Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Sermón predicado el domingo 20 de noviembre de 2011, en la Iglesia “Gethsemaní” (Iglesia Presbiteriana Reformada de México), Coyoacán, Ciudad de México.

Enlace al archivo de audio: Sermón de Juan 4:1-42 (AMM, 2011).

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Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)Sermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de varias denominaciones incluyendo la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Enlaces a los archivos de audio de los sermones predicados entre el domingo 2 de marzo, y el domingo 21 de septiembre de 2014, en lo que fue la Misión Presbiteriana Reformada de la Ciudad de México.  La mayoría de los sermones son expositivos de las distintas porciones del libro de los Hechos.  En algunos casos la serie incluyó “paréntesis” doctrinales para predicar temáticamente sobre alguna doctrina importante para entender la porción de Hechos en proceso de exposición, o para predicar expositivamente sobre algunos de los pasajes del Antiguo Testamento que sirven de trasfondo al libro de los Hechos.  La serie se interrumpió al cancelarse dicha obra misionera.

1. Marzo 2: Sermón expositivo de Hechos 1:1-3 (audio)

2. Marzo 9: Sermón expositivo de Hechos 1:4-5 (audio)

3. Marzo 16: Sermón expositivo de Hechos 1:6-7 (audio)

4. Marzo 23: Sermón expositivo de Hechos 1:8 (audio)

5. Marzo 30: Sermón expositivo de Hechos 1:9-11 (audio)

6. Abril 6: Sermón expositivo de Hechos 1:12-26 (audio)

7. Abril 20: Sermón temático: El antiguo pacto y el nuevo pacto

8. Abril 27: Sermón expositivo de Hechos 2:1-4 (audio)

9. Mayo 11: Sermón: El pacto de obras o de creación de Génesis 2:4-3:24 (audio)

10. Mayo 18: Sermón: El pacto con Noé, Génesis 9 (audio)

11. Mayo 25: Sermón: El pacto abrahámico, Génesis 15 (audio)

12. Junio 15: Sermón: El pacto davídico (Salmo 72) [No se grabó, pero ver texto La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)]

13. Junio 22: Sermón: Lenguas extrañas como señal del juicio de Dios, antecedente antiguo-testamentario del pentecostés (audio)

15. Junio 29: Sermón expositivo de Hechos 2:5-13 [No se grabó.]

16. Agosto 3: Sermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)

17. Agosto 10: Sermón expositivo de Joel 2 y Hechos 2:14-21 (audio)

18. Agosto 17: Sermón expositivo de Hechos 2:22-37 (audio)

19. Agosto 24: Sermón expositivo de Hechos 2:29-40 (audio)

20. Septiembre 7: Sermón expositivo de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)

21. Septiembre 14: Sermón de Rut 1, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)

22. Septiembre 21: Sermón expositivo de Hechos 2:38-41, el bautismo (audio)

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Argumentación Jurídica y Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Sermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Domingo 3 de agosto de 2014.

Enlace al archivo de audio: Sermón Ezequiel 47:1-12 (AMM, Ago. 3, 2014)

Lecturas del culto:

  • Antiguo Testamento: Ezequiel 47:1-12
  • Evangelio: Juan 7:37-39
  • Nuevo Testamento: Hechos 2:1-13

Texto en la portada del orden de culto: Transición pública del antiguo pacto al nuevo pacto en pentecostés .

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Ver también: Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios)El Reino de Dios a lo largo de la historia de la redenciónEste mundo está lleno del poder redentor de DiosEl reino del Mesías y Su IglesiaAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraSobre el “bautismo en Espíritu Santo y fuego”(Lucas 3:16)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)La extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11).

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Jerusalén: Lugar del fin de la antigua era

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD)

Fragmento tomado de An Old Testament Theology.  An Exegetical, Canonical and Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 566-567.

En llamativo contraste con [la] inesperada exaltación retórica de Galilea para tener el papel de honor en el inicio de la nueva era, Jesús predice que Jerusalén será aniquilada durante la generación que lo mató.  Su predicción fue cumplida en el año 70 dC.

Veamos esa predicción con más detalle.  Después de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén (Mat. 21:1-11) y de su purificación del templo (21:12-17), Mateo anticipa esta destrucción de la ciudad y el fin de la antigua era mezclando los relatos de la incredulidad y rechazo de las autoridades judías (21:23-27, 28-32; 22:15-22, 23-33, 34-46) con la simbólica maldición de Jesús a la higuera (21:18-22), sus parábolas de los labradores (21:33-46) y del banquete de bodas, y sus siete ayes sobre las autoridades judías en Jerusalén (23:1-36).  La higuera estéril simboliza el templo con su ritual estéril y por ello lista para su destrucción.[1]

Similarmente, las tres parábolas polémicas en 21:28-22:14 están todas dirigidas contra las autoridades judías en Jerusalén y están enfocadas a identificar al verdadero pueblo de Dios como aquellos que obtienen su favor en contraste con las autoridades de la ciudad, quienes obtienen su ira.  Como un puente al discurso del Monte de los Olivos que predice la aniquilación de la ciudad (Mat. 24; Mar. 13), Mateo registra las últimas palabras de Jesús al pueblo de Jerusalén: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta…  no me veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (23:38-39).

Mateo 24 presenta la enseñanza privada de Jesús a los discípulos después de que simbólicamente deja el templo para ir al Monte de los Olivos.  Ese movimiento recrea la visión de Ezequiel de la gloria de Dios dejando el templo de Salomón y deteniéndose en el mismo monte [Ez. 11:22-24] justo antes de la destrucción de Jerusalén en 586 aC.  En su enseñanza privada Jesús les dice que Jerusalén será destruída en su generación (ver “Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén“).  Ningún pasaje del Nuevo Testamento predice o cita alguna profecía del Antiguo Testamento que diga que será reconstruido.  [Blas] Pascal lo puntualiza así:

Cuando Nabucodonosor llevó cautivo al pueblo, en caso de que creyesen que el cetro había sido removido de Judá, Dios le dijo [a Israel] de antemano que su cautividad no duraría mucho tiempo, y que serían restaurados (Jeremías 29:10).  Fueron confortados a lo largo de ese tiempo por los profetas, y su casa real continuó.  Pero la segunda destrucción vino [en 70 dC] sin ninguna promesa de restauración—sin tener profetas, sin reyes, sin consolación y esperanza, porque el cetro ha sido para siempre removido del [Israel nacional].[2]

Esta caracterización de Galilea como el lugar para proclamar la nueva era y de Jerusalén como el lugar para la aniquilación marca un cambio decisivo de la antigua era a la nueva.  Mateo y Marcos intencionalmente niegan las expectativas judías de que Jerusalén continuará teniendo un papel en la historia de la salvación después de su destrucción en 70 dC.  Implícitamente, entonces, las profecías del Antiguo Testamento acerca de la gloria futura de Jerusalén deben encontrar su cumplimiento en modos que se conforman con la transmutación del reino de Dios de un reino terrenal a un reino espiritual.

[1] W. R. Telford, The Barren Temple and the Withered Tree (Journal for the Society of the Old Testament Supplement Series 1; Sheffield, 1980).  Carolyn Osiek en una comunicación personal llama la atención al ensayo de un estudiante que cita Ze’ev Safrai, The Economy of Roman Palestine (New York: Routledge, 2001), a efecto de que debido a que los higos no maduran todos al mismo tiempo, el cosechador tiene que regresar día con día.  Natanael sentado bajo una higuera (Juan 1:47-49) es una expresión de expectación y esperanza por la restauración del templo.  Más aún, Natanael estaba en oración; presumiblemente, como Simeón, está orando por el reino de Dios.  Natanael cree en Jesús porque Jesús sabía su excepcional carácter aún antes de que Jesús lo conociera (Safrai, 136-37).

[2] Citado por James M. Houston, The Mind on Fire (Vancouver: Regent College Publishing, 1989), p. 200.  [Blas Pascal, científico, matemático, filósofo y teólogo francés, hace numerosas referencias, en sus Pensamientos, a las profecías bíblicas en general, y en particular las mesiánicas, como una de las pruebas peculiares e irrefutables de la veracidad de la Biblia y de la deidad del Señor Jesucristo.  (Nota del traductor).]

 

[Ver también: La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)La historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasArrepentimiento en respuesta al sermón de PentecostésEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario).]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

Las dos preguntas de los discípulos respecto de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24)

Por Bruce K. Waltke (ThD, PhD).

Fragmento tomado de An Old Testament Theology.  An Exegetical, Canonical and Thematic Approach (Grand Rapids: Zondervan, 2007), pp. 568-570.

La predicción de Jesús de que Jerusalén sería totalmente destruida mueve a sus discípulos a hacer dos preguntas: (1) ¿Cuándo serán estas cosas? y (2) ¿Qué señal habrá de la venida de Jesús y del fin del siglo?

  1. Jerusalén destruida en la era apostólica

Jesús respondela primera pregunta en Mateo 24:4-35 (= Mar. 13:1-31), con esta revelación clímax: “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (v. 34).  A un lector moderno no familiarizado con el lenguaje apocalíptico, parece como si “todas estas cosas” incluyera la parusía.  (Parousia es la palabra griega para “presencia,” en contraste con apousia “ausencia.”)  La parusía connota la llegada de alguien tras un periodo de ausencia y es usada especialmente respecto de la realeza u oficiales.  Algunos premilenialistas contrastan la parusía de Cristo (un evento al inicio del milenio) con su Segunda Venida (que viene al final).  Yo uso los dos términos de manera intercambiable, porque el Nuevo Testamento no habla de un reino judío intermedio entre dos venidos de Cristo.  Si Jesús dijo que la parusía ocurriría dentro del lapso de vida de su generación, entonces, contrario a su afirmación, sus palabras no son verdaderas (Mat. 24:36), y aparentemente se contradice, porque después de fijar el marco de tiempo, en el siguiente aliento dice que nadie sabe el día ni la hora de su parusía (vv. 36-50).

Para salvaguardar al lector moderno en contra de cuestionar la veracidad y coherencia de las palabras de Jesús aquí, una exégesis más detallada del lenguaje apocalíptico de los versículos 29-31 (= Mar. 13:24-27) amerita un resumen de la útil interpretación de R. T. France.  De acuerdo con France, las perturbaciones cósmicas del versículo 29 en lenguaje apocalíptico se refieren al derrocamiento de poderes políticos (Babilonia [Isa. 13:10]; Egipto [Eze. 32:7]; Jerusalén en 586 aC [Joel 2:10]; las naciones [Isa. 34:4]; Jerusalén en 70 dC [Mat. 24:29], en tanto que el lenguaje acerca de “la venida del Hijo del Hombre sobre las nubes” se refiere a su ascensión a Dios para recibir vindicación y autoridad universal sobre toda la tierra (Dan. 7:13-14), no a su venida a la tierra.[1]  La interpretación de la “señal” (semeion—la LXX [Septuginta] usa esta palabra para traducir “pendón”; cf. Isa. 11:12; 49:22) del Hijo del Hombre en el cielo es más problemática.  Si “pendón” es la correcta traducción de “señal,” entonces posiblemente se refiere a “juntar a los exiliados,” puesto que eso es a lo que se refieren “pendón” y “voz de trompeta” (v. 31) en el lenguaje litúrgico judío.[2]  La frase “lamentarán todas las tribus” (v. 30) se traduce mejor como “lamentarán todas las familias de la tierra [i.e., Israel].”  Hacen eso en conexión con ver al Hijo del Hombre recibiendo autoridad de parte de Dios.

La profecía del lamento nacional, basada en Zacarías 12:10-14, es cumplida en pentecostés y a lo largo del periodo apostólico.  Antes de que Jerusalén fuese destruida, la Iglesia ya se había establecido firmemente en Roma.  Jesús asciende sobre las nubes para sentarse a la diestra de Dios, y como prueba de que ha recibido poder y autoridad envía el derramamiento del Espíritu Santo.  Pedro explica: “Exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís (Hch. 2:33).  Pedro lleva su sermón de pentecostés a la conclusión, “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (2:36).  Los que estaban oyendo, “se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (2:37).  Lucas dice que, “los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (2:41).[[3]]

En Mateo 24:31 Jesús había dicho que los creyentes serían juntados de los “cuatro vientos.”  Esto es lo que sucedió en Pentecostés (ver Hch. 2:5-11).  Jesús también profetizó que Dios los juntaría enviando sus angeloi con “gran voz de trompeta”—que, como lo notamos arriba, es lenguaje para la reunión de los exiliados.  De acuerdo con Isaías 27:13, “Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén.”  Angeloi (lit. “mensajeros”) puede referirse a predicadores tales como Pedro (cf. “mensajeros” en Luc. 7:24; 9:52), o al poder espiritual que está detrás de ellos (cf. Apo. 2).  R. T. France comenta, “La referencia [a los angeloi en Mat. 24:31] no es… como en 13:41, al juicio final, sino al crecimiento mundial de la iglesia…, lo cual es consecuente con el fin del estatus especial de Israel, simbolizado en al destrucción del templo” (Gospel of Mark, p. 35).

En Mateo 24:36-41, Jesús responde la segunda pregunta, “¿cuál será la señal de la venida de Jesús y del fin del siglo?,” citando el juicio que acompañará el tiempo desconocido de su segunda y final venida.  En resumen, Jesús claramente distingue entre el tiempo de la inminente destrucción de Jerusalén y la reunión de los judíos de alrededor del mundo en una comunidad de fe del tiempo, y su parusía.

  1. El tiempo de la parusía es desconocido

Puesto que el tiempo de la parusía y con ella el juicio final es desconocido, Jesús advierte a sus discípulos que velen por su venida.  Esto es aún más importante porque su venida será seguida, no de una felicidad milenial, sino de galardones eternos y castigos terminales, como lo deja claro la conclusión del discurso en el Monte de los Olivos de Jesús (24:42-51) así como sus parábolas de las diez vírgenes (25:1-13), de los talentos (25:14-30), y de las ovejas y los cabritos (25:31-46).  Concluye esta última diciendo “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”  En suma, Marcos-Mateo predicen la destrucción del Jerusalén territorial en conexión con el inicio de una nueva era, no la futura gloria de Jerusalén en un reino milenial, como algunos erróneamente alegan.

 

[1] R. T. France, The Gospel of Mark: A Commentary on the Greek Text.  New International Greek Testament Commentary. (Grand Rapids: Eerdmans, 2002), p. 35.

[2] Cf. T. Francis Glasson, “Ensign of the Son of Man,” en Journal of Theological Studies 15 (1964): 299-300.

[[3] Ver “Arrepentimiento en respuesta al sermón de Pentecostés” (Nota del traductor).]

 

[Ver también: Jerusalén: Lugar del fin de la antigua eraLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Contexto bíblico (intertextual) de las lenguas extrañasExaltación y entronización del Señor JesucristoEl valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)Elección del sustituto de Judas (Hechos 1:12-26)Elección del reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26)El derramamiento del Espíritu Santo (Pentecostés)La profecía de Noé (Gen. 9:25-27) y su cumplimiento en el Nuevo TestamentoLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El comienzo de los postreros días en PentecostésLa historia de la redención: Del protoevangelio al reinado universal del MesíasEl reino del Mesías y Su IglesiaOrigen de la expresión bíblica “postreros días” o “últimos tiempos” (eschaton)La proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Orígenes jesuitas y pentecostales del dispensacionalismoAmplicación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeDos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario).]

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  En 1975 fue presidente de la Evangelical Theological Society.  Ha editado o participado en la edición de varias traducciones de la Biblia al inglés incluyendo la New American Standard Bible, y la New International Version.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.

El valle de los huesos secos (Ezequiel 37:1-14)

Por Bruce K. Waltke.

La famosa visión de Ezequiel, “El valle de los huesos secos,” le fue dada hace más de 2500 años para los exiliados en Babilonia.  No obstante, la pregunta que Dios hace a Ezequiel, “¿pueden estos huesos vivir?,” sigue siendo una pregunta que se nos hace a finales del siglo veinte.  En diversos momentos nos la hacemos con respecto a nuestras vidas, nuestros matrimonios, y nuestras iglesias.

Entonces, como ahora, la visión tiene el propósito de vivificar los espíritus languidecidos de los escogidos de Dios.  La plaga de la duda seca y marchita vidas que alguna vez fueron bellas y fragantes como rosas.  Matrimonios concebidos en amor y unidos por la fe pueden morir en el cinismo y la desesperación.  Iglesias que alguna vez crecieron y florecieron con las lluvias tempranas, se secan por el desaliento que detiene las lluvias tardías.

A los destinatarios de esta profecía Dios los llama “pueblo mío” (vv. 12 y 13).  Nuestros ancestros en el exilio babilónico, habiendo perdido la santa ciudad con el templo de Jehová, se preguntaban si todavía eran el pueblo de Dios.  La repetida apelación “pueblo mío,” les reaseguraba su identidad.  De igual manera, a pesar de lo desesperanzador que nuestra situación pueda parecer, los creyentes en el Señor Jesús necesitan oír de nuevo cómo Dios se dirige a ellos como “pueblo mío” (Gálatas 3:26-29; 6:16; 1ª Pedro 2:9-10).

Aunque Ezequiel presentó su visión originalmente a los exiliados en Babilonia, la incluyó con sus otras visiones en su libro, mismo que ahora se dirige a la Iglesia universal.  Dentro del canon, esta visión funciona como un aliciente y ejemplo de cómo Dios revive a Su pueblo.  Sus verdades son por definición universales y eternas.  Pablo se refiere a la visión de Ezequiel cuando explica que “el Espíritu vivifica” (2ª Corintios 3:6).

La profecía tiene dos actos: I. Visión (vv. 1-10) y II. Interpretación (vv. 11-14).  Cada uno de estos actos tiene tres escenas: 1) El valle de los huesos secos (vv. 1-3); 2) Los huesos fragmentados convirtiéndose en cuerpos (vv. 4-6); 3) El viento entrando en los cuerpos (vv. 9-10).  La interpretación identifica los huesos como la Casa de Israel y su sequedad como su pérdida de esperanza (v. 11), y el viento como el Espíritu (v. 14).  Las tres escenas de cada acto proveen un ejemplo de la manera en que Dios resucita a santos que están secos como huesos.

ESCENA UNO: EL VALLE DE LOS HUESOS SECOS

La primera escena, el valle de los huesos secos, presenta como protagonista al profeta mismo y da una enseñanza inicial acerca del avivamiento.  Dios en Su gracia soberana inicia el avivamiento de Israel llamando y enviando al profeta a los huesos secos.  La escena consiste de tres partes.

Escena parcial 1: El llamamiento de Ezequiel (v. 1a).  Ezequiel introduce su profecía con la fórmula “La mano de Jehová estaba sobre mí (v. 1).  Esta fórmula es relativamente común en Ezequiel e identifica sus relatos en primera persona de entre sus varias visiones.  Esta intervención señala que la resurrección de Israel se originó con Dios, no con la humanidad.  De igual manera hoy, el que podamos resucitar de nuestras “tumbas” comienza con el llamamiento de un profeta, alguien a quien Dios envíe y por medio del cual Él hable (Romanos 10:14-15).

Escena parcial 2: El valle de los huesos secos (v. 1b-2).  En la segunda escena parcial Dios hace que Su profeta se confronte con la condición espiritual de Su pueblo.  El Espíritu lo asienta (no nada más lo ‘pone’) en medio de los huesos secos, y luego lo lleva a dar vueltas y vueltas por ese cementerio abierto para hastiarlo de muerte.  La situación parece imposible.  Los profetas de Dios son llamados, y son realistas.  Quizá tú también te sientas como si estuvieras en el exilio, destituido sin esperanza de tu herencia y tu futuro.  La salvación parece imposible.

Escena parcial 3: La fe del profeta (v. 3).  En la tercera escena parcial, Jehová estimula la fe en el profeta.  Se dirige a él como “ser humano” (no, “hijo del hombre”)[1] para recordarle que es un mero mortal terrenal.  Ningún profeta puede soplar aliento de vida espiritual dentro de este valle de huesos secos.  Solamente Dios puede hacerlo.

Al preguntarle “¿Pueden vivir estos huesos?,” Jehová opera dos virtudes en Ezequiel.  Primero, lo fuerza a involucrarse respondiendo la pregunta.  Segundo, al tratar de responderla, Ezequiel se vuelve del valle de los huesos secos a Jehová.  En tanto que Jehová se dirige a él como “ser humano”, él se dirige a Dios como “Señor [soberano] Jehová [que guardas el pacto].”  Su respuesta es clásica: “Eres el único que lo sabe.”  Quiere decir que nada es imposible con Dios.  La vivificación de Israel depende solamente de la gracia soberana de Dios (cf. Lucas 5:12).

El avivamiento comienza con un profeta que es llamado, que confronta la realidad, y que cree que nada es imposible con el soberano Señor.  Los verdaderos profetas son tanto realista como optimistas.

ESCENA DOS: LOS HUESOS SE CONVIERTEN EN CUERPOS

La segunda escena, en la que los huesos se convierten en cuerpos, presenta como protagonista a la Palabra de Dios, dándonos así nuestra segunda enseñanza acerca del avivamiento.

Escena parcial 1: Un mandamiento para predicar la Palabra del Señor (vv. 4-5a).  La primera escena parcial subraya la importancia de predicar Su Palabra con autoridad envolviendo un mandamiento a predicar con otro mandamiento a predicar.  Finalmente, por medio del profeta, Dios mismo se dirige a los huesos secos.  Primero, Dios habla a Su profeta y le manda profetizar: “Luego me dijo, ‘Profetiza a estos huesos’.  Segundo, le manda al profeta que predique Su Palabra al pueblo y les manda escuchar: “Y diles, ‘Huesos secos, escuchad la palabra de Jehová’.”   Luego, de nuevo por medio del profeta Dios se dirige ahora al pueblo: “Esto es lo que Jehová soberano Señor dice a estos huesos.”

Uno y medio versículos de esta escena ordenan al profeta predicar la Palabra de Dios y al pueblo a escucharla.  Esta fórmula de envoltura, aunque abreviada, se repite en cada escena (vv. 9, 12).  Si un predicador guarda la esperanza de que venga un avivamiento, debe enfatizar y volver a enfatizar, aunque resulte tedioso, “Escuchad ahora la Palabra de Jehová.”  El vocabulario exhaustivo para la predicación también subraya la importancia de la predicación de la Palabra del Señor para el avivamiento.  La palabra clave “profecía” (hablar por Dios) se usa, a propósito, siete veces, el número que significa lo completo (vv. 4, 7 [2 veces], 9, 10, 12).  Un segundo término es “la palabra de Jehová” (v. 4), que significa una palabra profética de parte de Dios.  Tercero, cuando Dios se dirige a los huesos secos utiliza un término más: “Así ha dicho Jehová” (vv. 5, 9, 12).

Esta fórmula refleja la forma en la que los mensajeros políticos presentaban en otros tiempos las palabras de sus señores (e.g., 2º Reyes 18:19).  Los profetas usaban esta fórmula para indicar que, como los mensajeros de los reyes del mundo, eran mensajeros del Rey celestial.  Como representantes plenipotenciarios del Rey celestial, hablaban con autoridad de parte del Cielo en la tierra.

Finalmente, lleva la profecía a conclusión con una palabra de la Palabra inspirada de Dios, “declara” (Heb. ne’um).  Ne’um significa “discurso lleno del Espíritu.”  La palabra aparece en el Salmo 110:1, “Jehová dijo [Heb. ne’um] a mi Señor.”  Nuestro Señor interpreta así el pasaje cuando dice: “¿Pues cómo David hablando por el Espíritu le llama Señor… ?” (Mateo 22:43).

Escena parcial 2: Los huesos secos vivirán (vv. 5b-6).  La segunda escena parcial presenta el mensaje en sí.  Dios revive a Sus escogidos mediante la promesa de volverlos a la vida: “He aquí yo hago entrar espíritu [o aliento; Heb. ruah[2]] en vosotros, y viviréis…” (vv. 5-6).  El mensaje de Dios a los mortales es que Él es el Dios de la vida.  Él bendijo a Su creación (los llenó con la potencia de vida) para vencer la esterilidad y la muerte.  Llenos con Su vida, la flora y la fauna vencen a la muerte y sobreviven.  Para Sus escogidos, Cristo es su resurrección y la vida (Juan 11:25).  El que oye Su Palabra y cree al que lo envió, tiene vida eterna; …ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).  Si la muerte es la última palabra, entonces la muerte es dios.  ¡Pero Cristo sorbió a la muerte!

Ezequiel enfatiza la seguridad del avivamiento.  Isaías enfatiza los medios.  Dirigiéndose a los mismos exiliados desalentados (Isaías 40:27), Isaías dice: “…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (40:31).  Mediante el don de la fe en el don de la Palabra de Dios, el santo es transportado del valle de huesos secos a la tierra que fluye leche y miel porque Dios está presente allí de una manera singular.

ESCENA TRES: EL VIENTO DA VIDA A LOS MUERTOS

La tercera escena, el viento da vida a los muertos, destaca el papel del Espíritu de Dios, proveyéndonos con la tercera enseñanza acerca del avivamiento.

Escena parcial 1: El viento/Espíritu viene por medio de la predicación (vv. 9).  La conexión entre la Palabra de Dios y el Espíritu es establecida en el versículo 4: “Profetiza sobre estos huesos… Yo hago entrar espíritu [o aliento] en vosotros, y viviréis.”  No obstante, se vuelve claro que la Palabra por sí sola es insuficiente.  La segunda escena concluye con el comentario: “pero no había en ellos espíritu [o aliento].”  La escena tres comienza con la necesidad de predicar para efectuar el don del Espíritu (vv. 7-9).

Escena parcial 2: El viento vivifica los cuerpos (v. 10).  El viento, que Dios equipara con Su Espíritu en el v. 14, transforma el valle de los huesos secos en un ejército basto y lleno de vida.  Jehová trae avivamiento tanto por medio de la predicación autoritativa como por medio del otorgamiento del Espíritu (cf. 1ª Tesalonicenses 1:4-6; 2:13; 1ª Corintios 3:14-18).

La Confesión Escocesa expresó la convicción de los Reformadores: “Nuestra fe y su seguridad no proceden de carne y sangre, es decir, de poderes naturales dentro de nosotros, sino que son la inspiración del Espíritu Santo…, quien nos santifica, y nos lleva a toda verdad por Su propia obra, sin lo cual permaneceríamos para siempre enemigos de Dios e ignorantes de Su Hijo, Cristo Jesús.  Por naturaleza estamos tan muertos, ciegos y somos tan perversos, que no podemos sentir cuando nos pican, ni ver la luz cuando brilla, ni asentir a la voluntad de Dios cuando es revelada, a menos que el Espíritu de Dios reviva aquello que está muerto, remueva las tinieblas de nuestras mentes, e incline nuestros necios corazones a la obediencia a Su bendita voluntad.”

OREMOS POR PROFETAS

Pidamos pues al Señor que levante profetas para predicar Su Palabra en nuestra generación.  Y pidamos al Señor que continúe usando seminarios fieles para darle a los predicadores que ha llamado una palabra de profecía aún más segura.  Las últimas dos escenas de la visión contienen escenas parciales de cumplimiento (vv. 7-8; 10), pero no la interpretación.  Ezequiel y su generación de la Casa de Israel murieron antes de ver a los escogidos levantarse de sus tumbas y volverse llenos del Espíritu a fin de regresar a la Tierra Santa y establecerse en ella.  La siguiente generación, no obstante, lo experimentó, y supo que Jehová había hecho lo que había parecido imposible.  La profecía se dilata en parte para que podamos tener una palabra profética aún mucho más segura (1ª Pedro 1:19).

Y oremos que la Iglesia pida y abrace la plenitud del Espíritu de Dios (cf. Lucas 4:10-13).

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[1] Aunque la expresión hebrea ben ‘adam  significa literalmente “hijo de hombre,” ésta tiene dos acepciones o usos.  En Daniel capítulo 7 y en 1º de Enoc se usa como título para la figura escatológica que habría de venir.  En el Nuevo Testamento nuestro Señor ostenta la expresión como su título para indicar que él es una figura escatológica.  La otra acepción es un hebraísmo, “un hombre de X,” un “hijo de X” es una expresión comúnmente utilizada para representar la naturaleza, calidad, carácter o condición de una persona.  Por lo tanto, como Ezequiel no es una figura escatológica, la expresión ben ‘adam en este pasaje enfatiza su humanidad y debe por lo tanto ser entendida como dirigiéndose a él simplemente como “ser humano”.  Cf. Bruce K. Waltke & M O’Connor, Introduction to Biblical Hebrew Grammar, Winona Lake: Eisenbrauns, 1990; pp. 149f., P. 9.5.3a.; y  Daniel I. Block, The Book of Ezequiel: Chapters 25-48 (New International Commentary of the Old Testament), Grand Rapids: Eerdmans, 1998; p. 367. (Nota Bene del autor para la traducción español de este artículo).

[2] La palabra hebrea ruah significa y puede traducirse como viento, espíritu o aliento.

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Ver también: Dos acercamientos al estudio de la Biblia: teología sistemática y teología bíblica (con análisis literario)La profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Sermón expositivo de Ezequiel 47:1-12, antecedentes AT del Pentecostés (audio)Sermón expositivo de Juan 4:1-42; el diálogo entre el Señor Jesús y la mujer Samaritana (audio)Paralelismo o recapitulación en las visiones apocalípticas de Daniel (cuadro comparativo).

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Artículo publicado originalmente en Reformed Quarterly (publicación trimestral de Reformed Theological Seminary), spring 1998, vol. 17, issue 1: http://www.rts.edu/quarterly/spring98/waltke.html.  Traducido y publicado en español (con fines no lucrativos) contando con los debidos permisos del autor y del Reformed Theological Seminary.  Prohibido su uso con fines comerciales o lucrativos.

Traducción de Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. Bruce K. Waltke, de nacionalidad estadounidense, es un erudito reformado en Antiguo Testamento.  Obtuvo maestría (M.A.) y doctorado (Ph.D.) en lenguas y literatura del Antiguo Cercano Oriente por la Universidad de Harvard, con un post-doctorado en el Hebrew Union College de Jerusalem, Israel.  Aunque fue educado en el Dispensacionalismo (sus Th.M., y Th.D. en Nuevo Testamento los obtuvo por el Seminario Teológico de Dallas), a los 50 años de edad abandonó públicamente el dispensacionalismo por ser contrario a la Biblia y abrazó la teología Reformada o teología del pacto.  Ha sido profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Dallas, Westminster Theological Seminary, Regent College, University of British Columbia (de donde es Profesor Emérito), Reformed Theological Seminary, Orlando, y en Knox Theological Seminary, y profesor visitante en varias universidades y seminarios como Covenant Theological Seminary, Geneva Bible College, Trinity Evangelical Divinity School, y Wheaton College.  Es autor de numerosos libros y artículos de alto nivel académico.