67 (para canto congregacional); La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4); El reino del Mesías y Su Iglesia; La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del Mesías; La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo Testamento; Exaltación y entronización del Señor Jesucristo; Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

Allan Harman es profesor investigador de Antiguo Testamento en el Presbyterian Theological College (Melbourne, Australia).  Además de haber dado clase y predicado en muchos países, sirvió como editor del Reformed Theological Review, la revista teológica más antigua de Australia.

El Señor Jesucristo es ya el rey mesiánico que se ha sentado en el trono de David

Por George Eldon Ladd y Donald A. Hagner.

Tomado de A Theology of the New Testament, ed. rev. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993), pp. 372-373.

La exaltación de Jesús a la diestra de Dios significa nada menos que su entronización como rey mesiánico.  Pedro concluye su primer sermón con la afirmación, “a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hch. 2:36).   …el contexto deja claro que Jesús era el Mesías en su ministerio terrenal, y el contexto inmediato deja claro que Pedro quiere decir que Jesús ha entrado en una nueva etapa de su misión mesiánica.  Ha sido ya entronizado como rey mesiánico.

Pedro evoca que David había recibido una promesa de Dios de que uno de sus descendientes se sentaría sobre su trono (2:30).  Esta promesa aparece explícitamente en el Salmo 132:11; pero también está implícita en tales profecías como 2 Sam. 7:13, 16; Is. 9:7; 11:1-9; Je. 33:17, 21.  Porque David presagió que el más grande de sus descendientes se sentaría sobre su trono, predijo también la resurrección del Mesías.  Este evento ha sido ahora cumplido; el Mesías ha sido levantado de entre los muertos y exaltado a la diestra de Dios (2:33), para sentarse en el trono a la diestra de Dios.  Para probar esta entronización mesiánica, Pedro cita del Sal. 110:1, en donde Jehová dice al Señor de David que se siente a la diestra de Dios hasta que sus enemigos sean conquistados (Hch. 2:34-35).  En su contexto Antiguo Testamentario, este salmo prevé una entronización del Señor de David sobre el trono de Jehová en Jerusalén.  Esto es demostrado por el Sal. 110:2, donde el rey mesiánico extiende su centro desde Jerusalén (Sión), gobernando sobre sus enemigos.  El que el trono del rey ungido de Jehová podía llamarse el trono de Jehová es demostrado por 1 Cron. 29:23.

En otras palabras, los nuevos eventos redentores en el curso de la… “historia de la salvación” han forzado a Pedro a reinterpretar el Antiguo Testamento.  En virtud de la resurrección y ascensión de Jesús, Pedro transfiere el trono davídico mesiánico de Jerusalén a la diestra de Dios en el cielo.  Jesús ha sido ahora entronizado como el Mesías davídico sobre el trono de David, y está esperando la consumación final de su reino mesiánico.  Éste es uno de los significados incluidos en la proclamación resumida final, que Dios ha hecho al Jesús crucificado tanto Señor como Cristo.  Jesús ha entrado a una nueva función dentro de su misión mesiánica integral.  En los días de su carne había sido ungido (Hch. 4:27; 10:28), y fue como el Mesías que había sufrido (3:18).  Pero en su exaltación Jesús se convierte en Mesías en un nuevo sentido: ha comenzado su reino mesiánico como el rey davídico.

Esto involucra una reinterpretación radical de las profecías del Antiguo Testamento, pero no más que toda la reinterpretación del plan redentor de Dios hecho por la iglesia primitiva.  De hecho, es una parte esencial de esta reinterpretación demandada por los eventos de la historia de la redención.  Si la primera etapa de la resurrección escatológica ha sucedido, entonces la era mesiánica ha comenzado y las bendiciones mesiánicas han sido dadas porque el Mesías ya ha comenzado su reino.

Sin embargo, aquí, como en los otros elementos escatológicos del kerigma, queda algo para el futuro.  Jesús está entronizado como el Mesías, pero su reino no está completo.  Debe reinar hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (Hch. 2:35).  La consumación de esta victoria todavía está en el futuro.  Está reinando; pero sus enemigos todavía no están sometidos.  Ésta es la razón por la que Pedro más adelante habló de una venida futura del Mesías para llevar a cabo el establecimiento de todo lo que Dios había prometido.  Jesús es el Mesías; está reinando; la era mesiánica con sus bendiciones está presente.  Pero está aguardando una victoria futura; la consumación de su reino aguarda su futura venida.  Cumplimiento-consumación: tal es la tensión en el kerigma escatológico.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 1:9-11 (audio).

Ver también: Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésContraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeJerusalén: Lugar del fin de la antigua eraSermón expositivo de Hechos 1:1-3 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:4-5 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:6-7 (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:8 (audio).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

George Eldon Ladd (1911-1982), de nacionalidad estadounidense, fue un pastor y erudito en Nuevo Testamento.  Fue educado en Gordon College, Gordon Divinity School, Boston Univeristy, y Harvard University (PhD en Griego bíblico y patrístico).  Fue profesor de Nuevo Testamento en Fuller Theological Seminary.

Donald A. Hagner, de nacionalidad estadounidense, fue educado en Northwestern University, Fuller Theological Seminary, y University of Manchester.  Fue profesor en Wheaton College y es profesor emérito de Nuevo Testamento en Fuller Theological Seminary.