Sermón temático: Soli Deo gloria (audio)

Por Alejandro Moreno Morrison.

Enlace al archivo de audio: Sermón: Soli Deo gloria (AMM, Oct. 30, 2016).

Sermón predicado el domingo 30 de octubre de 2016, en la misión “Monte Sión” (Iglesia Nacional Presbiteriana de México), de la Ciudad de México.

Lecturas del culto:

  • Salmo 29
  • Levítico 10:1-11
  • Efesios 1:1-14

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Ver también: La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la ReformaSalmo 100 (para canto congregacional)Salmo 67 (para canto congregacional)Invocar el nombre de Jehová (Génesis 4:26)Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a)La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios)Sermón expositivo de Éxodo Caps. 35-39, 1ª parte (audio)Sermón expositivo de Génesis 4:26, antecedente AT de invocar el nombre del Señor (audio)El 2º mandamiento prohibe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos y de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de UrsinoContraste entre los linajes de Caín (simiente de la serpiente) y de Set (simiente de la mujer)El “Salterio ginebrino” o “Salterio de Ginebra” en españolPretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaEl culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólica.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado.  Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de varias denominaciones incluyendo la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church in America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta última estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

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Significado del Halloween

Por Josh McDowell.

Fragmento tomado de A Ready Defense, pp. 370-371.

El día que las brujas celebran por encima de todos los demás es el 31 de octubre, es decir, Halloween, [palabra derivada del inglés] All Hallows Eve [víspera del Día de Todos los Santos].  Se cree [por los practicantes de la hechicería] que en esa noche Satanás y sus brujas tienen su mayor poder.

El origen de Halloween se remonta a dos mil años antes del cristianismo a una práctica de los antiguos druidas en [Gran] Bretaña, Francia, Alemania y los países celtas.  La celebración honraba a su dios Samhain, señor de los muertos.  El pueblo Celta consideraba el 1º de noviembre como el Día de Muertos, porque era el final del otoño y el principio del invierno para ellos.

La estación en la que caen las hojas les parecía apropiado para celebrar la muerte, que es exactamente lo que Halloween era para ellos: una celebración de muertos honrando al dios de los muertos.  Los druidas creían que en esta noche en particular los espíritus de los muertos regresan a sus antiguos hogares a visitar a los vivos.

Si los vivos no proveían comida para estos espíritus malignos, todo tipo de cosas terribles les ocurrirían a los vivos.  Si los espíritus malignos no recibían un “trato” [una golosina], entonces les hacían trucos a los vivos.  Esta antigua práctica todavía es celebrada hoy cuando la gente se viste de muerto, toca en las puertas, y dice “trato o truco,” sin darse cuenta del origen de lo que están practicando.   Quienes practican la brujería, no obstante, todavía piensan que es la noche en la que tienen mayor poder.

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Ver también: Sobre participar en actividades relaciondas con el Día de Muertos o HalloweenSermón temático: El cristiano y las festividades de Halloween y Día de Muertos (audio).

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La música en la Iglesia occidental en tiempos previos a la Reforma

Por: Alejandro Moreno Morrison.

Hay quienes piensan, erróneamente, que durante la llamada Edad Media y el Renacimiento no había mucha música en las iglesias europeas, o que toda la música usada en las iglesias era lenta, monótona, ritual, “demasiado” reverente (como si tal cosa fuera posible), o “aburrida.”  La evidencia histórica, no obstante, demuestra lo contrario.

La corrupción o deformación que sufrió la Iglesia occidental durante la Edad Media afectó también a la música que era usada en los cultos supuestamente para la adoración de Dios.  Hacia el inicio del S. XVI, la situación en la composición coral y el canto en las iglesias era caótica:

…se desencadenó una orgía licenciosa de música.  Era difícil explicar con reverencia lo que pasó…  Ha sido descrito por los contemporáneos de aquella época que lo sufrieron, y si la mitad de lo que dicen es cierto, debe haber sido como un rag-time desquiciado.[1]

Henry Bruinsma, antiguo profesor de Música en Calvin Collage, nos da esta descripción de la música en la Iglesia a principios del S. XVI:

La música para muchas de las misas, cantada a cuatro o más voces por el coro, era muy a menudo basada en una canción popular secular.  Por ejemplo, hubo más de treinta misas escritas durante el S. XVI basadas en la melodía popular L’Homme Arme’ (El hombre armado).  Mientras una voz cantaba la melodía original con la letra secular, las otras voces cantaban elaboradas contra-melodías con letras religiosas.[2]

Ulrico Zuinglio también da testimonio, indirectamente, en Las 67 conclusiones (1523) del caos que prevalecía en el culto de las iglesias europeas.

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¿No es el cuadro hasta aquí descrito muy parecido a lo que la lucrativa industria de la llamada “música cristiana contemporánea” ha estado vendiéndole al mundo evangélico?  Música mundana, no reverente ni conducente al culto del Dios altísimo, con letras “religiosas” cursis, sentimentaloides, y a menudo heréticas o al menos doctrinalmente vacías.  Nuevamente la historia nos enseña que lo que llamamos “moderno” o “contemporáneo” no es tal, y que quienes creen estar a la vanguardia realmente están repitiendo errores y deformaciones añejas y otrora superadas.

La situación de la música en la Iglesia occidental llegó a ser tal en los albores de la Reforma, que las diversas ramas de la Reforma, ¡y aun el Vaticano!, tenían esta crisis en sus agendas de vicios que tenían que ser corregidos.

En el campo romanista, hasta el Concilio de Trento contempló la posibilidad de seguir a Ginebra en la medida de emergencia adoptada en un algún momento para poner remedio a esa situación, es decir, excluir del todo la música del culto, en vista de que, “la música se había vuelto tan secular que ya no era posible restaurarla a un lugar de valor en la adoración.”[3]  De no haber sido porque compositores de la Iglesia romana como Palestrina, Orlando Di Lasso, Vittoria,[4] y Jacobus Kerle,[5] comenzaron a producir música apta para la adoración, dicha Iglesia hubiese tenido que abolir del todo la música en el culto.[6]

En el ámbito protestante, Martín Lutero (quien contaba con conocimientos y habilidades musicales) se dio a la tarea de componer y compilar melodías reverentes y conducentes para la adoración a Dios, y de publicar himnarios, de manera que todos los cristianos (y no sólo los coros) pudiesen entonar los salmos y paráfrasis de textos bíblicos.  Lamentablemente, en virtud de que Lutero no sostenía el principio regulador o regulativo de la adoración, no reformó del todo el canto en la iglesia, dándole lugar también a himnos tradicionales de la Iglesia, cantatas, y misas para ser entonadas por coros y no por toda la congregación.   Con todo, empero, las melodías eran reverentes y conducentes a la adoración.

En el ámbito anglicano, a pesar de que la Iglesia de Inglaterra no cree en el principio regulador, por décadas, la música y el canto fueron desterrados del todo del culto público anglicano.

En el ámbito reformado (o “calvinista”), una vez superado el caos que había imperado, se enfatizó el deber y derecho de toda la congregación de participar activamente en el culto mediante el canto congregacional, a diferencia de los catolicorromanos que desestimaban el canto congregacional, tal y como sucede hoy día en el evangelicalismo que da un lugar protagónico si no es que exclusivo al “líder de alabanza” o “grupo de alabanza.”  Dicha práctica contraría la doctrina neotestamentaria del sacerdocio universal de los creyentes.

Habiendo abolido en un principio el uso de la música en el culto como una medida de emergencia, dada la corrupción a la que se había llegado, los reformadores “calvinistas” (incluyendo al propio Calvino en Ginebra) encargaron a los mejores compositores de filiación reformada a su disposición la composición de melodías reverentes y conducentes a la adoración pública de Dios, para que toda la congregación cantara los salmos y no solamente un grupo “selecto” como sucedía en el ámbito catolicorromano y parcialmente en el ámbito luterano que conservó los coros y los cantos que estos cantaban exclusivamente, es decir, sin la congregación.

Lamentablemente, hoy en día la mayoría de las iglesias que se dicen Reformadas han perdido la brújula bíblico-doctrinal que guió a los reformadores en la reforma de la música y el canto para la adoración pública de Dios, y consecuentemente han perdido el legado de ortodoxia y ortopraxis de la adoración a Dios mediante el canto congregacional de los salmos con melodías aptas para tal propósito.

Una de las pocas melodías que han sobrevivido a la marea mercantilista y trivializadora de la música “cristiana” es la que hoy se utiliza comúnmente para la doxología “A Dios el Padre celestial.”  Esta melodía, mejor conocida como The Old Hundredth, fue compuesta en 1551 por Louis de Bourgeois como parte del Salterio ginebrino para entonar el Salmo 100 (ver Salmo 100 para canto congregacional).  Dicho salterio fue encargado y publicado por el consistorio de la Iglesia de Ginebra en tiempos de Juan Calvino.

De hecho, muchas de las melodías del Salterio ginebrino fueron usadas a su vez en el Salterio escocés, y algunas de ellas siguen estando presentes en los himnarios que usamos pero, lamentablemente, ya no para alabar a Dios con las palabras que Él nos dejó para tal fin, los Salmos inspirados, sino para entonar himnos de autoría humana.

[1] Charles V. Standford & Cecil Forsyth, The History of Music, p. 138.  Citado en Horton Davies, Worship and Theology in England.  Book I: From Cranmer to Baxter and Fox, 1534-1690 (Grand Rapids: Eerdmans, 1996), p. 377.

[2] Henry Bruinsma, “John Calvin and Church Music,” en The Outlook, Vol. 51, No. 2, February 2001; p. 5.

[3] Ibid.

[4] Ver Davies, op. cit.

[5] Ver Bruinsma, op. cit.

[6] Ver Davies, op. cit.

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Nota editorial: Versión revisada (2016, 2017) de la versión original publicada por la revista El Faro (México, ca. 2008). 

Ver también: El culto de la sinagoga como modelo del culto de la Iglesia apostólica; Salmo 67 para canto congregacionalSalterio de ginebra en español, letra y músicaLa luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG)La espiritualidad del culto público en la Iglesia del Nuevo TestamentoLa enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia)Dos sermones sobre Éxodo 32:1-33:6, episodio del becerro de oro (audios); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatríaSermón temático: Soli Deo gloria (audio)La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.

Origen tardío de la doctrina de la transubstanciación, y temprana oposición a la misma

Por Alejandro Moreno Morrison.

En el año 831, Radbertus, monje de Corbie, escribió una obra sobre la Cena del Señor titulada Liber de corpore et sanguine Domini (Libro sobre el cuerpo y la sangre del Señor).  En dicho libro se formula enérgicamente y se defiende la doctrina de la presencia real o material del Señor en los elementos de la Cena del Señor, es decir, la transubstanciación del pan y del vino en el cuerpo y la sangre del Señor.  A este libro, Rastramnus, un sacerdote de Corbie de la orden de los benedictinos, escribió una refutación titulada De corpore et sanguine Domini (Sobre el cuerpo y la sangre del Señor), en donde mostró que la verdadera doctrina católica (en el sentido más propio y original de la palabra, es decir, de la Iglesia universal) es contraria al dogma de la presencia real y de la transubstanciación.

La doctrina de la transubstanciación no fue adoptada oficialmente por la Iglesia occidental sino hasta el Cuarto Concilio de Letrán de 1215, convocado por el papa Inocencio III.

Durante la Reforma, el libro de Rastramnus fue una fuente directa de influencia en las posiciones de Calvino y en la de los reformadores ingleses (de la primera Reforma) Nicholas Ridley (quien lo tradujo al inglés en 1549) y Thomas Cranmer.  En su defensa en Oxford ante los comisionados de la Reina María Tudor (“la sangrienta”), Cranmer señaló a Rastramnus como una de las fuentes que dieron forma a su pensamiento eucarístico, mismo que plasmó en la liturgia eucarística del Libro de oraciones comunes  (de la Iglesia Anglicana).[1]

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[1] Ver Alexander Barclay, The Protestant Doctrine of the Lord’s Supper: A Study in The Eucharistic Teaching of Luther, Zwingli and Calvin (Glasgow: Jackson, Wylie & Co., 1927), Ch. XIX.

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Fragmento tomado del ensayo “The Practice of the Eucharist in the Reformed Churches.  Response Paper for History of Christianity II (with Dr. Frank A. James);”  Reformed Theological Seminary, Orlando; Spring 2001.  Traducido al español y ligeramente modificado el 25 de junio de 2016.

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Ver también: La Cena del SeñorSobre los medios de gracia.; Sobre la liturgia ginebrina de Juan Calvino para la celebración de la Cena del Señor; Identidad confesional: Estándares de Westminster; La enseñanza bíblica sobre la adoración pública del Dios verdadero (video-conferencia); Nulidad de los oficios eclesiásticos no prescritos en la Biblia; Presbiterianismo en la primera reforma en Inglaterra; Puritanismo como un movimiento de avivamiento, 1 (a); ¿Cómo eran los puritanos originales?; La espiritualidad de la verdadera adoración en el Nuevo Testamento; La luz de la naturaleza es insuficiente para prescribir el culto (texto en imagen JPG); El 2º mandamiento prohibe las imágenes (aunque sean sólo para fines didácticos o de ornamento) — “Catecismo de Heidelberg” y comentario de Ursino; Sermón temático: Soli Deo gloria (audio); Pretender adorar a Dios en cualquier forma no prescrita por Él es superstición e idolatría.

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Alejandro Moreno Morrison, de nacionalidad mexicana, es un abogado y teólogo reformado. Fue educado en la Escuela Libre de Derecho (México), el Reformed Theological Seminary Orlando, y la Universidad de Oxford.  En el Reformed Theological Seminary Orlando fue asistente del Rev. Dr. Richard L. Pratt, y del Rev. Dr. Ronald H. Nash.  Ha ministrado como maestro de doctrina cristiana y Biblia y como predicador en diversas iglesias y misiones de denominaciones como la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, la Iglesia Nacional Presbiteriana Conservadora de México, la Presbyterian Church of America, la Presbyterian Church of Ireland, y la Reformed Presbyterian Church North America Synod.  Con esta último estuvo a cargo de una misión durante 2014.  También ha sido profesor invitado de Teología Sistemática, Ética, Evangelismo, y Apologética en el Seminario Teológico Reformado de la Iglesia Presbiteriana Reformada de México, y de Sistemas Políticos Contemporáneos en la Facultad de Derecho de la UNAM (México).  Desde 2010 es profesor adjunto de Filosofía del Derecho en la Escuela Libre de Derecho.