Sobre los medios que Dios usa para impartir Su gracia

Por R. B. Kuiper.

Tomado de El cuerpo glorioso de Cristo. La santa Iglesia (Grand Rapids: Sucomisión de Literatura Cristiana, 1980), pp. 188, 189-190.

La Iglesia de Roma está en un error cuando enseña que la iglesia confiere gracia salvadora a los hombres.  Sólo Dios puede hacer tal cosa.  Dios salva, no la iglesia.  Pero es cierto que Dios ha honrado a su iglesia al confiarle los medios por los cuales Dios acostumbra impartir esta gracia salvadora a los hombres.  Uno de estos medios es la Palabra de Dios.  Por medio de su Palabra Dios da fe a aquellos que no la tienen y fortalece la fe de aquellos que ya la tienen.  Los sacramentos son otro medio de gracia por el cual Dios fortalece la fe de su pueblo.

Entiéndase que los sacramentos no añaden nada a la Palabra de Dios.  No hay nada en los sacramentos que no esté en la Palabra de Dios.  Cuando la iglesia administra los sacramentos proclama en forma visible el mismo evangelio que proclama audiblemente por medio de la predicación.  Por la predicación de la Palabra se presenta el evangelio por las puertas del oído; por la administración de los sacramentos se presenta el mismo evangelio por las puertas de la vista.  Eso no quiere decir que los sacramentos carezcan de dignidad. Al contrario, significa que comparten la alta dignidad de la Palabra de Dios.

Los sacramentos son medios de gracia.  Es decir, que son medios por los cuales Dios el Espíritu Santo usualmente imparte su gracia a los creyentes.  Es importante mantener que no son más que eso—medios de gracia; es asimismo importante sostener que no son menos que eso.

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Ver también: La Cena del SeñorSobre el bautismoSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo TestamentoOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sermón temático: Sola gracia (audio)Sermón expositivo de Hechos 2:38-41, el bautismo (audio).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

Reink Bouke Kuiper, de nacionalidad estadounidense aunque nacido en Holanda, fue educado en la Universidad de Chicago, la Universidad de Indiana, Calvin Theological Seminary, y Princeton Theological Seminary.  Fue uno de los profesores fundadores de Westminster Theological Seminary (1929-1930) como profesor de Teología Sistemática.  En 1930 aceptó la presidencia de Calvin Theological Seminary, volviendo en 1933 a Westminster como profesor de Teología Práctica.  Tras retirarse de Westminster volvió a servir como presidente de Calvin College.  Otro de sus libros publicados en español es Evangelismo Cristo-céntrico.    

Sobre el bautismo.

Por Herman Bavinck.

Tomado de Reformed Dogmatics.  Abridged in One Volume (Grand Rapids: Baker,2011), pp. 662-664.

En el Nuevo Testamento [NT], el bautismo tiene su cimiento en la circuncisión del Antiguo Testamento (Gen. 17:10ff.)… en el Antiguo Testamento [la circuncisión] era una señal y sello sacramentales del perdón de pecados y la santificación en el pacto de gracia, cuya promesa única y comprehensiva es: “para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gen 17:7)…  [La circuncisión] sella los dos beneficios del pacto—el de la justicia de la fe (Rom. 4:11) y el de la circuncisión del corazón (Deu. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; Rom. 2:28-29; Col. 2:11); es decir, de la justicia o el perdón de pecados, y de la regeneración o santificación.  La circuncisión externa sin la circuncisión del corazón no tiene valor (Hch. 7:51; Rom. 2:28-29; 3:21, 30; 1ª Cor. 7:19); como un sello de la justicia de la fe, presupone fe.

Por esa razón Dios, por medio de Juan [el Bautista], instituyó el bautismo por agua aun antes de que Jesús comenzara su ministerio público.  Este bautismo… no era algo absolutamente nuevo.  Toda la antigüedad atribuyó un significado religioso-simbólico al agua… aun en Israel a los prosélitos les requerían ser bautizados y presentar un sacrificio así como ser circuncidados para ser admitidos en la comunidad de creyentes.  No obstante, el bautismo sólo se convierte en sacramento, una señal y sello de la gracia, como resultado de haber sido instituido por Dios.  El NT enseña expresamente que “vino palabra de Dios a Juan” para que bautizara (Luc. 3:2-3), que Dios lo envió para este propósito (Jua. 1:33), que su bautismo no era “de los hombres” sino “del cielo” (Mat. 21:25), y que los publicanos que se habían bautizado “justificaron a Dios,” en tanto que los fariseos y escribas, habiéndose rehusado a ser bautizados por Juan, “desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos” (Luc. 7:29-30)…  La institución que Dios hace del bautismo… ocurre ya en el ministerio de Juan, pero Jesús, tras recibirlo él mismo, lo adoptó de [Juan] y lo administró a sus discípulos (Jua. 3:22; 4:1-2).  En Mateo 28:19 Jesús no instituye otro bautismo o un nuevo bautismo pero lo extiende para incluir a todas las naciones…  El nombre aquí indica que la persona bautizada es puesta en una relación con el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

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Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 2:38-41, el bautismo (audio).

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison

Herman Bavinck (1854-1921), de nacionalidad holandesa, fue uno de los más grandes teólogos reformados del siglo XX.  Fue sucesor de Abraham Kuyper en la cátedra de Teología Sistemática de la Universidad Libre de Amsterdam desde 1902.

La Cena del Señor

Por Juan Knox.

Texto original en inglés: © Reformation Press 2004 www.reformationpress.co.uk.

Aquí se declara brevemente, en resumen, conforme a las Escrituras, la opinión que tenemos los cristianos de la Cena del Señor, llamada el Sacramento del Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador Jesucristo.

Primero, confesamos que es una acción santa, ordenada por Dios, en la cual el Señor Jesús, mediante cosas terrenales y visibles puestas delante de nosotros, nos eleva hacia cosas celestiales e invisibles.  Y que cuando hubo preparado Su banquete espiritual, testificó que Él mismo era el pan viviente, con el que nuestras almas tenían que ser alimentadas para vida eterna.

Y por lo tanto, al disponer pan y vino para comer y beber, nos confirma y sella Su promesa y comunión, (esto es, que seremos partícipes con ÉL en Su Reino); y representa para nosotros, y allana para nuestros sentidos, Sus dones celestiales; y también se nos da a Sí mismo, para ser recibido por fe, y no con  la boca, ni aún por transfusión de sustancia.  Sino que, mediante el poder del Espíritu Santo, nosotros, siendo alimentados con Su carne y refrescados con Su sangre, seamos renovados a verdadera piedad y a inmortalidad.

Y también que aquí el Señor Jesús nos congrega en un cuerpo visible, de manera que seamos miembros uno del otro, y hagamos todos a la vez un cuerpo, en el cual Jesucristo es la única cabeza.  Y finalmente, que por el mismo sacramento, el Señor nos llama a recordar su muerte y pasión, para avivar nuestros corazones a alabar Su santísimo nombre.

Más aún, reconocemos que este Sacramento debe ser aproximado reverentemente, considerando que allí se exhibe y se da testimonio de la maravillosa sociedad y entrelazamiento del Señor Jesús con quienes lo reciben; y también, que allí está incluido y contenido en este Sacramento que Él preservará Su Iglesia.  Porque aquí se nos manda anunciar la muerte del Señor hasta que Él venga.

También, creemos que es una confesión, mediante la cual manifestamos qué clase de doctrina profesamos; y a qué congregación nos adherimos; y asimismo, que es un vínculo de amor mutuo entre nosotros.  Y finalmente, creemos que todos los que vienen a esta santa cena deben traer consigo su conversión al Señor, mediante sincero arrepentimiento en fe; y en este sacramento recibir los sellos de confirmación de su fe; empero no deben pensar en forma alguna que en virtud de esta obra sus pecados son perdonados.

Y concerniente a estas palabras Hoc est corpus meum, “Este es mi cuerpo,” de las cuales dependen tanto los papistas, diciendo que necesitamos creer que el pan y el vino son transubstanciados en el cuerpo y sangre de Cristo; afirmamos que no es un artículo de fe que pueda salvarnos ni que estemos obligados a creer so pena de condenación eterna.  Porque si creyéramos que su mismísimo cuerpo natural, carne y sangre, están naturalmente en el pan y el vino, eso no nos salvaría, viendo que mucho creen eso, y empero lo reciben para su condenación.  Porque no es su presencia en el pan lo que puede salvarnos, sino su presencia en nuestros corazones mediante la fe en su sangre lo que ha lavado nuestros pecados y aplacado la ira de Su Padre hacia nosotros.  Y de nuevo, si no creemos en su presencia corporal en el pan y el vino, eso no nos condenará, sino más bien su ausencia de nuestros corazones por incredulidad.

Ahora bien, si objetasen aquí, que aunque fuese cierto que la ausencia del pan no pudiese condenarnos, no obstante estamos obligados a creerlo porque la Palabra de Dios dice, “Este es mi cuerpo,” lo que cualquiera que no crea no sólo miente en sí mismo sino que también hace a Dios mentiroso, y que por lo tanto nuestra condenación sería no creer Su Palabra por tener una mente obstinada; a esto nosotros respondemos, que creemos la Palabra de Dios, y confesamos que es verdadera, pero que no ha de ser entendida burdamente como los papistas afirman.  Porque en el Sacramento recibimos a Jesucristo espiritualmente, como lo hicieron los padres del Antiguo Testamento, conforme a lo que dice san Pablo.  Y si los hombres ponderaran bien cómo Cristo, al ordenar este Santo Sacramento de Su cuerpo y Su sangre, habló estas palabras sacramentalmente, sin duda nunca las entenderían tan burda y neciamente, en oposición a toda Escritura y a la exposición de san Agustín, san Jerónimo, Fulgencio, Virgilio, Orígenes y muchos otros escritores piadosos.

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Ver también: Identidad confesional: Estándares de WestminsterExaltación y entronización del Señor JesucristoOración por toda la Iglesia de Cristo usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y KnoxOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaSobre los medios de graciaSobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia).

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Traducción al español de Alejandro Moreno Morrison. 

Esta breve declaración no tiene fecha, pero puede ser asignada al año 1550, cuando Knox estaba en Inglaterra como capellán del Rey Eduardo VI, tiempo en el que se estudió y discutió profundamente la doctrina y la práctica de la Cena del Señor para la elaboración del Libro de oraciones comúnes de 1549, y su revisión de 1552 (N. del T.).