La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento

Por Iain H. Murray.
Tomado de “The Directory for Public Worship,” en John L. Carson & David W. Hall, eds., To Glorify and Enjoy God.  A Commemoration of the Westminster Assembly (Carlisle: Banner of Truth, 1994), pp. 182-183.

La adoración de donde las iglesias reformadas comenzaron a emerger en el tiempo de la Reforma era una adoración que ponía mucho énfasis en lo físico y externo.  Los requisitos de la iglesia eran satisfechos si las personas iban a los edificios consagrados para tener ceremonias, para escuchar música y para participar de los sacramentos.  Cuanto más bellas las vestimentas, las iglesias, y la música,* se tenía por más maravillosa la adoración.[1]  La adoración a la que el Directorio [para la adoración pública de Dios, preparado por la Asamblea de Westminster] apunta no es meramente una modificación de esa visión; es una reversión total de ella.  Vestimentas, música, edificios, todo ello desaparece.  Ni siquiera son mencionados.  La gloria de la verdadera adoración, afirma, consiste en gozar de la presencia de Dios.  La adoración medieval se había vuelto a lo material, lo visual y lo simbólico, porque había perdido la verdad de que los creyentes ahora tenemos “libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Heb. 10:19).  “Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Eph. 2:18).  Es, dice John Flavel, “cuando el Señor derrama su Espíritu con la Palabra,” que “la voz de Cristo es escuchada con efecto; las ordenanzas impregnadas con eficacia convincente y de conversión.”[2]

Los puritanos entendían, por supuesto, que este privilegio no estaba en manera alguna limitado a las reuniones colectivas—la adoración no depende ni de sacerdote ni de santuario.  Creían que las más ricas bendiciones son generalmente comunicadas a los creyentes en tanto se reúnen en observancia de los medios de gracia que Cristo ha instruído:

De manera que la presencia de Dios, la cual, gozada en privado, no es sino un arroyo, en público se vuleve un río que alegra a la ciudad de Dios.[3]

 

Los afectos están más vivos, los espíritus son más elevados en público que en privado; Dios honrará sus propias ordenanzas.[4]

Este principio de la adoración en el Espíritu abre una gran campo para la discusión.  No obstante, el punto que quiero enfatizar es el que a menudo es hecho en las discusiones contemporáneas sobre el llamado a hacer cambios en el culto.  “Participación” es una gran palabra.  Se dice que las personas deberían dejar de ser observadores pasivos y meros escuchas en los servicios; necesitan ser “participantes.”  Es un buen punto y los puritanos estarían enteramente de acuerdo.  Empero hay una diferencia fundamental entre lo que significaba para ellos y lo que significa para los voceros modernos.  El llamado contemporáneo a la participación corre el peligro real de regresar a lo externo, lo físico, y lo visual.  Para los puritanos, lo que hace verdadera la participación es la influencia del Espíritu Santo, el único que puede unir corazones y ayudar a la congregación a ofrecer “oración y súplica en el Espíritu” (Efe. 6:18).  Es cuando hay un despertar unido de las gracias interiores de la fe y la reverencia, del amor y la adoración, que hay verdadera participación en el culto público.  Nuestra presencia corporal y acciones en un servicio no son en sí mismas nada; puede ser que hasta aumenten nuestra condenación como sucedió con los judíos incrédulos.[5]  Debemos estar “fervientes en espíritu,” o “silbando de calor,” para usar una frase puritana.  “El reino de Dios,” dice el apóstol, no está en nada externo sino en “justicia, paz, y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).

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* Nota editorial: Ver, por ejemplo: La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma.

[1] J. C. Ryle dice acerca “la adoración probada por la Iglesia de Roma por siglos antes de la Reforma”: “Llenó la tierra con superstición, ignorancia, formalismo, e inmortalidad.  No consoló a nadie, no elevó a nadie, no asistió a nadie hacia el cielo.” Knots United (London, 1896), p. 355.

[2] Works of John Flavel (London, 1824; Banner of Truth reprint, 1968), vol. 4, p. 184.

[3] David Clarkson, Practical Works (Edinburgh, 1865; Banner of Truth reprint, 1988), vol. 3, p. 190.

[4] Complete Works of Stephen Charnock (Edinburgh: James Nichol, 1864), vol. 1, p. 297.

[5] “Millares,” escribe Ryle, “pasan regularmente sus domingos en una adoración que es en extremo inútil . . .  Pues cualquier bien que obtienen de ella, es como si se quedaran sentados en casa.”  Knots United, p. 344.  “La perversidad inherente de la naturaleza humana es tal que nuestras mentes están demasiado prestas para dale la espalda a las cosas espirituales hacia la cosas visibles.”  Ibid., p. 353.  Sobre este último asunto ver John Owen, “The Nature and Beauty of Gospel Worship,” Works, vol. 9, pp. 53-84.

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Ver también: Oración por toda la Iglesia de Cristo (usada por la congregación angloparlante en Ginebra, en tiempos de Calvino y Knox)Las oraciones públicas, colectivas, comúnes, o litúrgicas en la práctica reformadaJuan Calvino acerca de las oraciones públicas, litúrgicas (o al unísono) de la Iglesia en el culto públicoLa observancia del cuarto mandamiento en el Nuevo Testamento (video-conferencia)La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del SeñorSermón expositivo de Hechos 2:1-4 (audio); Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)¿Cómo eran los puritanos originales?Presbiterianismo en la primera reforma en Inglaterra; La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSamuel Rutherford (1600-1661) erudito, pastor, teólogo, pactante y comisionado escocés a la Asamblea de WestminsterSermón expositivo de Éxodo Caps. 35-39, 1ª parte (audio)El 2º mandamiento prohibe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos y de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoSermón temático: Soli Deo gloria (audio)Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatría.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Iain H. Murray fue asistente del Dr. D. Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel en Londres, y posteriormente pastoreó iglesias en Inglaterra y Australia.  Es co-fundador y Director Editorial de The Banner of Truth Trust y autor de varios libros y artículos sobre historia de la Reforma, y sobre la teología y práctica Reformadas.

Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)

Por el Rev. Kenneth Stewart

Fragmento de un sermón dominical

¿Por qué [Pablo] lo dice de esa manera?  …Porque [el Señor Jesucristo] provee la ropa [la vestimenta para el día, la vida de santidad, la armadura].  Es imposible para ti amar sin que Cristo te habilite para amar.  Es imposible para ti no cometer adulterio, o asesinar, o mentir, o codiciar, a menos que Cristo te habilite para hacerlo.  En otras palabras, no está diciéndote que tomes una moralidad diferente; está diciéndote que recibas del Señor Jesucristo una espiritualidad.  El Señor es el dador de estas cosas.  Solamente Él puede dar esa virtud; y sólo Él puede ponerla dentro de ti por medio de Su Espíritu Santo.  Es Su prenda; es Su vestimenta.

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  Sus sermones pueden ser escuchados y descargados en:

http://www.sermonaudio.com/search.asp?speakeronly=true&currsection=sermonsspeaker&keyword=Kenneth_Stewart 

Vistámonos con la armadura de luz (Romanos 13:12)

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Por el Rev. Kenneth Stewart.

Fragmento de un sermón dominical.

[Explicando por qué Rom. 13:12 se refiere a las ropas de día del cristiano (el estilo de vida descrito en Rom. 13) como “armas” o “armadura.”]

Cuando te vistes con [las ropas de santidad, la vida de santidad] vas a encontrarte luchando.  Vas a encontrarte en un mundo que no funciona de esa manera, un mundo que no piensa de esa manera.  Y así vas a encontrar que las ropas cristianas que vistes están inmediatamente atrayendo hostilidad.  Pero vistiéndolas estás peleando la batalla del Señor; estás dando un testimonio positivo.  Viviendo de esta manera estás peleando en el bando del Señor; estás siendo un soldado del Señor.  Sí, vas a recibir hostilidad pero estás luchando simplemente al vivir de esa manera.  Es una armadura.  Una vida de santidad es por sí misma una armadura que está peleando la batalla del Señor.

 

[Ver también: Vestíos del Señor Jesucristo (Romanos 13:14)Ganancias y pérdidas (Filipenses 3:7-9); Contraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)El valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)El ministerio del Espíritu Santo en el Evangelio de JuanEl evangelio y las misionesEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaSobre los medios de gracia.]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Rev. Kenneth Stewart, de nacionalidad escocesa, es ministro de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Escocia, en el lado oeste de Glasgow; y es profesor del seminario de la misma denominación.  Sus sermones pueden ser escuchados y descargados en:

http://www.sermonaudio.com/search.asp?speakeronly=true&currsection=sermonsspeaker&keyword=Kenneth_Stewart