Los puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educación

Por Alejandro Moreno Morrison.

Fragmento tomado y ligeramente revisado de Alejandro Moreno Morrison, La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico (tesis profesional, Escuela Libre de Derecho, México, 1998), pp. 179-180 (Cap. IV, 1).

Leland Ryken explica que, “creyendo en la revelación general de Dios, los puritanos, abrazaron por completo el estudio científico del universo físico”.[1]  En su libro Ciencia y fe ¿en conflicto?,[2] el escritor español Enrique Mota señala que el 62% de los miembros de la Royal Society durante 1663 eran puritanos,[3] aun cuando este movimiento de reformadores calvinistas constituía una minoría de la población inglesa tras la restauración de la monarquía.

El pastor y teólogo escocés Samuel Rutherford [4] (1600-1661) escribió: “El creyente es el hombre más razonable en el mundo; aquél que hace todo por fe, hace todo por la luz de una razón cuerda.”[5]  El pastor puritano inglés Richard Baxter (1615-1691) escribió: “Nuestra física, que es una magnífica parte del aprendizaje humano, no es sino el conocimiento de las admirables obras de Dios; ¿y tiene alguien la cara para llamarse criatura de Dios, e infamar empero como vano el aprendizaje humano?”[6]  Richard Bernard insistía que “gramática, retórica, lógica, física, matemáticas, metafísica, ética, política, economía, historia y disciplina militar,” eran todas útiles para un ministro.[7]

Los puritanos fundadores de la colonia de la Bahía de Massachusetts establecieron Harvard College en 1636, sólo seis años después de haber desembarcado.[8]  El historiador E. Digby Baltzell, comenta que dicha colonia, “con más de 100 graduados de Oxford y Cambridge, fue seguramente la comunidad mejor educada que el mundo ha conocido jamás, antes o desde entonces.”[9]  En este mismo sentido Max Weber escribió: “Quizá ningún país estuvo jamás tan lleno de graduados como Nueva Inglaterra en la primera generación de su existencia.”[10]

El historiador del S. XX Horton Davies describe al Puritanismo como un movimiento de los ‘piadosos instruidos,’ los intelectuales religiosos de la época, un movimiento que encontró su más fuerte apoyo en los círculos universitarios.[11]

Uno de los últimos puritanos fue el pastor, teólogo, filósofo y científico Jonathan Edwards (1703-1758), profesor en Yale y presidente de la Universidad de Princeton.  Acerca de Edwards, el profesor Benjamín Silliman expresó la opinión de que “si él se hubiera dedicado a la ciencia física, podría haber agregado otro Newton a la extraordinaria época en que comenzó su carrera.”[12]  J. I. Packer ha escrito que “el puritanismo es lo que Edwards fue.”[13]

En general, C. S. Lewis describe a los primeros puritanos como “jóvenes, impetuosos, intelectuales progresivos, muy destacados y al día.”[14]

[1] Leland Ryken, The Puritans As They Really Were, 2nd ed., (Grand Rapids: Zondervan, 1990), p. 168.  Para una investigación sobre la influencia de los puritanos en la ciencia moderna ver: Robert K. Merton, Science, Technology, and Society in Seventeenth Century England (New York: Howard Fertig, 1970); Christopher Hill, Intellectual Origins of the English Revolution (Oxford: Oxford University Press, 1965); John Dillenberger, Protestant Thought and Natural Science (Garden City: Doubleday, 1960).

[2] Barcelona: Andamio, 1995.

[3] Op. cit., p. 40.  Referido en Antonio Cruz, Postmodernidad (Barcelona: CLIE, 1996), p. 31.  Mota también señala que, durante el S. XVI, y también en la actualidad, el número de científicos protestantes en Bélgica era, y es, mucho mayor que el de católicos, aunque éstos últimos son mayoría en la nación.

[4] Aunque el calificativo puritano no se aplica a los presbiterianos escoceses de la misma época sino sólo a los presbiterianos (y otros calvinistas) ingleses e irlandeses, su manera de vivir y de pensar era la misma, como lo demuestra los estándares de la Asamblea de Westminster (La confesión de fe de Westminster y sus catecismos entre otros), que fue producto de los puritanos ingleses y los presbiterianos escoceses.

[5] A Sermon Preached to the Honorable House of Commons.  Citado en Ryken, op. cit., p. 4.

[6] The Unreasonableness of Infidelity.  Citado en Ryken, op. cit., p. 168.

[7] The Faithful Shepherd.  Citado en Ryken, op. cit., p. 165.

[8] Ryken explica que los estudiantes que se preparaban para el ministerio cristiano en Harvard, “no sólo aprendían a leer la Biblia en sus lenguas originales y a exponer teología, sino también estudios en matemáticas, astronomía, física, botánica, química, filosofía, poesía, historia y medicina” (Ryken, op. cit.); ver también Benjamin Hart, Faith and Freedom: The Christian Roots of American Liberty (Dallas: Lewis & Stanley, 1988), pp. 107-109.

[9] E. Digby Baltzell, Puritan Boston and Quaker Philadelphia (New York: The Free Press, 1979), p. 247.  Citado en Ryken, op. cit., p.7.

[10] Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism (New York: Scribner, 1930); p. 168.  Citado en Ryken, op. cit., p.225

[11] Horton Davies, Worship and Theology in England: From Cranmer to Hooker, 1534-1603 (Princeton: Princeton University Press, 1970), p. 285.

[12] Henry C. McCook, “Jonathan Edwards as a Naturalist,” Presbyterian and Reformed Review, I; p. 393.  Ver Brevísima nota biográfica sobre Jonathan Edwards.

[13] James I. Packer, A Quest for Godliness: The Puritan Vision of the Christian Life (Wheaton: Crossway Books, 1990), p. 310.

[14] C. S. Lewis, Studies in Medieval and Renaissance Literature (Cambridge: Cambridge University Press, 1966), p. 121.  Citado en Ryken, op. cit., p. 4.

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Ver: Samuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Anthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)¿Cómo eran los puritanos originales?Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Presbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAlgunas objeciones al cientismo.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Presbiterianismo en la primera reforma en Inglaterra

Por Alejandro Moreno Morrison.

Dedicado a la memoria del ‘Rey Niño’ Eduardo VI de Inglaterra, joven reformador cristiano y “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.”

door_french_protestant_church_londonDeambulando aleatoriamente por el centro de Londres una tarde de julio de 2001, me topé por casualidad con el edificio donde se congrega la Iglesia Protestante Francesa en Londres (Eglise Protestante Français de Londres).  Me emocioné muchísimo por el providencial hallazgo de esta histórica iglesia, que es un vestigio del reinado y ministerio del ‘Rey Niño’ Eduardo VI de Inglaterra y también un importante antecedente nuestro como presbiterianos.

Eduardo nació del rey Enrique VIII de Inglaterra y su reina consorte Jane Seymour el 28 de octubre de 1537 (17 meses después de que el pueblo de Ginebra confirmara el Edicto de Reforma).  Por recomendación del obispo Hugh Latimer a Enrique VIII, el príncipe Eduardo fue criado en la fe protestante.  Como resultado de lo anterior el hugonote[1] Jean Bellemain fue nombrado tutor de francés del príncipe.  Bellemain ejercería gran influencia nutriendo la fe Reformada (“calvinista”) de este futuro rey de Inglaterra.[2]

A la muerte de su padre, el 28 de enero de 1547, Eduardo ascendió al trono de Inglaterra con el nombre Eduardo VI cuando contaba con nueve años de edad.  Desde el principio de su reinado, Eduardo VI buscó la reforma oficial de la Iglesia en Inglaterra pues, aunque Enrique VIII la había separado de la jurisdicción papal, la había dejado intacta en cuanto a doctrina y práctica.  La reforma oficial de la Iglesia de Inglaterra durante el reinado de Eduardo VI fue encabezada primero por Thomas Cranmer, Arzobispo de Canterbury, y el tío del rey, Edward Seymour, Duque de Somerset y Lord Protector, contando con el apoyo y cooperación de otros oficiales del gobierno, aristócratas, y clérigos (como Hugh Latimer y Nicholas Ridley), todos ellos de persuasión evangélica.  Pronto también el rey Eduardo VI se involucraría directa y celosamente en hacer progresar la fe y la práctica Reformadas en su reino, y en reformar a la Iglesia inglesa.

En el ámbito internacional la Inglaterra de Eduardo VI se convirtió en un refugio para protestantes perseguidos de toda Europa, aun por encima de Ginebra.  Más aún, el gobierno de Eduardo VI fue intencional en atraer a protestantes extranjeros, incluyendo eruditos y ministros prominentes que ayudaran al avance de la Reforma en Inglaterra.  Fueron Cranmer y Eduardo VI quienes intercedieron ante el gobierno de Francia para liberar al reformador escocés Juan Knox de las galeras francesas.  Cranmer ofreció un obispado a Knox a fin de que éste tuviera influencia oficial dentro de la Iglesia inglesa y así pudiera ayudar a Cranmer en la reforma de la iglesia.  No obstante, Knox rechazó el ofrecimiento pues era un presbiteriano convencido que se oponía a la forma episcopal de gobierno.  Eventualmente, en 1551, Knox fue nombrado capellán real y pronto se convirtió en uno de los predicadores favoritos del joven rey Eduardo VI.

Entre otros protestantes extranjeros prominentes invitados a Inglaterra estaban el teólogo italiano Pietro Martire Vermigli, quien fue invitado a ser Profesor Regio de Divinidades en la Universidad de Oxford; el teólogo alemán Martín Bucero, quien fue invitado a ser Profesor Regio de Divinidades en la Universidad de Cambridge; y el teólogo, reformador, y estadista polaco Juan A Lasco (Jan Laski), quien fue invitado a ser superintendente  de las iglesias para los extranjeros residentes en Londres.  Lasco ya había probado su idoneidad para este encargo pues, por invitación de la Condesa Ana de Frisia Oriental (Alemania), entre 1542 y 1543 había reorganizado la vida religiosa de la ciudad-estado de Emden convirtiéndola en una verdadera “Ginebra del norte.”[3]

En 1550, mediante una carta patente, el rey Eduardo VI otorgó a las iglesias protestantes de los extranjeros protección y libertad respecto del estado y de la Iglesia de Inglaterra.  Ésta era “una excepción a las leyes de 1549 y 1552, que decretaban la uniformidad religiosa del reino,”[4]  y el primer caso de una iglesia Reformada libre.  En una carta dirigida al rey Eduardo VI, Juan Calvino escribió: “…todas las personas de mente recta alaban a Dios, y se sienten grandemente agradecidos contigo, por haberte placido con gracia otorgar iglesias a tus súbditos que hablan las lenguas francesa y alemana, en lo que respecta al uso de los sacramentos y la disciplina espiritual.  Espero que la licencia que te ha placido darles tenga su efecto.”[5]

El efecto al que se refería Calvino tenía que ver con una de las razones por las que los reformadores ingleses habían establecido la referida Iglesia de los Extranjeros, a decir, que sirviera como modelo para la reforma de la Iglesia inglesa. Lasco escribió “Pensamos, de hecho, que las iglesias inglesas, animadas por este ejemplo, estarían unánimes, a lo largo del reino a volver a la forma apostólica de adoración en toda su pureza.”[6]  Respecto de dicha Iglesia de los Extranjeros, el historiador Diarmaid MacCulloch de la Universidad de Oxford comenta: “No hay duda de la importancia de estas congregaciones plenamente reformadas en medio de una Iglesia nacional que era semi-reformada; eran una señalización hacia una versión del futuro.  Su avivada vida devocional e intelectual pronto atraerían amplio interés en Londres…”[7]

Al mismo tiempo, John Hooper (uno de los precursores del puritanismo) había emprendido una cruzada contra algunas de las prácticas no bíblicas de la Iglesia inglesa (las vestimentas sacerdotales y los rituales sinsentido) contando con el apoyo de Lasco, quien había podido quitarlos “de un solo golpe en práctica y disciplina de la Iglesia de los Extranjeros, sobre la cual Lasco presidía con toda la… decisión que caracterizaba la versión de Juan Calvino de la forma de gobierno presbiteriana en Ginebra.”[8]  MacCulloch concluye que, “Entre Hooper y Lasco habían ofrecido una visión para el futuro de la Iglesia inglesa: purgada de toda corrupción del pasado y moviéndose a la par de las iglesias cívicas más plenamente reformadas en Suiza.” [9]

Uno de los distintivos de la Iglesia de los Extranjeros era su forma de gobierno que no era episcopal sino presbiteriana.  Se eligieron cuatro ministros y luego cuatro ancianos, “conforme a la ordenanza apostólica, para ayudar a los ministros, no de hecho en el ministerio de la Palabra, sino en la conservación de la doctrina y la moral de la iglesia.  Después de éstos fueron elegidos cuatro diáconos.”[10]  Pastores y diáconos recibieron por igual la imposición de manos, lo que significó en un avance de los laicos.[11]  “El primer lunes de cada mes se instalaba el coetus, en el que los oficiales de las tres congregaciones se reunían.  Esta institución, que puede ser comparada con un presbiterio moderno, continuó en operación hasta finales del S. XIX.”[12]

En teoría todos los ancianos tenían la misma responsabilidad y compartían la misma ordenación.  Esto marca un énfasis importante y característico de Lasco, quien en este punto se acerca a la doctrina del ministerio esencial de todos los cristianos.  En la práctica aquéllos que son apartados como ministros de la Palabra administraban los sacramentos y eran asistidos por otros ancianos.  Por otro lado los ancianos laicos llevaban la responsabilidad especial de mantener la disciplina…  los deberes asignados a los ministros de la Palabra y de la “espada” (ancianos) diferían más bien en énfasis que en carácter.

El experto en hugonotes Bernard Cottret hace notar que esta forma de gobierno esclesiástico (plenamente presbiteriana) estaba “muy adelantada a su tiempo y contradecía los puntos de vista de la Iglesia de Inglaterra.”[13]  MacCulloch pone a la par el libro de Lasco Forma ac ratio tota ecclesiastici ministerio (su exposición y defensa de la doctrina y práctica de la Iglesia de los Extranjeros) con la Institución de Calvino y afirma que “proveyó un texto clave para el futuro del cristianismo Reformado a lo largo de Europa.”[14]

En cuanto a su entendimiento de la continuidad histórica de la única santa iglesia católica y apostólica, Lasco explícitamente afirmaba que la verdadera fuente de sus ideas era “la iglesia pura de los apóstoles, la era dorada de la Iglesia primitiva.”[15]  Los reformadores no se veían a sí mismos como transformadores de la Iglesia, sino como aquellos que estaban regresando a la Iglesia a su forma y orden originales.  No eran innovadores; las “supersticiones papistas” eran las que eran innovaciones. [16]  Por lo tanto, Lasco afirmaba, “Que esta iglesia reformada no tiene la intención de ser una nueva iglesia, separada de otras iglesias, sino más bien, una, católica, apostólica…  Las iglesias falsas… tales como las de los turcos [musulmanes], la del papado, y los anabautistas, y los davidistas, no son parte de esta verdadera Iglesia.”[17]

Lamentablemente, la inesperada y prematura muerte del rey Eduardo VI, el 6 de julio de 1553, a la edad de 15 años, y la consiguiente ascensión al trono inglés de su hermana mayor, María Tudor (“la sangrienta”), pusieron fin abruptamente a la primera Reforma en Inglaterra.  María, catolicorromana, persiguió brutalmente a los protestantes, muchos de los cuales emigraron para encontrar refugio en Europa continental.

Lasco fue eventualmente llamado a volver a Polonia como secretario del rey Segismundo II, posición desde la cual lideró la reforma calvinista en Polonia.  Knox (que desde su llegada a Londres había estado muy cerca de Lasco y de la Iglesia de los Extranjeros) se refugió en Ginebra, donde conoció personalmente a Calvino y pastoreó la congregación de habla inglesa.  De Ginebra Knox se mudó a Frankfurt y en 1559 llegó de vuelta a Escocia, trayendo consigo el presbiterianismo que había aprendido de Lasco y la Iglesia de los Extranjeros, y de Calvino y la Iglesia de Ginebra.  Al año siguiente, en 1560, el parlamento escocés adoptó la reforma presbiteriana como resultado del ministerio de Knox.

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[1] Los hugonotes eran los protestantes reformados (“calvinistas”) franceses.

[2] Bernard Cottret, The Huguenots in England (Cambridge: Cambridge University Press, 1991), p. 28.

[3] Frederick S. Carney, “Translator’s Introduction. The New Interest in the Political Theory of Althusius,” en Johannes Althusius, Politica. An Abridged Translations of Politics Methodically Set Forth and Illustrated with Sacred and Profane Examples (Indianapolis: Liberty Fund, 1995); p. xi.  Disponible en: http://oll.libertyfund.org/titles/althusius-politica.

[4] Cottret, op. cit., p. 35.

[5] The Parker Society, eds., “John Calvin to King Edward VI,” en Original Letters Relative to the English Reformation (Cambridge: The University Press, 1847), pp. 710 (carta CCCXXXVI).

[6] Cottret, op. cit., p. 38.  Citando a Schickler, Les Eglises du Refuge en Angleterre, pp. 31-32.

[7] Diarmaid MacCulloch, Thomas Cranmer (New Haven: Yale University Press), 1993; p. 478.

[8] Ibid.

[9] Ibid., p. 483.

[10] Frederick A. Norwood, ‘The Strangers’ “Model Churches” in Sixteenth-Century England,’ en Franklin H. Little, Reformation Studies: Essays in Honor of Roland H. Bainton (Richmond: John Knox Press, 1962), p. 189.

[11] Ver Cottret, op. cit., p. 40.

[12] Norwood, op. cit., pp. 189-190.

[13] Schickler, Les Eglises du Refuge en Angleterre, I p. 41.  Citado en Cottret, op. cit., p. 40.

[14] MacCulloch, op. cit., pp. 480-481.

[15] Norwood, op. cit., p. 189.

[16] Ver Cottret, op. cit., p. 159.

[17] Norwood, op. cit., p. 188.

Nota editorial: La versión original (en inglés) de este artículo fue publicada en The Progress of St. Paul’s, la revista mensual de St. Paul’s Church (PCA), Orlando, en septiembre de 2001.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaJuan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa Cena del SeñorOrigen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la mismaLa música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsLas esposas de Juan KnoxSobre la visión puritana del día domingoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)¿Cómo eran los puritanos originales?La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoNulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la BibliaEl “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de Westminster.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Influencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)

Por Alejandro Moreno Morrison.

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Placa en la fachada de The New College de la Universidad de Edimburgo, honrando la memoria del Rev. Dr. John Witherspoon, graduado de dicha universidad, firmante de la Declaración de Independencia de los EUA, y Presidente de la Universidad de Princeton  (foto: Alejandro Moreno Morrison, mayo, 2014).

Texto tomado y ajustado de La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico, México: Escuela Libre de Derecho, 1998 (tesis profesional para obtener el título de abogado); pp. 234-239.[1]

Aunque Inglaterra y Escocia se beneficiaron mucho en el siglo XVII de los avances en libertad política resultantes del pensamiento político calvinista, fue en las colonias británicas en América (en los siglos XVII y XVIII) donde los puritanos[2] tuvieron mayor libertad para poner en práctica los principios políticos del calvinismo.[3]  En su discurso ante el Parlamento Británico “Sobre la reconciliación con las colonias” (1775), Edmund Burke llamó a los disidentes de las Trece Colonias británicas en América “el protestantismo de la religión protestante”.[4]

Earl Warren, quien fuera gobernador de California y posteriormente presidiera la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, declaró en alguna ocasión:

Creo que nadie puede leer la historia de nuestro país sin comprender que el Buen Libro y el Espíritu del Salvador desde el principio han estado guiando nuestros genios…  Ya sea que miremos a la primera Carta de Virginia… o a la Carta de Nueva Inglaterra… o a la Carta de la Bahía de Massachusetts… o a las Órdenes fundamentales de Connecticut… está presente el mismo objetivo: Una tierra cristiana gobernada por perspectivas cristianas.[5]

De acuerdo con Benjamin Hart, “La inmensa contribución que los puritanos de Nueva Inglaterra hicieron al entendimiento del mundo de cómo escribir una constitución no puede ser sobre enfatizada”.[6]  El documento Órdenes fundamentales de Connecticut (1639), por ejemplo, fue la primera constitución escrita en el continente americano y la Constitución de los Estados Unidos de América se asemeja mucho a él.  Órdenes fundamentales de Connecticut se inspiró en uno de los más famosos sermones del gran erudito de la Universidad de Cambridge, predicador y líder puritano, Thomas Hooker; precisamente el sermón que dio ante la Corte General de Connecticut en mayo 31 de 1638.

La esencia del sermón de Hooker para el Día de la Elección fue:

  1. La elección de los magistrados públicos pertenece al pueblo por la propia anuencia de Dios.

  2. La elección debe ser conducida por el pueblo, pero los votos no deben ser emitidos “de acuerdo con sus humores, sino de acuerdo con la voluntad y la ley de Dios.”

  3. Aquellos quienes “tienen el poder de nombrar oficiales y magistrados también tienen el poder para fijar fronteras y límites en su poder” de manera que “el fundamento de la autoridad es puesto en el libre consentimiento de la gente”, puesto que “por una elección libre los corazones de la gente estarán más inclinados a amar a las personas escogidas, y más prontos a rendir obediencia.”[7]

Benjamin Hart escribe que:

Órdenes fundamentales de Connecticut fue la más avanzada carta de gobierno que el mundo había visto hasta entonces en cuanto a garantizar los derechos individuales.  Pero aunque ciertamente el efecto de la carta fue asegurar el establecimiento de un gobierno libre y democrático, su propósito primario en la mente de la gente de Connecticut era establecer una república  [commonwealth] de acuerdo con las leyes de Dios y crear un ambiente propicio para el esparcimiento del Evangelio: Nosotros “por lo tanto nos asociamos y conjuntamos a nosotros mismos para ser un estado público o república [commonwealth]; y para hacer por nosotros y nuestros sucesores y tales que se añadan a nosotros en cualquier tiempo de aquí en adelante, entrar en una combinación y confederación juntos, para mantener y preservar la libertad y pureza del Evangelio de nuestro Señor Jesús que nosotros ahora profesamos, así como también la disciplina de las iglesias, la cual de acuerdo con la verdad del dicho Evangelio es ahora practicada entre nosotros; así como también en nuestros asuntos civiles ser guiados y gobernados de acuerdo con tales leyes…”[8]

Pocos años después de la adopción de Órdenes fundamentales de Connecticut, la Bahía de Massachusetts promulgó en 1641, bajo el liderazgo del pastor John Winthrop, su Body of Liberties, al cual recurrió John Adams para la redacción de la Constitución de Massachusetts de 1780, que posteriormente también serviría como modelo para la constitución estadounidense.[9]

Las raíces de lo anterior se encuentran en el S. XVII.  En 1644, Samuel Rutherford publicó en Escocia el libro Lex Rex: or, the Law and the Prince.  Rutherford era un ministro presbiteriano que participó como delegado de Escocia a la Asamblea de Westminster (que produjo los estándares de Westminster), y llegó a ser rector de la Universiad de St. Andrews en Escocia.  En Lex rex Rutherford negó el derecho divino de los reyes y afirmaba que todos los hombres (incluyendo papas y reyes) están bajo la ley y no sobre ella.  Estas afirmaciones eran consideradas herejías y traición en tiempos de Rutherford.  Consecuentemente, su libro fue prohibido en Escocia y quemado públicamente en Inglaterra, mientras que Rutherford fue puesto bajo arresto domiciliario esperando comparecer ante el parlamento en Edimburgo para ser condenado a muerte, pero murió antes de que eso sucediera.

La influencia de Rutherford en el pensamiento político británico fue continuada en el S. XVIII, entre otros, por el pastor presbiteriano, John Witherspoon (1723-1794) y por John Locke (1632-1704).  La influencia de Locke, de raíces puritanas, en el pensamiento político estadounidense es bien conocida.

Por su parte, el Dr. John Witherspoon se educó en la Universidad de Edimburgo en el presbiterianismo escocés y en las ideas de Rutherford; fue presidente del College of New Jersey (hoy Universidad de Princeton), así como uno de los firmantes de la Declaración de Independencia y miembro del Congreso Continental de 1776 a 1779 y de 1780 a 1782.  No sólo influyó directamente en una serie de comités dentro del primer congreso, sino que su influencia trascendió por medio de sus alumnos, entre los cuales estuvieron el presidente James Madison,[10] conocido como el “Padre de la Constitución Americana”, el vicepresidente Aaron Burr, diez miembros de gabinete, veintiún senadores, treinta y nueve congresistas, doce gobernadores, así como otras figuras públicas.[11]

Otra manifestación de la influencia (aunque indirecta) del puritanismo inglés la encontramos en William Blackstone (1723-1780), profesor de derecho en la Universidad Oxford, y autor de Commentaries on the Laws of England (1765-1770), obra que para 1775 había sido más vendida en las colonias británicas en América que en toda Inglaterra, y que era el texto obligado de estudio en las escuelas de derecho del mundo anglosajón.  Blackstone abre sus comentarios con los siguientes conceptos:

A las doctrinas así entregadas les llamamos ley revelada o ley divina, y han de ser encontradas únicamente en las Sagradas Escrituras.

Sobre estos dos fundamentos, la ley de la naturaleza y la ley de la revelación, dependen todas las leyes humanas; es decir, que ninguna ley humana debería ser tolerada si contradice a éstas.[12]

. . .

El ideal de libertad del calvinismo y del puritanismo no era fundamentalmente político sino religioso.

La libertad era un objetivo político de la Revolución Puritana en Inglaterra, pero no era su meta final.  El logro de la libertad para el individuo era un medio para el objetivo último de los puritanos de lograr la más completa expresión de la verdad divina…  Los ojos de los puritanos estaban puestos en el más allá, pero una vez que la libertad de consciencia tomó una dimensión teológica, no había duda de que los puritanos defenderían este derecho hasta la muerte –una lección que el Rey Carlos I fracasó en entender hasta que para él era demasiado tarde.[13]

Esta defensa fervorosa de la libertad como un deber espiritual ya la encontramos en Juan Calvino:

Y como de hecho la mejor forma de gobierno es aquella en que hay una libertad bien regulada y de larga duración, yo también confieso que quienes pueden vivir en tal condición son dichosos; y afirmo que cumplen con su deber, cuando hacen todo lo posible por mantener tal situación.  Los mismos gobernantes de un pueblo libre deben poner todo su afán y diligencia en que la libertad del pueblo del que son protectores no sufra en sus manos el menor detrimento.  Y si ellos son negligentes en conservarla o permiten que vaya decayendo, son desleales en el cumplimiento de su deber y traidores a su patria.[14]

– – – – –

Si tenemos la libertad de escoger jueces y magistrados, puesto que este es un don excelente, que sea preservado y usémoslo en una buena consciencia. . . .  Si argumentamos sobre gobiernos humanos podemos decir que estar en un estado libre es mucho mejor que estar bajo un príncipe.[15]

Este ideal de libertad se manifestaba en una firme decisión de limitar y controlar el poder y las facultades de los gobernantes, de manera que no pudieran vulnerar la libertad individual de los particulares, limitándola y controlándola.  Estos hombres veían al gobierno como un mal necesario derivado de la realidad de la pecaminosidad de todos los hombres, y les preocupaba especialmente en relación con los gobernantes (aún tratándose de ellos mismos) a quienes se les entregaba una cantidad de poder sobre el resto de sus conciudadanos, que podrían aprovechar en su propio beneficio y en perjuicio de los demás.

Esto revela el entendimiento cristiano de la naturaleza humana que tenían los forjadores de la constitución estadounidense, que les venía desde Calvino.  La aplicación práctica de esta doctrina a las formas de gobierno la expresó Calvino de esta manera:

Y por eso, el vicio y los defectos de los hombres son la razón de que la forma de gobierno más pasable y segura sea aquella en que gobiernan muchos, ayudándose los unos a los otros y avisándose de su deber; y si alguno se levanta más de lo conveniente, que los otros le sirvan como censores y amos.[16]

“Nadie estuvo más consciente que los puritanos y sus descendientes de la realidad inalterable de la continua desobediencia del hombre a Dios,”[17] lo que en la visión puritana incluía la búsqueda egoísta del interés propio, la ofensa contra el prójimo y la transgresión del orden público.  Consecuentemente, James Madison escribió en el Federalist 51 que en la estructura del gobierno,

…la ambición debe contrarrestar la ambición.  El interés del hombre debe estar conectado con los derechos constitucionales del lugar.  Puede que sea una reflexión sobre la naturaleza humana que tales estratagemas debieran ser necesarios para controlar los abusos del gobierno.  ¿Pero qué es el gobierno sino la más grande de todas las reflexiones de la naturaleza humana?  Si los hombres fuesen ángeles ningún gobierno sería necesario.  Si los ángeles fuesen a gobernar a los hombres, no serían necesarios ni los controles internos ni los externos sobre el gobierno.

John Adams, por su parte, expresa la misma postura aún pensando en un gobierno democrático:

No hay razón para creer al uno mucho más honesto que al otro. . .  Son todos de la misma arcilla; sus mentes y cuerpos son semejantes… en lo que se refiere a usurpar los derechos de los otros, son todos… igualmente culpables cuando no están limitados en el poder . . .   El pueblo, cuando ha carecido de contrapesos, ha sido tan injusto, tiránico, brutal, bárbaro y cruel como cualquier rey o senado poseído de poder incontrolado.  La mayoría ha eternamente, sin excepción, usurpado los derechos de la minoría.[18]

Alexander Hamilton, por su parte, dijo: “Tomad a la raza humana en general… son viciosos.” [19]

“Ni siquiera la democracia, en otras palabras, mitigará por sí misma el problema del pecado.  Porque este es un mundo caído, y nada que pudiera lograrse en Filadelfia cambiaría esta verdad”.[20]   Ni los puritanos ni sus descendientes redactores de la constitución estadounidense, entretenían la fantasía de un “estado de naturaleza” en el que se manifestara una pretendida “bondad natural del hombre” y, por lo tanto, estaban lejos de una visión anarquista.  ¿Como pretendían pues (y lograron, de hecho, por algún tiempo), tener amplia libertad sin caer en el caos?  ¿Cómo podrían mantener esa libertad dentro de un orden racional y justo para la sociedad?

Podemos encontrar una muestra de la respuesta puritana a esta cuestión en las palabras del propio James Madison:

Hemos afianzado el futuro entero de la civilización americana, no sobre el poder del gobierno, lejos de él.  Hemos afianzado el futuro… sobre la capacidad de todos y cada uno de nosotros de gobernarnos a nosotros mismos, controlarnos a nosotros mismos, de sostenernos a nosotros mismos de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios.[21]

El orden constitucional estadounidense germinó a partir de un conjunto de principios teológicos: el hecho de que el hombre es pecador y que ello ha tenido graves consecuencias en toda la realidad (de manera que las cosas no son como deberían ser); el reconocimiento de que Dios existe y es un ser personal, cuya ley moral ha sido inscrita en la mente de todo ser humana (verdades “auto-evidentes” o “evidentes paraa uno mismo”), y además la ha revelado de manera inteligente y proposicional en las Sagradas Escrituras; dicha ley moral incluye los principios necesarios para ordenar la vida humana; y en las Sagradas Escrituras ha revelado principalemente las buenas nuevas (evangelio) de lo que Él ha hecho para reconciliar al hombre consigo mismo y darle una verdadera vida plena.

Aunque esto último parezca la intrusión de un elemento descaradamente religioso, lo cierto es que, como ya lo hemos visto con los puritanos, los forjadores de la constitución estadounidense tenían en alta estima la libertad religiosa y de consciencia para poder adorar a Dios.  No es descabellado decir que ese era principalmente el ideal que, una vez secularizado, se encuentra en el corazón de aquéllas palabras en la Declaración de Independencia sobre la “búsqueda de la felicidad”.  La respuesta a la primera pregunta del Catecismo menor de Westminster, un documento eminentemente puritanos, dice “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre.”  Para los cristianos la búsqueda de la felicidad es sinónimo de su relación personal con Dios.

Alexis de Toqueville, comisionado por el gobierno francés para viajar a través de los Estados Unidos de América en los albores del S. XIX a fin de descubrir el secreto del impresionante éxito de este experimento en democracia, reportó:

Yo no sé si los americanos tienen sincera fe en su religión –¿pues quién puede conocer el corazón humano?— pero estoy cierto de que lo consideran indispensable para el mantenimiento de las instituciones republicanas.  Esta opinión no es peculiar de una clase  de ciudadanos, sino que pertenece a toda la sociedad…  América es el lugar donde la religión Cristiana ha conservado el mayor poder sobre el alma del hombre; y nada demuestra mejor cuán útil y natural es para el hombre, puesto que el país en donde ahora tiene la más amplia influencia es ambos, el más ilustrado y el más libre.[22]

Lamentablemente, muy pronto la influencia del cristianismo en el pensamiento jurídico y político estadounidense comenzó a menguar.  Las consecuencias a más de siglo y medio de distancia fueron advertidas por el gran estadista, abogado y orador de los primeros años de la vida de los Estados Unidos de América, Daniel Webster, en las siguientes palabras que parecen proféticas:

Si obedecemos los principios enseñados en la Biblia, nuestro país seguirá prosperando siempre; pero si nosotros y la posteridad menospreciamos su instrucción y autoridad, no hay quien pueda expresar la destrucción repentina que puede caer sobre nosotros y sepultar todas nuestras glorias en densas tinieblas.[23]

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[1] Fragmento revisado y ajustado para esta publicación en 2016.  La tesis de la que esta pieza está tomada la escribí antes de estudiar formalmente teología, particularmente Teología Histórica e Historia de la Iglesia.  Si hoy volviese a escribir este fragmento haría muchas precisiones, aclaraciones y adiciones (incluyendo más fuentes).  No obstante, para los fines de divulgación que busca esta publicación, tales cambios no son indispensables.

[2] El término puritano se acuñó originalmente para referirse a los reformadores calvinistas ingleses de la segunda reforma en Inglaterra, aunque también hubo puritanos irlandeses.  A su vez, las ideas y agendas de los puritanos ingleses coincidían casi totalmente con las de los reformadores presbiterianos escoceses de la segunda Reforma en Escocia.  Tras la migración de la rama no-conformista de los puritanos ingleses (los congregacionalistas), el término comenzó a aplicarse también a dichos “peregrinos” y a sus descendientes.  En esta pieza, el término puritano es usado a menudo (especialmente en las citas del Benjamin Hart) para referirse a los descendientes de calvinistas ingleses que migraron a las colonias británicas en el continente americano.  Los primeros puritanos en llegar a dichas colonias, a principios del S. XVII, eran todos calvinistas pero diferían del presbiterianismo escocés en cuanto a la forma de gobierno de la iglesia pues eran congregacionalistas.  Hacia finales del S. XVII y a lo largo del S. XVIII llegaron a dichas colonias oleadas de presbiterianos (tanto de Inglaterra como de Escocia e Irlanda).  Aunque con el paso del tiempo también llegaron a las Trece Colonias oleadas de migrantes de otras denominaciones protestantes y evangélicas, en los tiempos previos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América la mayoría de la población de las Trece Colonias, y los más influyentes en ellas, seguía siendo mayormente de persuación “calvinista” en sentido amplio.

[3] Acerca de las aportaciones del puritanismo al pensamiento político ver A. S. P. Woodhouse, Puritanism and Liberty (London: Macmillan, 1938); Benjamin Hart, Faith & Freedom: The Christian Roots of American Liberty, 2nd ed., (Dallas: Lewis & Stanley, 1988); Ralph Barton Perry, Puritanism and Democracy (New York, 1944).  Para estudios generales sobre el puritanismo ver también: William Haller, The Rise of Puritanism (New York: Columbia University Press, 1938); M. M. Knappen, Tudor Puritanism (Chicago: Chicago University Press, 1939); Perry Miller, The New England Mind Vol I; The Seventeenth Century (Cambridge: Harvard University Press, 1939); y Leland Ryken, Worldly Saints: The Puritans as They Really Were (Grand Rapids: Zondervan, 1990).  Años después de escribir la version original de este texto tuve conocimiento, entre otras, de las siguientes obras: David W. Hall, Calvin in the Public Square: Liberal Democracies, Rights and Civil Liberties (Phillipsburg: P & R, 2009); y Douglas F. Kelly, The Emergence of Liberty in the Modern World.  The Influence of Calvin on Five Governments from the 16th through the 18th Centuries (Phillipsburg: P & R, 1992).

[4] Hart, op. cit., p. 272.

[5] Time, 15 de febrero de 1954, p. 49.  Citado en D. James Kennedy y Jerry Newcombe, ¿Y qué si Jesús no hubiera nacido? (Nashville: Editorial Caribe, 1996), pp. 85-86.  El juez Warren presidió la Suprema Corte de los Estados Unidos de 1953-1969.  Cabe señalar que la “Corte Warren” ha sido una de las más contrarias a los principios cristianos.  Quizá el caso más claro sea el de su resolución al caso Roe vs. Wade que legalizó el aborto en los Estados Unidos, aunque también son de tomarse en cuenta sus interpretaciones de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

[6] Hart, op. cit., p. 105.

[7] Ibid., p. 99.

[8] Ibid., p. 100.

[9] Ibid., p. 312.

[10] En su libro Seven Who Shaped Our Destiny (New York: Harper and Row, 1973; p.192), Richard B. Morris escribe que el personaje más influyente en forjar las ideas de Madison fue John Whiterspoon.  Otro investigador ha escrito que “la religión cristiana, particularmente el calvinismo de Witherspoon, influyeron en el concepto de Madison tocante a la ley y el gobierno” (John Eidsmoe, Christianity and the Constitution: The Faith of our Founding Fathers (Grand Rapids: Baker, 1987), p. 101.  Citado en Kennedy and Newcombe, op. cit., p. 99.  Para mayor información biográfica de Whiterspoon y uno de sus sermones predicado al inicio de la guerra de independencia de los EUA, ver http://oll.libertyfund.org/titles/sandoz-political-sermons-of-the-american-founding-era-vol-1-1730-1788–5.  Ver también http://www.acton.org/pub/religion-liberty/volume-7-number-5/john-witherspoon    

[11] Rousas J. Rushdoony, This Independent Republic (Fairfax: Thoburn Press, 1964), p. 3.

[12] William Blackstone, Commentaries on the Law of England, Chitty ed., p. 28.

[13] Hart, op. cit., p. 156.

[14] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, 4ª ed., (Rijswijk: FELiRe, 1994), p. 1174 (IV, XX, 8).

[15] Sermons on Deuteronomy XXVII, 410-411.  Citado en John Calvin,   On God and Political Duty, John T. McNeill, ed., 2nd ed., (New York: The Bobbs-Merrill Company, 1956), p. xxiv.

[16] Calvino, Institución, op. cit.

[17] Hart, op. cit., p. 321.

[18] Ibid.

[19] Ibid., p. 319.

[20] Ibid.

[21] Ibid., p. 18.

[22] Alexis de Toqueville, Democracy in America, 1835.  Citado en Hart, op. cit., p. 15-16.

[23] Citado en Josh McDowell, Razones (Miami: Vida, 1983), p. 8.

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Ver también: ¿Cómo eran los puritanos originales?Aborto: La esclavitud de nuestra generaciónLa fe de los estatistasBrevísima nota biográfica sobre Jonathan EdwardsPresbiterianismo en la primera reforma en InglaterraAnthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Calvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden socialCalvino sobre la ley natural y contra el teonomismoPuritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)Juan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLos puritanos del S. XVII y las ciencias, la cultura, y la educaciónLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel Rutherford.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Argumentación Jurídica y Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Cronología de las obras de C. S. Lewis que refutan al positivismo, al conductismo y al subjetivismo ético, y de las interacciones entre B. F. Skinner y Lewis

Por Alejandro Moreno Morrison.

Tomado de La objetividad del deber ser: Reflexiones en respuesta a la tesis subjetivista del positivismo jurídico (México: Tesis profesional para la Escuela Libre de Derecho, 1998), pp. 126; adaptado y aumentado para este blog en 2016 y 2017.

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Ver también: Algunas objeciones al cientismoInfluencia del calvinismo y del puritanismo en el pensamiento político de las colonias británicas en el norte de América (siglos XVII y XVIII)Anthony Burgess sobre la ley natural (Romanos 2:14-15)Calvino sobre la ley natural y contra el teonomismoJuan Altusio (1557-1638), filósofo, jurista, teólogo, y estadista ReformadoSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterLa ley natural en el libro “Lex, rex” de Samuel RutherfordCalvino sobre la ley natural (conocimiento innato de las semillas de equidad y justicia) para el gobierno del estado y el orden social.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.