Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Hay dos formas de alimentarse “bien.”  Una es tomando píldoras que contienen sintetizados todos los nutrientes necesarios para sobrevivir.  La otra es mediante una dieta variada y balanceada que además satisfaga los sentidos corporales y aun el alma.  Similarmente, hay dos formas de alimentarse de la Biblia.  Podemos usar la Biblia para alimentarnos como astronautas.  Es decir, extraer de la Biblia las respuestas que buscamos y tomarlas en forma sintética, como píldoras.

Esa es, en cierta forma, la manera de leer la Biblia de la teología sistemática o dogmática.  No es que la teología sistemática o dogmática sea mala—nada de eso—es sólo que no es la única forma de leer la Biblia.  El acercamiento de la teología sistemática es bueno para sus fines pero no es suficiente para un estudio integral de la Palabra de Dios.  La teología sistemática nos da mucho, pero no nos da todo lo que podemos obtener del estudio de la Biblia.  La teología sistemática nos ayuda a no tener deficiencias graves que resulten en enfermedades pero no nos da todo el contenido y riqueza de la Palabra de Dios.  En cierta forma la teología sistemática es como un suplemento alimenticio.  Nos ayuda a suplir y corregir las deficiencias que tenemos cuando todavía no hemos podido leer, escudriñar y discernir todo el consejo de Dios revelado en la totalidad de Su Palabra.  Mediante la teología sistemática o dogmática aprovechamos de antemano las conclusiones que son fruto del estudio y discernimiento que el Espíritu Santo ha dado al pueblo de Dios, a lo largo de 20 siglos de historia de la Iglesia, mediante los pastores y maestros a quienes dio dones para la edificación del Cuerpo de Cristo (Efesios 4:8, 11-12).

Pero leer la Biblia únicamente con el acercamiento de la dogmática o teología sistemática no puede darnos la misma calidad de vida y salud espiritual que si leemos y digerimos cada porción tal y como nos es dada, sin desechar o desperdiciar nada.  En lugar de extraerle a una porción bíblica las respuestas que buscamos y desechar lo demás, dejamos que el Espíritu Santo nos nutra y satisfaga con todo lo que Él ha revelado en las Sagradas Escrituras.  Es como la diferencia entre tomarse una pastilla de vitamina C sintética y comer las frutas y demás alimentos que la contienen junto con muchos otros nutrientes, y que nos proporciona, además, una placentera experiencia sensorial.  No es en vano sino por una buena razón que el Señor no nos dio meramente un manual de doctrina sino una Biblia que contiene tantos libros, escritos por tantos y tan diversos autores en tan diversas épocas, cuyo contenido es tan variado y diverso, como también lo son sus géneros y estilos literarios.  ¡Tantos libros tan ricos y tan hermosos!

Cuando estudiamos la Biblia debemos tener en mente lo que nos dice la teología sistemática para no caer en errores que ya fueron enfrentados y superados por la iglesia en épocas pasadas, y para tener en cuenta en panorama completo del mensaje de la Biblia.  Pero si lo único que hacemos al estudiar la Biblia es buscar lo que queremos, lo que ya sabemos, o lo que creemos que ya sabemos, estamos perdiéndonos de la riqueza que hay en “degustar” todo el consejo de Dios.  Lo más probable es que no crezcamos saludablemente porque no estamos aprendiendo nada nuevo ni estamos desafiando nuestras mentes y espíritus a escalar a alturas desde donde tengamos una perspectiva más completa de la totalidad del mensaje de la Escritura.

Además del acercamiento de la teología sistemática, debemos escudriñar las Escrituras dejando que ellas nos hablen.  Debemos “degustar” los frutos completos, sin desechar nada, a fin de recibir no solamente los nutrientes que pensamos que necesitamos sino todo lo que el Señor ha puesto en Su Palabra.  Esta lectura más natural u orgánica (no sintética) requiere que pongamos atención y discernamos, por ejemplo, los trasfondos y contextos bíblicos e históricos, los diversos géneros literarios, los muchos y variados recursos literarios usados por los autores, las emociones que imprimieron en sus escritos y las que buscaron crear en su audiencia, y el desarrollo orgánico o progresivo de la revelación divina.

Éste último es el acercamiento de la teología bíblica y del análisis literario de la Escritura.  De hecho, no todas las teologías sistemáticas o dogmáticas son creadas iguales.  Las buenas teologías sistemáticas o dogmáticas son aquéllas que primero se detienen en el análisis literario (como parte de su exégesis) y en la teología bíblica.

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Ver también: Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoEl comienzo de los postreros días en PentecostésLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésContraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)Este mundo está lleno del poder redentor de DiosLa correcta interpretación de Romanos 10:9-10La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14); Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Brevísima introducción a la teología bíblica del evangelismo y las misiones (audio)Sermón: Los jóvenes cristianos y el “liderazgo.” Algunas lecciones del libro de Proverbios (audio).Sermón expositivo de Mateo 8:28-34, los endemoniados gadarenos (audio)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio)Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Conferencia: Los milagros del Señor Jesús (audio)Sermón expositivo de Juan 5:1-17, sanidad de un paralítico (audio)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)Sermón expositivo de Éxodo 34. La ley como señal de la gracia y la elección de Dios (audio)Sermón expositivo de Éxodo 40, Jehová habita en medio de Su pueblo (audio).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

 

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Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)

Por Alejandro Moreno Morrison.

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Placa en la fachada de The New College de la Universidad de Edimburgo, honrando la memoria del Rev. Dr. John Witherspoon, graduado de dicha universidad, firmante de la Declaración de Independencia de los EUA, y Presidente de la Universidad de Princeton.  Foto de Alejandro Moreno Morrison (mayo, 2014).

Texto tomado y ajustado de La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico, México: Escuela Libre de Derecho, 1998 (tesis profesional para obtener el título de abogado); pp. 234-239.[1]

Aunque Inglaterra y Escocia se beneficiaron mucho en el siglo XVII de los avances en libertad política resultantes del pensamiento político calvinista, fue en las colonias británicas en América (en los siglos XVII y XVIII) donde los puritanos[2] tuvieron mayor libertad para poner en práctica los principios políticos del calvinismo.[3]  En su discurso ante el Parlamento Británico “Sobre la reconciliación con las colonias” (1775), Edmund Burke llamó a los disidentes de las Trece Colonias británicas en América “el protestantismo de la religión protestante”.[4]

Earl Warren, quien fuera gobernador de California y posteriormente presidiera la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, declaró en alguna ocasión:

Creo que nadie puede leer la historia de nuestro país sin comprender que el Buen Libro y el Espíritu del Salvador desde el principio han estado guiando nuestros genios…  Ya sea que miremos a la primera Carta de Virginia… o a la Carta de Nueva Inglaterra… o a la Carta de la Bahía de Massachusetts… o a las Órdenes fundamentales de Connecticut… está presente el mismo objetivo: Una tierra cristiana gobernada por perspectivas cristianas.[5]

De acuerdo con Benjamin Hart, “La inmensa contribución que los puritanos de Nueva Inglaterra hicieron al entendimiento del mundo de cómo escribir una constitución no puede ser sobre enfatizada”.[6]  El documento Órdenes fundamentales de Connecticut (1639), por ejemplo, fue la primera constitución escrita en el continente americano y la Constitución de los Estados Unidos de América se asemeja mucho a él.  Órdenes fundamentales de Connecticut se inspiró en uno de los más famosos sermones del gran erudito de la Universidad de Cambridge, predicador y líder puritano, Thomas Hooker; precisamente el sermón que dio ante la Corte General de Connecticut en mayo 31 de 1638.

La esencia del sermón de Hooker para el Día de la Elección fue:

  1. La elección de los magistrados públicos pertenece al pueblo por la propia anuencia de Dios.

  2. La elección debe ser conducida por el pueblo, pero los votos no deben ser emitidos “de acuerdo con sus humores, sino de acuerdo con la voluntad y la ley de Dios.”

  3. Aquellos quienes “tienen el poder de nombrar oficiales y magistrados también tienen el poder para fijar fronteras y límites en su poder” de manera que “el fundamento de la autoridad es puesto en el libre consentimiento de la gente”, puesto que “por una elección libre los corazones de la gente estarán más inclinados a amar a las personas escogidas, y más prontos a rendir obediencia.”[7]

Benjamin Hart escribe que:

Órdenes fundamentales de Connecticut fue la más avanzada carta de gobierno que el mundo había visto hasta entonces en cuanto a garantizar los derechos individuales.  Pero aunque ciertamente el efecto de la carta fue asegurar el establecimiento de un gobierno libre y democrático, su propósito primario en la mente de la gente de Connecticut era establecer una república  [commonwealth] de acuerdo con las leyes de Dios y crear un ambiente propicio para el esparcimiento del Evangelio: Nosotros “por lo tanto nos asociamos y conjuntamos a nosotros mismos para ser un estado público o república [commonwealth]; y para hacer por nosotros y nuestros sucesores y tales que se añadan a nosotros en cualquier tiempo de aquí en adelante, entrar en una combinación y confederación juntos, para mantener y preservar la libertad y pureza del Evangelio de nuestro Señor Jesús que nosotros ahora profesamos, así como también la disciplina de las iglesias, la cual de acuerdo con la verdad del dicho Evangelio es ahora practicada entre nosotros; así como también en nuestros asuntos civiles ser guiados y gobernados de acuerdo con tales leyes…”[8]

Pocos años después de la adopción de Órdenes fundamentales de Connecticut, la Bahía de Massachusetts promulgó en 1641, bajo el liderazgo del pastor John Winthrop, su Body of Liberties, al cual recurrió John Adams para la redacción de la Constitución de Massachusetts de 1780, que posteriormente también serviría como modelo para la constitución estadounidense.[9]

Las raíces de lo anterior se encuentran en el S. XVII.  En 1644, Samuel Rutherford publicó en Escocia el libro Lex Rex: or, the Law and the Prince.  Rutherford era un ministro presbiteriano que participó como delegado de Escocia a la Asamblea de Westminster (que produjo los estándares de Westminster), y llegó a ser rector de la Universiad de St. Andrews en Escocia.  En Lex rex Rutherford negó el derecho divino de los reyes y afirmaba que todos los hombres (incluyendo papas y reyes) están bajo la ley y no sobre ella.  Estas afirmaciones eran consideradas herejías y traición en tiempos de Rutherford.  Consecuentemente, su libro fue prohibido en Escocia y quemado públicamente en Inglaterra, mientras que Rutherford fue puesto bajo arresto domiciliario esperando comparecer ante el parlamento en Edimburgo para ser condenado a muerte, pero murió antes de que eso sucediera.

La influencia de Rutherford en el pensamiento político británico fue continuada en el S. XVIII, entre otros, por el pastor presbiteriano, John Witherspoon (1723-1794) y por John Locke (1632-1704).  La influencia de Locke, de raíces puritanas, en el pensamiento político estadounidense es bien conocida.

Por su parte, el Dr. John Witherspoon se educó en la Universidad de Edimburgo en el presbiterianismo escocés y en las ideas de Rutherford; fue presidente del College of New Jersey (hoy Universidad de Princeton), así como uno de los firmantes de la Declaración de Independencia y miembro del Congreso Continental de 1776 a 1779 y de 1780 a 1782.  No sólo influyó directamente en una serie de comités dentro del primer congreso, sino que su influencia trascendió por medio de sus alumnos, entre los cuales estuvieron el presidente James Madison,[10] conocido como el “Padre de la Constitución Americana”, el vicepresidente Aaron Burr, diez miembros de gabinete, veintiún senadores, treinta y nueve congresistas, doce gobernadores, así como otras figuras públicas.[11]

Otra manifestación de la influencia (aunque indirecta) del puritanismo inglés la encontramos en William Blackstone (1723-1780), profesor de derecho en la Universidad Oxford, y autor de Commentaries on the Laws of England (1765-1770), obra que para 1775 había sido más vendida en las colonias británicas en América que en toda Inglaterra, y que era el texto obligado de estudio en las escuelas de derecho del mundo anglosajón.  Blackstone abre sus comentarios con los siguientes conceptos:

A las doctrinas así entregadas les llamamos ley revelada o ley divina, y han de ser encontradas únicamente en las Sagradas Escrituras.

Sobre estos dos fundamentos, la ley de la naturaleza y la ley de la revelación, dependen todas las leyes humanas; es decir, que ninguna ley humana debería ser tolerada si contradice a éstas.[12]

. . .

El ideal de libertad del calvinismo y del puritanismo no era fundamentalmente político sino religioso.

La libertad era un objetivo político de la Revolución Puritana en Inglaterra, pero no era su meta final.  El logro de la libertad para el individuo era un medio para el objetivo último de los puritanos de lograr la más completa expresión de la verdad divina…  Los ojos de los puritanos estaban puestos en el más allá, pero una vez que la libertad de consciencia tomó una dimensión teológica, no había duda de que los puritanos defenderían este derecho hasta la muerte –una lección que el Rey Carlos I fracasó en entender hasta que para él era demasiado tarde.[13]

Esta defensa fervorosa de la libertad como un deber espiritual ya la encontramos en Juan Calvino:

Y como de hecho la mejor forma de gobierno es aquella en que hay una libertad bien regulada y de larga duración, yo también confieso que quienes pueden vivir en tal condición son dichosos; y afirmo que cumplen con su deber, cuando hacen todo lo posible por mantener tal situación.  Los mismos gobernantes de un pueblo libre deben poner todo su afán y diligencia en que la libertad del pueblo del que son protectores no sufra en sus manos el menor detrimento.  Y si ellos son negligentes en conservarla o permiten que vaya decayendo, son desleales en el cumplimiento de su deber y traidores a su patria.[14]

– – – – –

Si tenemos la libertad de escoger jueces y magistrados, puesto que este es un don excelente, que sea preservado y usémoslo en una buena consciencia. . . .  Si argumentamos sobre gobiernos humanos podemos decir que estar en un estado libre es mucho mejor que estar bajo un príncipe.[15]

Este ideal de libertad se manifestaba en una firme decisión de limitar y controlar el poder y las facultades de los gobernantes, de manera que no pudieran vulnerar la libertad individual de los particulares, limitándola y controlándola.  Estos hombres veían al gobierno como un mal necesario derivado de la realidad de la pecaminosidad de todos los hombres, y les preocupaba especialmente en relación con los gobernantes (aún tratándose de ellos mismos) a quienes se les entregaba una cantidad de poder sobre el resto de sus conciudadanos, que podrían aprovechar en su propio beneficio y en perjuicio de los demás.

Esto revela el entendimiento cristiano de la naturaleza humana que tenían los forjadores de la constitución estadounidense, que les venía desde Calvino.  La aplicación práctica de esta doctrina a las formas de gobierno la expresó Calvino de esta manera:

Y por eso, el vicio y los defectos de los hombres son la razón de que la forma de gobierno más pasable y segura sea aquella en que gobiernan muchos, ayudándose los unos a los otros y avisándose de su deber; y si alguno se levanta más de lo conveniente, que los otros le sirvan como censores y amos.[16]

“Nadie estuvo más consciente que los puritanos y sus descendientes de la realidad inalterable de la continua desobediencia del hombre a Dios,”[17] lo que en la visión puritana incluía la búsqueda egoísta del interés propio, la ofensa contra el prójimo y la transgresión del orden público.  Consecuentemente, James Madison escribió en el Federalist 51 que en la estructura del gobierno,

…la ambición debe contrarrestar la ambición.  El interés del hombre debe estar conectado con los derechos constitucionales del lugar.  Puede que sea una reflexión sobre la naturaleza humana que tales estratagemas debieran ser necesarios para controlar los abusos del gobierno.  ¿Pero qué es el gobierno sino la más grande de todas las reflexiones de la naturaleza humana?  Si los hombres fuesen ángeles ningún gobierno sería necesario.  Si los ángeles fuesen a gobernar a los hombres, no serían necesarios ni los controles internos ni los externos sobre el gobierno.

John Adams, por su parte, expresa la misma postura aún pensando en un gobierno democrático:

No hay razón para creer al uno mucho más honesto que al otro. . .  Son todos de la misma arcilla; sus mentes y cuerpos son semejantes… en lo que se refiere a usurpar los derechos de los otros, son todos… igualmente culpables cuando no están limitados en el poder . . .   El pueblo, cuando ha carecido de contrapesos, ha sido tan injusto, tiránico, brutal, bárbaro y cruel como cualquier rey o senado poseído de poder incontrolado.  La mayoría ha eternamente, sin excepción, usurpado los derechos de la minoría.[18]

Alexander Hamilton, por su parte, dijo: “Tomad a la raza humana en general… son viciosos.” [19]

“Ni siquiera la democracia, en otras palabras, mitigará por sí misma el problema del pecado.  Porque este es un mundo caído, y nada que pudiera lograrse en Filadelfia cambiaría esta verdad”.[20]   Ni los puritanos ni sus descendientes redactores de la constitución estadounidense, entretenían la fantasía de un “estado de naturaleza” en el que se manifestara una pretendida “bondad natural del hombre” y, por lo tanto, estaban lejos de una visión anarquista.  ¿Como pretendían pues (y lograron, de hecho, por algún tiempo), tener amplia libertad sin caer en el caos?  ¿Cómo podrían mantener esa libertad dentro de un orden racional y justo para la sociedad?

Podemos encontrar una muestra de la respuesta puritana a esta cuestión en las palabras del propio James Madison:

Hemos afianzado el futuro entero de la civilización americana, no sobre el poder del gobierno, lejos de él.  Hemos afianzado el futuro… sobre la capacidad de todos y cada uno de nosotros de gobernarnos a nosotros mismos, controlarnos a nosotros mismos, de sostenernos a nosotros mismos de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios.[21]

El orden constitucional estadounidense germinó a partir de un conjunto de principios teológicos: el hecho de que el hombre es pecador y que ello ha tenido graves consecuencias en toda la realidad (de manera que las cosas no son como deberían ser); el reconocimiento de que Dios existe y es un ser personal, cuya ley moral ha sido inscrita en la mente de todo ser humana (verdades “auto-evidentes” o “evidentes paraa uno mismo”), y además la ha revelado de manera inteligente y proposicional en las Sagradas Escrituras; dicha ley moral incluye los principios necesarios para ordenar la vida humana; y en las Sagradas Escrituras ha revelado principalemente las buenas nuevas (evangelio) de lo que Él ha hecho para reconciliar al hombre consigo mismo y darle una verdadera vida plena.

Aunque esto último parezca la intrusión de un elemento descaradamente religioso, lo cierto es que, como ya lo hemos visto con los puritanos, los forjadores de la constitución estadounidense tenían en alta estima la libertad religiosa y de consciencia para poder adorar a Dios.  No es descabellado decir que ese era principalmente el ideal que, una vez secularizado, se encuentra en el corazón de aquéllas palabras en la Declaración de Independencia sobre la “búsqueda de la felicidad”.  La respuesta a la primera pregunta del Catecismo menor de Westminster, un documento eminentemente puritanos, dice “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre.”  Para los cristianos la búsqueda de la felicidad es sinónimo de su relación personal con Dios.

Alexis de Toqueville, comisionado por el gobierno francés para viajar a través de los Estados Unidos de América en los albores del S. XIX a fin de descubrir el secreto del impresionante éxito de este experimento en democracia, reportó:

Yo no sé si los americanos tienen sincera fe en su religión –¿pues quién puede conocer el corazón humano?— pero estoy cierto de que lo consideran indispensable para el mantenimiento de las instituciones republicanas.  Esta opinión no es peculiar de una clase  de ciudadanos, sino que pertenece a toda la sociedad…  América es el lugar donde la religión Cristiana ha conservado el mayor poder sobre el alma del hombre; y nada demuestra mejor cuán útil y natural es para el hombre, puesto que el país en donde ahora tiene la más amplia influencia es ambos, el más ilustrado y el más libre.[22]

Lamentablemente, muy pronto la influencia del cristianismo en el pensamiento jurídico y político estadounidense comenzó a menguar.  Las consecuencias a más de siglo y medio de distancia fueron advertidas por el gran estadista, abogado y orador de los primeros años de la vida de los Estados Unidos de América, Daniel Webster, en las siguientes palabras que parecen proféticas:

Si obedecemos los principios enseñados en la Biblia, nuestro país seguirá prosperando siempre; pero si nosotros y la posteridad menospreciamos su instrucción y autoridad, no hay quien pueda expresar la destrucción repentina que puede caer sobre nosotros y sepultar todas nuestras glorias en densas tinieblas.[23]

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[1] Fragmento revisado y ajustado para esta publicación en 2016.  La tesis de la que esta pieza está tomada la escribí antes de estudiar formalmente teología, particularmente Teología Histórica e Historia de la Iglesia.  Si hoy volviese a escribir este fragmento haría muchas precisiones, aclaraciones y adiciones (incluyendo más fuentes).  No obstante, para los fines de divulgación que busca esta publicación, tales cambios no son indispensables.

[2] El término puritano se acuñó originalmente para referirse a los reformadores calvinistas ingleses de la segunda reforma en Inglaterra, aunque también hubo puritanos irlandeses.  A su vez, las ideas y agendas de los puritanos ingleses coincidían casi totalmente con las de los reformadores presbiterianos escoceses de la segunda Reforma en Escocia.  Tras la migración de la rama no-conformista de los puritanos ingleses (los congregacionalistas), el término comenzó a aplicarse también a dichos “peregrinos” y a sus descendientes.  En esta pieza, el término puritano es usado a menudo (especialmente en las citas del Benjamin Hart) para referirse a los descendientes de calvinistas ingleses que migraron a las colonias británicas en el continente americano.  Los primeros puritanos en llegar a dichas colonias, a principios del S. XVII, eran todos calvinistas pero diferían del presbiterianismo escocés en cuanto a la forma de gobierno de la iglesia pues eran congregacionalistas.  Hacia finales del S. XVII y a lo largo del S. XVIII llegaron a dichas colonias oleadas de presbiterianos (tanto de Inglaterra como de Escocia e Irlanda).  Aunque con el paso del tiempo también llegaron a las Trece Colonias oleadas de migrantes de otras denominaciones protestantes y evangélicas, en los tiempos previos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América la mayoría de la población de las Trece Colonias, y los más influyentes en ellas, seguía siendo mayormente de persuación “calvinista” en sentido amplio.

[3] Acerca de las aportaciones del puritanismo al pensamiento político ver A. S. P. Woodhouse, Puritanism and Liberty (London: Macmillan, 1938); Benjamin Hart, Faith & Freedom: The Christian Roots of American Liberty, 2nd ed., (Dallas: Lewis & Stanley, 1988); Ralph Barton Perry, Puritanism and Democracy (New York, 1944).  Para estudios generales sobre el puritanismo ver también: William Haller, The Rise of Puritanism (New York: Columbia University Press, 1938); M. M. Knappen, Tudor Puritanism (Chicago: Chicago University Press, 1939); Perry Miller, The New England Mind Vol I; The Seventeenth Century (Cambridge: Harvard University Press, 1939); y Leland Ryken, Worldly Saints: The Puritans as They Really Were (Grand Rapids: Zondervan, 1990).  Años después de escribir la version original de este texto tuve conocimiento, entre otras, de las siguientes obras: David W. Hall, Calvin in the Public Square: Liberal Democracies, Rights and Civil Liberties (Phillipsburg: P & R, 2009); y Douglas F. Kelly, The Emergence of Liberty in the Modern World.  The Influence of Calvin on Five Governments from the 16th through the 18th Centuries (Phillipsburg: P & R, 1992).

[4] Hart, op. cit., p. 272.

[5] Time, 15 de febrero de 1954, p. 49.  Citado en D. James Kennedy y Jerry Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido? (Nashville: Editorial Caribe, 1996), pp. 85-86.  El juez Warren presidió la Suprema Corte de los Estados Unidos de 1953-1969.  Cabe señalar que la “Corte Warren” ha sido una de las más contrarias a los principios cristianos.  Quizá el caso más claro sea el de su resolución al caso Roe vs. Wade que legalizó el aborto en los Estados Unidos, aunque también son de tomarse en cuenta sus interpretaciones de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

[6] Hart, op. cit., p. 105.

[7] Ibid., p. 99.

[8] Ibid., p. 100.

[9] Ibid., p. 312.

[10] En su libro Seven Who Shaped Our Destiny (New York: Harper and Row, 1973; p.192), Richard B. Morris escribe que el personaje más influyente en forjar las ideas de Madison fue John Whiterspoon.  Otro investigador ha escrito que “la religión cristiana, particularmente el calvinismo de Witherspoon, influyeron en el concepto de Madison tocante a la ley y el gobierno” (John Eidsmoe, Christianity and the Constitution: The Faith of our Founding Fathers (Grand Rapids: Baker, 1987), p. 101.  Citado en Kennedy and Newcombe, op. cit., p. 99.  Para mayor información biográfica de Whiterspoon y uno de sus sermones predicado al inicio de la guerra de independencia de los EUA, ver http://oll.libertyfund.org/titles/sandoz-political-sermons-of-the-american-founding-era-vol-1-1730-1788–5.  Ver también http://www.acton.org/pub/religion-liberty/volume-7-number-5/john-witherspoon    

[11] Rousas J. Rushdoony, This Independent Republic (Fairfax: Thoburn Press, 1964), p. 3.

[12] William Blackstone, Commentaries on the Law of England, Chitty ed., p. 28.

[13] Hart, op. cit., p. 156.

[14] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, 4ª ed., (Rijswijk: FELiRe, 1994), p. 1174 (IV, XX, 8).

[15] Sermons on Deuteronomy XXVII, 410-411.  Citado en John Calvin,   On God and Political Duty, John T. McNeill, ed., 2nd ed., (New York: The Bobbs-Merrill Company, 1956), p. xxiv.

[16] Calvino, Institución, op. cit.

[17] Hart, op. cit., p. 321.

[18] Ibid.

[19] Ibid., p. 319.

[20] Ibid.

[21] Ibid., p. 18.

[22] Alexis de Toqueville, Democracy in America, 1835.  Citado en Hart, op. cit., p. 15-16.

[23] Citado en Josh McDowell, Razones (Miami: Vida, 1983), p. 8.

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Ver también: ¿Cómo eran los puritanos originales?Aborto: La esclavitud de nuestra generaciónLa fe de los estatistasBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Juan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Argumentación Jurídica y Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Definición bíblica del concepto “postreros días” (eschaton)

Por Richard L. Pratt, Jr.

Fragmento tomado de Nos dio profetas, Lección 8.

En Deuteronomio 4:30, Moisés acuña un término técnico para este periodo final de restauración.  Dijo que la restauración de Israel tras el exilio se daría en los “postreros días.”  La expresión en hebreo es  b’ahrit hayyamim.  En la mayoría de los casos, este tipo de terminología simplemente significaba “el futuro”…  Pero aquí, en Deuteronomio 4:30, encontramos el uso técnico de la terminología “los postreros días” o “la culminación de la historia.”  Este uso técnico aparece en los profetas, incluyendo Is. 2:2, Mi. 4:1; y Os. 3:5.  En el Nuevo Testamento, la misma expresión ocurre en Hch. 2:17, He. 1:2, y San. 5:3.  De hecho, es ésta expresión de donde obtenemos nuestro término teológico “escatología” — el estudio de las últimas cosas o últimos eventos.

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Ver también: Amplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeLa profecía de las setenta “semanas” de Daniel 9:20-27; Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEl comienzo de los postreros días en PentecostésEl reino universal del Mesías (Salmo 72:8-11)Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoElección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraSobre el “bautismo en Espíritu Santo y fuego”(Lucas 3:16)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios).

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El Rev. Dr. Richard L. Pratt, de nacionalidad estadounidense, es un teólogo reformado y erudito en Antiguo Testamento.  Fue educado en Westminster Theological Seminary, Union Theological Seminary, y Harvard University (Th.M. en Estudios del Antiguo Testamento).  Fue profesor de Antiguo Testamento y Director del Departamento de Antiguo Testamento de Reformed Theological Seminary Orlando.  En 1997 fundó Third Millennium Ministries, un ministerio dedicado a la producción y difusión gratuita de materiales en diversas lenguas para la educación teológica de líderes cristianos alrededor del mundo.  Es autor de varios libros (algunos publicados en español), incluyendo su libro de texto de hermenéutica de las narrativas del Antiguo Testamento titulado Nos dio historias

Guía de recomendaciones para literatura cristiana en español

Por Alejandro Moreno Morrison.

 

DICCIONARIOS Y OBRAS O COLECCIONES DE CONSULTA

Nuevo diccionario bíblico.  Editorial Certeza Unida, 2003.

ATKINSON, FIELD, HOLMES, O’DONOVAN.  Nuevo diccionario de ética cristiana y teología pastoral.  CLIE.

BROMILEY, G. W.  Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento.  Libros Desafío.

FERGUSON, WRIGHT, PACKER.  Nuevo diccionario de teología.  Casa Bautista de Publicaciones.

HARRISON, Everett F.  Diccionario de teología.  Libros Desafío.

HARRISON, E. F., BROMILEY, G. W., HENRY, C. F. H.  Diccionario de Teología, Editorial Peregrino.

KAISER, DAVIDS, BRUCE, y BRANCH.  Pasajes difíciles de la Biblia.  Editorial Mundo Hispano.

WENHAM, J. MOTYER, J. A., CARSON, D. A., FRANCE, R. T. Nuevo comentario bíblico siglo veintiuno.  Casa Bautista de Publicaciones, 1999 (disponible en CD-ROM).

AUTORES RECOMENDABLES QUE TIENE OBRAS PUBLICADAS EN ESPAÑOL (POR CATEGORÍA)

Teología  sistemática / doctrina:

BAVINCK, Herman

BAXTER, Richard

BEEKE, Joel

BERKHOF, Louis

BLANCHARD, John

BOETTNER, Loraine

BOYCE, James

BURROUGHS, Jeremiah

CALVINO, Juan

CARSON, D. A.

CLOWNEY, Edmund P.

EDWARDS, Jonathan

FERGUSON, Sinclair B.

GRAU, José

GREEN, Michael

GOODWIN, Thomas

HELM, Paul

HENDRIKSEN, William

HODGE, A. A.

HODGE, Charles

HOEKEMA, Anthony A.

HORTON, Michael

KLINE, Meredith G.

KNOX, John

KUIPER, R. B.

KUYPER, Abraham

LLOYD-JONES, D. Martin

MACHEN, J. Gresham

MORRIS, Leon

MURRAY, John

MURRAY, Ian

NYENHUIS, Gerald

NICOLE, Roger

OWEN, John

PACKER, J. I.

PALMER, Edwin H.

PINK, Arthur W.

PLANTINGA, Cornelius

ROBERTS, Maurice

REYMOND, Robert L.

RUIZ, Jorge

RYLE, J. C.

SPROUL, R. C.

THOMAS, Derek

VALDÉS,  Juan de

VOS, Geerhardus

WARFIELD, Benjamín B.

WATSON, Thomas

WILLIAMSON, G. I.

Antiguo Testamento:

ALEXANDER, T. Desmond

BOICE, James M.

BRUCE, F. F.

CALVINO, Juan

DILLAR, Raymond B.

FERGUSON, Sinclair B.

KAISER, Walter C.

KIDNER, Derek

KUYPER, Abraham

LONGMAN, Tremper

MORRIS, Leon

NYENHUIS, Gerald

PRATT, Richard L.

STUART, Douglas

WALTKE, Bruce K.

WISEMAN, Donald J.

VALDÉS, Juan

YOUNG, Edward J.

Nuevo Testamento

BOICE, James M.

BRUCE, F. F.

CALVINO, Juan

CARSON, Donald A.

DE REINA, Casiodoro

FEE, Gordon

FERGUSON, Sinclair B.

GREEN, Michael

HARRISON, Everett

HENDRIKSEN, William

JAGER, H. J.

JOHNSON, Denis E.

JOHNSTON, Mark

KISTEMAKER, Simon

KUYPER, Abraham

LADD, George Eldon

LLOY-JONES, D. Martin

MACHEN, J. Gresham

MARSHAL, I. Howard

MORRIS, Leon

MOO, Douglas

MOUNCE, Robert

NYENHUIS, Gerald

PALEY, William

RIDDERBOS, Herman

ROBERTSON, Archibald Thomas

SILVA, Moisés

STOTT, John R. W.

THOMAS, Derek

VALDÉS, Juan de

VOS, Geerhardus

WATSON, Thomas

Historia de la Iglesia:

BAINTON, Roland

GONZALEZ, Justo L.

LATOURETTE, Kenneth Scott

LLOYD-JONES, D. Martin

MURRAY, Ian.

ROBERTS, Frank C.

Pensamiento cristiano:

BAVINCK, Herman

BUDZISZEWSKI, J.

CARSON, D. A.

DEMBSKI, William

EVANS, C. Stephen

GREEN, Michael

HELM, Paul

JOHNSON, Phillip E.

JONES, Peter.

KELLER, Timothy

KOOP, C. Everett.

KUYPER, Abraham

LENNOX, John C.

LEWIS, C. S.

LLOYD-JONES, D. Martin

MACHEN, J. Gresham

McGRATH, Alister E.

MORELAND, J. P.

NASH, Ronald H.

PLANTINGA, Alvin

REYMOND, Robert L.

ROSS, Hugh

SCHAEFFER, Francis A.

SIRE, James W.

VAN TIL, Cornelius

ZACHARIAS, Ravi

Aborto:

  • Everett Koop, Derecho a vivir / derecho a morir. CLIE, 1982.
  • Francis A. Schaeffer y C. Everett Koop, ¿Qué le pasó a la raza humana? Editorial Vida, 1989.
  • R. C. Sproul, El aborto: Una mirada racional a un tema emocional. UNILIT, 1993.

EDITORIALES MÁS RECOMENDABLES DE LITERATURA CRISTIANA EN ESPAÑOL[1]

  1. The Banner of Truth Trust / El estandarte de la verdad: http://www.banneroftruth.org
  2. Fundación Editorial de Literatura Reformada (FELiRe): http://www.felire.com
  3. Libros Desafío: http://www.librosdesafio.org
  4. LOGOI / FLET (Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos)
  5. Editorial Peregrino: http://www.editorialperegrino.net/default.aspx
  6. Editorial Faro de Gracia: https://www.farodegracia.org/
  7. Publicaciones Andamio: http://www.publicacionesandamio.com
  8. CLIE: http://www.clie.es

[1] En orden de confiabilidad y/o apego a la teología reformada.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Identidad confesional: Estándares de Westminster

Identidad confesional: Estándares de Westminster

Confesión de fe,

Catecismo mayor,

Catecismo menor, y 

Directorio para la adoración pública de Dios.