Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del Señor

Por Alejandro Moreno Morrison.

A principios de 1537, poco después de que sin planearlo ni quererlo Juan Calvino llegara y se quedara en la ciudad-estado de Ginebra, Guillermo Farel y él sometieron al Concilio de Ginebra, es decir, al gobierno civil de dicha ciudad el documento La forma de las oraciones eclesiásticas y cantos con la manera de administrar los sacramentos y consagrar el matrimonio conforme a la costumbre de la Iglesia antigua.

En dicho documento:

proponían edificar a la comunidad por dos medios: la frecuente celebración de la Cena del Señor y el ejercicio de la disciplina [eclesiástica].  Declararon que la Cena debía celebrarse ‘cada domingo’ debido a su abundante provecho.[1]

En su Institución de la religión cristiana, Calvino escribió, “…la Santa Cena podría ser administrada santamente, si con frecuencia, o al menos una vez a la semana, se propusiera a la Iglesia…”[2]  Y aunque a lo largo de todo su ministerio en Ginebra, Calvino buscó implementar dicha práctica nunca logró superar la resistencia del Consejo de la Ciudad, el cual ordenó que la Cena del Señor fuese administrada solamente cuatro veces al año.  Calvino “continuó manifestando su insatisfacción y, todavía en 1561, declaró: “Nuestra costumbre es defectuosa.”[3]

Una de las razones por las que Calvino toma dicha posición en cuanto a la frecuencia para la celebración de la Cena del Señor era su insistencia en guardar continuidad con la tradición[4] apostólica recibida de la Iglesia antigua como el patrón a seguir para la práctica de la Iglesia.  No es que Calvino le atribuyera autoridad a los “padres de la Iglesia” o a la Iglesia antigua, sino que apela a ellos como testigos de la práctica que ellos habían recibido (tradición) de la Iglesia apostólica en lo que había permanecido sin alteraciones que la corrompieran.  Calvino no era un innovador, alguien que buscara inventar una nueva práctica.  Calvino era un reformador, alguien que buscaba volver a la forma ideal original.  Calvino buscaba identificar el modelo de la Iglesia Antigua y limpiar dicha tradición de las corrupciones que le habían sido añadidas a lo largo de los siglos.

La estructura general del orden del servicio seguido en Ginebra en 1542 se parece asombrosamente al de las liturgias antiguas.  Aun en detalle, las nuevas formas siguen paso a paso el bosquejo general de esas liturgias… a veces las palabras son idénticas.[5]

Calvino siguió, “y probablemente tuvo bajo sus ojos, el texto preciso” de las liturgias occidentales.  En contraste con las liturgias orientales, Calvino siguió la manera occidental de consagrar los elementos eucarísticos.  Las “liturgias orientales recurren a la invocación del Espíritu Santo, y las liturgias occidentales a las palabras de la institución [1ª Corintios 11:23-30].”[6]  El formulario ginebrino tenía la misma estructura tripartita que había sido observada “en oriente hasta el siglo IV de manera asombrosa, y en detalle, recuerda partes importantes del ordinario de la misa romana.”[7]

La primera parte de la liturgia tripartita en Ginebra estaba compuesta de:

  • Invocación,
  • Canto de los salmos,
  • Confesión de pecados
  • Oración de iluminación,[8]
  • Lectura y exposición de los textos sagrados
  • Gran oración de intercesión después del sermón,
  • Lectura del Credo apostólico,
  • Lectura de la narrativa de la institución,
  • Sancta sanctis, y
  • Sursum corda.[9]

Después de pronunciar el ministro el sancta sanctis (“Lo santo para los santos”), la congregación responde: “Sólo uno es santo, etc.,” a fin de,

…proteger la santa mesa contra la profanación, negando el acceso a ella de los “extraños, es decir, aquellos que no están en la compañía de los fieles.”  Y la respuesta “Ninguno es santo, etc.,” tiene su eco en la declaración del ministro: “No venimos a declarar que somos perfectos o justos en nosotros mismos, sino al contrario, buscando nuestra vida en Jesucristo, confesamos que estamos en muerte…”[10]

Luego viene el llamado sursum corda (del Latín “¡elevemos nuestros corazones!”):

…elevemos nuestro espíritu y corazones a lo alto donde Jesucristo está en la gloria de Su Padre, de donde lo esperamos para nuestra redención.  No nos dejemos fascinar por estos elementos terrenales y corruptibles que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos, buscándolo ahí como si estuviese encerrado en pan o vino.  Sólo entonces nuestras almas estarán dispuestas a ser nutridas y vivificadas por Su sustancia cuando sean elevadas por encima de lo terrenal, y llevadas tan alto como el cielo, para entrar al Reino de Dios donde Él mora.  Por tanto, contentémonos con tener el pan y el vino como señales y testigos, buscando espiritualmente la realidad en donde la Palabra de Dios promete que la encontraremos.[11]

“Pensando de la misma manera, la Iglesia antigua decía: ‘Sursum corda,’ y Roma repite estas palabras sin entender plenamente su sentido primitivo.”[12]

Calvino recuperó y restauró en entendimiento de la Iglesia antigua de la adoración corporativa en el Día de Reposo como una experiencia transcendente en la que la Iglesia es llevada ante el trono celestial, que es lo que implica el Sursum corda.[13]  Este es el fundamento y corazón del entendimiento de Calvino sobre la presencia de Cristo en la Cena del Señor, como lo había sido en la Iglesia hasta el S. IX (cuando fue introducida la doctrina de la transubstanciación).[14]

Según dicha doctrina romanista de la transubstanciación, en lugar de que la Iglesia sea llevada espiritualmente a la presencia de Cristo, al salón del trono del cielo, supuestamente el cuerpo humano del Señor Jesucristo es multiplicado y una parte del mismo es sacada del cielo y para descender a la tierra y estar presente de manera real (material) en “la esencia” de los elementos del sacramento–Su sangre en el vino, y Su cuerpo en el pan.

La liturgia del Calvino, junto con su articulación doctrinal de la Cena del Señor, depuró a la tradición apostólica de la contaminación y corrupción que sufrió a lo largo de los siglos, y no sólo mantuvo sino que recuperó el significado de trascendencia del sacramento de la Cena del Señor.

Más aún, en la forma de celebración de la Cena del Señor de Calvino hay referencias explícitas a la presencia espiritual de Cristo y a la alimentación espiritual que recibimos al comer Su cuerpo y beber Su sangre.  Que la posición de Calvino era completamente diferente a la de la transubstanciación ya ha quedado claro mediante la referencia hecha al Sursum corda.  Sin perjuicio de lo anterior, Calvino insistió en la dimensión milagrosa y misteriosa de la Cena del Señor.[15]  Por lo tanto, la práctica calviniana de la eucaristía (en contraste con el entendimiento y práctica zwinglianos) no es un acto unilateral de adoración en el que los creyentes traen alabanza y acción de gracias al Señor, sino una ocasión en la que el pueblo de Dios es alimentado espiritualmente recibiendo un regalo más de la gracia de Dios.[16]

Para la actualización de tal milagro, en la liturgia de Calvino no cabe la pronunciación de una fórmula sacramental “mágica” como en el “sacrificio” de la misa romana.  La liturgia de Calvino apela por fe a las promesas contenidas en las palabras canónicas inspiradas de la institución, tal y como fueron consignadas por el apóstol Pablo en su 1ª Epístola a los Corintios.[17]  En tanto que la misa romana cree en un milagro físico, material, la eucaristía reformada cree en un milagro spiritual.

Aquí no debemos ser engañados: el epíteto espiritual no es equivalente a subjetivo.  Como evidencia presentamos el artículo XXXVI de la Confesión de Rochelle: ‘Sostenemos que esto es hecho espiritualmente, no porque pongamos imaginación y fantasía en lugar de hecho y verdad, sino porque la grandeza de este misterio excede la medida de nuestros sentidos y de las leyes de la naturaleza.  En pocas palabras, por cuanto es celestial, sólo puede ser aprehendido por fe.’

Precisamente porque solamente ha de ser aprehendida por fe y porque es prometido solamente a la fe, el milagro en cuestión es de orden espiritual, puesto que la fe es ella misma un acto espiritual.[18]

Calvino no reserva las profundidades de estas verdades a los escritos y discusiones teológicas, sino que las incorpora en la liturgia, de manera que la gente esté consciente del significado e importancia del acto en el que están participando.  La exhortación que Calvino pone en boca del ministro habla de la realidad del milagro que ocurre:

Primero, entonces, creamos en estas promesas que Jesucristo, quien es verdad infalible, ha pronunciado con sus propios labios, es decir, que Él quiere hacernos participar de Su propio cuerpo y sangre, de manera que lo poseamos enteramente de tal manera que Él viva en nosotros y nosotros en Él.  Y aunque solamente vemos el pan y el vino, no dudemos que Él lleva acabo espiritualmente en nuestras almas todo lo que nos enseña externamente mediante estas señales visibles; en otras palabras, que Él es pan del cielo, para alimentarnos y sustentarnos para vida eterna.[19]

“Nuestras almas,” dice más adelante (en alusión al sursum corda), “necesitan ser elevadas por encima de todas las cosas terrenales a fin de estar dispuestas para ser alimentadas y vivificadas por Su sustancia.”

En pocas palabras, el milagro consiste en esto: que Cristo no está “encerrado en el pan y el vino;” Él está en el cielo, “en la gloria con su Padre,” y más aún, desea alimentar “por medio de su sustancia” a aquél que cree.[20]

Calvino junto con muchos otros reformadores evitaron caer en la pretensión de tener una comprensión absoluta de este misterio, pero eso no les impidió confesarlo gozosamente y gozarlo por fe.

La liturgia de Calvino estaba inspirada en el ideal de “fidelidad a la Escritura, respeto por la estructura de las liturgias antiguas, coordinación de la emoción y la inteligencia; búsqueda de verdadera espiritualidad.”[21]

[1] Bard Thompson, ed., Liturgies of the Western Church (Philadelphia: Fortress, 1961), p. 188.

[2] Juan Calvino, Institución de la religión Cristiana (Rijswijk: FELiRe, 1994), IV, xvii, 43; pp. 1117.  Calvino dedica el apartado 44 del mismo capítulo (pp. 1117-1118) a demostrar que:

…no ha sido instituido para ser recibido una vez al año; y esto a modo de cumplimiento, como ahora se suele hacer; sino más bien fue instituido para que los cristianos usasen con frecuencia de él, a fin de recordar a menudo la pasión de Jesucristo, con cuyo recuerdo su fe fuese mantenida y confirmada, y ellos se exhortasen a sí mismas a alabar a Dios, y a engrandecer su bondad…

Refiere san Lucas en los Hechos, que la costumbre de la Iglesia apostólica era como la hemos expuesto, asegurando que los fieles “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42).  Así se debería hacer siempre; que jamás se reuniese la congregación de la Iglesia sin la Palabra, sin limosna, sin la participación de la Cena y en la oración.  Se puede también conjeturar de lo que escribió san Pablo, que éste mismo orden se observó en la iglesia de los corintios, y es evidente y manifiesto que así se mantuvo largo tiempo después.

En el resto del apartado citado, Calvino refiere evidencia textual histórica de la Iglesia antigua, y en los apartados 45 y 46 (pp. 1118-1120) recopila el testimonio de Agustín, Crisóstomo, y Ambrosio.

[3] Bard Thompson, ed., Liturgies of the Western Church (Philadelphia: Fortress, 1961), p. 188.

[4] Aquí se usa la palabra tradición en su sentido técnico, es decir, como la transmisión a lo largo del tiempo de un cúmulo de doctrinas y/o prácticas.  Nuestra palabra castellana “tradición” proviene del latín, traditio que se refiere a la acción de pasar de la mano de uno que entrega a la mano de otro que recibe y hace suyo lo dado.  En el Nuevo Testamento las palabras griegas correspondientes son paradidomi (usada en el sentido de traditio en 1ª Corintios 11:2, 23; 15:3, 2ª Pedro 2:21, y Judas 3) y paradosis (a menudo traducida como tradición y usada en este sentido en 1ª Corintios 11:2; 2ª Tesalonicenses 2:15; y 3:6).  Esta última palabra también es la que usa el Señor Jesucristo para referirse a las tradiciones de los fariseos.  Lo que el Señor reprueba en dichos casos no es la recepción de la tradición sino que el origen de lo transmitido es puramente humano, no divino, y que con dichas tradiciones humanas los fariseos anulaban de hecho la Palabra de Dios (ver Mateo 15:2, 3, 6; Marcos 7:3, 5, 8-9, y 13).

[5] August Lecerf, “The Liturgy of the Holy Supper at Geneva in 1542,” en Richard C. Gamble, ed., Articles on Calvin and Calvinism, Vol. 10, New York: Garland, 1992; p. 208.

[6] Ibid., p. 208.

[7] Ibid., pp. 208-211.

[8] En este punto, en la liturgia reformada de Estrasburgo Calvino insertó el Decálogo.

[9] Ver ibid., p. 208.

[10] Ibid., p. 209.  Estas palabras corresponden, en la liturgia del Libro de oraciones comunes de la Iglesia de Inglaterra (1ª ed. 1549, y 2ª ed. 1552), con la primera parte de la oración de acercamiento que dice: “No tenemos la pretensión de venir a esta tu mesa, oh misericordioso Señor, confiando en nuestra propia justicia sino en tus muchas y variadas grandes misericordias.  No somos dignos ni siquiera de juntar las migajas debajo de tu mesa.  Pero tú eres el mismo Señor cuya cualidad es siempre tener misericordia; concédenos, pues, Señor de gracia… (etc.)”

[11] Traducción combinada de Thompson (op. cit., p. 207), y de John Calvin, “The Manner of Celebrating the Lord’s Supper” (in Selected Works of John Calvin: Tracts and Letters, vol. 2, Henry Beveridge and Jules Bonnet, eds., Grand Rapids: Baker, 1983; pp. 121-122).  La porción correspondiente en la liturgia del Libro de oraciones comunes de la Iglesia de Inglaterra de 1552 comienza con el sursum corda (“¡Elevemos nuestros corazones!”) que pronuncia el ministro, seguido por la respuesta de la congregación, “¡Los elevamos al Señor!”  Enseguida el ministro ora y termina dicha oración introduciendo el sanctus (¡Santo!  ¡Santo!  ¡Santo!) o trisagion (del griego, “tres veces santo”) con las palabras, ‘Por tanto te alabamos, uniendo nuestras voces con ángeles y arcángeles y con toda la compañía del cielo, que por siempre cantan este himno para proclamar la gloria de tu nombre: ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!’

[12] Lecerf, op. cit., p. 208.

[13] Acerca de esto, Larry Hurtado escribe:

En 1a Corintios 11:10, la curiosa referencia a los ángeles presentes en la asamblea del culto muestra cuán familiar era la idea.  Aparentemente los lectores corintios de Pablo no necesitaban mayor explicación (¡aunque a nosotros nos gustaría una explicación!).  Como los santos de Dios, los creyentes veían sus reuniones de adoración contando con la asistencia de los santos celestiales, ángeles, cuya presencia significaba la importancia celestial de sus humildes asambleas eclesiásticas en casas.  Es este sentido de que la participación del culto cristiano colectivo participa en el culto celestial lo que encuentra posteriormente expresión en las palabras tradicionales de la liturgia: “Por tanto, con ángeles y arcángeles, y con toda la compañía celestial laudamos y magnificamos tu glorioso nombre…”  El punto es que en su noción de que sus reuniones de adoración eran extensión de, y participación en, la adoración idealizada de las huestes celestiales, y en su visión de sus reuniones como siendo honradas con la presencia de los ángeles de Dios, expresaban una vívida importancia trascendente correspondiente a esas ocasiones.

Más adelante, Hurtado también escribe: ‘…desde el Nuevo Testamento existe esta noción de que la adoración debe ser entendida como la participación terrenal en la realidad espiritual…’

Larry Hurtado, At the Origins of Christian Worship: The Context and Character of Earliest Christian Devotion, Grand Rapids: Eerdmans, 1999;  pp. 50-51, and 113.

[14] Ver Alexander Barclay, The Protestant Doctrine of the Lord’s Supper: A Study in The Eucharistic Teaching of Luther, Zwingli and Calvin; Glasgow: Jackson, Wylie & Co., 1927; Ch. XIX; y “Origen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la misma.”

[15] En Artículos concernientes a la organización de la Iglesia y del culto en Ginebra, Calvino escribió: “Realmente somos hechos partícipes del cuerpo y sangre de Jesús, de su muerte, de su vida, de su Espíritu, de todos sus beneficios.”  Más aún, la Cena tiene el propósito de “unir a los miembros de nuestro Señor Jesucristo con su Cabeza y unos con otros en un Cuerpo” (Thompson, op. cit.).

[16] Aunque la posición doctrinal final de Zwinglio sobre la presencia del Señor en la eucaristía es similar, tal noción está ausente de su forma de celebrar la Cena del Señor.

[17] En la Edad media, la misa papista hizo adiciones espurias a dichas palabras escriturales.  Por lo tanto, la reforma de la liturgia requería eliminar tales adiciones, que es lo que hizo Calvino.

[18] Lecerf, op. cit., p. 212.

[19] Calvin, “The Manner…”, op. cit., p. 121.  El pasaje correspondiente en el (segundo) Libro de oraciones comunes (1552) sería la segunda parte de la oración de acercamiento que dice: “… concédenos pues, Señor de toda gracia, comer la carne de tu amado hijo Jesucristo, y beber de su sangre, de manera que nuestros cuerpos pecaminosos sean limpiados por Su cuerpo, y nuestras almas lavadas por medio de su preciosísima sangre, y que por siempre vivamos en Él, y Él en nosotros.”  En el Directorio para la adoración pública de Dios de la Asamblea de Westminster (1645), esto mismo encuentra expresión al instruir al ministro a, “Orar sinceramente a Dios, el Padre de toda misericordia, y Dios de toda consolación, para que conceda su presencia llena de gracia, y la obra efectiva de su Espíritu en nosotros; y de esa manera santificar estos elementos de pan y vino, y bendecir Su propia ordenanza, a fin de que recibamos por fe el cuerpo y la sangre del Señor Jesucristo, crucificado por nosotros, y de esa manera alimentarnos de Él, de manera que Él sea uno con nosotros, y nosotros uno con Él; de manera que Él viva en nosotros, y nosotros en Él, para Él que nos ha amado, y se ha dado a sí mismo por nosotros (“Sobre la celebración de la Comunión, o Sacramento de la Cena del Señor;” en Westminster Confession of Faith, Glasgow: Free Presbyterian Publications, 1958; p. 385).

[20] Lecerf, op. cit., p. 212-213.  Para un estudio del punto de vista de los reformadores de la fe en la eucaristía, ver Gordon E. Pruett, “A Protestant Doctrine of the Eucharistic Presence,” en Calvin Theological Journal, Vol. 10, No. 1, April 1975; pp. 142-174; y Barclay, op. cit.

[21] Ibid., p. 213.

Nota editoria: Tomado y adaptado de mi ensayo “The Practice of the Eucharist in the Reformed Churches.  Response Paper,” presentado para el curso de Historia del Cristianismo II (con el Dr. Frank A. James) en Reformed Theological Seminary Orlando.  Traducido al español y adaptado el 23 de julio de 2016.

________________

Ver también: Sobre los medios de graciaOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa Cena del SeñorJuan Calvino y las oraciones públicas o colectivas Identidad confesional: Estándares de WestminsterExaltación y entronización del Señor JesucristoPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraIdentidad confesional: Estándares de WestminsterOración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSobre el bautismoLas esposas de Juan KnoxInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Actividad lícita en el Día de ReposoLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia.

________________

Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia – bilingual)

Por Maurice Roberts.

The Biblical Teaching on the Public Worship of the True God (English-Spanish bilingual video-lecture) by the Rev. Maurice Roberts.

En junio de 2014, el Rev. Maurice Roberts hizo una visita a México para dar conferencias en seminarios e iglesias en Tampico, Tamaulipas, en Mérida, Yucatán, y en la Ciudad de México. Gracias a los buenos oficios del Rev. Kenneth Stewart, ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia en Glasgow, el Rev. Roberts muy amablemente hizo espacio en su ocupada agenda para hablar en una naciente obra misionera en el poniente de la Ciudad de México.

El Rev. Maurice Roberts nació en Chester, Inglaterra, y fue educado en la Universidad de Durham (Inglaterra).  Después de ser profesor de matemáticas, griego y latín en escuelas secundarias en Inglaterra y Escocia, estudió teología en el Colegio de la Iglesia Libre de Escocia en Edimburgo.  Ha pastoreado iglesias desde 1974; también fue editor de la revista Banner of Truth de 1988 a 2003, y es autor de varios libros.  Desde 1994 ha sido ministro de la congregación Greyfriars de la Iglesia Libre de Escocia (Continuadora) en Inverness.

_________________

Ver también: La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo TestamentoEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolSalmo 67 (para canto congregacional)Identidad confesional: Estándares de WestminsterLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSalmo 100 (para canto congregacional); Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorOración por toda la Iglesia de Cristo usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y KnoxLas oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaLas oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaSobre los medios de graciaLa fe de los estatistasInvocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)El Hijo del Hombre es Señor del Día de Reposo (Marcos 2:28)Sobre la visión puritana del día domingoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la BibliaPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)¿Cómo eran los puritanos originales?La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo Testamento.

La observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)

Por Maurice Roberts.

The Keeping of the Fourth Commandment in the New Testament (English-Spanish video-lecture):

En junio de 2014, el Rev. Maurice Roberts hizo una visita a México para dar conferencias en seminarios e iglesias en Tampico, Tamaulipas, en Mérida, Yucatán, y en la Ciudad de México. Gracias a los buenos oficios del Rev. Kenneth Stewart, ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia en Glasgow, el Rev. Roberts muy amablemente hizo espacio en su ocupada agenda para hablar en una naciente obra misionera en el poniente de la Ciudad de México.

El Rev. Maurice Roberts nació en Chester, Inglaterra, y fue educado en la Universidad de Durham (Inglaterra).  Después de ser profesor de matemáticas, griego y latín en escuelas secundarias en Inglaterra y Escocia, estudió teología en el Colegio de la Iglesia Libre de Escocia en Edimburgo.  Ha pastoreado iglesias desde 1974; también fue editor de la revista Banner of Truth de 1988 a 2003, y es autor de varios libros.  Desde 1994 ha sido ministro de la congregación Greyfriars de la Iglesia Libre de Escocia (Continuadora) en Inverness.

______________

Ver también: Actividad lícita en el Día de ReposoEl Hijo del Hombre es Señor del Día de Reposo (Marcos 2:28)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la visión puritana del día domingoSermón expositivo de Éxodo Caps. 35-39, 1ª parte (audio)Breves textos sobre el día de reposo cristiano (enlace a álbum de imágenes jpg)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio).

¿Qué actividades es lícito llevar a cabo el día domingo?

Por B. B. Warfield.

Fragmento tomado de “The Foundations of the Sabbath in the Word of God.”

“Es lícito hacer bien el Día de Reposo” (Mateo 12:12).  Y esto nos lleva naturalmente a esta amplia proclamación: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17).  Obviamente, el Día de Reposo en la visión de nuestro Señor no era un día de pura ociosidad; la inactividad no era su marca distintiva.  La inactividad no era lo distintivo del Reposo de Dios, cuando descansó de la obra creativa que había hecho…  Dios descansó, no porque estaba agotado, o necesitara un intermedio en sus trabajos; sino porque había completado la tarea que se había propuesto (hablamos como hombre) y la había completado bien… [Génesis 1:31].  Ahora estaba listo para dirigirse a otro trabajo.  Y nosotros, como Él, hemos de hacer el trabajo que nos toca—“Seis días trabajarás y harás toda tu obra” (Éxodo 20:9)—y luego, dejándolo de lado, dirigirnos a otra tarea.  No es de trabajar como tal, sino de nuestro propio trabajo, de lo que debemos cesar en el Día de Reposo.  “Seis días trabajarás y harás toda tu obra,” dice el mandamiento; o, como Isaías lo presenta: “Si retrajeres del Día de Reposo tu pie” (esto es, de pisotear) “de hacer tu voluntad en mi día santo” (esa es la manera de pisotearlo); “y  lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,  entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado” (Isaías 58:13-14).  En una palabra, el Día de Reposo es el Día del Señor, no de nosotros; y en él ha de hacerse la obra de Dios, no la nuestra; y ese es nuestro “reposo.”  …El reposo no es la verdadera esencia del Día de Reposo, ni el fin de su institución; es el medio para un fin ulterior, el cual constituye el verdadero “reposo” sabático.  Hemos de descansar de lo nuestro a fin de que nos entreguemos a nosotros mismos a las cosas de Dios.

________________

Ver también: Sermón expositivo de Éxodo Caps. 35-39, 1ª parte (audio)Breves textos sobre el día de reposo cristiano (enlace a álbum de imágenes jpg)Sobre la visión puritana del día domingoLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)El Hijo del Hombre es Señor del Día de Reposo (Marcos 2:28).

________________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

 Benjamin B. Warfield (1851-1921), de nacionalidad estadounidense, fue un teólogo reformado, educado en la Universidad de Princeton y el Seminario de Princeton, de donde también fue profesor de Teología Sistemática (1887-1821). 

La conferencia de donde este fragmento está tomado fue dictada originalmente en el Décimo Cuarto Congreso Internacional del Día del Señor en Oakland California (27 de julio al 1 de agosto de 1915).  Fue publicada en Sunday the World’s Rest Day [Domingo, el día de descanso del mundo], escrito por Duncan James McMilan & Alexander Jackson (Garden City: Doubleday, 1916); pp. 63-81; y en The Free Presbyterian Magazine (Glasgow, 1918), pp. 316-19; 350-54; 378-83. 

Para el fragmento aquí traducido se utilizó el texto añadido como “Apéndice Uno” al libro The Day of Worship.  Reassessing the Christian Life in Light of the Sabbath [El día de adoración.  Revaluando la vida cristiana a la luz del Día de Reposo] escrito por Ryan M. McGraw (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2011); p. 176.

Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9)

5695999564_1d60f4e46f.jpg

Por Kenneth Stewart.

Extractos del segundo sermón de dos con el título “Gains and Losses,” sobre el capítulo 3 de la Epístola de san Pablo a los Filipenses.

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.   Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,  y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es a base de la ley, sino la que es por medio de la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe… (Filipenses 3:7-9).

¡Qué poco vemos el pecado como Dios los ve!  Dios se siente peor por tu pecado más pequeño que lo que tú te sientes por tu pecado más grande.  Nos sacudimos en repulsión cuando oímos del abuso de niños.  ¿Alguna vez has pensado que es bastante posible que a Dios le repugna más tu más leve pecado de lo que a ti te repugna ese otro?  Ver las cosas como Dios las ve…  Sí, a veces decimos, “¿Cómo puede ser que Dios mande gente al infierno por esto?”  ¿Pero realmente lo entendemos?  Como el gran teólogo medieval siempre solía decir: “Por cada pregunta que tienes en conexión con la justicia de Dios en condenarte, por cada pregunta que haces acerca de la justicia de Dios y lo que mereces, la respuesta siempre es: “Todavía no has ponderado la gravedad del pecado.”  ¿Y quién lo ha hecho?  Pero cuando el Espíritu de Dios trae la ley de Dios a tu corazón entonces comienzas a ponderar la gravedad del pecado.

[Explicación de Romanos 7:9-10 en conexión con Fil. 3:4-7)]:

Quizá no pensabas que Saulo de Tarso estaba así de atribulado cuando estaba llevando a cabo su persecución.  ¿Alguna vez has pensado que estaba redoblando sus esfuerzos para obtener paz con Dios, porque la ley con la que alguna vez le fue tan fácil vivir era ahora la ley que estaba aplastándolo?  Y aquí da esencialmente lo que es un cuadro miserable de un hombre miserable.  Y de repente las cosas que eran para él ganancia dejan de serlo.

Así que aquí está un hombre miserable que está descubriendo que sus ganancias ya no son buenas.  ¿Qué lo saca de este desastre?   …¿Quién lo saca de este desastre?  Cristo lo saca de este desastre…  Lo saca de sí mismo en el camino a Damasco, cuando a Saulo, que sale en un arranque de rabia y furia para ahogar sus propias convicciones, Cristo lo encuentra soberanamente y por gracia en el camino a Damasco.

Y por tres días Saulo de Tarso está ciego dentro de esa casa…  Y finalmente algo sucede.  Dice que cayeron de sus ojos “como escamas,” y ve.  ¿Pero qué es lo que entiende?  La gloria de la justificación por la fe es lo que entiende.  Un gran teólogo repentinamente sabe de lo que está hablando.  Por fin sabe cuál es el plan de Dios para la salvación; que el Cristo que era para él basura es realmente TODO lo que necesita.

Estas escamas que caen de sus ojos [en Hechos 9:18, después del tercer día en la casa de Ananías] son tan sólo un símbolo de la iluminación que llegó al alma de este hombre, Saulo.  Encuentra a Cristo.  Sí, Cristo lo encuentra.  Él encuentra a Cristo.  Es lo mismo, siempre que recordemos el orden.  Es siempre Dios quien nos encuentra primero.  Si no lo hiciera, nosotros nunca lo encontraríamos.  Y nunca olvides eso.  Dios te encontró antes de que tú lo encontraras a Él.  Y alabarás y glorificarás a Dios por ello todos tus días por la eternidad.

¿Y qué encuentra Pablo en Cristo?  Encuentra dos cosas.  Encuentra, primero que todo, una justicia…  Filipenses 3:7: ‘Cuantas cosas eran para mí ganancia las he estimado como pérdida por amor a Cristo.’  Nótese cómo Cristo sustituye a esas cosas.

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es a base de la ley, sino la que es por medio de la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe. (Filipenses 3:8-9)

Eso nos dice que la primera cosa que obtuvo en Cristo fue una justicia.  Y eso es lo primero que necesitas.  Necesitas algo que te ponga en la situación correcta delante de Dios, necesitas una justicia.  Necesitas algo que corresponda a Su santidad.  Él es santo, tú debes ser santo.  Sin santidad nadie verá al Señor [Hebreos 12:14].

________________

Ver: Pablo sobre la justificación de Abraham en Génesis 15 (Romanos 4); La correcta interpretación de Romanos 10:9-10Sermón temático: Sola gracia (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón de Rut 1, antecedente AT de invocar el nombre del Señor para salvación por fe no por obras (audio)Sermón de Génesis 15: El pacto abrahámico (audio)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26).

________________

Selección, transcripción y traducción: Alejandro moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  

El sermón de referencia puede ser escuchado y descargado (en inglés) de: http://www.sermonaudio.com/sermoninfo.asp?SID=319121440382 

 

Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)

Por el Rev. Kenneth Stewart

Fragmento de un sermón dominical

¿Por qué [Pablo] lo dice de esa manera?  …Porque [el Señor Jesucristo] provee la ropa [la vestimenta para el día, la vida de santidad, la armadura].  Es imposible para ti amar sin que Cristo te habilite para amar.  Es imposible para ti no cometer adulterio, o asesinar, o mentir, o codiciar, a menos que Cristo te habilite para hacerlo.  En otras palabras, no está diciéndote que tomes una moralidad diferente; está diciéndote que recibas del Señor Jesucristo una espiritualidad.  El Señor es el dador de estas cosas.  Solamente Él puede dar esa virtud; y sólo Él puede ponerla dentro de ti por medio de Su Espíritu Santo.  Es Su prenda; es Su vestimenta.

_________________________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  Sus sermones pueden ser escuchados y descargados en:

http://www.sermonaudio.com/search.asp?speakeronly=true&currsection=sermonsspeaker&keyword=Kenneth_Stewart 

Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)

5695999564_1d60f4e46f

Por el Rev. Kenneth Stewart.

Fragmento de un sermón dominical.

[Explicando por qué Rom. 13:12 se refiere a las ropas de día del cristiano (el estilo de vida descrito en Rom. 13) como “armas” o “armadura.”]

Cuando te vistes con [las ropas de santidad, la vida de santidad] vas a encontrarte luchando.  Vas a encontrarte en un mundo que no funciona de esa manera, un mundo que no piensa de esa manera.  Y así vas a encontrar que las ropas cristianas que vistes están inmediatamente atrayendo hostilidad.  Pero vistiéndolas estás peleando la batalla del Señor; estás dando un testimonio positivo.  Viviendo de esta manera estás peleando en el bando del Señor; estás siendo un soldado del Señor.  Sí, vas a recibir hostilidad pero estás luchando simplemente al vivir de esa manera.  Es una armadura.  Una vida de santidad es por sí misma una armadura que está peleando la batalla del Señor.

 

[Ver también: Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9); Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)El valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)El ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanEl evangelio y las misionesEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaSobre los medios de gracia.]

______________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  Sus sermones pueden ser escuchados y descargados en:

http://www.sermonaudio.com/search.asp?speakeronly=true&currsection=sermonsspeaker&keyword=Kenneth_Stewart 

Sobre el bautismo.

Por Herman Bavinck.

Tomado de Reformed Dogmatics.  Abridged in One Volume (Grand Rapids: Baker,2011), pp. 662-664.

En el Nuevo Testamento [NT], el bautismo tiene su cimiento en la circuncisión del Antiguo Testamento (Gen. 17:10ff.)… en el Antiguo Testamento [la circuncisión] era una señal y sello sacramentales del perdón de pecados y la santificación en el pacto de gracia, cuya promesa única y comprehensiva es: “para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gen 17:7)…  [La circuncisión] sella los dos beneficios del pacto—el de la justicia de la fe (Rom. 4:11) y el de la circuncisión del corazón (Deu. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; Rom. 2:28-29; Col. 2:11); es decir, de la justicia o el perdón de pecados, y de la regeneración o santificación.  La circuncisión externa sin la circuncisión del corazón no tiene valor (Hch. 7:51; Rom. 2:28-29; 3:21, 30; 1ª Cor. 7:19); como un sello de la justicia de la fe, presupone fe.

Por esa razón Dios, por medio de Juan [el Bautista], instituyó el bautismo por agua aun antes de que Jesús comenzara su ministerio público.  Este bautismo… no era algo absolutamente nuevo.  Toda la antigüedad atribuyó un significado religioso-simbólico al agua… aun en Israel a los prosélitos les requerían ser bautizados y presentar un sacrificio así como ser circuncidados para ser admitidos en la comunidad de creyentes.  No obstante, el bautismo sólo se convierte en sacramento, una señal y sello de la gracia, como resultado de haber sido instituido por Dios.  El NT enseña expresamente que “vino palabra de Dios a Juan” para que bautizara (Luc. 3:2-3), que Dios lo envió para este propósito (Jua. 1:33), que su bautismo no era “de los hombres” sino “del cielo” (Mat. 21:25), y que los publicanos que se habían bautizado “justificaron a Dios,” en tanto que los fariseos y escribas, habiéndose rehusado a ser bautizados por Juan, “desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos” (Luc. 7:29-30)…  La institución que Dios hace del bautismo… ocurre ya en el ministerio de Juan, pero Jesús, tras recibirlo él mismo, lo adoptó de [Juan] y lo administró a sus discípulos (Jua. 3:22; 4:1-2).  En Mateo 28:19 Jesús no instituye otro bautismo o un nuevo bautismo pero lo extiende para incluir a todas las naciones…  El nombre aquí indica que la persona bautizada es puesta en una relación con el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

_________________

Sermón alusivo: Sermón expositivo de Hechos 2:38-41, el bautismo (audio).

_________________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison

Herman Bavinck (1854-1921), de nacionalidad holandesa, fue uno de los más grandes teólogos reformados del siglo XX.  Fue sucesor de Abraham Kuyper en la cátedra de Teología Sistemática de la Universidad Libre de Amsterdam desde 1902.

Significado escatológico del Pentecostés

Por Dennis E. Johnson.

Tomado de The Message of Acts in the History of Redemption (Phillipsburg: P&R, 1997), pp. 55-56.

Lucas aprendió del Espíritu que los “postreros días” de la escatología del Antiguo Testamento habían comenzado.  El tiempo de la reparación prometida por los profetas había comenzado con la venida de Jesús el Mesías.  Quizá no logramos entenderlo a primera vista a partir de la forma de las promesas proféticas, pero la obra de reparación del Señor en los postreros días viene en dos fases.  La primera fase arribó por medio de la vida, muerte, resurrección, y entronización del mesías, y el derramamiento del Espíritu Santo de Dios sobre su iglesia.

La infección inicial del orden creado también ocurrió en dos fases.  Primero la “muerte” que separó a Adán y Eva de su Dios en el día de su desobediencia (Gen. 2:17).  Después esta muerte espiritual y relacional se manifestó en la muerte de sus cuerpos, que volvieron al polvo (3:19).  Similarmente, la cura viene primero a lidiar con la fuente oculta, espiritual, de la descomposición, nuestra alienación espiritual y relacional respecto de nuestro Creador y de nuestro prójimo; y luego, al final, se hará visible en la reversión de la muerte del cuerpo mediante la resurrección.  La salvación escatológica prometida por los profetas ya ha venido; pero el clímax prometido de la salvación todavía no ha venido.

Ésta es una tensión incómoda en la cual vivir, en el cruce de caminos entre la entropía cósmica inducida por el pecado, por un lado, y la energía creativa inagotable de Dios, por el otro…  La presencia del Espíritu en nuestras vidas es un anticipo, una primera entrega, de la restauración plena que nos aguarda cuando Cristo vuelva.  Y por cuanto el Espíritu nos da este anticipo de la redención final, también abre nuestro apetito para desear el festín completo…

La fatiga externa, el estrés, el sufrimiento, y lo “arruinado” es fácil de ver.  La reconstrucción interna de Dios, su renovación, y su reconstitución son discernibles sólo para aquellos que (paradójicamente) miran “las cosas que no se ven” [2ª Cor. 4:18].  Sería fácil concluir, a partir del estado del mundo, del estado de la iglesia, o del estado de nuestra propia conducta, que nada importante sucedió en los meses después de que Jesús de Nazaret fue crucificado.  Pero de hecho ese fue el inicio del fin del viejo proceso de descomposición, y fue el inicio de un nuevo comienzo, el amanecer de los postreros días.

Ésta es la perspectiva sobre la presencia del Espíritu en la Iglesia que emerge del relato del Pentecostés (Hch. 2:1-41) y la subsecuente curación del cojo a las puertas del templo (3:1-4:31).  Visto con el trasfondo de la promesa profética, estas primeras señales del poder de Jesús para rescatar y reparar por su Espíritu revelan que la vida de la Iglesia es ahora una primera entrega y atisbo de la paz, pureza, amor, y gozo del mundo venidero, aun en medio de la presente contaminación, descomposición, y muerte de la vieja creación.

_______________

Sermón alusivo: Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio).

Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Origen de la expresión bíblica ‘postreros días,’ o ‘últimos tiempos’ (eschaton)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanElección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sede.

_______________

Traducción: Alejandro Moreno Morrison

El Rev. Dr. Dennis E. Johnson, de nacionalidad estadounidense, es un pastor y teólogo reformado.  Fue educado en Westminster Theological Seminary (M. Div., Th.M), y en Fuller Theological Seminary (Ph.D.), y es profesor de Teología Práctica de Westminster Seminary California, y autor de varios libros.