La fusión del Reino de Dios y el reinado de la dinastía davídica en el libro de Salmos

Por O. Palmer Robertson.

Fragmentos tomados del libro The Flow of the Psalms. Discovering Their Structure and Theology (Presbyterian & Reformed, 2015), pp. 15, 16-17.

[D]os reyes y dos reinos se funden el uno en el otro mediante la repetición del mensaje de los salmos.  David y sus descendientes serán establecidos en una monarquía en un lugar en particular.  Jehová reina sobre los cielos y la tierra desde la eternidad y a lo largo de todo el tiempo.  Eventualmente, el reinado del Mesías debe unirse con el reinado de Jehová a fin de que los reinos de la tierra y el cielo, del tiempo y de la eternidad, sean uno.  Esta fusión de los dos reyes y de los dos reinos permea la teología del Salterio.  Esta perspectiva por sí sola puede explicar cómo es que el concepto de monarquía en Israel continúa mucho después de que los reyes dejan de existir en la nación.  También explica cómo el reinado de Jesús como el Mesías pudo fundirse con el reinado de Dios sobre el mundo.


La unión del gobierno de Dios y del Mesías es una verdad focal que corre a lo largo del Salterio.  Tres colecciones separadas en tres diferentes libros unen estos dos reinados.

Una colección distintiva de cinco salmos (Sals. 20-24) conecta con el crucial Salmo 18 que declara las “victorias” del ungido de Jehová (Sal. 18:50).  Las mismas victorias mesiánicas son el objeto de las oraciones del pueblo de Dios (Sal. 20:5) y la ocasión para su regocijo (Sal. 21:1, 5). La pregunta sin responder de este rey mesiánico (“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué…?”) termina eventualmente con adoración internacional y generacional del Señor que gobierna sobre las naciones (Sal. 22:1, 27-31).  Aun el rey-Mesías encuentra consuelo entre las sombras profundas como la muerte porque el Señor mismo es su Pastor-Rey (Sal. 23:1-4).  Consumativamente, las antiguas puertas de gloria deben levantarse para que el Señor Pactual [Jehová] Todopoderoso, el Rey de Gloria entre (Sal. 24).

Cuatro salmos consecutivos en el Libro II proclaman al Dios de Israel y a su Mesías como soberanos sobre todas las naciones de la tierra.  En una proclamación por demás sorprendente, el salmista primero saluda al rey mesiánico como el Dios eterno que ha sido ungido por su Dios (Sal. 45:6-7).  El salmo que le sigue en este grupo de salmos sobre la monarquía declara que el Señor Pactual [Jehová] Todopoderoso será “exaltado entre las naciones… enaltecido en la tierra” (Sal. 46:10).  Él es “el gran Rey sobre toda la tierra” (Sal. 47:2, 7).  Este Dios Soberano sobre las naciones reside permanentemente sobre el Monte Sion, la ciudad del Gran Rey (Sal. 48:2).

Un grupo de salmos en el Libro IV emplea una frase distintiva para proclamar el reinado del Señor: Yahweh Malak (“Jehová es Rey”) (Sals. 93, 96, 97,99).  La frase subraya la permanencia del gobierno universal del Señor a lo largo de las edades.  La frase ocurre solamente una vez en la Escritura fuera de esta colección distintiva en el Libro IV del Salterio (1 Cro. 16:31).  En este pasaje, David celebra la traída del arca del pacto, simbolizando el trono del Señor, a Jerusalén de manera que esté permanentemente localizada junto al trono mesiánico de David.  En este contexto, puede proclamarse gozosamente:

Alégrense los cielos,
Gócese la tierra;
Y digan en las naciones:
“¡Yahweh Malak!”
(1ª Cro. 16:31; cf. Sal. 96:10)

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Traducción: Alejandro Moreno Morrison.

El Dr. O. Palmer Robertson, de nacionalidad estadounidense, es un erudito en Antiguo Testamento educado en Union Theological Seminary, Virginia. Ha sido profesor de Antiguo Testamento en Reformed Theological Seminary, Westminster Theological Seminary, Covenant Theological Seminary, y Knox Theological Seminary. Actualmente divide su actividad académica entre la African Bible University en Uganda, y el centro de estudios bíblicos Tyndale House en Cambridge, Inglaterra. Es autor de los libros The Christ of the Covenants, The Christ of the Prophets, and The Israel of God.

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Ver también: El Señor Jesucristo es ya el rey mesiánico que se ha sentado en el trono de DavidLa extensión del territorio del reino del Mesías (Salmo 72:8-11)El Reino de Dios a lo largo de la historia de la redenciónEl mensaje del sermón de Pedro en Pentecostés: ArrepentíosEste mundo está lleno del poder redentor de Dios.El reino del Mesías y Su IglesiaLa proclamación del reino en los evangelios sinópticos (incluyendo el significado de las parábolas del reino en Mateo 13 y Marcos 4)Salmo 67 (para canto congregacional)Ampliación en el Nuevo Testamento de la noción judía del Reino de Dios y de Jerusalén como su sedeLa profecía de las setenta “semanas” (Daniel 9:20-27)Sermón expositivo de Hechos 1:6-7. La restauración del Reino a Israel (audio)Sermón expositivo de Hechos 1:9-11. Cumplimiento de la profecía de Daniel 7 en la ascensión del Señor (audio).Sermón expositivo de Hechos 2:22-37, el Señor Jesucristo es el rey mesiánico prometido en el AT (audio)Sermón expositivo del Salmo 67 (audio)Serie de sermones de Hechos 1:1 al 2:41 (audios).

Vindiciae Legis, or A Vindication of the Morall Law and the Covenants (PDF)

By Anthony Burgess.

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BURGESS, Anthony. A Vindication of the Moral Law and the Covenants (1647)

Introductory note by Alejandro Moreno Morrison

The full subtitle of the original edition is: A Vindication of the Morall Law and the Covenants, From the Errours of Papists, Arminians, Socinians, and more especially, Antinomians. In XXX Lectures, preached at Laurence-Jury, London. This facsimile edition is taken from second edition, corrected and augmented (London: James Young, 1647), and published by Reformation Heritage Books (Grand Rapids, 2011).

On the crucial importance and unique significance of this book as a testimony of the true Reformed Christianity, and more particularly of the true Reformed Presbyterianism that is faithful to the Westminster Standards, Stephen J. Casselli writes the following in the third page of the “Introduction” to the facsimile edition shared above:

On January 25, 1645, [Anthony Burgess] was elected vicar of the Guildhall church of St. Lawrence Jewry, where his lectures on the law would eventually be delivered. The timing for the call and delivery of these lectures is significant. Burgess delivered these lectures in the midst of the Assembly’s discussion and debates regarding the law of God, and Vindiciae legis provides exegetical and theological rationale, consonant with the teaching of chapter XIX of the Westminster Confession of Faith.

In footnote 11, Casselli further elaborates:

The foreword preceding the title page of Vindiciae legis calling for the publication of Burgess’s lectures is dated June 11, 1646, and this is a significant clue to understanding its historical milieu. It is clear that the lectures were delivered some time in the months preceding June of 1646. This is important because we also know that on November 18, 1645, the writing of the section on the law for the Confession of Faith was referred to the third committee, of which Anthony Burgess was a member. A report on the law was then made to the plenary session by John Wincop on January 7, 9, 12, 13, 29, and February 2 and 9, 1646…

Casselli’s sources are Alex F. Mitchel & John Sturthers, eds., The Minutes of the Sessions of the Westminster Assembly of Divines (Edinburgh: William Blackwood & Sons, 1847; p. 178); and Benjamin B. Warfield, The Westminster Assembly and Its Work (New York: Oxford University Press, 1931; p. 112).

It is worth noting that the “Antinomian Errours” circulating in England around 1645-6 were connected to the moral scepticism and antinomianism that developed in Lutheran circles in the 17th century.  In his book Natural Law and Moral Philosophy: From Grotius to the Scottish Enlightenment (Cambridge: Cambridge University Press, 1996; pp. 25-6), Knud Haakonssen explains as follows the line of thought of such moral scepticism and antinomianism:

Nothing that a person can be or make of himself will justify him before God; only faith justifies, and that only by God’s grace. Our duty towards God is thus infinite, and we may view our temporal life as a network of unfulfillable duties, which natural law theory may put into systematic form and give such worldly justification as our limited understanding permits. On the other hand, if our duty is really infinite and unfulfillable, then it is hard to see it as a possible guide to action; it provides no criterion for what behaviour to choose. We therefore can live only by faith. This strongly antinomian line was adopted by a great many sects at the Reformation and later and must undoubtedly be regarded as a target no less important than moral scepticism for Protestant natural law theory.

Also in his Introduction to this facsimilar edition, Casselli explains that in Burgess’s lectures the:

…development of the doctrine of the law and the covenants was worked out by the careful exegesis of particular texts, including detailed attention to grammatical and lexical features of the text. [Also]…thoughtful dialogue with the catholic theology of the Western church, a sophisticated interaction with contemporary interpretive traditions, and eye to ecclesiastical concerns, and a sensitivity to the progress of revelation leading to its culmination in the person and work of Jesus Christ…